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Macri: Un Nuevo Liderazgo Latinoamericano

Redacción
25 de noviembre, 2015

La victoria el domingo pasado de Mauricio Macri en el primer balotaje de la historia democrática de Argentina constituye, en sí misma, un cambio paradigmático desde varios puntos de vista, tanto a nivel nacional como a nivel regional. En primer lugar, Macri, con la recientemente formada coalición política Cambiemos, llega a romper con 12 años de gobiernos kirchneristas y con una tradición de casi un siglo de partidos de corte estrictamente peronistas o radicales en el poder. Más significativo es el primer factor, ya que Daniel Scioli, candidato del partido Frente para la Victoria (FPV), era la apuesta oficialista para continuar en el poder, luego de una apabullante victoria en la re-elección de la actual mandataria Cristina Fernández de Kirchner en el 2007.

Se trata pues, de un notable giro de preferencias de un electorado argentino que mostró su hartazgo hacia una serie de políticas públicas que supusieron graves retrasos en materia económica (164% de inflación acumulada en los últimos 5 años, dualidad del tipo de cambio, cepo cambiario y otros controles de capital, entre otros) y una manera controversial y polarizadora de hacer gobierno de Fernández, tanto a lo local como a lo internacional. Macri se muestra más dispuesto a lograr consensos y sumar esfuerzos de diversos sectores en pos de buscar acuerdos políticos. Y, quiera o no, se verá forzado a hacerlos al no contar con una aplanadora en el legislativo y ser la segunda minoría detrás del FPV. Adicionalmente, muchas de las gobernaciones a nivel nacional no fueron obtenidas por Cambiemos, aunque sí las más importantes del país, entre ellas la provincia de Buenos Aires y la ciudad de Buenos Aires, dos fortalezas electorales.

Volvamos a las repercusiones a nivel internacional de la victoria de Macri. Para Argentina, esto representa, en materia de política exterior, un alejamiento diametral en relación al eje bolivariano (Venezuela, Ecuador y Bolivia) y un acercamiento a países con gobiernos de centroderecha o con una izquierda más moderada como Colombia, Perú, Uruguay y Chile. Brasil se perfila, como siempre, como un caso especial al ser una prioridad en las relaciones internacionales argentinas. Una vez más, vemos aplicado el concepto de “diplomacia presidencial”, acuñado en 1999 por el diplomático y autor brasileño Sergio Danese. Este concepto se refiere a la interacción directa y personalización de cabezas de gobiernos para conducir la política exterior en base a sus disposiciones ideológicas, una dinámica que responde tanto al hiper-presidencialismo propio de regímenes latinoamericanos como a la alternancia en el poder de estructuras democráticas.

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Más allá de presunciones ideológicas, Macri ha puntualizado, tanto durante su campaña como en declaraciones luego de ser electo presidente, que invocará la Cláusula Democrática, firmada en 1998 en el marco del Protocolo de Ushaina por miembros de MERCOSUR, para que se aplique contra el régimen chavista de Nicolás Maduro en Venezuela, específicamente por “abusos que está cometiendo en contra de los opositores”, siendo el caso más llamativo el de Leopoldo López. Esta cláusula, aplicada ya a Paraguay en 2008 luego de la moción de censura del entonces presidente Fernando Lugo, prevé sanciones comerciales e incluso la suspensión del estado imputado del bloque regional y, para su aplicación efectiva, se necesita el consenso de todos los estados que conforman el bloque. Por lo anterior, es complicado que la cláusula sea aplicada pero su sola mención por parte de Macri supone un cambio radical en la política exterior argentina, tanto en la esfera bilateral como en los diversos foros regionales y mundiales.

Los desafíos para Macri son extensos y complejos por lo que tendrá que rodearse de un equipo de trabajo serio y comprometido. Si bien es importante ser cautelosos y no imponer un aura mesiánica en ninguna figura política en particular, si se percibe aires de renovación y esperanza en Argentina luego de más de una década del kirchnerismo en el poder. Este mismo sentimiento puede ser fácilmente extrapolado a nivel sudamericano, en donde se vienen importantes elecciones tanto presidenciales como legislativas en Ecuador y en Venezuela respectivamente, y que abren la posibilidad a un reajuste de fuerzas lideradas desde la Casa Rosada.

Jorge V. Ávila Prera

@JorgeAvilaPrera

Macri: Un Nuevo Liderazgo Latinoamericano

Redacción
25 de noviembre, 2015

La victoria el domingo pasado de Mauricio Macri en el primer balotaje de la historia democrática de Argentina constituye, en sí misma, un cambio paradigmático desde varios puntos de vista, tanto a nivel nacional como a nivel regional. En primer lugar, Macri, con la recientemente formada coalición política Cambiemos, llega a romper con 12 años de gobiernos kirchneristas y con una tradición de casi un siglo de partidos de corte estrictamente peronistas o radicales en el poder. Más significativo es el primer factor, ya que Daniel Scioli, candidato del partido Frente para la Victoria (FPV), era la apuesta oficialista para continuar en el poder, luego de una apabullante victoria en la re-elección de la actual mandataria Cristina Fernández de Kirchner en el 2007.

Se trata pues, de un notable giro de preferencias de un electorado argentino que mostró su hartazgo hacia una serie de políticas públicas que supusieron graves retrasos en materia económica (164% de inflación acumulada en los últimos 5 años, dualidad del tipo de cambio, cepo cambiario y otros controles de capital, entre otros) y una manera controversial y polarizadora de hacer gobierno de Fernández, tanto a lo local como a lo internacional. Macri se muestra más dispuesto a lograr consensos y sumar esfuerzos de diversos sectores en pos de buscar acuerdos políticos. Y, quiera o no, se verá forzado a hacerlos al no contar con una aplanadora en el legislativo y ser la segunda minoría detrás del FPV. Adicionalmente, muchas de las gobernaciones a nivel nacional no fueron obtenidas por Cambiemos, aunque sí las más importantes del país, entre ellas la provincia de Buenos Aires y la ciudad de Buenos Aires, dos fortalezas electorales.

Volvamos a las repercusiones a nivel internacional de la victoria de Macri. Para Argentina, esto representa, en materia de política exterior, un alejamiento diametral en relación al eje bolivariano (Venezuela, Ecuador y Bolivia) y un acercamiento a países con gobiernos de centroderecha o con una izquierda más moderada como Colombia, Perú, Uruguay y Chile. Brasil se perfila, como siempre, como un caso especial al ser una prioridad en las relaciones internacionales argentinas. Una vez más, vemos aplicado el concepto de “diplomacia presidencial”, acuñado en 1999 por el diplomático y autor brasileño Sergio Danese. Este concepto se refiere a la interacción directa y personalización de cabezas de gobiernos para conducir la política exterior en base a sus disposiciones ideológicas, una dinámica que responde tanto al hiper-presidencialismo propio de regímenes latinoamericanos como a la alternancia en el poder de estructuras democráticas.

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Más allá de presunciones ideológicas, Macri ha puntualizado, tanto durante su campaña como en declaraciones luego de ser electo presidente, que invocará la Cláusula Democrática, firmada en 1998 en el marco del Protocolo de Ushaina por miembros de MERCOSUR, para que se aplique contra el régimen chavista de Nicolás Maduro en Venezuela, específicamente por “abusos que está cometiendo en contra de los opositores”, siendo el caso más llamativo el de Leopoldo López. Esta cláusula, aplicada ya a Paraguay en 2008 luego de la moción de censura del entonces presidente Fernando Lugo, prevé sanciones comerciales e incluso la suspensión del estado imputado del bloque regional y, para su aplicación efectiva, se necesita el consenso de todos los estados que conforman el bloque. Por lo anterior, es complicado que la cláusula sea aplicada pero su sola mención por parte de Macri supone un cambio radical en la política exterior argentina, tanto en la esfera bilateral como en los diversos foros regionales y mundiales.

Los desafíos para Macri son extensos y complejos por lo que tendrá que rodearse de un equipo de trabajo serio y comprometido. Si bien es importante ser cautelosos y no imponer un aura mesiánica en ninguna figura política en particular, si se percibe aires de renovación y esperanza en Argentina luego de más de una década del kirchnerismo en el poder. Este mismo sentimiento puede ser fácilmente extrapolado a nivel sudamericano, en donde se vienen importantes elecciones tanto presidenciales como legislativas en Ecuador y en Venezuela respectivamente, y que abren la posibilidad a un reajuste de fuerzas lideradas desde la Casa Rosada.

Jorge V. Ávila Prera

@JorgeAvilaPrera

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