El mapa energético cambia mientras la demanda acelera
La demanda global crece, la IA acelera el consumo eléctrico y la geopolítica redefine las decisiones energéticas del futuro
Redacción
19 de octubre, 2026
La transición energética ya no avanza bajo una sola ruta ni responde únicamente a objetivos climáticos. El crecimiento de la demanda, la expansión de la inteligencia artificial y las tensiones geopolíticas están alterando las previsiones sobre cómo se producirá y consumirá energía en las próximas décadas. Un análisis de McKinsey plantea que el desafío para empresas y gobiernos ya no consiste en apostar por un único escenario, sino prepararse para varios futuros posibles.
Por qué importa. El sistema energético mundial atraviesa una etapa de expansión más que de sustitución. Lejos de un reemplazo acelerado de los combustibles fósiles, la demanda crece en prácticamente todas las fuentes disponibles. El informe Global Energy Perspective de McKinsey sostiene que la incertidumbre aumentó y que las organizaciones deben construir estrategias flexibles capaces de adaptarse a distintos escenarios.
- La demanda energética global creció 2.7% en 2025 y, según McKinsey, podría expandirse a un ritmo anual que duplicaría el observado durante la década anterior. Las economías emergentes aparecen como el principal motor de ese crecimiento.
- El debate energético ya no se centra exclusivamente en descarbonizar. La seguridad de suministro y la asequibilidad ganan peso en un contexto donde consumidores, industrias y gobiernos buscan garantizar acceso confiable a la energía.
- Sven Smit, presidente de McKinsey Global Institute, ha advertido que las empresas deben evitar la parálisis estratégica. En sus palabras, el reto consiste en “tomar decisiones bajo incertidumbre”, una condición cada vez más permanente.
Datos clave. La inteligencia artificial emerge como una de las fuerzas más disruptivas para el sector energético. A medida que crecen los centros de datos y las capacidades de procesamiento, aumenta también el consumo eléctrico necesario para sostener esta revolución tecnológica. McKinsey considera que la IA influirá tanto en la demanda como en la eficiencia del sistema.
- El estudio estima que la electricidad consumida por centros de datos crecerá a una tasa anual compuesta cercana al 24% hasta 2030, convirtiéndose en uno de los segmentos de mayor expansión dentro de los mercados eléctricos desarrollados.
- Para finales de la década, los centros de datos podrían representar entre 10% y 15% del consumo energético mundial. Sin embargo, la velocidad de crecimiento posterior sigue siendo uno de los factores más inciertos.
- La IA también puede mejorar pronósticos, mantenimiento, ingeniería, manufactura y operación de redes. McKinsey señala que la tecnología influye simultáneamente en la producción, distribución y consumo energético.
Punto de fricción. La infraestructura eléctrica podría convertirse en el principal cuello de botella de la transición energética. Generar energía es solo una parte del desafío; transportarla, almacenarla y distribuirla de forma eficiente resulta igual de importante. En muchos mercados, las redes avanzan más lentamente que las nuevas inversiones en generación.
- McKinsey proyecta que la inversión global en transmisión y distribución aumentará de USD 443 000M anuales en 2025 a cerca de USD 970 000M hacia 2050, impulsada por mayores necesidades de electrificación.
- La expansión de redes, transformadores, almacenamiento e interconexiones definirá qué tan rápido los nuevos proyectos energéticos pueden traducirse en suministro confiable para hogares e industrias.
- La fragmentación geopolítica agrega presión adicional. EE. UU. y Europa podrían verse obligados a desarrollar cadenas de suministro alternativas para reducir dependencias estratégicas, elevando costos y complejidad operativa.
Ahora qué. Las previsiones sobre una rápida caída de los hidrocarburos enfrentan nuevos cuestionamientos. McKinsey plantea que petróleo, gas y carbón podrían mantener una presencia relevante durante más tiempo del esperado, mientras tecnologías como la energía nuclear buscan recuperar protagonismo sin haber alcanzado aún una escala competitiva.
- En el escenario de mayor crecimiento, la demanda petrolera superaría los 130 millones de barriles diarios en 2035. Planificar únicamente para una disminución acelerada podría provocar déficits de inversión y futuros problemas de abastecimiento.
- La demanda de carbón también conservaría fuerza en algunos mercados emergentes, reflejando que la expansión energética global responde a necesidades económicas antes que a una sola agenda política o ambiental.
- Rogier Holterman, socio de McKinsey, sostiene que los escenarios deben servir como “herramientas estratégicas”. La prioridad no es predecir el futuro exacto, sino identificar señales que permitan ajustar el rumbo con rapidez cuando cambien las condiciones.
Te puede interesar
El mapa energético cambia mientras la demanda acelera
La demanda global crece, la IA acelera el consumo eléctrico y la geopolítica redefine las decisiones energéticas del futuro
Redacción
19 de octubre, 2026
La transición energética ya no avanza bajo una sola ruta ni responde únicamente a objetivos climáticos. El crecimiento de la demanda, la expansión de la inteligencia artificial y las tensiones geopolíticas están alterando las previsiones sobre cómo se producirá y consumirá energía en las próximas décadas. Un análisis de McKinsey plantea que el desafío para empresas y gobiernos ya no consiste en apostar por un único escenario, sino prepararse para varios futuros posibles.
Por qué importa. El sistema energético mundial atraviesa una etapa de expansión más que de sustitución. Lejos de un reemplazo acelerado de los combustibles fósiles, la demanda crece en prácticamente todas las fuentes disponibles. El informe Global Energy Perspective de McKinsey sostiene que la incertidumbre aumentó y que las organizaciones deben construir estrategias flexibles capaces de adaptarse a distintos escenarios.
- La demanda energética global creció 2.7% en 2025 y, según McKinsey, podría expandirse a un ritmo anual que duplicaría el observado durante la década anterior. Las economías emergentes aparecen como el principal motor de ese crecimiento.
- El debate energético ya no se centra exclusivamente en descarbonizar. La seguridad de suministro y la asequibilidad ganan peso en un contexto donde consumidores, industrias y gobiernos buscan garantizar acceso confiable a la energía.
- Sven Smit, presidente de McKinsey Global Institute, ha advertido que las empresas deben evitar la parálisis estratégica. En sus palabras, el reto consiste en “tomar decisiones bajo incertidumbre”, una condición cada vez más permanente.
Datos clave. La inteligencia artificial emerge como una de las fuerzas más disruptivas para el sector energético. A medida que crecen los centros de datos y las capacidades de procesamiento, aumenta también el consumo eléctrico necesario para sostener esta revolución tecnológica. McKinsey considera que la IA influirá tanto en la demanda como en la eficiencia del sistema.
- El estudio estima que la electricidad consumida por centros de datos crecerá a una tasa anual compuesta cercana al 24% hasta 2030, convirtiéndose en uno de los segmentos de mayor expansión dentro de los mercados eléctricos desarrollados.
- Para finales de la década, los centros de datos podrían representar entre 10% y 15% del consumo energético mundial. Sin embargo, la velocidad de crecimiento posterior sigue siendo uno de los factores más inciertos.
- La IA también puede mejorar pronósticos, mantenimiento, ingeniería, manufactura y operación de redes. McKinsey señala que la tecnología influye simultáneamente en la producción, distribución y consumo energético.
Punto de fricción. La infraestructura eléctrica podría convertirse en el principal cuello de botella de la transición energética. Generar energía es solo una parte del desafío; transportarla, almacenarla y distribuirla de forma eficiente resulta igual de importante. En muchos mercados, las redes avanzan más lentamente que las nuevas inversiones en generación.
- McKinsey proyecta que la inversión global en transmisión y distribución aumentará de USD 443 000M anuales en 2025 a cerca de USD 970 000M hacia 2050, impulsada por mayores necesidades de electrificación.
- La expansión de redes, transformadores, almacenamiento e interconexiones definirá qué tan rápido los nuevos proyectos energéticos pueden traducirse en suministro confiable para hogares e industrias.
- La fragmentación geopolítica agrega presión adicional. EE. UU. y Europa podrían verse obligados a desarrollar cadenas de suministro alternativas para reducir dependencias estratégicas, elevando costos y complejidad operativa.
Ahora qué. Las previsiones sobre una rápida caída de los hidrocarburos enfrentan nuevos cuestionamientos. McKinsey plantea que petróleo, gas y carbón podrían mantener una presencia relevante durante más tiempo del esperado, mientras tecnologías como la energía nuclear buscan recuperar protagonismo sin haber alcanzado aún una escala competitiva.
- En el escenario de mayor crecimiento, la demanda petrolera superaría los 130 millones de barriles diarios en 2035. Planificar únicamente para una disminución acelerada podría provocar déficits de inversión y futuros problemas de abastecimiento.
- La demanda de carbón también conservaría fuerza en algunos mercados emergentes, reflejando que la expansión energética global responde a necesidades económicas antes que a una sola agenda política o ambiental.
- Rogier Holterman, socio de McKinsey, sostiene que los escenarios deben servir como “herramientas estratégicas”. La prioridad no es predecir el futuro exacto, sino identificar señales que permitan ajustar el rumbo con rapidez cuando cambien las condiciones.
Te puede interesar
