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Hay huellas que ni la muerte logra borrar: el último adiós a las mascotas

El 27 de octubre recuerda a las mascotas que dejaron huella en sus hogares y a las familias que buscan una despedida digna para honrar su memoria.

Ana González
25 de octubre, 2026

El vínculo con una mascota puede transformar una casa y las rutinas de quienes la habitan. Por eso, su muerte no siempre se vive como la pérdida de un animal de compañía, sino como la ausencia de un integrante de la familia. En Guatemala, cada vez más personas buscan formas de despedirse, conservar sus recuerdos y dar un cierre a esa relación.

El 27 de octubre, Día de Muertos de las Mascotas, pone el foco en esos animales que acompañaron a sus dueños durante años y dejaron historias que permanecen después de su muerte.

Un servicio que responde a una necesidad

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Pet Dignity, de Señoriales Corporación, ofrece servicios para mascotas desde 2017, como una de las alternativas disponibles para las familias que buscan despedirse de sus compañeros de vida. Carolina Marroquín, ejecutiva de Pet Dignity, recuerda que al principio había meses sin servicios; ahora atienden, según sus registros, hasta 100 familias mensuales.

Esta evolución refleja nuevas formas de afrontar la pérdida de una mascota. Algunas familias reúnen a sus seres queridos para recordar anécdotas y conservar fotografías; otras prefieren una despedida íntima. “Las mascotas nos enseñan a ser más humanos”, afirma Marroquín, al destacar los vínculos que se construyen en la convivencia cotidiana.

Pedro Melara, un gallo que se volvió familia

Entre las historias que recuerda Marroquín está la de Pedro Melara, un gallo de cinco años que vivía en Quetzaltenango. Llegó a la familia con un destino distinto, pero la convivencia hizo que sus integrantes le tomaran cariño hasta convertirlo en parte del hogar.

Pedro acompañaba a sus dueños a comprar tortillas, comía en su propio plato y convivía con un perro. Cuando enfermó de las vías respiratorias, fue hospitalizado y murió. La familia quedó profundamente afectada y decidió trasladarlo desde Quetzaltenango hasta el cementerio Los Parques, en Guatemala, para despedirse de él.

La historia ilustra cómo el vínculo con un animal no depende de su especie ni del propósito con el que llegó a un hogar. La convivencia puede convertirlo en parte de la familia y hacer que su ausencia se sienta en las pequeñas rutinas que compartían.

Perros, gatos y otras especies

Los perros representan la mayor parte de los servicios que atiende Pet Dignity, aunque también han recibido conejos, erizos, periquitos y una zarigüeya llamada Sara. Cada caso refleja una relación distinta entre las personas y los animales que las acompañaron.

Las solicitudes relacionadas con gatos son menos frecuentes, explica Marroquín, porque suelen vivir muchos años. Sin embargo, la empresa tiene numerosos felinos cuyos dueños han previsto con anticipación el servicio para cuando llegue el momento de despedirse.

La previsión permite resolver algunos aspectos prácticos antes de afrontar la pérdida. No evita el duelo, pero puede reducir la necesidad de tomar decisiones en medio de un momento difícil.

Entre las opciones disponibles están la cremación individual, que permite conservar las cenizas, y los espacios conmemorativos donde los restos se integran a la tierra para que crezca una planta. Algunas familias también organizan despedidas con la participación de parientes y amigos; otras prefieren un acto privado.

El recuerdo después de la pérdida

El interés por recordar a las mascotas aumenta alrededor del 27 de octubre y el 1 de noviembre, fechas vinculadas con las tradiciones del Día de Muertos. Las fotografías, las anécdotas y los objetos que permanecen en casa se convierten en formas de mantener presente a ese compañero que formó parte de la vida familiar.

La pérdida también se manifiesta en cambios cotidianos: el plato que queda sin usar, la ausencia durante los paseos o la costumbre de esperar al animal al regresar a casa. Para algunas personas, compartir recuerdos ayuda a procesar el duelo; otras necesitan vivirlo en privado.

La historia de Pedro Melara resume ese vínculo. Llegó a una familia con un destino previsto, pero terminó acompañándola en actividades sencillas y ocupando un lugar que nadie había anticipado. Cuando murió, sus dueños buscaron una manera de despedirse de él.

El Día de Muertos de las Mascotas recuerda que esos vínculos también dejan una historia familiar. Aunque su compañía termine, las rutinas compartidas y los recuerdos permanecen en quienes les dieron un lugar en su vida.

Hay huellas que ni la muerte logra borrar: el último adiós a las mascotas

El 27 de octubre recuerda a las mascotas que dejaron huella en sus hogares y a las familias que buscan una despedida digna para honrar su memoria.

Ana González
25 de octubre, 2026

El vínculo con una mascota puede transformar una casa y las rutinas de quienes la habitan. Por eso, su muerte no siempre se vive como la pérdida de un animal de compañía, sino como la ausencia de un integrante de la familia. En Guatemala, cada vez más personas buscan formas de despedirse, conservar sus recuerdos y dar un cierre a esa relación.

El 27 de octubre, Día de Muertos de las Mascotas, pone el foco en esos animales que acompañaron a sus dueños durante años y dejaron historias que permanecen después de su muerte.

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Esta evolución refleja nuevas formas de afrontar la pérdida de una mascota. Algunas familias reúnen a sus seres queridos para recordar anécdotas y conservar fotografías; otras prefieren una despedida íntima. “Las mascotas nos enseñan a ser más humanos”, afirma Marroquín, al destacar los vínculos que se construyen en la convivencia cotidiana.

Pedro Melara, un gallo que se volvió familia

Entre las historias que recuerda Marroquín está la de Pedro Melara, un gallo de cinco años que vivía en Quetzaltenango. Llegó a la familia con un destino distinto, pero la convivencia hizo que sus integrantes le tomaran cariño hasta convertirlo en parte del hogar.

Pedro acompañaba a sus dueños a comprar tortillas, comía en su propio plato y convivía con un perro. Cuando enfermó de las vías respiratorias, fue hospitalizado y murió. La familia quedó profundamente afectada y decidió trasladarlo desde Quetzaltenango hasta el cementerio Los Parques, en Guatemala, para despedirse de él.

La historia ilustra cómo el vínculo con un animal no depende de su especie ni del propósito con el que llegó a un hogar. La convivencia puede convertirlo en parte de la familia y hacer que su ausencia se sienta en las pequeñas rutinas que compartían.

Perros, gatos y otras especies

Los perros representan la mayor parte de los servicios que atiende Pet Dignity, aunque también han recibido conejos, erizos, periquitos y una zarigüeya llamada Sara. Cada caso refleja una relación distinta entre las personas y los animales que las acompañaron.

Las solicitudes relacionadas con gatos son menos frecuentes, explica Marroquín, porque suelen vivir muchos años. Sin embargo, la empresa tiene numerosos felinos cuyos dueños han previsto con anticipación el servicio para cuando llegue el momento de despedirse.

La previsión permite resolver algunos aspectos prácticos antes de afrontar la pérdida. No evita el duelo, pero puede reducir la necesidad de tomar decisiones en medio de un momento difícil.

Entre las opciones disponibles están la cremación individual, que permite conservar las cenizas, y los espacios conmemorativos donde los restos se integran a la tierra para que crezca una planta. Algunas familias también organizan despedidas con la participación de parientes y amigos; otras prefieren un acto privado.

El recuerdo después de la pérdida

El interés por recordar a las mascotas aumenta alrededor del 27 de octubre y el 1 de noviembre, fechas vinculadas con las tradiciones del Día de Muertos. Las fotografías, las anécdotas y los objetos que permanecen en casa se convierten en formas de mantener presente a ese compañero que formó parte de la vida familiar.

La pérdida también se manifiesta en cambios cotidianos: el plato que queda sin usar, la ausencia durante los paseos o la costumbre de esperar al animal al regresar a casa. Para algunas personas, compartir recuerdos ayuda a procesar el duelo; otras necesitan vivirlo en privado.

La historia de Pedro Melara resume ese vínculo. Llegó a una familia con un destino previsto, pero terminó acompañándola en actividades sencillas y ocupando un lugar que nadie había anticipado. Cuando murió, sus dueños buscaron una manera de despedirse de él.

El Día de Muertos de las Mascotas recuerda que esos vínculos también dejan una historia familiar. Aunque su compañía termine, las rutinas compartidas y los recuerdos permanecen en quienes les dieron un lugar en su vida.

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