La ejecución del alcalde Carlos Manzo, en plena celebración del Día de Muertos, es la evidencia más cruda de que México ha caído —de nuevo— en manos de un orden paralelo, donde el Estado no gobierna, sino que sobrevive.
En perspectiva. Manzo, alcalde de Uruapan, el corazón del multimillonario negocio del aguacate, fue asesinado a tiros después de desafiar abiertamente al crimen organizado y denunciar la inoperancia del gobierno federal.
-
Su muerte, grabada en video y seguida de disturbios en Michoacán, representa un punto de no retorno.
SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER DE POLÍTICA
-
Es el fin de cualquier legitimidad popular que tuviera todavía la estrategia de “abrazos, no balazos” y del mito de que la contención y el diálogo bastan frente a las mafias que hoy controlan el país.
Por qué importa. Desde López Obrador hasta Claudia Sheinbaum, la izquierda mexicana ha insistido en que “la guerra contra el narco” fue un error histórico, responsable del desbordamiento de la violencia. Pero el pacifismo ha terminado por convertirse en una forma de complicidad con el crimen organizado. Sheinbaum presume la detención de 35 000 delincuentes y la destrucción de más de 1500 laboratorios.
-
Empero, el asesinato de figuras públicas —alcaldes, periodistas, empresarios— se ha disparado: más de 300 policías han sido ejecutados este año y la cifra de homicidios políticos crece un 25 %.
-
Los números revelan una paradoja, donde el Estado golpea la periferia del crimen, pero el crimen mantiene el control del territorio.
-
En los hechos, los cárteles gobiernan municipios, financian campañas locales, extorsionan productores y administran justicia. Y mientras la presidenta celebra una reducción estadística, México se siente más violento, más vulnerable y más solo.
Entre líneas. La fragilidad del Estado mexicano no se queda dentro de sus fronteras. La violencia tiene un efecto dominó. En Guatemala, por ejemplo, el poder de los Huistas se ha fortalecido al amparo de la crisis institucional mexicana. Las rutas de tráfico, que antes cruzaban por Chiapas de forma intermitente, hoy son corredores seguros controlados por alianzas entre estructuras locales y operadores mexicanos.
-
La incapacidad de México para recuperar el control de su territorio no solo incrementa el flujo de drogas hacia EE. UU., sino que multiplica la violencia en Centroamérica.
-
Esto, consecuentemente, alimenta la migración y el debilitamiento de las instituciones democráticas. Donde el Estado no protege, los grupos armados llenan el vacío.
Visto y no visto. El asesinato de Manzo también expone el peligro del ascenso del populismo de seguridad. El alcalde de Uruapan, con su discurso frontal y su promesa de “balas contra criminales”, encarnaba la figura del hombre fuerte que promete orden en medio del caos —un eco del modelo Bukele en El Salvador—.
-
Su popularidad creciente reveló un hartazgo social que puede volverse terreno fértil para liderazgos autoritarios.
-
En un país donde la impunidad supera el 90 %, la idea de que “la violencia se combate con más violencia” deja de ser moralmente discutible para volverse políticamente rentable.
-
México corre el riesgo de que la desesperación legitime la excepción. Y si esa lógica se consolida, Latinoamérica enfrentará una nueva oleada de caudillismos “securitarios” disfrazados de reformas democráticas.
En el radar. Sheinbaum ha respondido al asesinato de Manzo prometiendo “redoblar los esfuerzos” sin modificar su estrategia. Sus palabras insisten en una fórmula fracasada, que equivale a negar la realidad. México necesita recuperar el monopolio de la fuerza y reconstruir la confianza en la ley. La caída de Manzo marca un antes y un después, evidenciando que México se ve derrotado por su propia ideología.
-
Si el Estado mexicano sigue negando la guerra que ya existe —una guerra asimétrica, territorial y política—, terminará perdiéndola y dejando vulnerable al resto de países vecinos.
-
El narco ya no desafía al Estado mexicano, sino que, desde la llegada de Morena al poder, lo sustituye del todo.
-
La política de contención ha fracasado y el colapso institucional del “abrazos, no balazos” amenaza con extenderse más allá de su frontera sur.
La ejecución del alcalde Carlos Manzo, en plena celebración del Día de Muertos, es la evidencia más cruda de que México ha caído —de nuevo— en manos de un orden paralelo, donde el Estado no gobierna, sino que sobrevive.
En perspectiva. Manzo, alcalde de Uruapan, el corazón del multimillonario negocio del aguacate, fue asesinado a tiros después de desafiar abiertamente al crimen organizado y denunciar la inoperancia del gobierno federal.
-
Su muerte, grabada en video y seguida de disturbios en Michoacán, representa un punto de no retorno.
SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER DE POLÍTICA
-
Es el fin de cualquier legitimidad popular que tuviera todavía la estrategia de “abrazos, no balazos” y del mito de que la contención y el diálogo bastan frente a las mafias que hoy controlan el país.
Por qué importa. Desde López Obrador hasta Claudia Sheinbaum, la izquierda mexicana ha insistido en que “la guerra contra el narco” fue un error histórico, responsable del desbordamiento de la violencia. Pero el pacifismo ha terminado por convertirse en una forma de complicidad con el crimen organizado. Sheinbaum presume la detención de 35 000 delincuentes y la destrucción de más de 1500 laboratorios.
-
Empero, el asesinato de figuras públicas —alcaldes, periodistas, empresarios— se ha disparado: más de 300 policías han sido ejecutados este año y la cifra de homicidios políticos crece un 25 %.
-
Los números revelan una paradoja, donde el Estado golpea la periferia del crimen, pero el crimen mantiene el control del territorio.
-
En los hechos, los cárteles gobiernan municipios, financian campañas locales, extorsionan productores y administran justicia. Y mientras la presidenta celebra una reducción estadística, México se siente más violento, más vulnerable y más solo.
Entre líneas. La fragilidad del Estado mexicano no se queda dentro de sus fronteras. La violencia tiene un efecto dominó. En Guatemala, por ejemplo, el poder de los Huistas se ha fortalecido al amparo de la crisis institucional mexicana. Las rutas de tráfico, que antes cruzaban por Chiapas de forma intermitente, hoy son corredores seguros controlados por alianzas entre estructuras locales y operadores mexicanos.
-
La incapacidad de México para recuperar el control de su territorio no solo incrementa el flujo de drogas hacia EE. UU., sino que multiplica la violencia en Centroamérica.
-
Esto, consecuentemente, alimenta la migración y el debilitamiento de las instituciones democráticas. Donde el Estado no protege, los grupos armados llenan el vacío.
Visto y no visto. El asesinato de Manzo también expone el peligro del ascenso del populismo de seguridad. El alcalde de Uruapan, con su discurso frontal y su promesa de “balas contra criminales”, encarnaba la figura del hombre fuerte que promete orden en medio del caos —un eco del modelo Bukele en El Salvador—.
-
Su popularidad creciente reveló un hartazgo social que puede volverse terreno fértil para liderazgos autoritarios.
-
En un país donde la impunidad supera el 90 %, la idea de que “la violencia se combate con más violencia” deja de ser moralmente discutible para volverse políticamente rentable.
-
México corre el riesgo de que la desesperación legitime la excepción. Y si esa lógica se consolida, Latinoamérica enfrentará una nueva oleada de caudillismos “securitarios” disfrazados de reformas democráticas.
En el radar. Sheinbaum ha respondido al asesinato de Manzo prometiendo “redoblar los esfuerzos” sin modificar su estrategia. Sus palabras insisten en una fórmula fracasada, que equivale a negar la realidad. México necesita recuperar el monopolio de la fuerza y reconstruir la confianza en la ley. La caída de Manzo marca un antes y un después, evidenciando que México se ve derrotado por su propia ideología.
-
Si el Estado mexicano sigue negando la guerra que ya existe —una guerra asimétrica, territorial y política—, terminará perdiéndola y dejando vulnerable al resto de países vecinos.
-
El narco ya no desafía al Estado mexicano, sino que, desde la llegada de Morena al poder, lo sustituye del todo.
-
La política de contención ha fracasado y el colapso institucional del “abrazos, no balazos” amenaza con extenderse más allá de su frontera sur.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: