Puertas pateadas, puertas cerradas
En Guatecompras uno buscaba a una persona —por nombre, por NIT, por CUI— y encontraba sus contratos, sus sociedades, sus adjudicaciones.
El 14 de enero de 2024, Jonathan Menkos asumió la curul para la que fue electo. Su primer gesto en el Legislativo fue patear una puerta del Congreso. Hoy, convertido en ministro, cierra otra: la de la transparencia.
El Ministerio de Finanzas Públicas insiste en que no eliminó información de Guatecompras, que apenas cambió “la puerta de entrada”. Es falso. Y para explicarlo, Menkos recurrió a un símil que debió parecerle ingenioso: “Guatecompras no es un (sic) Facebook”. Tenía razón, sin saberlo: en Facebook uno busca a una persona y puede encontrar quiénes son sus amigos, sus fotos, su historia.
En Guatecompras uno buscaba a una persona —por nombre, por NIT, por CUI— y encontraba sus contratos, sus sociedades, sus adjudicaciones. Esa búsqueda, la que conectaba a alguien con el dinero público que tocaba, es exactamente lo que el ministerio canceló.
Ese buscador general existe desde que el portal opera, en 2004. No desapareció un documento: desapareció un método, la ruta que permite descubrir entramados. El representante legal que firma por tres oferentes distintos. El contador que lleva los libros de empresas que supuestamente compiten entre sí en la misma licitación.
El pariente del funcionario que adjudica. También se estrechó el acceso al Siges, donde se rastreaban prórrogas y modificaciones contractuales. Sin esos cruces, la prensa y el ciudadano ya no pueden investigar: solo confirman lo que el Estado quiere que sepan. Investigar es, por definición, buscar lo que todavía no se conoce.
La decisión no está respaldada por nada. Ni resolución, ni informe, ni dictamen. Un grupo de periodistas lo confirmó el 25 de agosto, cuando se reunió con la Digae: ahí, la Subdirección Técnica admitió que no tiene estadísticas que prueben el “uso indebido” que alega, y que jamás hubo una denuncia penal por vulneración de datos.
La justificación de “protección de datos personales” se sostiene, según las propias autoridades, en llamadas y correos recibidos. Nada más. El NIT consta en cualquier factura y el Registro Mercantil hace público el representante legal de cualquier empresa. El Estado no cerró información sensible. Cerró información que él mismo publica por otras vías.
La ley no deja espacio para matices. El artículo 35 de la Constitución es claro: el acceso a las fuentes de información es libre, y ninguna autoridad puede limitarlo. El artículo 4 Bis de la Ley de Contrataciones del Estado ordena que la consulta de Guatecompras sea pública, irrestricta y gratuita. Una restricción sin acto administrativo que la sustente no es resguardo, es arbitrariedad.
El rechazo ha sido transversal: medios, periodistas, tanques de pensamiento, políticos, auditores sociales. El gobierno que se autodenominó “la nueva primavera” administra hoy la mayor regresión de transparencia en más de veinte años. Y lo hace a las puertas de un año electoral.
El calendario se agrava aún más; el 30 de septiembre vence el período del actual presidente del Banguat, y Menkos figura como candidato del oficialismo para el puesto. Es inaceptable. Quien restringe un portal de transparencia —sin fundamento alguno— no puede ser premiado con la conducción de la política monetaria, un cargo que exige independencia y apego irrestricto a la norma.
Por esa y otras razones, Menkos no debe llegar al Banguat. Fue electo diputado por el listado nacional y pidió licencia al Congreso para asumir la cartera de Finanzas. Que la puerta que pateó en enero de 2024 vuelva a abrirse para él, y que regrese a su curul. Ahí podrá sentarse junto a quienes antes habrían protestado por la restricción de Guatecompras y hoy callan, cómplices de la arbitrariedad y la opacidad.
Puertas pateadas, puertas cerradas
En Guatecompras uno buscaba a una persona —por nombre, por NIT, por CUI— y encontraba sus contratos, sus sociedades, sus adjudicaciones.
El 14 de enero de 2024, Jonathan Menkos asumió la curul para la que fue electo. Su primer gesto en el Legislativo fue patear una puerta del Congreso. Hoy, convertido en ministro, cierra otra: la de la transparencia.
El Ministerio de Finanzas Públicas insiste en que no eliminó información de Guatecompras, que apenas cambió “la puerta de entrada”. Es falso. Y para explicarlo, Menkos recurrió a un símil que debió parecerle ingenioso: “Guatecompras no es un (sic) Facebook”. Tenía razón, sin saberlo: en Facebook uno busca a una persona y puede encontrar quiénes son sus amigos, sus fotos, su historia.
En Guatecompras uno buscaba a una persona —por nombre, por NIT, por CUI— y encontraba sus contratos, sus sociedades, sus adjudicaciones. Esa búsqueda, la que conectaba a alguien con el dinero público que tocaba, es exactamente lo que el ministerio canceló.
Ese buscador general existe desde que el portal opera, en 2004. No desapareció un documento: desapareció un método, la ruta que permite descubrir entramados. El representante legal que firma por tres oferentes distintos. El contador que lleva los libros de empresas que supuestamente compiten entre sí en la misma licitación.
El pariente del funcionario que adjudica. También se estrechó el acceso al Siges, donde se rastreaban prórrogas y modificaciones contractuales. Sin esos cruces, la prensa y el ciudadano ya no pueden investigar: solo confirman lo que el Estado quiere que sepan. Investigar es, por definición, buscar lo que todavía no se conoce.
La decisión no está respaldada por nada. Ni resolución, ni informe, ni dictamen. Un grupo de periodistas lo confirmó el 25 de agosto, cuando se reunió con la Digae: ahí, la Subdirección Técnica admitió que no tiene estadísticas que prueben el “uso indebido” que alega, y que jamás hubo una denuncia penal por vulneración de datos.
La justificación de “protección de datos personales” se sostiene, según las propias autoridades, en llamadas y correos recibidos. Nada más. El NIT consta en cualquier factura y el Registro Mercantil hace público el representante legal de cualquier empresa. El Estado no cerró información sensible. Cerró información que él mismo publica por otras vías.
La ley no deja espacio para matices. El artículo 35 de la Constitución es claro: el acceso a las fuentes de información es libre, y ninguna autoridad puede limitarlo. El artículo 4 Bis de la Ley de Contrataciones del Estado ordena que la consulta de Guatecompras sea pública, irrestricta y gratuita. Una restricción sin acto administrativo que la sustente no es resguardo, es arbitrariedad.
El rechazo ha sido transversal: medios, periodistas, tanques de pensamiento, políticos, auditores sociales. El gobierno que se autodenominó “la nueva primavera” administra hoy la mayor regresión de transparencia en más de veinte años. Y lo hace a las puertas de un año electoral.
El calendario se agrava aún más; el 30 de septiembre vence el período del actual presidente del Banguat, y Menkos figura como candidato del oficialismo para el puesto. Es inaceptable. Quien restringe un portal de transparencia —sin fundamento alguno— no puede ser premiado con la conducción de la política monetaria, un cargo que exige independencia y apego irrestricto a la norma.
Por esa y otras razones, Menkos no debe llegar al Banguat. Fue electo diputado por el listado nacional y pidió licencia al Congreso para asumir la cartera de Finanzas. Que la puerta que pateó en enero de 2024 vuelva a abrirse para él, y que regrese a su curul. Ahí podrá sentarse junto a quienes antes habrían protestado por la restricción de Guatecompras y hoy callan, cómplices de la arbitrariedad y la opacidad.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: