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México: en el estancamiento económico y el centralismo

.
Reynaldo Rodríguez
10 de abril, 2026

México se encuentra en una coyuntura crítica, donde la narrativa oficial de construir el segundo eslabón de la transformación —la llamada 4T— choca frontalmente con una realidad de estancamiento económico. Sheinbaum ha alterado profundamente la estructura institucional del país a través de la consolidación del Plan C, centralizando el poder y eliminando contrapesos.  

En perspectiva. La promesa de una continuidad transformadora enfrenta el agotamiento de un modelo económico que privilegia el gasto social sobre la inversión productiva.  

  • El raquítico crecimiento del 0.8 % registrado en 2025 es el peor desempeño entre las grandes economías de Latinoamérica y el punto más bajo para México desde la crisis pandémica, provocando que el PIB per cápita retroceda a niveles no vistos desde 2017.   

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  • La parálisis económica se explica, en gran medida, por un desplome del 28 % en la inversión pública, la caída más severa reportada en las últimas tres décadas. Mientras el discurso oficial insiste en la fortaleza del Estado, la ausencia de infraestructura y proyectos de gran calado sugiere que el segundo piso carece de los cimientos.  

  • El mercado laboral se encuentra atrapado en la informalidad, donde un aumento agresivo del salario mínimo —que pasó del 37 % al 75 % del salario medio— ha encarecido la formalización. Esto ha condenado al 55 % de la fuerza laboral a empleos de baja tecnología y productividad.  

Lo indispensable. Las reformas constitucionales de la administración Sheinbaum representan un cambio de régimen que prioriza la voluntad política sobre la especialización técnica.  

  • El Ejecutivo ha absorbido organismos autónomos fundamentales de transparencia, eliminando contrapesos técnicos, permitiendo que el Estado actúe como juez y parte en sectores estratégicos.  

  • La implementación de la reforma judicial ha quebrado la columna vertebral de la justicia en México al someter a jueces y ministros al escrutinio de las urnas. Esta decisión subordina la interpretación de la ley a las mayorías y los ciclos políticos.  

  • El cambio de estatus de Petróleos Mexicanos (PEMEX) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a empresas públicas del Estado consolida un modelo donde la ideología se impone a la rentabilidad financiera y la seguridad energética. Esta reclasificación permite al gobierno priorizar el control político de los recursos sobre la eficiencia operativa, lo que genera una carga fiscal creciente y pone en riesgo el suministro de energía para la industria.  

Entre líneas. Además de la reorganización institucional, el Estado ha fortalecido su brazo ejecutor para anular la defensa patrimonial del contribuyente.  

  • Una sentencia clave de la Suprema Corte de Justicia en abril ha cerrado el cerco sobre la seguridad financiera —y la propiedad privada—, permitiendo que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) bloqueen cuentas bancarias de forma inmediata y discrecional por sospechas de lavados de activos sin autorización judicial. 

  • Al eliminar el control judicial previo, el sistema legal mexicano ha abandonado de facto la presunción de inocencia patrimonial, otorgando al Ejecutivo una herramienta de presión política sin precedentes. El modelo invierte la carga de la prueba, dejando a personas y empresas en una situación de indefensión por arbitrariedad, obligándolas a enfrentar alta incertidumbre antes de poder ejercer su derecho de audiencia.  

  • La consecuencia directa de esta ofensiva institucional es la fuga de capitales locales y un freno en la adquisición de maquinaria y equipo por parte de las empresas nacionales. A diferencia de la inversión extranjera que opera bajo otros parámetros, el empresariado mexicano está deteniendo su expansión ante la falta de garantías básicas sobre la propiedad y la libre disposición de sus activos.  

En conclusión. México transita hacia un modelo de alta centralización arbitraria, donde la hegemonía política se construye a expensas de la viabilidad económica y la certeza jurídica.

  • La erosión de los contrapesos técnicos y la vulnerabilidad del contribuyente proyectan un escenario de estancamiento prolongado y riesgos sistémicos para la inversión.  
  • Sin un retorno a la independencia institucional, el país corre el riesgo de convertir su narrativa de transformación en una estructura de control que asfixie el dinamismo del sector privado. 

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México: en el estancamiento económico y el centralismo

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Reynaldo Rodríguez
10 de abril, 2026

México se encuentra en una coyuntura crítica, donde la narrativa oficial de construir el segundo eslabón de la transformación —la llamada 4T— choca frontalmente con una realidad de estancamiento económico. Sheinbaum ha alterado profundamente la estructura institucional del país a través de la consolidación del Plan C, centralizando el poder y eliminando contrapesos.  

En perspectiva. La promesa de una continuidad transformadora enfrenta el agotamiento de un modelo económico que privilegia el gasto social sobre la inversión productiva.  

  • El raquítico crecimiento del 0.8 % registrado en 2025 es el peor desempeño entre las grandes economías de Latinoamérica y el punto más bajo para México desde la crisis pandémica, provocando que el PIB per cápita retroceda a niveles no vistos desde 2017.   

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  • La parálisis económica se explica, en gran medida, por un desplome del 28 % en la inversión pública, la caída más severa reportada en las últimas tres décadas. Mientras el discurso oficial insiste en la fortaleza del Estado, la ausencia de infraestructura y proyectos de gran calado sugiere que el segundo piso carece de los cimientos.  

  • El mercado laboral se encuentra atrapado en la informalidad, donde un aumento agresivo del salario mínimo —que pasó del 37 % al 75 % del salario medio— ha encarecido la formalización. Esto ha condenado al 55 % de la fuerza laboral a empleos de baja tecnología y productividad.  

Lo indispensable. Las reformas constitucionales de la administración Sheinbaum representan un cambio de régimen que prioriza la voluntad política sobre la especialización técnica.  

  • El Ejecutivo ha absorbido organismos autónomos fundamentales de transparencia, eliminando contrapesos técnicos, permitiendo que el Estado actúe como juez y parte en sectores estratégicos.  

  • La implementación de la reforma judicial ha quebrado la columna vertebral de la justicia en México al someter a jueces y ministros al escrutinio de las urnas. Esta decisión subordina la interpretación de la ley a las mayorías y los ciclos políticos.  

  • El cambio de estatus de Petróleos Mexicanos (PEMEX) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a empresas públicas del Estado consolida un modelo donde la ideología se impone a la rentabilidad financiera y la seguridad energética. Esta reclasificación permite al gobierno priorizar el control político de los recursos sobre la eficiencia operativa, lo que genera una carga fiscal creciente y pone en riesgo el suministro de energía para la industria.  

Entre líneas. Además de la reorganización institucional, el Estado ha fortalecido su brazo ejecutor para anular la defensa patrimonial del contribuyente.  

  • Una sentencia clave de la Suprema Corte de Justicia en abril ha cerrado el cerco sobre la seguridad financiera —y la propiedad privada—, permitiendo que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) bloqueen cuentas bancarias de forma inmediata y discrecional por sospechas de lavados de activos sin autorización judicial. 

  • Al eliminar el control judicial previo, el sistema legal mexicano ha abandonado de facto la presunción de inocencia patrimonial, otorgando al Ejecutivo una herramienta de presión política sin precedentes. El modelo invierte la carga de la prueba, dejando a personas y empresas en una situación de indefensión por arbitrariedad, obligándolas a enfrentar alta incertidumbre antes de poder ejercer su derecho de audiencia.  

  • La consecuencia directa de esta ofensiva institucional es la fuga de capitales locales y un freno en la adquisición de maquinaria y equipo por parte de las empresas nacionales. A diferencia de la inversión extranjera que opera bajo otros parámetros, el empresariado mexicano está deteniendo su expansión ante la falta de garantías básicas sobre la propiedad y la libre disposición de sus activos.  

En conclusión. México transita hacia un modelo de alta centralización arbitraria, donde la hegemonía política se construye a expensas de la viabilidad económica y la certeza jurídica.

  • La erosión de los contrapesos técnicos y la vulnerabilidad del contribuyente proyectan un escenario de estancamiento prolongado y riesgos sistémicos para la inversión.  
  • Sin un retorno a la independencia institucional, el país corre el riesgo de convertir su narrativa de transformación en una estructura de control que asfixie el dinamismo del sector privado. 

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