Laberinto de más de tres letras
Basta ver lo que Morena ha logrado en México. Guatemala va en ese camino.
En política —y en políticas públicas—, es tristemente conocido el concepto de que, si se busca atrasar o impedir algo, se debe formar un comité; asignar a muchas personas o, peor aún, a varias instituciones o agencias una misma tarea es el camino al desastre.
Durante décadas, la lucha contra el narcotráfico recayó, particularmente, en una de las agencias antinarcóticas de EE. UU.: la DEA, la famosa “tres letras”. Sin embargo, con el tiempo y el acceso a la información, se ha ido descubriendo que otras agencias —de inteligencia y operativas— también hacen lo propio. Así, ahora hay varias agencias de tres letras que tienen que ver con disuadir, investigar, atacar, capturar y procesar a narcotraficantes y demás actores del crimen organizado. Un verdadero laberinto.
En ese laberinto, más de algún narcodiputado o narcoalcalde se cuela; a sabiendas de una u otra agencia, a la que permiten seguir operando porque ello beneficia —supuestamente— al largo plazo de la lucha contra el narco.
El problema es que, mientras tanto, esas ratas delinquen, corrompen, infiltran al Estado, llegan a dominar grandes territorios y, finalmente, los países. Basta ver lo que Morena ha logrado en México. Guatemala va en ese camino.
Por suerte, la administración Trump no solo está clara de eso, sino que todo apunta a que aquello de “gobernar por comité” se acaba. Con ello, la efectividad de la lucha contra el narco tiene una mucho mejor oportunidad de éxito.
Laberinto de más de tres letras
Basta ver lo que Morena ha logrado en México. Guatemala va en ese camino.
En política —y en políticas públicas—, es tristemente conocido el concepto de que, si se busca atrasar o impedir algo, se debe formar un comité; asignar a muchas personas o, peor aún, a varias instituciones o agencias una misma tarea es el camino al desastre.
Durante décadas, la lucha contra el narcotráfico recayó, particularmente, en una de las agencias antinarcóticas de EE. UU.: la DEA, la famosa “tres letras”. Sin embargo, con el tiempo y el acceso a la información, se ha ido descubriendo que otras agencias —de inteligencia y operativas— también hacen lo propio. Así, ahora hay varias agencias de tres letras que tienen que ver con disuadir, investigar, atacar, capturar y procesar a narcotraficantes y demás actores del crimen organizado. Un verdadero laberinto.
En ese laberinto, más de algún narcodiputado o narcoalcalde se cuela; a sabiendas de una u otra agencia, a la que permiten seguir operando porque ello beneficia —supuestamente— al largo plazo de la lucha contra el narco.
El problema es que, mientras tanto, esas ratas delinquen, corrompen, infiltran al Estado, llegan a dominar grandes territorios y, finalmente, los países. Basta ver lo que Morena ha logrado en México. Guatemala va en ese camino.
Por suerte, la administración Trump no solo está clara de eso, sino que todo apunta a que aquello de “gobernar por comité” se acaba. Con ello, la efectividad de la lucha contra el narco tiene una mucho mejor oportunidad de éxito.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: