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Estabilidad económica a pesar de Menkos

.
Reynaldo Rodríguez
24 de marzo, 2026

La realidad macroeconómica desafía las narrativas oficiales; el crecimiento proyectado del 4.1 % se sostiene sobre cimientos preexistentes y una coyuntura favorable.

  • Este fenómeno no responde a una transformación profunda impulsada por el ministro Jonathan Menkos —o el Gobierno, como tal—, sino a una inercia estructural que ha blindado las variables macroeconómicas frente a la ineficacia operativa.

En perspectiva. La estabilidad económica de Guatemala es el resultado de un diseño institucional de largo plazo que prioriza la resiliencia técnica sobre la voluntad política.

  • El Banco de Guatemala opera bajo una serie de reglas que —hasta ahora— ha aislado la política monetaria de las presiones ideológicas, lo cual ha permitido mantener una inflación bajo control históricamente. Esta autonomía garantiza previsibilidad, funcionando como un estabilizador automático que trasciende los caprichos del gobierno y del ministro Menkos.

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  • Esta resiliencia se cimenta en un modelo de prudencia fiscal histórica que protege al Estado de desequilibrios macroeconómicos; permite que el tipo de cambio permanezca estable y los indicadores de riesgo país sean envidiables en la región, proyectando una imagen de solidez que el Ejecutivo suele capitalizar como mérito propio cuando, en realidad, es una herencia institucional.

  • Históricamente, el país ha operado bajo una economía de dos velocidades donde los indicadores agregados son saludables mientras que las condiciones de competitividad subyacente están en peligro. Esta brecha se ha profundizado en 2026, evidenciando que la estabilidad macro es un muro de contención que permite al sector privado seguir operando; no es una mejora de la productividad nacional centralmente planificada.

Lo indispensable. La gestión actual ha priorizado la estética de la transparencia sobre la resolución de nudos logísticos que actúan como un torniquete para la economía real.

  • El ministro Menkos ha intentado consolidar una imagen de probidad técnica a través de la reducción de los spreads de riesgo de los bonos del Estado con respecto a los del Tesoro americano.

  • Resulta notable el crecimiento inercial de la agricultura (9.5 %) y de las industrias manufactureras (13.1 %) en el 2025, sectores que han expandido su actividad a pesar del colapso de la red vial y la parálisis operativa en Puerto Quetzal. Esta expansión no es producto de incentivos estatales, sino del esfuerzo del sector exportador por mitigar el impacto de un sistema logístico que encarece los productos guatemaltecos frente a sus competidores regionales.

  • La crisis portuaria ha forzado la intervención estratégica de los EE. UU., motivada por el interés de Washington en desplazar la influencia de China en la región, no gracias a una astucia diplomática del gobierno. El deterioro vial actúa como un impuesto indirecto a la producción, limitando el aprovechamiento de la volatilidad favorable de precios de commodities y evidenciando que el Estado, lejos de facilitar el comercio, se ha convertido en su principal obstáculo.

Entre líneas. El dinamismo económico esconde un modelo de consumo no productivo y una dependencia geopolítica que define la entrada de capitales por seguridad, no por eficiencia administrativa.

  • La IED ha crecido por reinversión de utilidades —de la IED en los últimos dos años, 100 % en 2024 y un 86 % en 2025, fueron reinversiones—, recibiendo únicamente un 14 % de capital nuevo (USD 254 M) en pleno auge geopolítico del nearshoring, donde Guatemala es vista como un refugio bajo la órbita de Washington a pesar de la gestión gubernamental.

  • El dinamismo del PIB proviene de bienes no productivos como importación de vehículos —que ha causado problemas logísticos que el oficialismo no ha podido resolver—, vivienda y consumo impulsado por remesas. Estos sectores suman entre un 1.4 % y un 1.6 % del crecimiento del PIB, lo cual refleja que sin los USD 26 000M en remesas, el país no estaría llegando a la meta de crecimiento económico.

  • Además, sectores estratégicos como la explotación de minas se mantienen estancados, creciendo al 0.4 %. La clausurada actividad petrolera nacional ayudaría en estos momentos, pero la cerrazón ideológica de este gobierno lo imposibilitó. Todo ello refleja un desperdicio de oportunidad histórica que el país paga con un menor crecimiento de su potencial real.

En conclusión. Guatemala demuestra que su fuerza económica reside en la inercia de sus instituciones técnicas y el vigor de su sector privado, no en la transitoria gestión de un ministro.

  • Más bien, es a pesar de su gestión que Guatemala crece y mantiene su envidiable situación macroeconómica.
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Estabilidad económica a pesar de Menkos

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Reynaldo Rodríguez
24 de marzo, 2026

La realidad macroeconómica desafía las narrativas oficiales; el crecimiento proyectado del 4.1 % se sostiene sobre cimientos preexistentes y una coyuntura favorable.

  • Este fenómeno no responde a una transformación profunda impulsada por el ministro Jonathan Menkos —o el Gobierno, como tal—, sino a una inercia estructural que ha blindado las variables macroeconómicas frente a la ineficacia operativa.

En perspectiva. La estabilidad económica de Guatemala es el resultado de un diseño institucional de largo plazo que prioriza la resiliencia técnica sobre la voluntad política.

  • El Banco de Guatemala opera bajo una serie de reglas que —hasta ahora— ha aislado la política monetaria de las presiones ideológicas, lo cual ha permitido mantener una inflación bajo control históricamente. Esta autonomía garantiza previsibilidad, funcionando como un estabilizador automático que trasciende los caprichos del gobierno y del ministro Menkos.

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  • Esta resiliencia se cimenta en un modelo de prudencia fiscal histórica que protege al Estado de desequilibrios macroeconómicos; permite que el tipo de cambio permanezca estable y los indicadores de riesgo país sean envidiables en la región, proyectando una imagen de solidez que el Ejecutivo suele capitalizar como mérito propio cuando, en realidad, es una herencia institucional.

  • Históricamente, el país ha operado bajo una economía de dos velocidades donde los indicadores agregados son saludables mientras que las condiciones de competitividad subyacente están en peligro. Esta brecha se ha profundizado en 2026, evidenciando que la estabilidad macro es un muro de contención que permite al sector privado seguir operando; no es una mejora de la productividad nacional centralmente planificada.

Lo indispensable. La gestión actual ha priorizado la estética de la transparencia sobre la resolución de nudos logísticos que actúan como un torniquete para la economía real.

  • El ministro Menkos ha intentado consolidar una imagen de probidad técnica a través de la reducción de los spreads de riesgo de los bonos del Estado con respecto a los del Tesoro americano.

  • Resulta notable el crecimiento inercial de la agricultura (9.5 %) y de las industrias manufactureras (13.1 %) en el 2025, sectores que han expandido su actividad a pesar del colapso de la red vial y la parálisis operativa en Puerto Quetzal. Esta expansión no es producto de incentivos estatales, sino del esfuerzo del sector exportador por mitigar el impacto de un sistema logístico que encarece los productos guatemaltecos frente a sus competidores regionales.

  • La crisis portuaria ha forzado la intervención estratégica de los EE. UU., motivada por el interés de Washington en desplazar la influencia de China en la región, no gracias a una astucia diplomática del gobierno. El deterioro vial actúa como un impuesto indirecto a la producción, limitando el aprovechamiento de la volatilidad favorable de precios de commodities y evidenciando que el Estado, lejos de facilitar el comercio, se ha convertido en su principal obstáculo.

Entre líneas. El dinamismo económico esconde un modelo de consumo no productivo y una dependencia geopolítica que define la entrada de capitales por seguridad, no por eficiencia administrativa.

  • La IED ha crecido por reinversión de utilidades —de la IED en los últimos dos años, 100 % en 2024 y un 86 % en 2025, fueron reinversiones—, recibiendo únicamente un 14 % de capital nuevo (USD 254 M) en pleno auge geopolítico del nearshoring, donde Guatemala es vista como un refugio bajo la órbita de Washington a pesar de la gestión gubernamental.

  • El dinamismo del PIB proviene de bienes no productivos como importación de vehículos —que ha causado problemas logísticos que el oficialismo no ha podido resolver—, vivienda y consumo impulsado por remesas. Estos sectores suman entre un 1.4 % y un 1.6 % del crecimiento del PIB, lo cual refleja que sin los USD 26 000M en remesas, el país no estaría llegando a la meta de crecimiento económico.

  • Además, sectores estratégicos como la explotación de minas se mantienen estancados, creciendo al 0.4 %. La clausurada actividad petrolera nacional ayudaría en estos momentos, pero la cerrazón ideológica de este gobierno lo imposibilitó. Todo ello refleja un desperdicio de oportunidad histórica que el país paga con un menor crecimiento de su potencial real.

En conclusión. Guatemala demuestra que su fuerza económica reside en la inercia de sus instituciones técnicas y el vigor de su sector privado, no en la transitoria gestión de un ministro.

  • Más bien, es a pesar de su gestión que Guatemala crece y mantiene su envidiable situación macroeconómica.

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