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Empieza la nueva Guerra Fría

Washington y Beijing construyen ecosistemas rivales alrededor de la tecnología que definirá buena parte del poder económico y militar del siglo XXI. 

Rafael P. Palomo
31 de agosto, 2026

La carrera por la inteligencia artificial está comenzando a dividir al mundo. Pero la competencia entre EE. UU. y China ya no consiste únicamente en quién desarrolla el modelo más avanzado. 

En perspectiva. Washington y Beijing están construyendo dos ecosistemas rivales alrededor de la tecnología que probablemente definirá buena parte del poder económico y militar del siglo XXI. EE. UU. impulsa la “Pax Silica”, una alianza que reúne a países como Japón, Corea del Sur e India, además de los socios europeos, alrededor de las cadenas de suministro necesarias para desarrollar inteligencia artificial: semiconductores, minerales críticos, capacidad computacional e infraestructura.

  • Mientras tanto, China ha respondido impulsando la World Artificial Intelligence Cooperation Organization (WAICO).

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  • El proyecto busca construir un ecosistema alternativo alrededor de Beijing y ha atraído a países como Rusia, Irán, Brasil, Sudáfrica e Indonesia.

  • El resultado comienza a parecerse a una nueva Guerra Fría, solo que esta vez las fronteras son considerablemente menos claras.

Cómo funciona. Durante el siglo XX, Washington y Moscú construyeron bloques principalmente militares e ideológicos. La nueva competencia gira alrededor de chips, minerales, energía, centros de datos, capital y cadenas de suministro. Eso permite a los países mantener relaciones con ambos lados mucho más fácilmente. Por eso, quizá los países más importantes no sean aquellos que ya escogieron un bloque, sino los que todavía no lo han hecho.

  • Canadá, México, Arabia Saudita, Turquía y Vietnam destacan entre las economías todavía en disputa. Cada una posee algo que Washington o Beijing necesita. México forma parte integral de la estructura industrial norteamericana, pero mantiene importantes relaciones comerciales con China.

  • Vietnam desconfía estratégicamente de Beijing, aunque su economía permanece profundamente conectada con la china. Ankara, por su parte, ha convertido la autonomía estratégica en uno de los principios fundamentales de su política exterior.

  • Arabia Saudita, mientras tanto, tiene dos recursos fundamentales para la inteligencia artificial: energía y dinero.

Visto y no visto. Kazajistán representa otro caso particularmente interesante. Ubicado entre Rusia y China y poseedor de importantes recursos minerales, depende económicamente de sus dos gigantescos vecinos mientras busca mantener relaciones con otras potencias. 

  • Su geografía lo hace extremadamente valioso, pero esa misma geografía hace que escoger definitivamente un bando resulte peligroso.

Por qué importa. Latinoamérica también será un campo de batalla. Argentina, Chile, Panamá, Costa Rica y El Salvador se encuentran más próximos al ecosistema estadounidense, mientras que Brasil, Venezuela, Cuba y Nicaragua aparecen vinculados al chino. Otros países importantes de la región todavía pueden oscilar entre ambos. Esto debería preocupar particularmente a Washington. 

  • A diferencia de Europa, el resto del Hemisferio Occidental no está alineándose automáticamente detrás de EE. UU.

  • La capacidad de China para construir relaciones tecnológicas, financieras y comerciales dentro del tradicional espacio de influencia estadounidense constituye una penetración estratégica mucho más importante de lo que puede parecer a primera vista.

En conclusión. La inteligencia artificial no existe solamente dentro de una computadora. Construirla a escala requiere enormes cantidades de electricidad, minerales críticos, semiconductores avanzados, centros de datos, inversiones multimillonarias, talento humano y rutas comerciales seguras. Ninguna potencia controla por sí sola todos esos elementos y ahí es donde comienza la dimensión verdaderamente geopolítica de la carrera. EE. UU. necesita aliados capaces de producir chips, extraer minerales y asegurar cadenas de suministro. 

  • China necesita mercados, recursos y socios financieros que reduzcan el impacto de las restricciones estadounidenses. Y las potencias medias entienden perfectamente el valor que esa competencia les proporciona.

  • La primera Guerra Fría dividió al planeta alrededor de ideologías, ejércitos y armas nucleares. La nueva podría hacerlo alrededor de la infraestructura sobre la cual funcionará la economía del siglo XXI.

  • La gran diferencia es que esta vez muchos países no quieren escoger un lado, ya que es mucho más lucrativo para muchos jugar con ambos y usar esa relación ambigua como arma diplomática.

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Empieza la nueva Guerra Fría

Washington y Beijing construyen ecosistemas rivales alrededor de la tecnología que definirá buena parte del poder económico y militar del siglo XXI. 

Rafael P. Palomo
31 de agosto, 2026

La carrera por la inteligencia artificial está comenzando a dividir al mundo. Pero la competencia entre EE. UU. y China ya no consiste únicamente en quién desarrolla el modelo más avanzado. 

En perspectiva. Washington y Beijing están construyendo dos ecosistemas rivales alrededor de la tecnología que probablemente definirá buena parte del poder económico y militar del siglo XXI. EE. UU. impulsa la “Pax Silica”, una alianza que reúne a países como Japón, Corea del Sur e India, además de los socios europeos, alrededor de las cadenas de suministro necesarias para desarrollar inteligencia artificial: semiconductores, minerales críticos, capacidad computacional e infraestructura.

  • Mientras tanto, China ha respondido impulsando la World Artificial Intelligence Cooperation Organization (WAICO).

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  • El proyecto busca construir un ecosistema alternativo alrededor de Beijing y ha atraído a países como Rusia, Irán, Brasil, Sudáfrica e Indonesia.

  • El resultado comienza a parecerse a una nueva Guerra Fría, solo que esta vez las fronteras son considerablemente menos claras.

Cómo funciona. Durante el siglo XX, Washington y Moscú construyeron bloques principalmente militares e ideológicos. La nueva competencia gira alrededor de chips, minerales, energía, centros de datos, capital y cadenas de suministro. Eso permite a los países mantener relaciones con ambos lados mucho más fácilmente. Por eso, quizá los países más importantes no sean aquellos que ya escogieron un bloque, sino los que todavía no lo han hecho.

  • Canadá, México, Arabia Saudita, Turquía y Vietnam destacan entre las economías todavía en disputa. Cada una posee algo que Washington o Beijing necesita. México forma parte integral de la estructura industrial norteamericana, pero mantiene importantes relaciones comerciales con China.

  • Vietnam desconfía estratégicamente de Beijing, aunque su economía permanece profundamente conectada con la china. Ankara, por su parte, ha convertido la autonomía estratégica en uno de los principios fundamentales de su política exterior.

  • Arabia Saudita, mientras tanto, tiene dos recursos fundamentales para la inteligencia artificial: energía y dinero.

Visto y no visto. Kazajistán representa otro caso particularmente interesante. Ubicado entre Rusia y China y poseedor de importantes recursos minerales, depende económicamente de sus dos gigantescos vecinos mientras busca mantener relaciones con otras potencias. 

  • Su geografía lo hace extremadamente valioso, pero esa misma geografía hace que escoger definitivamente un bando resulte peligroso.

Por qué importa. Latinoamérica también será un campo de batalla. Argentina, Chile, Panamá, Costa Rica y El Salvador se encuentran más próximos al ecosistema estadounidense, mientras que Brasil, Venezuela, Cuba y Nicaragua aparecen vinculados al chino. Otros países importantes de la región todavía pueden oscilar entre ambos. Esto debería preocupar particularmente a Washington. 

  • A diferencia de Europa, el resto del Hemisferio Occidental no está alineándose automáticamente detrás de EE. UU.

  • La capacidad de China para construir relaciones tecnológicas, financieras y comerciales dentro del tradicional espacio de influencia estadounidense constituye una penetración estratégica mucho más importante de lo que puede parecer a primera vista.

En conclusión. La inteligencia artificial no existe solamente dentro de una computadora. Construirla a escala requiere enormes cantidades de electricidad, minerales críticos, semiconductores avanzados, centros de datos, inversiones multimillonarias, talento humano y rutas comerciales seguras. Ninguna potencia controla por sí sola todos esos elementos y ahí es donde comienza la dimensión verdaderamente geopolítica de la carrera. EE. UU. necesita aliados capaces de producir chips, extraer minerales y asegurar cadenas de suministro. 

  • China necesita mercados, recursos y socios financieros que reduzcan el impacto de las restricciones estadounidenses. Y las potencias medias entienden perfectamente el valor que esa competencia les proporciona.

  • La primera Guerra Fría dividió al planeta alrededor de ideologías, ejércitos y armas nucleares. La nueva podría hacerlo alrededor de la infraestructura sobre la cual funcionará la economía del siglo XXI.

  • La gran diferencia es que esta vez muchos países no quieren escoger un lado, ya que es mucho más lucrativo para muchos jugar con ambos y usar esa relación ambigua como arma diplomática.

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