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Cuando el artículo 5 se queda en visto

El politólogo y experto alemán imagina qué ocurriría después de una victoria rusa en Ucrania y de un nuevo intento de Moscú: comprobar si el famoso artículo 5 de la OTAN es una garantía de seguridad.

Marcos Jacobo Suárez Sipmann
28 de agosto, 2026

Imaginemos que una mañana de marzo de 2028 un ejército ruso entra en Estonia. No en una película, no en una partida de Risk, sino de verdad. Narva cae. También la isla de Hiiumaa. En Bruselas alguien convoca una reunión. En Washington alguien descuelga el teléfono. Y en las capitales europeas comienza esa especialidad continental que consiste en ganar tiempo cuando ya no queda tiempo que ganar.

Ese es el escenario que propone Carlo Masala en Si Rusia ganara, un libro incómodo precisamente porque no necesita convertirse en profecía para resultar verosímil. El politólogo y experto alemán imagina qué ocurriría después de una victoria rusa en Ucrania y de un nuevo intento de Moscú: comprobar si el famoso artículo 5 de la OTAN —el principio de defensa colectiva de la Alianza— es una garantía de seguridad o una promesa escrita con una letra demasiado pequeña.  

Masala no escribe un tratado para especialistas. Tampoco una novela convencional. Construye una ficción geopolítica de apenas 120 páginas en la que los mapas, las cancillerías, los teléfonos seguros y los cálculos militares ocupan el lugar que en otros thrillers ocupan los cadáveres y las persecuciones. La diferencia es que aquí el suspense no está en saber quién disparará primero, sino en averiguar quién tendrá el valor de responder.

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Y ahí aparece la parte más interesante. Europa no queda retratada como un continente cobarde, sino como uno que ha confundido durante demasiado tiempo la paz con la ausencia de problemas. Después de décadas bajo el paraguas estadounidense, hemos desarrollado una curiosa relación con la defensa: sabemos que existe, sabemos que cuesta dinero y preferimos que la pague otro.

Masala convierte esa contradicción en argumento. Rusia avanza; Europa calcula. Washington sopesa. La OTAN discute. Pekín observa. Cada actor mueve sus piezas mientras todos intentan evitar exactamente aquello que, paradójicamente, podría hacer inevitable la derrota: ser el primero en asumir el coste de enfrentarse al adversario.

El resultado tiene algo de novela de suspense y bastante de espejo. Porque la pregunta de fondo no es si Putin podría intentar algo similar. Es ¿qué quedaría de Occidente si, llegado el momento, descubriéramos que nuestros principios funcionan magníficamente en los discursos y bastante peor bajo fuego real?

Y quizá ahí esté la clave del libro. Masala no se conforma con imaginar la crisis: en el epílogo analiza qué hacer para impedir que llegue a ocurrir. Su respuesta pasa por recuperar la credibilidad de la disuasión europea y por asumir que esperar a que Rusia sea demasiado débil para volver a intentarlo pertenece, en su opinión, al género de las ilusiones peligrosas. También mira hacia Washington y hacia Trump, cuya imprevisibilidad altera cualquier cálculo europeo. La ficción, de pronto, deja de parecer tan ficción.

Desde Centroamérica, donde Narva queda tan lejos como las discusiones de Bruselas, puede presentarse como un asunto exclusivamente europeo. No lo es. Las grandes potencias toman decisiones en sus capitales y el resto del mundo suele recibir sus consecuencias sin haber sido invitado a la reunión. La geopolítica tiene esa mala costumbre: nunca pregunta dónde termina el mapa cuando decide empezar a moverlo.

El teléfono, en el escenario de Masala, suena. La cuestión no es quién está al otro lado, sino quién se atreverá a contestar cuando hacerlo tenga un precio. Porque si el artículo 5 deja de ser una promesa creíble, Europa no habrá perdido solamente una batalla en Narva. Habrá descubierto algo peor: que las alianzas pueden morir antes que los tratados que las sostienen.

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Cuando el artículo 5 se queda en visto

El politólogo y experto alemán imagina qué ocurriría después de una victoria rusa en Ucrania y de un nuevo intento de Moscú: comprobar si el famoso artículo 5 de la OTAN es una garantía de seguridad.

Marcos Jacobo Suárez Sipmann
28 de agosto, 2026

Imaginemos que una mañana de marzo de 2028 un ejército ruso entra en Estonia. No en una película, no en una partida de Risk, sino de verdad. Narva cae. También la isla de Hiiumaa. En Bruselas alguien convoca una reunión. En Washington alguien descuelga el teléfono. Y en las capitales europeas comienza esa especialidad continental que consiste en ganar tiempo cuando ya no queda tiempo que ganar.

Ese es el escenario que propone Carlo Masala en Si Rusia ganara, un libro incómodo precisamente porque no necesita convertirse en profecía para resultar verosímil. El politólogo y experto alemán imagina qué ocurriría después de una victoria rusa en Ucrania y de un nuevo intento de Moscú: comprobar si el famoso artículo 5 de la OTAN —el principio de defensa colectiva de la Alianza— es una garantía de seguridad o una promesa escrita con una letra demasiado pequeña.  

Masala no escribe un tratado para especialistas. Tampoco una novela convencional. Construye una ficción geopolítica de apenas 120 páginas en la que los mapas, las cancillerías, los teléfonos seguros y los cálculos militares ocupan el lugar que en otros thrillers ocupan los cadáveres y las persecuciones. La diferencia es que aquí el suspense no está en saber quién disparará primero, sino en averiguar quién tendrá el valor de responder.

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Y ahí aparece la parte más interesante. Europa no queda retratada como un continente cobarde, sino como uno que ha confundido durante demasiado tiempo la paz con la ausencia de problemas. Después de décadas bajo el paraguas estadounidense, hemos desarrollado una curiosa relación con la defensa: sabemos que existe, sabemos que cuesta dinero y preferimos que la pague otro.

Masala convierte esa contradicción en argumento. Rusia avanza; Europa calcula. Washington sopesa. La OTAN discute. Pekín observa. Cada actor mueve sus piezas mientras todos intentan evitar exactamente aquello que, paradójicamente, podría hacer inevitable la derrota: ser el primero en asumir el coste de enfrentarse al adversario.

El resultado tiene algo de novela de suspense y bastante de espejo. Porque la pregunta de fondo no es si Putin podría intentar algo similar. Es ¿qué quedaría de Occidente si, llegado el momento, descubriéramos que nuestros principios funcionan magníficamente en los discursos y bastante peor bajo fuego real?

Y quizá ahí esté la clave del libro. Masala no se conforma con imaginar la crisis: en el epílogo analiza qué hacer para impedir que llegue a ocurrir. Su respuesta pasa por recuperar la credibilidad de la disuasión europea y por asumir que esperar a que Rusia sea demasiado débil para volver a intentarlo pertenece, en su opinión, al género de las ilusiones peligrosas. También mira hacia Washington y hacia Trump, cuya imprevisibilidad altera cualquier cálculo europeo. La ficción, de pronto, deja de parecer tan ficción.

Desde Centroamérica, donde Narva queda tan lejos como las discusiones de Bruselas, puede presentarse como un asunto exclusivamente europeo. No lo es. Las grandes potencias toman decisiones en sus capitales y el resto del mundo suele recibir sus consecuencias sin haber sido invitado a la reunión. La geopolítica tiene esa mala costumbre: nunca pregunta dónde termina el mapa cuando decide empezar a moverlo.

El teléfono, en el escenario de Masala, suena. La cuestión no es quién está al otro lado, sino quién se atreverá a contestar cuando hacerlo tenga un precio. Porque si el artículo 5 deja de ser una promesa creíble, Europa no habrá perdido solamente una batalla en Narva. Habrá descubierto algo peor: que las alianzas pueden morir antes que los tratados que las sostienen.

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