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Turismo en Cuba: la moribunda gallina de los huevos de oro que podría resucitar 

Manuel Aguilera
24 de julio, 2026

El turismo fue durante años una de las pocas cosas que realmente funcionaban en Cuba. Generaba divisas, daba empleo y mantenía a flote una parte importante de la economía. Hoy ese negocio se está muriendo a cámara lenta. Los números del primer semestre de 2026 son demoledores: hoteles casi vacíos, caídas brutales de visitantes y la salida definitiva de las grandes cadenas españolas que durante tres décadas sostuvieron el sector. Y mientras el castrismo se ahoga, la pregunta queda en el aire: ¿qué pasaría si el régimen cayera y el capital del sur de Florida pudiera entrar de verdad? 

Por qué importa. Cuba tiene playas, clima y una ubicación privilegiada a noventa millas de Florida. En condiciones normales debería estar disputándole el liderazgo a República Dominicana o a Bahamas.

  • En cambio, el sistema la ha convertido en un destino cada vez más residual. En 2018 llegaron casi 4.7 millones de turistas. En 2025 apenas 1.81 millones. Y en los primeros meses de 2026 el desplome se ha acelerado: en el primer trimestre la ocupación hotelera apenas llegó al 12.9 %.
  • En marzo solo entraron 35 561 visitantes. Un 82 % menos que el año anterior. 
  • Eso no es una crisis pasajera. Es el resultado de años de deterioro, falta de mantenimiento, escasez de combustible y un ambiente de incertidumbre que ahuyenta a cualquiera con dinero para invertir. 

Lo indispensable. La semana pasada se confirmó la salida completa de Meliá, Iberostar y Barceló. Se acabaron tres décadas de presencia española. Meliá, que gestionaba 34 hoteles y más de 14 000 habitaciones, reconoció que ya no había “mínima estabilidad operativa”.

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  • No es solo el embargo. Es que el país se ha vuelto casi imposible de operar: sin combustible, con apagones constantes y con un sistema legal que asusta a cualquier inversor serio. 
  • Los números del primer cuatrimestre son claros. Llegaron 328 608 turistas, un 55.8 % menos que en 2025.
  • Canadá, el principal mercado, se desplomó más de un 60 %. Rusia casi desapareció. Hasta los cubanos residentes en el exterior, que durante años aguantaban parte del sector, han reducido sus viajes de forma notable. 

Datos clave. Si el castrismo se mantiene, el futuro es previsible. Más aislamiento, más deterioro de los hoteles y menos capacidad de atraer visitantes. El régimen no tiene capital ni gestión para darle la vuelta a esto. Las cadenas que aún quedan operarán en peores condiciones o terminarán marchándose también. 

  • El escenario cambia por completo si el régimen cae y se abre la puerta a la inversión privada. Especialmente a la del sur de Florida. Ahí está concentrada una de las mayores comunidades cubanas del mundo, con capital, experiencia hotelera y conocimiento del mercado.
  • Empresas de Miami, Hialeah o Doral podrían entrar rápido a modernizar instalaciones, recuperar Varadero y poner en marcha productos nuevos con vuelos directos de alta frecuencia. 
  • Las ventajas de una Cuba libre saltan a la vista. Está más cerca de la costa este de Estados Unidos que Bahamas o República Dominicana. Tiene un producto cultural que esos destinos no pueden copiar: La Habana colonial, la música, los autos clásicos, la gastronomía. Y cuenta con una diáspora dispuesta a invertir y a volver como turistas. Con seguridad jurídica y propiedad privada, Cuba podría superar sin problemas los 4.7 millones de visitantes de 2018 en pocos años. 

Ahora qué. Hoy el turismo cubano es un sector en terapia intensiva. El castrismo lo ha llevado hasta aquí. Pero esa misma ruina esconde una oportunidad enorme. Si el régimen desaparece, el sur de Florida está en una posición privilegiada para liderar la reconstrucción. No se trata solo de hacer negocio. Se trata de devolverle a Cuba la posibilidad de generar riqueza legítima a través de uno de los sectores donde realmente tiene ventajas naturales. 

  • La gallina de los huevos de oro está casi muerta. Pero todavía puede resucitar. Solo hace falta que desaparezca el sistema que la está matando. 

Turismo en Cuba: la moribunda gallina de los huevos de oro que podría resucitar 

Manuel Aguilera
24 de julio, 2026

El turismo fue durante años una de las pocas cosas que realmente funcionaban en Cuba. Generaba divisas, daba empleo y mantenía a flote una parte importante de la economía. Hoy ese negocio se está muriendo a cámara lenta. Los números del primer semestre de 2026 son demoledores: hoteles casi vacíos, caídas brutales de visitantes y la salida definitiva de las grandes cadenas españolas que durante tres décadas sostuvieron el sector. Y mientras el castrismo se ahoga, la pregunta queda en el aire: ¿qué pasaría si el régimen cayera y el capital del sur de Florida pudiera entrar de verdad? 

Por qué importa. Cuba tiene playas, clima y una ubicación privilegiada a noventa millas de Florida. En condiciones normales debería estar disputándole el liderazgo a República Dominicana o a Bahamas.

  • En cambio, el sistema la ha convertido en un destino cada vez más residual. En 2018 llegaron casi 4.7 millones de turistas. En 2025 apenas 1.81 millones. Y en los primeros meses de 2026 el desplome se ha acelerado: en el primer trimestre la ocupación hotelera apenas llegó al 12.9 %.
  • En marzo solo entraron 35 561 visitantes. Un 82 % menos que el año anterior. 
  • Eso no es una crisis pasajera. Es el resultado de años de deterioro, falta de mantenimiento, escasez de combustible y un ambiente de incertidumbre que ahuyenta a cualquiera con dinero para invertir. 

Lo indispensable. La semana pasada se confirmó la salida completa de Meliá, Iberostar y Barceló. Se acabaron tres décadas de presencia española. Meliá, que gestionaba 34 hoteles y más de 14 000 habitaciones, reconoció que ya no había “mínima estabilidad operativa”.

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  • No es solo el embargo. Es que el país se ha vuelto casi imposible de operar: sin combustible, con apagones constantes y con un sistema legal que asusta a cualquier inversor serio. 
  • Los números del primer cuatrimestre son claros. Llegaron 328 608 turistas, un 55.8 % menos que en 2025.
  • Canadá, el principal mercado, se desplomó más de un 60 %. Rusia casi desapareció. Hasta los cubanos residentes en el exterior, que durante años aguantaban parte del sector, han reducido sus viajes de forma notable. 

Datos clave. Si el castrismo se mantiene, el futuro es previsible. Más aislamiento, más deterioro de los hoteles y menos capacidad de atraer visitantes. El régimen no tiene capital ni gestión para darle la vuelta a esto. Las cadenas que aún quedan operarán en peores condiciones o terminarán marchándose también. 

  • El escenario cambia por completo si el régimen cae y se abre la puerta a la inversión privada. Especialmente a la del sur de Florida. Ahí está concentrada una de las mayores comunidades cubanas del mundo, con capital, experiencia hotelera y conocimiento del mercado.
  • Empresas de Miami, Hialeah o Doral podrían entrar rápido a modernizar instalaciones, recuperar Varadero y poner en marcha productos nuevos con vuelos directos de alta frecuencia. 
  • Las ventajas de una Cuba libre saltan a la vista. Está más cerca de la costa este de Estados Unidos que Bahamas o República Dominicana. Tiene un producto cultural que esos destinos no pueden copiar: La Habana colonial, la música, los autos clásicos, la gastronomía. Y cuenta con una diáspora dispuesta a invertir y a volver como turistas. Con seguridad jurídica y propiedad privada, Cuba podría superar sin problemas los 4.7 millones de visitantes de 2018 en pocos años. 

Ahora qué. Hoy el turismo cubano es un sector en terapia intensiva. El castrismo lo ha llevado hasta aquí. Pero esa misma ruina esconde una oportunidad enorme. Si el régimen desaparece, el sur de Florida está en una posición privilegiada para liderar la reconstrucción. No se trata solo de hacer negocio. Se trata de devolverle a Cuba la posibilidad de generar riqueza legítima a través de uno de los sectores donde realmente tiene ventajas naturales. 

  • La gallina de los huevos de oro está casi muerta. Pero todavía puede resucitar. Solo hace falta que desaparezca el sistema que la está matando. 

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