Trump y María Corina: la reunión no puede esperar
La Casa Blanca la llama antes de que vuelva a Caracas: el pacto petrolero con Delcy abrió una grieta que solo se cierra con urnas y con ella al frente
La Casa Blanca ha hecho saber que quiere ver a María Corina Machado otra vez, en Washington, antes de que pise Caracas. El recado llega tarde y llega bien. Tarde, porque el desencuentro ya está en la calle: el anuncio del gran acuerdo petrolero entre Donald Trump y Delcy Rodríguez. Bien, porque sin esa conversación la transición venezolana se parte en dos relatos que no se hablan.
Por qué importa. Machado tardó días en hablar y no salió a romper con Estados Unidos. Salió a poner una raya. Dijo tristeza y rabia: alguien decide sobre lo nuestro, en nuestro nombre, sin contarnos.
- El patrimonio del suelo, insistió, no le pertenece a un régimen ilegítimo. Preguntó lo obvio: quién firma, qué se firma, quién pone el dinero, quién da las garantías, cómo se benefician los venezolanos. Eso no es antiyanqui.
- Es lo que cualquier demócrata firmaría si el crudo de su país se compromete a 25 años —o a 100, según el comunicado de Washington— con Delcy en el despacho y Maduro todavía en el imaginario del poder.
Lo indispensable. El pacto habla de 17 bloques, unos 65.000 millones de barriles y más de 100.000 millones de inversión. Lo firma, del lado interino, la hermana de Jorge Rodríguez. Lo opera, del lado privado, North American Blue Energy Partners, la compañía ligada a Alejandro Betancourt.
- Ese nombre basta para encender a una oposición que lleva años denunciando una economía de testaferros. La Casa Blanca ve energía, precios y un ancla en el Caribe. La diáspora, sobre todo la de Florida, ve que Delcy cobra estatus de socia mientras María Corina —ganadora moral de 2024— queda fuera del papel. Por eso el acuerdo es impopular entre venezolanos que votan en el estado de Trump.
- No es el primer roce. Washington ha presionado para que Machado se siente con Delcy; ella ha dicho que no se negocia la soberanía con quien no tiene urnas. Hay quien en el entorno republicano la quiere menos confrontativa.
- Hay quien en el exilio no le perdona a Trump tratar a Miraflores como contraparte petrolera. Esa tensión no se resuelve con un tuit. Se resuelve en una sala, con mapa electoral encima de la mesa.
Datos clave. Estados Unidos es indispensable para reconstruir Venezuela. Machado lo ha dicho. Lo que exige es legitimidad, Estado de derecho y seguridad jurídica. Sin eso, el barril es un contrato frágil y el pueblo lo siente ajeno: un trato de Delcy, no un pacto nacional.
- La reunión previa al regreso sirve para una cosa concreta: encajar el petróleo en la hoja de ruta, no al revés.
- Primero reglas, calendario y elección.
- Después, que quien gane —y la lógica democrática apunta a ella— haga suyo el acuerdo, lo someta al escrutinio de una Asamblea real y lo presente como herramienta de recuperación, no como botín de una transición a medias.
Ahora qué. Conviene ser claros y, también, constructivos. Trump no va a deshacer de un plumazo un negocio que vende como histórico. Machado no va a bendecir un papel firmado a sus espaldas.
- El punto medio no es el silencio. Es la urna. Si la hoja de ruta se cumple y María Corina llega a Miraflores por voto, el crudo deja de ser el sello de Delcy y pasa a ser política de Estado. El pueblo podrá discutirlo, enmendarlo o defenderlo.
- Hasta entonces, cada barril anunciado desde el interinato sonará a continuidad. Por eso la visita a Washington no es un favor protocolario. Es urgente. Y es, si se hace bien, el primer paso para que Venezuela sienta que el petróleo vuelve a ser suyo
Trump y María Corina: la reunión no puede esperar
La Casa Blanca la llama antes de que vuelva a Caracas: el pacto petrolero con Delcy abrió una grieta que solo se cierra con urnas y con ella al frente
La Casa Blanca ha hecho saber que quiere ver a María Corina Machado otra vez, en Washington, antes de que pise Caracas. El recado llega tarde y llega bien. Tarde, porque el desencuentro ya está en la calle: el anuncio del gran acuerdo petrolero entre Donald Trump y Delcy Rodríguez. Bien, porque sin esa conversación la transición venezolana se parte en dos relatos que no se hablan.
Por qué importa. Machado tardó días en hablar y no salió a romper con Estados Unidos. Salió a poner una raya. Dijo tristeza y rabia: alguien decide sobre lo nuestro, en nuestro nombre, sin contarnos.
- El patrimonio del suelo, insistió, no le pertenece a un régimen ilegítimo. Preguntó lo obvio: quién firma, qué se firma, quién pone el dinero, quién da las garantías, cómo se benefician los venezolanos. Eso no es antiyanqui.
- Es lo que cualquier demócrata firmaría si el crudo de su país se compromete a 25 años —o a 100, según el comunicado de Washington— con Delcy en el despacho y Maduro todavía en el imaginario del poder.
Lo indispensable. El pacto habla de 17 bloques, unos 65.000 millones de barriles y más de 100.000 millones de inversión. Lo firma, del lado interino, la hermana de Jorge Rodríguez. Lo opera, del lado privado, North American Blue Energy Partners, la compañía ligada a Alejandro Betancourt.
- Ese nombre basta para encender a una oposición que lleva años denunciando una economía de testaferros. La Casa Blanca ve energía, precios y un ancla en el Caribe. La diáspora, sobre todo la de Florida, ve que Delcy cobra estatus de socia mientras María Corina —ganadora moral de 2024— queda fuera del papel. Por eso el acuerdo es impopular entre venezolanos que votan en el estado de Trump.
- No es el primer roce. Washington ha presionado para que Machado se siente con Delcy; ella ha dicho que no se negocia la soberanía con quien no tiene urnas. Hay quien en el entorno republicano la quiere menos confrontativa.
- Hay quien en el exilio no le perdona a Trump tratar a Miraflores como contraparte petrolera. Esa tensión no se resuelve con un tuit. Se resuelve en una sala, con mapa electoral encima de la mesa.
Datos clave. Estados Unidos es indispensable para reconstruir Venezuela. Machado lo ha dicho. Lo que exige es legitimidad, Estado de derecho y seguridad jurídica. Sin eso, el barril es un contrato frágil y el pueblo lo siente ajeno: un trato de Delcy, no un pacto nacional.
- La reunión previa al regreso sirve para una cosa concreta: encajar el petróleo en la hoja de ruta, no al revés.
- Primero reglas, calendario y elección.
- Después, que quien gane —y la lógica democrática apunta a ella— haga suyo el acuerdo, lo someta al escrutinio de una Asamblea real y lo presente como herramienta de recuperación, no como botín de una transición a medias.
Ahora qué. Conviene ser claros y, también, constructivos. Trump no va a deshacer de un plumazo un negocio que vende como histórico. Machado no va a bendecir un papel firmado a sus espaldas.
- El punto medio no es el silencio. Es la urna. Si la hoja de ruta se cumple y María Corina llega a Miraflores por voto, el crudo deja de ser el sello de Delcy y pasa a ser política de Estado. El pueblo podrá discutirlo, enmendarlo o defenderlo.
- Hasta entonces, cada barril anunciado desde el interinato sonará a continuidad. Por eso la visita a Washington no es un favor protocolario. Es urgente. Y es, si se hace bien, el primer paso para que Venezuela sienta que el petróleo vuelve a ser suyo
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: