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La cuerda floja entre Pekín, Teherán y Washington

Estados Unidos endurece las sanciones contra Irán, pero evita golpear a China, principal comprador de su petróleo y actor clave en la disputa

El presidente de China, Xi Jinping, y el presidente estadounidense, Donald Trump. Foto: AFP
Isabel Ortiz
28 de agosto, 2026
La nueva ofensiva económica de Estados Unidos contra Irán busca aislar al régimen y cortar sus fuentes de financiamiento, pero evita apuntar directamente al actor que más ha sostenido su resistencia: China. La estrategia refleja la dificultad de castigar a Teherán sin desatar una nueva crisis entre las dos mayores economías del mundo. A semanas de una cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, las sanciones exponen los límites del poder económico estadounidense.
 
Por qué importa. Estados Unidos presentó una campaña descrita como una de las más agresivas contra Irán, con sanciones a más de 60 entidades, individuos y embarcaciones vinculadas al comercio petrolero, financiero y tecnológico. Sin embargo, la ausencia de medidas contra los grandes bancos y conglomerados chinos revela una realidad estratégica: la capacidad de presión de Washington depende en parte de no deteriorar su relación con Pekín.
  • China compra más del 80% de las exportaciones petroleras iraníes y se ha convertido en el principal salvavidas económico de Teherán frente a años de sanciones occidentales.
  • El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció nuevas restricciones, pero evitó incluir a las principales instituciones financieras chinas, capaces de provocar una escalada económica bilateral.
  • La decisión llega antes de una reunión prevista entre Donald Trump y Xi Jinping, considerada clave para la estabilidad comercial y financiera global.
 
Punto de fricción. La advertencia de Pekín fue inmediata. El Ministerio de Relaciones Exteriores aseguró que responderá si Washington amplía las sanciones secundarias contra compañías chinas. La disputa va más allá de Irán: pone a prueba los mecanismos de represalia económica desarrollados por China tras años de tensiones comerciales con Estados Unidos y sus aliados.
  • Lin Jian, portavoz de la cancillería china, afirmó que Pekín tomará “todas las medidas necesarias” para proteger sus intereses frente a sanciones que considera ilegítimas.
  • Expertos chinos sostienen que una ofensiva directa contra bancos o empresas estratégicas sería interpretada como un ataque económico y podría desencadenar contramedidas inmediatas.
  • El antecedente más reciente es la restricción china sobre minerales críticos, una herramienta que afectó cadenas industriales estadounidenses durante episodios previos de tensión bilateral.
Detrás de escena. Aunque la presión pública aumenta, varios analistas observan señales de prudencia. Washington parece intentar modificar la conducta china sin provocar una confrontación frontal. Al mismo tiempo, Pekín tiene incentivos para evitar una prolongación del conflicto, especialmente por su dependencia energética de Medio Oriente y el impacto económico global.
  • Kerri Bitsoff, exfuncionaria del Tesoro, afirmó que la estrategia fue diseñada para permitir ajustes discretos por parte de China sin sancionar directamente a sus grandes bancos.
  • Zhu Feng, académico de la Universidad de Nankín, sostiene que China busca evitar involucrarse en una confrontación entre Washington y Teherán, mientras respalda los esfuerzos diplomáticos.
  • La inestabilidad en el estrecho de Ormuz preocupa a Pekín porque amenaza rutas esenciales para las importaciones energéticas provenientes de Arabia Saudita e Irak.

Lo que sigue. El éxito de la campaña dependerá de una incógnita central: si las amenazas estadounidenses son percibidas como creíbles por empresas, bancos y refinadoras chinas. Hasta ahora, las sanciones han golpeado la economía iraní, pero no han logrado modificar de manera decisiva la conducta estratégica de Teherán.

  • Daniel Fried, exdiplomático estadounidense, señaló que infligir un daño económico realmente decisivo requeriría actuar contra firmas y bancos chinos de mayor peso.
  • Edward Fishman, del Council on Foreign Relations, advirtió que la posibilidad de represalias chinas constituye un factor nuevo y relevante en la relación bilateral.
  • La próxima cumbre entre Trump y Xi podría mostrar si la presión económica logra cambios concretos o si Washington seguirá evitando un choque directo con el principal respaldo internacional de Irán.

La cuerda floja entre Pekín, Teherán y Washington

Estados Unidos endurece las sanciones contra Irán, pero evita golpear a China, principal comprador de su petróleo y actor clave en la disputa

El presidente de China, Xi Jinping, y el presidente estadounidense, Donald Trump. Foto: AFP
Isabel Ortiz
28 de agosto, 2026
La nueva ofensiva económica de Estados Unidos contra Irán busca aislar al régimen y cortar sus fuentes de financiamiento, pero evita apuntar directamente al actor que más ha sostenido su resistencia: China. La estrategia refleja la dificultad de castigar a Teherán sin desatar una nueva crisis entre las dos mayores economías del mundo. A semanas de una cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, las sanciones exponen los límites del poder económico estadounidense.
 
Por qué importa. Estados Unidos presentó una campaña descrita como una de las más agresivas contra Irán, con sanciones a más de 60 entidades, individuos y embarcaciones vinculadas al comercio petrolero, financiero y tecnológico. Sin embargo, la ausencia de medidas contra los grandes bancos y conglomerados chinos revela una realidad estratégica: la capacidad de presión de Washington depende en parte de no deteriorar su relación con Pekín.
  • China compra más del 80% de las exportaciones petroleras iraníes y se ha convertido en el principal salvavidas económico de Teherán frente a años de sanciones occidentales.
  • El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció nuevas restricciones, pero evitó incluir a las principales instituciones financieras chinas, capaces de provocar una escalada económica bilateral.
  • La decisión llega antes de una reunión prevista entre Donald Trump y Xi Jinping, considerada clave para la estabilidad comercial y financiera global.
 
Punto de fricción. La advertencia de Pekín fue inmediata. El Ministerio de Relaciones Exteriores aseguró que responderá si Washington amplía las sanciones secundarias contra compañías chinas. La disputa va más allá de Irán: pone a prueba los mecanismos de represalia económica desarrollados por China tras años de tensiones comerciales con Estados Unidos y sus aliados.
  • Lin Jian, portavoz de la cancillería china, afirmó que Pekín tomará “todas las medidas necesarias” para proteger sus intereses frente a sanciones que considera ilegítimas.
  • Expertos chinos sostienen que una ofensiva directa contra bancos o empresas estratégicas sería interpretada como un ataque económico y podría desencadenar contramedidas inmediatas.
  • El antecedente más reciente es la restricción china sobre minerales críticos, una herramienta que afectó cadenas industriales estadounidenses durante episodios previos de tensión bilateral.
Detrás de escena. Aunque la presión pública aumenta, varios analistas observan señales de prudencia. Washington parece intentar modificar la conducta china sin provocar una confrontación frontal. Al mismo tiempo, Pekín tiene incentivos para evitar una prolongación del conflicto, especialmente por su dependencia energética de Medio Oriente y el impacto económico global.
  • Kerri Bitsoff, exfuncionaria del Tesoro, afirmó que la estrategia fue diseñada para permitir ajustes discretos por parte de China sin sancionar directamente a sus grandes bancos.
  • Zhu Feng, académico de la Universidad de Nankín, sostiene que China busca evitar involucrarse en una confrontación entre Washington y Teherán, mientras respalda los esfuerzos diplomáticos.
  • La inestabilidad en el estrecho de Ormuz preocupa a Pekín porque amenaza rutas esenciales para las importaciones energéticas provenientes de Arabia Saudita e Irak.

Lo que sigue. El éxito de la campaña dependerá de una incógnita central: si las amenazas estadounidenses son percibidas como creíbles por empresas, bancos y refinadoras chinas. Hasta ahora, las sanciones han golpeado la economía iraní, pero no han logrado modificar de manera decisiva la conducta estratégica de Teherán.

  • Daniel Fried, exdiplomático estadounidense, señaló que infligir un daño económico realmente decisivo requeriría actuar contra firmas y bancos chinos de mayor peso.
  • Edward Fishman, del Council on Foreign Relations, advirtió que la posibilidad de represalias chinas constituye un factor nuevo y relevante en la relación bilateral.
  • La próxima cumbre entre Trump y Xi podría mostrar si la presión económica logra cambios concretos o si Washington seguirá evitando un choque directo con el principal respaldo internacional de Irán.

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