ICE no es tan ajeno a los hispanos como se piensa
Miles de agentes latinos trabajan en la agencia y en la Patrulla Fronteriza: el rechazo a la inmigración irregular no es solo cosa de “otros”
Hay un relato muy extendido según el cual las agencias de control migratorio, y en especial ICE, son un aparato ajeno y hostil a la comunidad hispana. Como si aplicar la ley en la frontera o en el interior del país fuera una tarea reservada a los estadounidenses llamados “anglos”. Los números desmienten esa caricatura. Una parte sustancial de quienes trabajan en esas instituciones son, precisamente, hispanos.
Por qué importa. Según datos recientes, los latinos representan más de la mitad de los agentes de la Patrulla Fronteriza. En ICE, el porcentaje se sitúa en torno al 24%, con estimaciones que oscilan entre el 20% y el 30%.
- No es una anécdota. Es una presencia estructural. Miles de hispanos han elegido servir en las agencias encargadas de detener, procesar y deportar a quienes entran o permanecen de forma irregular en Estados Unidos.
Lo indispensable. Esa realidad suele presentarse como una paradoja. ¿Cómo pueden latinos participar en operativos que afectan a otros latinos? La pregunta parte de un supuesto falso: que la comunidad hispana piensa de forma uniforme sobre inmigración. No es así.
- Hay cubanos, venezolanos, nicaragüenses, mexicanos y centroamericanos que llegaron legalmente, que esperaron su turno y que no ven con buenos ojos que otros salten la fila o que las ciudades se saturen por una entrada descontrolada.
- La historia tampoco es nueva. En California, en los años 90, una parte relevante del electorado latino llegó a considerar apoyar medidas restrictivas. En la frontera, generaciones de hispanos han trabajado en aduanas, en la Patrulla y, más tarde, en ICE.
- Lo han hecho por razones diversas: empleo estable, salarios, vocación de servicio… y también por convicción. Para muchos, defender la legalidad no es traicionar a “los suyos”. Es defender un país de leyes.
Datos clave. Los estudios sobre agentes latinos en estas instituciones coinciden en un punto: no todos llegan al puesto por ideología. El factor económico pesa. Pero sería simplista reducir el fenómeno a “solo es por el sueldo”.
- Si la oposición a la inmigración irregular fuera un tabú absoluto dentro de la comunidad hispana, esas plantillas no serían tan numerosas.
- El hecho de que tantos hispanos acepten —y en muchos casos busquen— esos empleos indica que una parte de la comunidad no comparte el discurso que equipara control fronterizo con racismo.
- En el sur de Florida esa distinción se entiende bien. Quienes escaparon de dictaduras o de sistemas rotos suelen distinguir entre inmigrar y entrar al margen de la ley. Quieren un país ordenado. Quieren fronteras que funcionen. Y no ven contradicción en que un hispano con papeles en regla defienda esas reglas.
Ahora qué. Presentar a ICE como una institución “anti-hispana” sirve para polarizar, pero no describe la realidad. Hay hispanos que trabajan allí. Hay hispanos que votan por políticas de control.
- Y hay hispanos que consideran que la inmigración irregular descontrolada perjudica a quienes ya están, deprime salarios en ciertos sectores y erosiona el principio de legalidad. Reconocerlo no es negar los abusos puntuales ni la necesidad de un sistema migratorio más racional.
- Es aceptar un hecho incómodo para ciertos relatos: la comunidad hispana no es un bloque. Y una parte de ella está, literalmente, al otro lado del uniforme.
ICE no es tan ajeno a los hispanos como se piensa
Miles de agentes latinos trabajan en la agencia y en la Patrulla Fronteriza: el rechazo a la inmigración irregular no es solo cosa de “otros”
Hay un relato muy extendido según el cual las agencias de control migratorio, y en especial ICE, son un aparato ajeno y hostil a la comunidad hispana. Como si aplicar la ley en la frontera o en el interior del país fuera una tarea reservada a los estadounidenses llamados “anglos”. Los números desmienten esa caricatura. Una parte sustancial de quienes trabajan en esas instituciones son, precisamente, hispanos.
Por qué importa. Según datos recientes, los latinos representan más de la mitad de los agentes de la Patrulla Fronteriza. En ICE, el porcentaje se sitúa en torno al 24%, con estimaciones que oscilan entre el 20% y el 30%.
- No es una anécdota. Es una presencia estructural. Miles de hispanos han elegido servir en las agencias encargadas de detener, procesar y deportar a quienes entran o permanecen de forma irregular en Estados Unidos.
Lo indispensable. Esa realidad suele presentarse como una paradoja. ¿Cómo pueden latinos participar en operativos que afectan a otros latinos? La pregunta parte de un supuesto falso: que la comunidad hispana piensa de forma uniforme sobre inmigración. No es así.
- Hay cubanos, venezolanos, nicaragüenses, mexicanos y centroamericanos que llegaron legalmente, que esperaron su turno y que no ven con buenos ojos que otros salten la fila o que las ciudades se saturen por una entrada descontrolada.
- La historia tampoco es nueva. En California, en los años 90, una parte relevante del electorado latino llegó a considerar apoyar medidas restrictivas. En la frontera, generaciones de hispanos han trabajado en aduanas, en la Patrulla y, más tarde, en ICE.
- Lo han hecho por razones diversas: empleo estable, salarios, vocación de servicio… y también por convicción. Para muchos, defender la legalidad no es traicionar a “los suyos”. Es defender un país de leyes.
Datos clave. Los estudios sobre agentes latinos en estas instituciones coinciden en un punto: no todos llegan al puesto por ideología. El factor económico pesa. Pero sería simplista reducir el fenómeno a “solo es por el sueldo”.
- Si la oposición a la inmigración irregular fuera un tabú absoluto dentro de la comunidad hispana, esas plantillas no serían tan numerosas.
- El hecho de que tantos hispanos acepten —y en muchos casos busquen— esos empleos indica que una parte de la comunidad no comparte el discurso que equipara control fronterizo con racismo.
- En el sur de Florida esa distinción se entiende bien. Quienes escaparon de dictaduras o de sistemas rotos suelen distinguir entre inmigrar y entrar al margen de la ley. Quieren un país ordenado. Quieren fronteras que funcionen. Y no ven contradicción en que un hispano con papeles en regla defienda esas reglas.
Ahora qué. Presentar a ICE como una institución “anti-hispana” sirve para polarizar, pero no describe la realidad. Hay hispanos que trabajan allí. Hay hispanos que votan por políticas de control.
- Y hay hispanos que consideran que la inmigración irregular descontrolada perjudica a quienes ya están, deprime salarios en ciertos sectores y erosiona el principio de legalidad. Reconocerlo no es negar los abusos puntuales ni la necesidad de un sistema migratorio más racional.
- Es aceptar un hecho incómodo para ciertos relatos: la comunidad hispana no es un bloque. Y una parte de ella está, literalmente, al otro lado del uniforme.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: