Hegseth declara la guerra al narco y al terrorismo en Colombia
EE. UU. anuncia operaciones conjuntas y sitúa al ELN y a las disidencias de las FARC entre sus objetivos
EE. UU. ha dado un paso significativo en su relación con Colombia. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó que el nuevo gobierno del presidente Abelardo de la Espriella ha solicitado colaboración militar para combatir lo que Washington ya denomina abiertamente “narcoterrorismo”. La respuesta ha sido afirmativa y va más allá de la retórica.
Por qué importa. Durante los últimos cuatro años, la cooperación en seguridad entre ambos países se enfrió de forma notable. La llegada de De la Espriella y su sintonía con la Administración Trump han cambiado el escenario.
- Hegseth lo dejó claro: Colombia será tratada como un socio de primera línea en la lucha contra los carteles y los grupos armados que combinan narcotráfico y violencia política.
Lo indispensable. Los compromisos anunciados se pueden resumir en varios puntos concretos. En primer lugar, Colombia se incorpora como el miembro número 19 del “Escudo de las Américas” (Shield of the Americas), la iniciativa impulsada por EE. UU. para coordinar a los países de la región contra el crimen transnacional.
- En segundo lugar, Washington contempla operaciones militares conjuntas en territorio colombiano, algo que el propio De la Espriella ha autorizado. No se trata solo de intercambiar información, sino de actuar de forma coordinada.
- Hegseth fue especialmente explícito al incluir al ELN y a las disidencias de las FARC dentro de la lista de objetivos. EE. UU. los sitúa en la misma categoría de amenaza que otras organizaciones terroristas, y plantea trasladar capacidades de inteligencia, identificación de objetivos y apoyo militar al hemisferio occidental.
- También se ha hablado del envío de equipos y personal especializado, incluyendo aeronaves de transporte y suministro.
Datos clave. La lógica de Washington es clara: los grupos armados colombianos ya no se pueden separar del narcotráfico. Controlan rutas, imponen gravámenes a la coca y actúan como estructuras criminales con capacidad militar. Por eso el discurso ha pasado del “combate al narco” al “combate al narcoterrorismo”.
- Hegseth ha comparado la amenaza con la que en su día representaron organizaciones como ISIS, en el sentido de que requieren una respuesta coordinada y sostenida.
- Además, EE. UU. está impulsando una visión regional. No se trata solo de Colombia. Honduras y Guatemala también han autorizado la presencia de tropas y equipos estadounidenses para operaciones similares.
- La idea es construir un frente común en el continente.
Ahora qué. El anuncio de Hegseth supone una oportunidad real para el gobierno de De la Espriella. Después de años de distanciamiento, Colombia vuelve a tener a Estados Unidos como aliado dispuesto a compartir inteligencia, recursos y operaciones.
- El reto ahora es de ejecución. Las promesas sobre el papel no desmantelan por sí solas las estructuras criminales. Hace falta voluntad política sostenida, resultados medibles y una coordinación que no se quede en ruedas de prensa.
- Si ambos países logran traducir este compromiso en acciones concretas, el golpe al narcotráfico y a los grupos armados puede ser significativo. Si no, será solo otra declaración de buenas intenciones.
Hegseth declara la guerra al narco y al terrorismo en Colombia
EE. UU. anuncia operaciones conjuntas y sitúa al ELN y a las disidencias de las FARC entre sus objetivos
EE. UU. ha dado un paso significativo en su relación con Colombia. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó que el nuevo gobierno del presidente Abelardo de la Espriella ha solicitado colaboración militar para combatir lo que Washington ya denomina abiertamente “narcoterrorismo”. La respuesta ha sido afirmativa y va más allá de la retórica.
Por qué importa. Durante los últimos cuatro años, la cooperación en seguridad entre ambos países se enfrió de forma notable. La llegada de De la Espriella y su sintonía con la Administración Trump han cambiado el escenario.
- Hegseth lo dejó claro: Colombia será tratada como un socio de primera línea en la lucha contra los carteles y los grupos armados que combinan narcotráfico y violencia política.
Lo indispensable. Los compromisos anunciados se pueden resumir en varios puntos concretos. En primer lugar, Colombia se incorpora como el miembro número 19 del “Escudo de las Américas” (Shield of the Americas), la iniciativa impulsada por EE. UU. para coordinar a los países de la región contra el crimen transnacional.
- En segundo lugar, Washington contempla operaciones militares conjuntas en territorio colombiano, algo que el propio De la Espriella ha autorizado. No se trata solo de intercambiar información, sino de actuar de forma coordinada.
- Hegseth fue especialmente explícito al incluir al ELN y a las disidencias de las FARC dentro de la lista de objetivos. EE. UU. los sitúa en la misma categoría de amenaza que otras organizaciones terroristas, y plantea trasladar capacidades de inteligencia, identificación de objetivos y apoyo militar al hemisferio occidental.
- También se ha hablado del envío de equipos y personal especializado, incluyendo aeronaves de transporte y suministro.
Datos clave. La lógica de Washington es clara: los grupos armados colombianos ya no se pueden separar del narcotráfico. Controlan rutas, imponen gravámenes a la coca y actúan como estructuras criminales con capacidad militar. Por eso el discurso ha pasado del “combate al narco” al “combate al narcoterrorismo”.
- Hegseth ha comparado la amenaza con la que en su día representaron organizaciones como ISIS, en el sentido de que requieren una respuesta coordinada y sostenida.
- Además, EE. UU. está impulsando una visión regional. No se trata solo de Colombia. Honduras y Guatemala también han autorizado la presencia de tropas y equipos estadounidenses para operaciones similares.
- La idea es construir un frente común en el continente.
Ahora qué. El anuncio de Hegseth supone una oportunidad real para el gobierno de De la Espriella. Después de años de distanciamiento, Colombia vuelve a tener a Estados Unidos como aliado dispuesto a compartir inteligencia, recursos y operaciones.
- El reto ahora es de ejecución. Las promesas sobre el papel no desmantelan por sí solas las estructuras criminales. Hace falta voluntad política sostenida, resultados medibles y una coordinación que no se quede en ruedas de prensa.
- Si ambos países logran traducir este compromiso en acciones concretas, el golpe al narcotráfico y a los grupos armados puede ser significativo. Si no, será solo otra declaración de buenas intenciones.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: