Actualidad
Actualidad
Política
Política
Empresa
Empresa
Opinión
Opinión
Webinars
Webinars
Inmobiliaria
Inmobiliaria
Eventos
Eventos
Agenda Empresarial
Agenda Empresarial
Descubre
Descubre

El sueño americano sigue vivo entre los latinos

Pew Research Center: el 53% ya lo logró o va camino; el 57% vive mejor que sus padres. Hay escepticismo, pero la esperanza no se ha apagado

Getty Images
Manuel Aguilera
14 de septiembre, 2026

El Pew Research Center concluye que los latinos están divididos sobre si el sueño americano es alcanzable. Es verdad. Y no es toda la verdad. En la Encuesta Nacional de Latinos (octubre de 2025, 4923 adultos hispanos), el 20 % dice haberlo logrado, el 33 % ir camino de lograrlo, el 18 % verlo fuera de su alcance y el 27 % negar que exista. Sume los dos primeros: 53 %. Sume a quien cree que el sueño existe aunque aún no le toque: 71 %. El escepticismo es real. La fe, también.

Por qué importa.  En un año de precios altos, guerra y política migratoria que ha tensado a media comunidad, convenía esperar un funeral. El Pew Research Center no lo firma.

  • Cuando pregunta por el nivel de vida —la medida casera del sueño—, el 57 % de los latinos dice vivir mejor que sus padres y solo el 23 % peor. El 53 % espera que sus hijos vivan mejor que ellos; apenas el 14% anticipa un descenso.
  • Entre el resto de adultos estadounidenses esas cifras son más bajas: 44 % mejor que los padres y 29 % que espera mejora para los hijos. Los hispanos, en esto, no van a la cola. Van por delante.

Lo indispensable.  Los datos no borran la queja. Hoy les resulta más difícil que a la generación anterior; hace una década el centro los veía más confiados en que se había vuelto más fácil.  El país se ha encarecido. Miami lo sabe de memoria: vivienda, seguro, joven que se queda en casa de los padres.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER
  • Aun así, cuando pregunta qué hace falta para alcanzar el sueño, entre quienes creen que existe gana el esfuerzo: el 81 % cita el trabajo duro y la motivación; el 76 %, el acceso a oportunidades; solo el 35 % pone la suerte como factor mayor. Quien ya lo tocó o lo ve cerca confía aún más en el mérito. Quien lo siente lejos habla más de azar. La cultura del esfuerzo no se ha muerto. Se ha puesto a prueba.
  • El matiz del nacimiento importa en el sur de Florida. Los inmigrantes miran con más luz su propio nivel de vida y el de sus hijos que los nacidos en Estados Unidos. Es la lógica del que compara con el país que dejó, no con el vecino de Coral Gables. El cubano, el venezolano, el nicaragüense o el colombiano que llegó con una maleta mide el sueño en pasaporte, colegio y nómina en dólares. E
  • l nieto lo mide en si puede comprar casa. Las dos varas conviven. Por eso el titular de “división” no contradice el de “sigue vivo”: una comunidad puede estar enfadada con Washington y seguir creyendo que América paga el trabajo.

Datos clave. La encuesta se hizo en inglés y español, con muestra nacional ponderada. Las actitudes sobre si el sueño es alcanzable se parecen a las del conjunto del país. Donde los latinos se separan es en el progreso de una generación a otra.

  • El Pew Research Center lo escribe sin adorno: más optimistas en esa escala. En el año del 250 aniversario de EE. UU., con un ánimo latino a menudo pesimista sobre “cómo les va en el país”, esa grieta entre el malestar político y la esperanza familiar es el hallazgo.

Ahora qué.  El sueño americano no es una casa con cerca blanca. Para millones de hispanos es que el hijo no herede el techo de cartón ni la policía política. El estudio muestra que esa idea sigue en pie, golpeada por la inflación y por leyes que duelen, pero en pie.

  • Quien haga campaña en Florida puede hablar de Cuba y de frontera. Hará mejor si habla también de hipoteca, escuela y de por qué el 53% todavía se ve dentro del relato. El sueño no se decreta. Se comprueba en si la próxima generación vive un poco mejor. Hoy, contra el ruido, una mayoría latina sigue apostando a que sí. 

 

El sueño americano sigue vivo entre los latinos

Pew Research Center: el 53% ya lo logró o va camino; el 57% vive mejor que sus padres. Hay escepticismo, pero la esperanza no se ha apagado

Getty Images
Manuel Aguilera
14 de septiembre, 2026

El Pew Research Center concluye que los latinos están divididos sobre si el sueño americano es alcanzable. Es verdad. Y no es toda la verdad. En la Encuesta Nacional de Latinos (octubre de 2025, 4923 adultos hispanos), el 20 % dice haberlo logrado, el 33 % ir camino de lograrlo, el 18 % verlo fuera de su alcance y el 27 % negar que exista. Sume los dos primeros: 53 %. Sume a quien cree que el sueño existe aunque aún no le toque: 71 %. El escepticismo es real. La fe, también.

Por qué importa.  En un año de precios altos, guerra y política migratoria que ha tensado a media comunidad, convenía esperar un funeral. El Pew Research Center no lo firma.

  • Cuando pregunta por el nivel de vida —la medida casera del sueño—, el 57 % de los latinos dice vivir mejor que sus padres y solo el 23 % peor. El 53 % espera que sus hijos vivan mejor que ellos; apenas el 14% anticipa un descenso.
  • Entre el resto de adultos estadounidenses esas cifras son más bajas: 44 % mejor que los padres y 29 % que espera mejora para los hijos. Los hispanos, en esto, no van a la cola. Van por delante.

Lo indispensable.  Los datos no borran la queja. Hoy les resulta más difícil que a la generación anterior; hace una década el centro los veía más confiados en que se había vuelto más fácil.  El país se ha encarecido. Miami lo sabe de memoria: vivienda, seguro, joven que se queda en casa de los padres.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER
  • Aun así, cuando pregunta qué hace falta para alcanzar el sueño, entre quienes creen que existe gana el esfuerzo: el 81 % cita el trabajo duro y la motivación; el 76 %, el acceso a oportunidades; solo el 35 % pone la suerte como factor mayor. Quien ya lo tocó o lo ve cerca confía aún más en el mérito. Quien lo siente lejos habla más de azar. La cultura del esfuerzo no se ha muerto. Se ha puesto a prueba.
  • El matiz del nacimiento importa en el sur de Florida. Los inmigrantes miran con más luz su propio nivel de vida y el de sus hijos que los nacidos en Estados Unidos. Es la lógica del que compara con el país que dejó, no con el vecino de Coral Gables. El cubano, el venezolano, el nicaragüense o el colombiano que llegó con una maleta mide el sueño en pasaporte, colegio y nómina en dólares. E
  • l nieto lo mide en si puede comprar casa. Las dos varas conviven. Por eso el titular de “división” no contradice el de “sigue vivo”: una comunidad puede estar enfadada con Washington y seguir creyendo que América paga el trabajo.

Datos clave. La encuesta se hizo en inglés y español, con muestra nacional ponderada. Las actitudes sobre si el sueño es alcanzable se parecen a las del conjunto del país. Donde los latinos se separan es en el progreso de una generación a otra.

  • El Pew Research Center lo escribe sin adorno: más optimistas en esa escala. En el año del 250 aniversario de EE. UU., con un ánimo latino a menudo pesimista sobre “cómo les va en el país”, esa grieta entre el malestar político y la esperanza familiar es el hallazgo.

Ahora qué.  El sueño americano no es una casa con cerca blanca. Para millones de hispanos es que el hijo no herede el techo de cartón ni la policía política. El estudio muestra que esa idea sigue en pie, golpeada por la inflación y por leyes que duelen, pero en pie.

  • Quien haga campaña en Florida puede hablar de Cuba y de frontera. Hará mejor si habla también de hipoteca, escuela y de por qué el 53% todavía se ve dentro del relato. El sueño no se decreta. Se comprueba en si la próxima generación vive un poco mejor. Hoy, contra el ruido, una mayoría latina sigue apostando a que sí. 

 

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?