El hambre nuestro de cada día en Cuba
La escasez de alimentos se agrava en Cuba mientras cae la producción agrícola, crece la dependencia de importaciones y más hogares reducen sus comidas
Un cubano duerme al amanecer en el malecón de La Habana, donde muchos buscan alivio al calor y a los frecuentes apagones del verano. Foto: AFP
28 de agosto, 2026
En Cuba ya no se discute si hay crisis. Se discute qué se come hoy. Diario de Cuba lo resume sin eufemismos: cada vez más gente se acostumbra a “comer lo justo para sobrevivir”. Un jubilado de Santiago espera el pan normado desde las 7:30 y, si no llega, se queda con una bolita de harina o con yuca hervida. Una pareja de pensionistas celebra como buena comida un congrí con más frijol que arroz. No es una anécdota. En la encuesta de Cubadata, entre febrero y marzo de 2026, el 78,2% dijo que alguien en su casa se saltó al menos una comida por falta de alimentos. Seis de cada diez calificaron de “mala” o “muy mala” la situación del hogar.
Por qué importa. El castrismo tiene una explicación prefabricada: el bloqueo. Las sanciones estadounidenses existen y encarecen crédito, combustible y algunas compras. Pero no explican por qué una isla fértil, con costa, tierra y clima, importa alrededor del 80% de lo que come, según el Programa Mundial de Alimentos.
- Tampoco explican por qué, entre 2018 y 2023, la producción nacional de carne de cerdo cayó un 95%, la de arroz un 87%, la de frijoles un 70% y la de leche un 58%. Eso no lo provoca un decreto firmado en Washington. Lo provoca un Estado que monopoliza la tierra, fija precios por debajo del costo y le debe dinero al campesino.
Lo indispensable. La BBC documenta el mecanismo. El Acopio estatal compra barato, acumula deudas con los productores y no entrega insumos. El 79% de la tierra sigue en manos del Estado.
- Solo el 7% tiene riego. Apenas llega el 10% del combustible que haría falta. La inversión se va al turismo —más del 37%— y a la agricultura le queda una miseria, en torno al 2,7%. La zafra azucarera, que llegó a 8 millones de toneladas en 1989, se desplomó a menos de 150.000 en 2024-2025: peor resultado en más de un siglo. Cuba, que exportaba azúcar al mundo, ahora la importa para endulzar el café.
- El economista William Messina, de la Universidad de Florida, lo dice con claridad en ese mismo reportaje: el embargo tiene impacto, “pero el problema fundamental es la estructura del sistema”. La prueba está en el arroz.
- En Pinar del Río, un proyecto gestionado por una empresa vietnamita rindió 7 toneladas por hectárea. El promedio cubano es 1,6. Misma isla. Distinta forma de organizar el trabajo. Cuando hay incentivo y autonomía, la tierra responde. Cuando manda la planificación revolucionaria, la tierra se cubre de marabú.
Datos clave. La libreta, en vigor desde 1962, ya no disimula el hambre: la dosifica. En julio el régimen confirmó que deja de ser universal. La canasta —cinco libras de arroz y azúcar, media libra de aceite, sal cada dos o tres meses, carne casi nunca— quedará para jubilados y “vulnerables”, el eufemismo oficial para la pobreza extrema. El salario mínimo ronda los 3.210 pesos.
- Con eso apenas se compran unos litros de aceite o unas libras de arroz a precio de mercado. Mientras tanto, dos millones de cubanos se han ido, muchos jóvenes, y el hato ganadero pierde decenas de miles de reses por falta de pasto, agua y medicina veterinaria.
- Vecinos de la región, sin embargo, no viven esa “normalidad”. La ONU registra una caída del hambre en América Latina y celebra a la República Dominicana en la categoría de hambre cero. Misma geografía caribeña. Distinto sistema. El contraste es el argumento que el régimen no quiere oír.
Ahora qué. Cuba no pasa hambre porque le falte sol o tierra. Pasa hambre porque el poder decidió hace décadas que el Estado debía ser dueño del surco, del tractor y del precio.
- El embargo es un comodín útil para la propaganda. No es la causa principal de que no haya cerdo, ni leche, ni arroz. La causa principal es un régimen ineficaz que prefiere controlar a producir. Mientras no se suelte esa rienda —propiedad, mercado, inversión, derecho a vender sin miedo— el hambre seguirá siendo, para millones de cubanos, el padrenuestro de cada día.Te puede interesar
El hambre nuestro de cada día en Cuba
La escasez de alimentos se agrava en Cuba mientras cae la producción agrícola, crece la dependencia de importaciones y más hogares reducen sus comidas
Un cubano duerme al amanecer en el malecón de La Habana, donde muchos buscan alivio al calor y a los frecuentes apagones del verano. Foto: AFP
28 de agosto, 2026
En Cuba ya no se discute si hay crisis. Se discute qué se come hoy. Diario de Cuba lo resume sin eufemismos: cada vez más gente se acostumbra a “comer lo justo para sobrevivir”. Un jubilado de Santiago espera el pan normado desde las 7:30 y, si no llega, se queda con una bolita de harina o con yuca hervida. Una pareja de pensionistas celebra como buena comida un congrí con más frijol que arroz. No es una anécdota. En la encuesta de Cubadata, entre febrero y marzo de 2026, el 78,2% dijo que alguien en su casa se saltó al menos una comida por falta de alimentos. Seis de cada diez calificaron de “mala” o “muy mala” la situación del hogar.
Por qué importa. El castrismo tiene una explicación prefabricada: el bloqueo. Las sanciones estadounidenses existen y encarecen crédito, combustible y algunas compras. Pero no explican por qué una isla fértil, con costa, tierra y clima, importa alrededor del 80% de lo que come, según el Programa Mundial de Alimentos.
- Tampoco explican por qué, entre 2018 y 2023, la producción nacional de carne de cerdo cayó un 95%, la de arroz un 87%, la de frijoles un 70% y la de leche un 58%. Eso no lo provoca un decreto firmado en Washington. Lo provoca un Estado que monopoliza la tierra, fija precios por debajo del costo y le debe dinero al campesino.
Lo indispensable. La BBC documenta el mecanismo. El Acopio estatal compra barato, acumula deudas con los productores y no entrega insumos. El 79% de la tierra sigue en manos del Estado.
- Solo el 7% tiene riego. Apenas llega el 10% del combustible que haría falta. La inversión se va al turismo —más del 37%— y a la agricultura le queda una miseria, en torno al 2,7%. La zafra azucarera, que llegó a 8 millones de toneladas en 1989, se desplomó a menos de 150.000 en 2024-2025: peor resultado en más de un siglo. Cuba, que exportaba azúcar al mundo, ahora la importa para endulzar el café.
- El economista William Messina, de la Universidad de Florida, lo dice con claridad en ese mismo reportaje: el embargo tiene impacto, “pero el problema fundamental es la estructura del sistema”. La prueba está en el arroz.
- En Pinar del Río, un proyecto gestionado por una empresa vietnamita rindió 7 toneladas por hectárea. El promedio cubano es 1,6. Misma isla. Distinta forma de organizar el trabajo. Cuando hay incentivo y autonomía, la tierra responde. Cuando manda la planificación revolucionaria, la tierra se cubre de marabú.
Datos clave. La libreta, en vigor desde 1962, ya no disimula el hambre: la dosifica. En julio el régimen confirmó que deja de ser universal. La canasta —cinco libras de arroz y azúcar, media libra de aceite, sal cada dos o tres meses, carne casi nunca— quedará para jubilados y “vulnerables”, el eufemismo oficial para la pobreza extrema. El salario mínimo ronda los 3.210 pesos.
- Con eso apenas se compran unos litros de aceite o unas libras de arroz a precio de mercado. Mientras tanto, dos millones de cubanos se han ido, muchos jóvenes, y el hato ganadero pierde decenas de miles de reses por falta de pasto, agua y medicina veterinaria.
- Vecinos de la región, sin embargo, no viven esa “normalidad”. La ONU registra una caída del hambre en América Latina y celebra a la República Dominicana en la categoría de hambre cero. Misma geografía caribeña. Distinto sistema. El contraste es el argumento que el régimen no quiere oír.
Ahora qué. Cuba no pasa hambre porque le falte sol o tierra. Pasa hambre porque el poder decidió hace décadas que el Estado debía ser dueño del surco, del tractor y del precio.
- El embargo es un comodín útil para la propaganda. No es la causa principal de que no haya cerdo, ni leche, ni arroz. La causa principal es un régimen ineficaz que prefiere controlar a producir. Mientras no se suelte esa rienda —propiedad, mercado, inversión, derecho a vender sin miedo— el hambre seguirá siendo, para millones de cubanos, el padrenuestro de cada día.Te puede interesar
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