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El coste de la guerra de Irán: ¿gasto o inversión para Estados Unidos?

El secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth. Crédito: AFP
Manuel Aguilera
24 de julio, 2026

El secretario de Defensa Pete Hegseth reconoció esta semana ante el Congreso que la guerra contra Irán ya ha costado a EE. UU. USD 37 500 M. La cifra ha subido desde los USD 29 000M que se estimaban en mayo. El Pentágono pide ahora unos USD 67 000M adicionales en fondos de emergencia, buena parte destinada a reponer municiones, ampliar líneas de producción y reforzar capacidades. El número es alto. Pero conviene mirarlo con algo más de perspectiva. 

Por qué importa. Una guerra siempre sale cara. Esta no es la excepción. Desde que se reanudaron las hostilidades a principios de julio, los costes han seguido creciendo. El dinero se va en misiles de precisión, sistemas antiaéreos, combustible, despliegues y la reposición de material.

  • A eso hay que sumar el impacto que tuvo en su momento el cierre intermitente del estrecho de Ormuz sobre los precios del petróleo y, por tanto, sobre el bolsillo de los estadounidenses. 
  • Pero no todo el gasto es puro coste. Una parte importante de esos fondos se está destinando a modernizar la industria de defensa estadounidense. Se están ampliando las líneas de producción de bombas de precisión, misiles hipersónicos y sistemas contra drones.
  • Eso no solo sirve para esta guerra. Fortalece la capacidad industrial del país y genera actividad económica en sectores estratégicos. 

Lo indispensable. El Pentágono ha dejado claro que necesita ese dinero extra no solo para sostener las operaciones, sino para acelerar la entrega de armamento que se ha consumido a un ritmo elevado.

SUSCRÍBASE A NUESTRO NEWSLETTER
  • Parte de la solicitud —alrededor de USD 46 000M según algunas estimaciones— va precisamente a expandir la producción y modernizar capacidades. En la práctica, eso se traduce en más contratos para empresas estadounidenses, más empleo en fábricas de defensa y una industria que sale más preparada para futuros conflictos. 
  • Desde el punto de vista republicano, hay un argumento que no se puede descartar: invertir en superioridad militar hoy puede evitar costes mucho mayores mañana.
  • Un Irán con capacidad nuclear o con capacidad real de cerrar el estrecho de Ormuz de forma permanente sería mucho más caro para la economía mundial y para la seguridad de EE. UU. 

Datos clave. Los  USD 37 500 M ya gastados son una cifra seria. Pero también hay que ponerla en contexto. EE. UU. lleva décadas manteniendo una industria de defensa que necesita volumen de producción para ser eficiente.

  • Cuando esa industria se pone a producir a mayor ritmo, genera empleo cualificado, innovación tecnológica y capacidad de disuasión. En ese sentido, parte de este gasto funciona como un estímulo industrial de alto nivel. 
  • El problema real no es solo el coste actual. Es la duración del conflicto. Cuanto más se alargue, más se diluyen los posibles beneficios y más se acumulan los costes.
  • Por eso la prioridad debería ser clara: buscar una salida rápida y favorable que permita estabilizar el mercado del petróleo, reducir la incertidumbre y convertir este esfuerzo militar en una inversión que refuerce la posición de EE. UU. a medio plazo. 

Ahora qué. La guerra de Irán ya ha costado USD 37 500M y el contador sigue corriendo. Negarlo no tiene sentido. Pero tampoco tiene sentido ver solo el lado negativo. El gasto está impulsando la modernización de la industria armamentística estadounidense y reforzando capacidades que el país necesita tener al día. Si se logra una resolución rápida y ventajosa, ese dinero puede terminar funcionando más como inversión que como simple gasto. 

  • El reto está en no dejar que el conflicto se convierta en una guerra de desgaste indefinida. EE. UU. necesita una salida que cierre el problema de la amenaza iraní, estabilice los precios del petróleo y permita que los beneficios industriales de este esfuerzo se consoliden. Solo así esos 37 500 millones —y los que vengan— habrán valido realmente la pena. 
  • Hay, además, un factor político que no se puede ignorar. No sería deseable que este conflicto se arrastre hasta las elecciones de mitad del mandato y termine pasando factura a los candidatos republicanos.
  • Cuanto antes se logre una salida favorable, menos espacio habrá para que la oposición convierta la guerra en un arma electoral. La mejor manera de proteger el capital político del partido es cerrar este capítulo con éxito y cuanto antes. 

El coste de la guerra de Irán: ¿gasto o inversión para Estados Unidos?

El secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth. Crédito: AFP
Manuel Aguilera
24 de julio, 2026

El secretario de Defensa Pete Hegseth reconoció esta semana ante el Congreso que la guerra contra Irán ya ha costado a EE. UU. USD 37 500 M. La cifra ha subido desde los USD 29 000M que se estimaban en mayo. El Pentágono pide ahora unos USD 67 000M adicionales en fondos de emergencia, buena parte destinada a reponer municiones, ampliar líneas de producción y reforzar capacidades. El número es alto. Pero conviene mirarlo con algo más de perspectiva. 

Por qué importa. Una guerra siempre sale cara. Esta no es la excepción. Desde que se reanudaron las hostilidades a principios de julio, los costes han seguido creciendo. El dinero se va en misiles de precisión, sistemas antiaéreos, combustible, despliegues y la reposición de material.

  • A eso hay que sumar el impacto que tuvo en su momento el cierre intermitente del estrecho de Ormuz sobre los precios del petróleo y, por tanto, sobre el bolsillo de los estadounidenses. 
  • Pero no todo el gasto es puro coste. Una parte importante de esos fondos se está destinando a modernizar la industria de defensa estadounidense. Se están ampliando las líneas de producción de bombas de precisión, misiles hipersónicos y sistemas contra drones.
  • Eso no solo sirve para esta guerra. Fortalece la capacidad industrial del país y genera actividad económica en sectores estratégicos. 

Lo indispensable. El Pentágono ha dejado claro que necesita ese dinero extra no solo para sostener las operaciones, sino para acelerar la entrega de armamento que se ha consumido a un ritmo elevado.

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  • Parte de la solicitud —alrededor de USD 46 000M según algunas estimaciones— va precisamente a expandir la producción y modernizar capacidades. En la práctica, eso se traduce en más contratos para empresas estadounidenses, más empleo en fábricas de defensa y una industria que sale más preparada para futuros conflictos. 
  • Desde el punto de vista republicano, hay un argumento que no se puede descartar: invertir en superioridad militar hoy puede evitar costes mucho mayores mañana.
  • Un Irán con capacidad nuclear o con capacidad real de cerrar el estrecho de Ormuz de forma permanente sería mucho más caro para la economía mundial y para la seguridad de EE. UU. 

Datos clave. Los  USD 37 500 M ya gastados son una cifra seria. Pero también hay que ponerla en contexto. EE. UU. lleva décadas manteniendo una industria de defensa que necesita volumen de producción para ser eficiente.

  • Cuando esa industria se pone a producir a mayor ritmo, genera empleo cualificado, innovación tecnológica y capacidad de disuasión. En ese sentido, parte de este gasto funciona como un estímulo industrial de alto nivel. 
  • El problema real no es solo el coste actual. Es la duración del conflicto. Cuanto más se alargue, más se diluyen los posibles beneficios y más se acumulan los costes.
  • Por eso la prioridad debería ser clara: buscar una salida rápida y favorable que permita estabilizar el mercado del petróleo, reducir la incertidumbre y convertir este esfuerzo militar en una inversión que refuerce la posición de EE. UU. a medio plazo. 

Ahora qué. La guerra de Irán ya ha costado USD 37 500M y el contador sigue corriendo. Negarlo no tiene sentido. Pero tampoco tiene sentido ver solo el lado negativo. El gasto está impulsando la modernización de la industria armamentística estadounidense y reforzando capacidades que el país necesita tener al día. Si se logra una resolución rápida y ventajosa, ese dinero puede terminar funcionando más como inversión que como simple gasto. 

  • El reto está en no dejar que el conflicto se convierta en una guerra de desgaste indefinida. EE. UU. necesita una salida que cierre el problema de la amenaza iraní, estabilice los precios del petróleo y permita que los beneficios industriales de este esfuerzo se consoliden. Solo así esos 37 500 millones —y los que vengan— habrán valido realmente la pena. 
  • Hay, además, un factor político que no se puede ignorar. No sería deseable que este conflicto se arrastre hasta las elecciones de mitad del mandato y termine pasando factura a los candidatos republicanos.
  • Cuanto antes se logre una salida favorable, menos espacio habrá para que la oposición convierta la guerra en un arma electoral. La mejor manera de proteger el capital político del partido es cerrar este capítulo con éxito y cuanto antes. 

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