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De la Espriella enfrenta el terremoto sin esconderse

Apenas cuatro días después de asumir, el presidente colombiano se pone al frente de la emergencia y de la violencia que marca su inicio

Varias personas trabajan en un edificio derrumbado tras un terremoto en Cali, Colombia, el 10 de agosto de 2026. Foto: AFP
Manuel Aguilera
11 de agosto, 2026

Abelardo de la Espriella lleva apenas cuatro días como presidente de Colombia y ya enfrenta su primera gran crisis. Un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en el Chocó sacudió el occidente del país este lunes, causó decenas de muertos, daños en varias ciudades y obligó a suspender la agenda prevista. A la emergencia natural se suma un ambiente de violencia que ya había marcado los días previos a su posesión y los inmediatamente posteriores.

Por qué importa. Los gobiernos se definen en los momentos difíciles. De la Espriella no ha tenido tiempo de acomodarse. Ha heredado un país con problemas de seguridad y, de golpe, debe demostrar capacidad de gestión ante un desastre natural de gran escala.

  • Su respuesta será observada con lupa tanto dentro de Colombia como en el exterior, especialmente en Washington y en las capitales de la región que miran con interés el giro político que representa su llegada.

Lo indispensable. La reacción del nuevo presidente ha sido directa. Instaló de inmediato un Puesto de Mando Unificado, declaró la emergencia y anunció que se desplazaría personalmente a las zonas afectadas. “No están solos.

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  • El Estado está presente y actuando”, fue el mensaje que lanzó. En política, esas palabras importan, pero importan más los gestos. Que el presidente asuma el liderazgo visible de la crisis, en lugar de diluirlo en portavoces o ministros, marca una diferencia de estilo.
  • El contexto no ayuda. En los días previos y posteriores a la posesión se registraron atentados y ataques con explosivos, incluidos drones. De la Espriella ya había advertido que enfrentaría sin tregua al narcoterrorismo.
  • Ahora debe hacerlo mientras coordina el rescate, la ayuda humanitaria y la evaluación de daños en varias regiones.

Datos clave. Existe un precedente reciente que pesa. En Venezuela, los terremotos de junio dejaron miles de muertos y una gestión cuestionada que terminó de erosionar la imagen del gobierno interino de Delcy Rodríguez y del chavismo.

  • La lentitud, la falta de presencia y la sensación de abandono se pagaron caro en términos políticos. De la Espriella parece haber tomado nota. Su decisión de ponerse al frente desde el primer momento busca evitar exactamente ese desgaste.
  • La crisis también tiene una lectura política interna. El nuevo presidente llega con el reto de construir gobernabilidad en un Congreso fragmentado y con tensiones en la propia derecha.
  • Una gestión eficaz de la emergencia puede darle autoridad moral y margen de maniobra. Una respuesta débil o confusa le restaría fuerza justo cuando más la necesita.

Ahora qué. Los primeros días de De la Espriella ya no serán recordados solo por la ceremonia de posesión en Cali. Serán medidos por cómo enfrente el terremoto y la violencia que le ha tocado en herencia.

  • Ha elegido no esconderse. Ha decidido dar la cara y asumir el mando. Esa determinación es esperanzadora, pero todavía es solo el primer paso. La verdadera prueba será la eficacia de la respuesta, la velocidad de la ayuda y la capacidad de transmitir que el Estado funciona.
  • En política, las crisis no se eligen. Se gestionan. Y esta le ha llegado demasiado pronto. 

 

De la Espriella enfrenta el terremoto sin esconderse

Apenas cuatro días después de asumir, el presidente colombiano se pone al frente de la emergencia y de la violencia que marca su inicio

Varias personas trabajan en un edificio derrumbado tras un terremoto en Cali, Colombia, el 10 de agosto de 2026. Foto: AFP
Manuel Aguilera
11 de agosto, 2026

Abelardo de la Espriella lleva apenas cuatro días como presidente de Colombia y ya enfrenta su primera gran crisis. Un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en el Chocó sacudió el occidente del país este lunes, causó decenas de muertos, daños en varias ciudades y obligó a suspender la agenda prevista. A la emergencia natural se suma un ambiente de violencia que ya había marcado los días previos a su posesión y los inmediatamente posteriores.

Por qué importa. Los gobiernos se definen en los momentos difíciles. De la Espriella no ha tenido tiempo de acomodarse. Ha heredado un país con problemas de seguridad y, de golpe, debe demostrar capacidad de gestión ante un desastre natural de gran escala.

  • Su respuesta será observada con lupa tanto dentro de Colombia como en el exterior, especialmente en Washington y en las capitales de la región que miran con interés el giro político que representa su llegada.

Lo indispensable. La reacción del nuevo presidente ha sido directa. Instaló de inmediato un Puesto de Mando Unificado, declaró la emergencia y anunció que se desplazaría personalmente a las zonas afectadas. “No están solos.

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  • El contexto no ayuda. En los días previos y posteriores a la posesión se registraron atentados y ataques con explosivos, incluidos drones. De la Espriella ya había advertido que enfrentaría sin tregua al narcoterrorismo.
  • Ahora debe hacerlo mientras coordina el rescate, la ayuda humanitaria y la evaluación de daños en varias regiones.

Datos clave. Existe un precedente reciente que pesa. En Venezuela, los terremotos de junio dejaron miles de muertos y una gestión cuestionada que terminó de erosionar la imagen del gobierno interino de Delcy Rodríguez y del chavismo.

  • La lentitud, la falta de presencia y la sensación de abandono se pagaron caro en términos políticos. De la Espriella parece haber tomado nota. Su decisión de ponerse al frente desde el primer momento busca evitar exactamente ese desgaste.
  • La crisis también tiene una lectura política interna. El nuevo presidente llega con el reto de construir gobernabilidad en un Congreso fragmentado y con tensiones en la propia derecha.
  • Una gestión eficaz de la emergencia puede darle autoridad moral y margen de maniobra. Una respuesta débil o confusa le restaría fuerza justo cuando más la necesita.

Ahora qué. Los primeros días de De la Espriella ya no serán recordados solo por la ceremonia de posesión en Cali. Serán medidos por cómo enfrente el terremoto y la violencia que le ha tocado en herencia.

  • Ha elegido no esconderse. Ha decidido dar la cara y asumir el mando. Esa determinación es esperanzadora, pero todavía es solo el primer paso. La verdadera prueba será la eficacia de la respuesta, la velocidad de la ayuda y la capacidad de transmitir que el Estado funciona.
  • En política, las crisis no se eligen. Se gestionan. Y esta le ha llegado demasiado pronto. 

 

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