A Maduro ya no le quieren ni los chavistas
El régimen borra su imagen de las calles y ni siquiera lo menciona en las negociaciones con la oposición
Hay silencios que hablan más fuerte que los discursos. El de Nicolás Maduro en Venezuela es uno de ellos. Meses después de su captura por fuerzas estadounidenses, el hombre que durante más de una década monopolizó la propaganda del régimen ha ido desapareciendo de la escena pública. No solo de los actos oficiales. También de las calles, de los carteles y de las negociaciones políticas.
Por qué importa. El chavismo construyó durante años un culto a la personalidad alrededor de Maduro. Su rostro estaba en las vallas, en los muros, en los actos de gobierno y en la televisión estatal. Hoy esa presencia se diluye.
- Según reportes de medios internacionales, incluidos testimonios recogidos por el Financial Times, los afiches que pedían su liberación y la de Cilia Flores han sido retirados de forma progresiva en varias ciudades. Algunos murales han sido tapados. En Caracas quedan pocos retratos grandes. La imagen del “presidente eterno” se está borrando.
Lo indispensable. Aún más revelador es lo que ocurre en la mesa de negociación. En las conversaciones que el gobierno interino de Delcy Rodríguez ha mantenido con sectores de la oposición durante las últimas semanas, el nombre de Maduro no ha aparecido.
- Ni como exigencia de liberación ni como condición. “Maduro y Flores simplemente no existen en la mesa”, resumió un participante de las charlas. Para el chavismo que intenta reacomodarse, el expresidente se ha convertido en un problema más que en una bandera.
- Delcy Rodríguez, que al principio calificó la captura de “vil agresión”, ha reducido drásticamente las menciones públicas a su predecesor. El tono ya no es de resistencia heroica, sino de administración de una nueva realidad.
- El régimen parece haber hecho un cálculo frío: Maduro está en una prisión estadounidense acusado de narcoterrorismo y su defensa activa solo complica cualquier eventual entendimiento con Washington y con parte de la oposición.
Datos clave. Este proceso de borrado no es improvisado. Desde hace meses se observa una sustitución simbólica. La figura de Delcy Rodríguez gana espacio mientras la de Maduro se retrae.
- Los cambios en la propaganda, la retirada de carteles y el silencio en las negociaciones apuntan a una misma dirección: el chavismo está intentando sobrevivir sin su líder caído. O, al menos, sin cargar con el coste político de seguir atado a él.
- No se trata de un arrepentimiento ideológico. Se trata de pragmatismo. Maduro ya no controla ni las Fuerzas Armadas ni el aparato del partido como antes. Su destino judicial está en manos de la justicia estadounidense.
- Y quienes hoy mandan en Caracas parecen haber decidido que su nombre no puede seguir condicionando el futuro del sistema que él encabezó.
Ahora qué. La ironía es evidente. El mismo movimiento que durante años exigía lealtad absoluta a Maduro ahora lo trata como un capítulo cerrado. No hay grandes actos de desagravio ni campañas sostenidas por su liberación.
- Hay silencio, carteles que desaparecen y una negociación en la que su nombre estorba. A Maduro ya no le quieren ni los suyos. Y en política, cuando los propios deciden que alguien sobra, el aislamiento suele ser el preludio del olvido.
A Maduro ya no le quieren ni los chavistas
El régimen borra su imagen de las calles y ni siquiera lo menciona en las negociaciones con la oposición
Hay silencios que hablan más fuerte que los discursos. El de Nicolás Maduro en Venezuela es uno de ellos. Meses después de su captura por fuerzas estadounidenses, el hombre que durante más de una década monopolizó la propaganda del régimen ha ido desapareciendo de la escena pública. No solo de los actos oficiales. También de las calles, de los carteles y de las negociaciones políticas.
Por qué importa. El chavismo construyó durante años un culto a la personalidad alrededor de Maduro. Su rostro estaba en las vallas, en los muros, en los actos de gobierno y en la televisión estatal. Hoy esa presencia se diluye.
- Según reportes de medios internacionales, incluidos testimonios recogidos por el Financial Times, los afiches que pedían su liberación y la de Cilia Flores han sido retirados de forma progresiva en varias ciudades. Algunos murales han sido tapados. En Caracas quedan pocos retratos grandes. La imagen del “presidente eterno” se está borrando.
Lo indispensable. Aún más revelador es lo que ocurre en la mesa de negociación. En las conversaciones que el gobierno interino de Delcy Rodríguez ha mantenido con sectores de la oposición durante las últimas semanas, el nombre de Maduro no ha aparecido.
- Ni como exigencia de liberación ni como condición. “Maduro y Flores simplemente no existen en la mesa”, resumió un participante de las charlas. Para el chavismo que intenta reacomodarse, el expresidente se ha convertido en un problema más que en una bandera.
- Delcy Rodríguez, que al principio calificó la captura de “vil agresión”, ha reducido drásticamente las menciones públicas a su predecesor. El tono ya no es de resistencia heroica, sino de administración de una nueva realidad.
- El régimen parece haber hecho un cálculo frío: Maduro está en una prisión estadounidense acusado de narcoterrorismo y su defensa activa solo complica cualquier eventual entendimiento con Washington y con parte de la oposición.
Datos clave. Este proceso de borrado no es improvisado. Desde hace meses se observa una sustitución simbólica. La figura de Delcy Rodríguez gana espacio mientras la de Maduro se retrae.
- Los cambios en la propaganda, la retirada de carteles y el silencio en las negociaciones apuntan a una misma dirección: el chavismo está intentando sobrevivir sin su líder caído. O, al menos, sin cargar con el coste político de seguir atado a él.
- No se trata de un arrepentimiento ideológico. Se trata de pragmatismo. Maduro ya no controla ni las Fuerzas Armadas ni el aparato del partido como antes. Su destino judicial está en manos de la justicia estadounidense.
- Y quienes hoy mandan en Caracas parecen haber decidido que su nombre no puede seguir condicionando el futuro del sistema que él encabezó.
Ahora qué. La ironía es evidente. El mismo movimiento que durante años exigía lealtad absoluta a Maduro ahora lo trata como un capítulo cerrado. No hay grandes actos de desagravio ni campañas sostenidas por su liberación.
- Hay silencio, carteles que desaparecen y una negociación en la que su nombre estorba. A Maduro ya no le quieren ni los suyos. Y en política, cuando los propios deciden que alguien sobra, el aislamiento suele ser el preludio del olvido.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: