Octubre marcó el primer freno serio del “boom” constructor que sostuvo a El Salvador en 2025. El IVAE —Índice de Volumen de la Actividad Económica— bajó del 6.9 % al 2.1 % y la construcción se desaceleró con fuerza. La caída confirma un punto: la economía estaba apalancada en la construcción.
Por qué importa. La industria fue el gran sostén del ritmo macro el año pasado. Cuando aflojó, el resto quedó a merced de ese motor: empleo, hipotecas y precio del suelo sienten el arrastre antes que las estadísticas lo confirmen.
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En abril de 2025, el sector creció un 40.5 % interanual, impulsado por permisos más expeditos y una ola de proyectos. Ese pico era difícil de sostener.
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Otto Rodríguez, economista, lo resume: “La economía depende de la construcción”. Su lectura mezcla base alta frente a 2024 y pérdida real de tracción.
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Un aspecto a destacar es que se esconde un riesgo estructural: sin nuevos motores de crecimiento, la demanda por vivienda pierde sostén y el ciclo se enfría.
Datos clave. Octubre confirmó el cambio de marcha: la construcción pasó de crecer del 29.3 % en septiembre a un 3.6 % en octubre y arrastró el indicador agregado.
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El consumo aparente acumulado de cemento a septiembre 2025 superó al de 2024 (4329 vs. 2816, medido en “miles de bolsas”), lo que significó un salto cercano al 54 %.
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El Informe Situacional Mensual de la Cámara Salvadoreña de la Industria de la Construcción (Casalco) ubica el crédito mensual para compra de vivienda en ~USD 38.5M en octubre 2025 y sostiene el flujo hacia vivienda y obra.
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La gremial del sector reporta más de 120 proyectos de vivienda vertical. En este mercado, no manda la altura: manda la absorción. Si no se vende, no se construye.
Punto de fricción. Un “boom” de permisos y obra se encuentra con tres límites: capacidad de compra, costo financiero y tiempos de ejecución. Si la economía no acompaña, la demanda se enfría y el inventario rota más lento.
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Rodríguez advierte que “no es bueno depender solo de construcción”. Sin nuevos motores, el comprador se vuelve selectivo y el desarrollador ajusta lanzamientos.
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La industria creció un 0.7 % en octubre. Con motores débiles, la obra pierde respaldo de ingresos: menos empleo privado, más cautela bancaria y menor capacidad de compra.
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Si parte del impulso depende de decisiones discrecionales (permisos, priorización de obra), el ciclo se vuelve frágil. La empresa privada estira plazos para proteger capital y evitar sobreoferta.
Balance. Octubre fue un cambio de ritmo, no un colapso. Lo que viene es simple: o el mercado absorbe, o el “boom” se desinfla. Tres señales van a contar la verdad: inventario, preventas y condiciones de crédito.
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Rodríguez espera noviembre mejor por la base negativa de 2024, pero eso puede ser solo rebote: no garantiza ventas ni nuevas preventas en vertical.
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José Velásquez, presidente de Casalco, pronostica que la industria crecerá un 8 % frente a 2024. La prueba será sostenerlo con demanda solvente y financiamiento sano.
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Si no entra capital productivo que empuje ingresos, el riesgo es “puede terminar en burbuja”. El antídoto pasa por seguridad jurídica, reglas predecibles y competencia que baje costos sin castigar la propiedad.
Octubre marcó el primer freno serio del “boom” constructor que sostuvo a El Salvador en 2025. El IVAE —Índice de Volumen de la Actividad Económica— bajó del 6.9 % al 2.1 % y la construcción se desaceleró con fuerza. La caída confirma un punto: la economía estaba apalancada en la construcción.
Por qué importa. La industria fue el gran sostén del ritmo macro el año pasado. Cuando aflojó, el resto quedó a merced de ese motor: empleo, hipotecas y precio del suelo sienten el arrastre antes que las estadísticas lo confirmen.
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En abril de 2025, el sector creció un 40.5 % interanual, impulsado por permisos más expeditos y una ola de proyectos. Ese pico era difícil de sostener.
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Un aspecto a destacar es que se esconde un riesgo estructural: sin nuevos motores de crecimiento, la demanda por vivienda pierde sostén y el ciclo se enfría.
Datos clave. Octubre confirmó el cambio de marcha: la construcción pasó de crecer del 29.3 % en septiembre a un 3.6 % en octubre y arrastró el indicador agregado.
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El consumo aparente acumulado de cemento a septiembre 2025 superó al de 2024 (4329 vs. 2816, medido en “miles de bolsas”), lo que significó un salto cercano al 54 %.
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El Informe Situacional Mensual de la Cámara Salvadoreña de la Industria de la Construcción (Casalco) ubica el crédito mensual para compra de vivienda en ~USD 38.5M en octubre 2025 y sostiene el flujo hacia vivienda y obra.
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La gremial del sector reporta más de 120 proyectos de vivienda vertical. En este mercado, no manda la altura: manda la absorción. Si no se vende, no se construye.
Punto de fricción. Un “boom” de permisos y obra se encuentra con tres límites: capacidad de compra, costo financiero y tiempos de ejecución. Si la economía no acompaña, la demanda se enfría y el inventario rota más lento.
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Rodríguez advierte que “no es bueno depender solo de construcción”. Sin nuevos motores, el comprador se vuelve selectivo y el desarrollador ajusta lanzamientos.
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La industria creció un 0.7 % en octubre. Con motores débiles, la obra pierde respaldo de ingresos: menos empleo privado, más cautela bancaria y menor capacidad de compra.
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Si parte del impulso depende de decisiones discrecionales (permisos, priorización de obra), el ciclo se vuelve frágil. La empresa privada estira plazos para proteger capital y evitar sobreoferta.
Balance. Octubre fue un cambio de ritmo, no un colapso. Lo que viene es simple: o el mercado absorbe, o el “boom” se desinfla. Tres señales van a contar la verdad: inventario, preventas y condiciones de crédito.
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Rodríguez espera noviembre mejor por la base negativa de 2024, pero eso puede ser solo rebote: no garantiza ventas ni nuevas preventas en vertical.
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José Velásquez, presidente de Casalco, pronostica que la industria crecerá un 8 % frente a 2024. La prueba será sostenerlo con demanda solvente y financiamiento sano.
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Si no entra capital productivo que empuje ingresos, el riesgo es “puede terminar en burbuja”. El antídoto pasa por seguridad jurídica, reglas predecibles y competencia que baje costos sin castigar la propiedad.