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México edificó la mitad: vivienda social en declive

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Ximena Fernández
16 de enero, 2026

La producción de vivienda en México se desplomó en 10 años: esto se demuestra con una caída cercana al 54 %. De  302 000 unidades en 2015 a poco más de 138 000 en 2025. La vivienda social recibe el golpe más duro con un cambio de 279 000 a 102 000. El déficit aprieta justo donde más se necesita.

Es noticia. México llega a 2025 con una oferta habitacional mucho menor que en 2015, según un análisis de Monopolio elaborado por Marisol Becerra, directora de Estrategia de Datos y Consultoría. La reducción se concentra en vivienda social y vuelve a poner sobre la mesa una incógnita: ¿se está construyendo donde la gente vive y trabaja?

  • La baja en la producción entre los años 2015 y 2025 afectan de forma directa la disponibilidad y los precios de vivienda en el país. 
  • Este producto enfrenta una reducción de 64 % que estrecha el suministro donde se concentra la mayor demanda.
  • Becerra advierte que el rezago se vuelve “cuello de botella” y presiona a hogares de menores ingresos.

Qué destacar. No es solo menos vivienda: es una demanda que cambia más rápido que la oferta. El análisis apunta a hogares más pequeños y a una preferencia creciente por ubicación y conectividad. El problema es que el inventario disponible es limitado y, muchas veces, no es compatible con la capacidad de pago. Esto desemboca en que el mercado filtre por ingreso, no necesidad.

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  • La demanda de hogares más pequeños se hace visible a partir de mayor frecuencia en la recomposición familiar. Según el estudio, actualmente se observan 33.3 divorcios por cada 100 matrimonios. 
  • Aun con intención de compra, los jóvenes chocan con restricciones: Millennials y Gen Z representan 43.4 % de la población. “Siete de cada 10” quieren adquirir vivienda.
  • Con inventario limitado y precios cada vez más altos, el mercado asigna por exclusión: quien no califica queda fuera, y la diferencia se consolida por ubicación, no por preferencia.

Punto de fricción. El suelo se volvió el candado de la vivienda accesible. Y cuando el suelo manda, la vivienda barata migra hacia la periferia: más horas de traslado, más costo oculto y menos calidad de vida.

  • Leonardo González, director de Información de Homepty, sostiene que el encarecimiento urbano reduce la viabilidad de proyectos económicos bien ubicados. “El suelo pesa entre 28 y 45 %”, dice González. 
  • Las tasas hipotecarias rondan 10.3 %, pero el valor de la vivienda crece entre un  8 y 9 % anual; la brecha de asequibilidad se ensancha y el ingreso requerido llega a duplicar el efectivo.
  • Si el Estado solo subsidia sin ordenar suelo, permisos y transporte, corre el riesgo de agrandar la segregación; la corrección pasa por reglas claras que habiliten inversión privada en zonas con empleo.

Balance. El deterioro es estructural: también se encogió el inventario. Becerra estima que el inventario total pasó de cerca de 600 000 viviendas en 2015 a 248 000 en 2025, una caída cercana al 60 %. 

  • En vivienda económica y popular, el inventario habría pasado de 355 000 a poco más de 122 000 en 10 años; menos opciones elevan el poder de fijación de precio del mercado.
  • La planeación urbana es clave: Becerra ve con buenos ojos Vivienda para el Bienestar por “reponer” la vivienda social en agenda, pero señala necesario que se tenga en cuenta la cercanía a empleo y transporte.
  • Hacia 2026, el análisis plantea colaboración público-privada y esquemas como renta con opción a compra y reconversión de inmuebles subutilizados, para ampliar oferta sin castigar la localización.
     
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Ximena Fernández
16 de enero, 2026

La producción de vivienda en México se desplomó en 10 años: esto se demuestra con una caída cercana al 54 %. De  302 000 unidades en 2015 a poco más de 138 000 en 2025. La vivienda social recibe el golpe más duro con un cambio de 279 000 a 102 000. El déficit aprieta justo donde más se necesita.

Es noticia. México llega a 2025 con una oferta habitacional mucho menor que en 2015, según un análisis de Monopolio elaborado por Marisol Becerra, directora de Estrategia de Datos y Consultoría. La reducción se concentra en vivienda social y vuelve a poner sobre la mesa una incógnita: ¿se está construyendo donde la gente vive y trabaja?

  • La baja en la producción entre los años 2015 y 2025 afectan de forma directa la disponibilidad y los precios de vivienda en el país. 
  • Este producto enfrenta una reducción de 64 % que estrecha el suministro donde se concentra la mayor demanda.
  • Becerra advierte que el rezago se vuelve “cuello de botella” y presiona a hogares de menores ingresos.

Qué destacar. No es solo menos vivienda: es una demanda que cambia más rápido que la oferta. El análisis apunta a hogares más pequeños y a una preferencia creciente por ubicación y conectividad. El problema es que el inventario disponible es limitado y, muchas veces, no es compatible con la capacidad de pago. Esto desemboca en que el mercado filtre por ingreso, no necesidad.

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  • La demanda de hogares más pequeños se hace visible a partir de mayor frecuencia en la recomposición familiar. Según el estudio, actualmente se observan 33.3 divorcios por cada 100 matrimonios. 
  • Aun con intención de compra, los jóvenes chocan con restricciones: Millennials y Gen Z representan 43.4 % de la población. “Siete de cada 10” quieren adquirir vivienda.
  • Con inventario limitado y precios cada vez más altos, el mercado asigna por exclusión: quien no califica queda fuera, y la diferencia se consolida por ubicación, no por preferencia.

Punto de fricción. El suelo se volvió el candado de la vivienda accesible. Y cuando el suelo manda, la vivienda barata migra hacia la periferia: más horas de traslado, más costo oculto y menos calidad de vida.

  • Leonardo González, director de Información de Homepty, sostiene que el encarecimiento urbano reduce la viabilidad de proyectos económicos bien ubicados. “El suelo pesa entre 28 y 45 %”, dice González. 
  • Las tasas hipotecarias rondan 10.3 %, pero el valor de la vivienda crece entre un  8 y 9 % anual; la brecha de asequibilidad se ensancha y el ingreso requerido llega a duplicar el efectivo.
  • Si el Estado solo subsidia sin ordenar suelo, permisos y transporte, corre el riesgo de agrandar la segregación; la corrección pasa por reglas claras que habiliten inversión privada en zonas con empleo.

Balance. El deterioro es estructural: también se encogió el inventario. Becerra estima que el inventario total pasó de cerca de 600 000 viviendas en 2015 a 248 000 en 2025, una caída cercana al 60 %. 

  • En vivienda económica y popular, el inventario habría pasado de 355 000 a poco más de 122 000 en 10 años; menos opciones elevan el poder de fijación de precio del mercado.
  • La planeación urbana es clave: Becerra ve con buenos ojos Vivienda para el Bienestar por “reponer” la vivienda social en agenda, pero señala necesario que se tenga en cuenta la cercanía a empleo y transporte.
  • Hacia 2026, el análisis plantea colaboración público-privada y esquemas como renta con opción a compra y reconversión de inmuebles subutilizados, para ampliar oferta sin castigar la localización.
     

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