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“La población misma puede hacer la ciudad del futuro”: Riken Yamamoto, arquitecto ganador del Premio Pritzker 2024

Foto: Kevin L. Méndez.
María José Aresti y Braulio Palacios
10 de septiembre, 2024

El “último arquitecto romántico”. Así podríamos definirlo y —mejor aún— así se percibe a sí mismo. Riken Yamamoto (Pekín, 1945), último ganador del Premio Pritzker de Arquitectura—comparable a un Nobel— estuvo en Guatemala. Pasaron 50 años desde su última visita, cuando era estudiante. 

Su infancia en una vivienda tradicional machiya en Yokohama (Japón) fue pilar para apreciar desde muy niño la integración de los espacios públicos y privados. Esa misma inquietud —y una invitación expresa de alumnos de la UNIS— lo hicieron reencontrarse con recuerdos de lo que descubrió en los 70, cuando vino junto a su mentor Hiroshi Hara. 

Su arquitectura se distingue por la sensibilidad hacia el contexto local. Se enfoca en fusionar el entorno natural y social, aprovechando materiales y técnicas tradicionales. A esto se suma la participación que da a las comunidades en el proceso de diseño. 

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República Inmobiliaria conversó con el ganador del Pritzker 2024 —quien participó como ponente principal en la Cátedra Jorge Montes— para conocer su visión de la arquitectura e impresiones de su visita a la colonia Bethania, en la zona 7 capitalina.

Foto: Kevin L. Méndez.

Desde que recibió el Premio Pritzker, ¿ha cambiado su visión de la arquitectura? 

—Sí. El trabajo del arquitecto no es solo hacer un edificio, sino también notar la actividad del interior. Es decir, fuera de la construcción. Diseñamos el edificio con el entorno exterior. Eso es un trabajo activo. 

Mis diseños son en conjunto con el entorno, y así lo propongo con el cliente. Entonces, cuando me comunicó con ellos, habló de cómo reconocer el ambiente.  

Su trabajo se enfoca en fusionar naturaleza, ser humano y arquitectura, ¿cómo hacerlo sin cambiar el entorno? 

—Es inevitable. La arquitectura cambia el entorno. Incluso un edificio o casa pequeña. Generan una relación con el exterior. Por eso, el arquitecto tiene una fuerte influencia. Incluso la pequeña arquitectura puede cambiar el entorno y sus alrededores.

Es su segunda visita a Guatemala, ¿hubo algo que le impactó? 

—Estuve aquí antes del terremoto en 1976. La ciudad ha cambiado mucho, influenciada por lo que dejó ese desastre natural. Si bien ahora es un espacio seguro, también me gustaría mencionar que la ciudad debe incluir lo comunitario. No se debe pensar solo en lo comercial. 

Después de tantos años, sigue utilizando la metodología que le enseñó Hiroshi Hara, ¿por qué? 

—Vine a Guatemala con el señor Hara, que era profesor de la Universidad de Tokio. Me uní a su investigación en todo el mundo. De ahí que sea importante para mí ver las relaciones comunitarias en el pueblo. Lo vi en Latinoamérica, Europa, África y Asia. 

Creamos ese sistema de convivencia para la investigación, antes de que existiera el pensamiento modernizado. Esto es muy útil para hacer una ciudad del futuro. Incluso como arquitectos, hacer pueblos pequeños es significativo para las ciudades. 

Dignificar a las personas, ¿eso es lo que pretende con su trabajo en asentamientos? 

—La idea básica de una ciudad es que hay muchas personas coexistiendo. El pensamiento es que se ayuden unos a otros, vivan juntos y desarrollen un sistema de comunidad, que es importante en el futuro. 

Hemos destruido muchas comunidades con el pensamiento modernizado. Lo que tenemos que hacer es cambiar el paradigma a una idea de cómo hacer sistema comunitario modernizado.

Parece que tiene una visión romántica de lo que debería ser una ciudad, pero no empata con la realidad, ¿qué opina sobre eso? 

—Sí, tengo una visión romántica, pero sé que es muy fácil de realizar porque soy arquitecto. Actualmente, hacemos edificios con una línea más comercial. Se puede alcanzar esa versión comunitaria con un sistema que incluya la ingeniería, arquitectura y personas. 

Quiero creer que la mayoría de la gente puede compartir esta idea romántica conmigo.  

Estuvo en la colonia Bethania, ¿qué elemento arquitectónico llamó su atención y qué lo diferencia de otros lugares del mundo que usted visitó?

—Encontré una idea muy buena con los habitantes. Ellos mismos hicieron un pequeño teatro, parque, cancha de baloncesto y una casa de descanso. Está muy bien, ¡y lo hicieron ellos mismos! 

Los habitantes pueden crear este tipo de instalaciones, así que vi la posibilidad de cómo la población misma puede hacer la ciudad del futuro. Es una posibilidad que hay que tener en mente. 

Las ideas que vienen no solo dentro de mi plano —como arquitecto—, sino a partir de otras personas juntas. Una comunicación con habitantes, gobierno y jóvenes puede generar buenas ideas para los próximos años. La conversación es lo más importante que tiene la gente porque hace posible ejecutar la idea. 

¿Cómo ha cambiado su pensamiento de la arquitectura, desde cuando era estudiante y ahora como ganador del Pritzker? 

—Es crucial la comunicación con la población y hacer propuestas que incluyan el exterior del edificio. No solo algo sobre la propia edificación. A veces, más que lo interior, las propuestas deben tener más fuerza y conciencia con el exterior.  

Ganar un Pritzker es más fácil de lo que imaginan (risas). Solo hay que pensar en conjunto con las personas de fuera.    

¿Qué consejos les daría a estudiantes de arquitectura? 

— Pensar con continuidad. Tener un seguimiento con el tiempo de antes y el nuevo, es importante. También me gustaría resaltarles la importancia de usar la mano. Si bien es cierto que pensamos con el cerebro, la creatividad viene de la mano. A veces la mano es el cerebro de los arquitectos. Los pensamientos se plasman con ella.  

Aunque la tecnología y computadoras son útiles para crear y apoyarnos en muchas cosas en nuestro trabajo, hacer uso de nuestras manos es fundamental. También es una versión romántica de ver la arquitectura.

* La entrevista se realizó originalmente en inglés. Esta versión es una traducción.

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“La población misma puede hacer la ciudad del futuro”: Riken Yamamoto, arquitecto ganador del Premio Pritzker 2024

Foto: Kevin L. Méndez.
María José Aresti y Braulio Palacios
10 de septiembre, 2024

El “último arquitecto romántico”. Así podríamos definirlo y —mejor aún— así se percibe a sí mismo. Riken Yamamoto (Pekín, 1945), último ganador del Premio Pritzker de Arquitectura—comparable a un Nobel— estuvo en Guatemala. Pasaron 50 años desde su última visita, cuando era estudiante. 

Su infancia en una vivienda tradicional machiya en Yokohama (Japón) fue pilar para apreciar desde muy niño la integración de los espacios públicos y privados. Esa misma inquietud —y una invitación expresa de alumnos de la UNIS— lo hicieron reencontrarse con recuerdos de lo que descubrió en los 70, cuando vino junto a su mentor Hiroshi Hara. 

Su arquitectura se distingue por la sensibilidad hacia el contexto local. Se enfoca en fusionar el entorno natural y social, aprovechando materiales y técnicas tradicionales. A esto se suma la participación que da a las comunidades en el proceso de diseño. 

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Foto: Kevin L. Méndez.

Desde que recibió el Premio Pritzker, ¿ha cambiado su visión de la arquitectura? 

—Sí. El trabajo del arquitecto no es solo hacer un edificio, sino también notar la actividad del interior. Es decir, fuera de la construcción. Diseñamos el edificio con el entorno exterior. Eso es un trabajo activo. 

Mis diseños son en conjunto con el entorno, y así lo propongo con el cliente. Entonces, cuando me comunicó con ellos, habló de cómo reconocer el ambiente.  

Su trabajo se enfoca en fusionar naturaleza, ser humano y arquitectura, ¿cómo hacerlo sin cambiar el entorno? 

—Es inevitable. La arquitectura cambia el entorno. Incluso un edificio o casa pequeña. Generan una relación con el exterior. Por eso, el arquitecto tiene una fuerte influencia. Incluso la pequeña arquitectura puede cambiar el entorno y sus alrededores.

Es su segunda visita a Guatemala, ¿hubo algo que le impactó? 

—Estuve aquí antes del terremoto en 1976. La ciudad ha cambiado mucho, influenciada por lo que dejó ese desastre natural. Si bien ahora es un espacio seguro, también me gustaría mencionar que la ciudad debe incluir lo comunitario. No se debe pensar solo en lo comercial. 

Después de tantos años, sigue utilizando la metodología que le enseñó Hiroshi Hara, ¿por qué? 

—Vine a Guatemala con el señor Hara, que era profesor de la Universidad de Tokio. Me uní a su investigación en todo el mundo. De ahí que sea importante para mí ver las relaciones comunitarias en el pueblo. Lo vi en Latinoamérica, Europa, África y Asia. 

Creamos ese sistema de convivencia para la investigación, antes de que existiera el pensamiento modernizado. Esto es muy útil para hacer una ciudad del futuro. Incluso como arquitectos, hacer pueblos pequeños es significativo para las ciudades. 

Dignificar a las personas, ¿eso es lo que pretende con su trabajo en asentamientos? 

—La idea básica de una ciudad es que hay muchas personas coexistiendo. El pensamiento es que se ayuden unos a otros, vivan juntos y desarrollen un sistema de comunidad, que es importante en el futuro. 

Hemos destruido muchas comunidades con el pensamiento modernizado. Lo que tenemos que hacer es cambiar el paradigma a una idea de cómo hacer sistema comunitario modernizado.

Parece que tiene una visión romántica de lo que debería ser una ciudad, pero no empata con la realidad, ¿qué opina sobre eso? 

—Sí, tengo una visión romántica, pero sé que es muy fácil de realizar porque soy arquitecto. Actualmente, hacemos edificios con una línea más comercial. Se puede alcanzar esa versión comunitaria con un sistema que incluya la ingeniería, arquitectura y personas. 

Quiero creer que la mayoría de la gente puede compartir esta idea romántica conmigo.  

Estuvo en la colonia Bethania, ¿qué elemento arquitectónico llamó su atención y qué lo diferencia de otros lugares del mundo que usted visitó?

—Encontré una idea muy buena con los habitantes. Ellos mismos hicieron un pequeño teatro, parque, cancha de baloncesto y una casa de descanso. Está muy bien, ¡y lo hicieron ellos mismos! 

Los habitantes pueden crear este tipo de instalaciones, así que vi la posibilidad de cómo la población misma puede hacer la ciudad del futuro. Es una posibilidad que hay que tener en mente. 

Las ideas que vienen no solo dentro de mi plano —como arquitecto—, sino a partir de otras personas juntas. Una comunicación con habitantes, gobierno y jóvenes puede generar buenas ideas para los próximos años. La conversación es lo más importante que tiene la gente porque hace posible ejecutar la idea. 

¿Cómo ha cambiado su pensamiento de la arquitectura, desde cuando era estudiante y ahora como ganador del Pritzker? 

—Es crucial la comunicación con la población y hacer propuestas que incluyan el exterior del edificio. No solo algo sobre la propia edificación. A veces, más que lo interior, las propuestas deben tener más fuerza y conciencia con el exterior.  

Ganar un Pritzker es más fácil de lo que imaginan (risas). Solo hay que pensar en conjunto con las personas de fuera.    

¿Qué consejos les daría a estudiantes de arquitectura? 

— Pensar con continuidad. Tener un seguimiento con el tiempo de antes y el nuevo, es importante. También me gustaría resaltarles la importancia de usar la mano. Si bien es cierto que pensamos con el cerebro, la creatividad viene de la mano. A veces la mano es el cerebro de los arquitectos. Los pensamientos se plasman con ella.  

Aunque la tecnología y computadoras son útiles para crear y apoyarnos en muchas cosas en nuestro trabajo, hacer uso de nuestras manos es fundamental. También es una versión romántica de ver la arquitectura.

* La entrevista se realizó originalmente en inglés. Esta versión es una traducción.

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