“Tenemos que pasar de cadena de valor a verdaderos círculos de valor”: Jorge Cardona
Los residuos agrícolas tienen una oportunidad más allá del vertedero. En su lugar, pueden verse como biomasa con un valor económico. Jorge Cardona, especialista en ciencia, tecnología en alimentos y profesor en la Universidad Zamorano, plantea que los desechos pueden comenzar a verse como “coproductos”, utilidades extra además la mercancía principal.
Su enfoque propone pasar de cadenas lineales a círculos de valor: aprovechar lo que queda de cada cultivo para alimentar personas, nutrir suelos, crear empaques, generar energía y abrir nuevas líneas de negocio.
Cardona sostiene que Guatemala necesita investigación aplicada, incentivos bien diseñados y más cultura de aprovechamiento para transformar desechos en ingresos, empleo formal y oportunidades productivas.
¿Cómo encontrar valor en coproductos que Guatemala todavía ve como basura?
—Tenemos que entender que todo lo que vemos es una biomasa en la que invertimos tiempo y dinero. Claro, esa biomasa ya hizo su trabajo para darnos un producto principal, pero esos residuos no dejan de tener valor.
Cada vez que veo cultivos, veo también posibles coproductos —lo que se ve como desecho, pero que puede utilizarse como un producto secundario—. La primera pregunta que me viene a la mente al ver los residuos que deja el producto principal es: ¿será que se puede usar para alimentar gente?
Si la respuesta es no, me pregunto: ¿pueden servir como empaques que protejan el alimento?
Pero también se pueden buscar coproductos que sirvan para nutrir el suelo, alimentar microorganismos para el mejor aprovechamiento de fertilizantes en el suelo o compost.
El mejor ejemplo: una banana. La cáscara de banana siempre queda al final como desecho. La pregunta es: ¿qué hacemos con él? Lo más sencillo es desecharlo. Pero hay un uso de energía y tiempo que no vemos.
Tenemos que empezar a poner claramente el valor de las cosas: el esfuerzo tiene que generar algo que dé valor y que justifique ese esfuerzo.
¿Cómo puede un productor convertir residuos agrícolas en nuevas oportunidades de valor?
—Tenemos que pasar de sistemas que son lineales a un sistema circular. Los sistemas no solo tienen entradas y salidas, sino varias interacciones que los hacen más diversos. Por eso, tenemos que pasar de cadena de valor a verdaderos círculos de valor.
Para lograrlo, primero, es un cambio de mentalidad: de generar un producto y dejar lo que sobre en el camino a “este es mi producto principal, pero genero estos otros tres con lo que sobra”.
Lo segundo es investigación aplicada. Tenemos tres coproductos. ¿Qué puedo hacer con ellos? Esa es la pregunta central de una investigación aplicada. La puedo usar para alimentación humana, salud del suelo, alimentación animal, empaques, incluso ropa.
Debemos dejar de pensar en lo que deja nuestro producto principal como desecho. Ya vendí lo que tenía que vender; ahora busco utilizar lo demás. Botar algo debería ser, primero, un dolor a nivel ambiental, pero también un dolor económico, porque estoy dejando de usar algo que posiblemente me da dinero, genera actividad económica y empleos.
¿Cómo diversificar ingresos agrícolas mediante una economía circular aplicada al agro?
—Un gran ejemplo: el café verde que ya sé que se va a exportar, en el camino dejó cáscara. Si dejo que se fermente, la voy a tener que botar, lo cual tiene un impacto ambiental nefasto. Pero si yo la seco y la tengo en harina, la puedo vender sin hacer tanta inversión.
El saber qué coproductos se pueden aprovechar va a permitir que en conjunto se puedan ejecutar hojas de ruta y recomendaciones a partir de los productos que genera. Pero también hay que entender el entorno.
No es lo mismo hablar con un productor que tiene 20 hectáreas de un cultivo bien intensificado, que con un agricultor de subsistencia. Ambos tienen oportunidad de circularidad, pero diferente.
¿Qué acciones circulares diferencian a finqueros pequeños y productores con más tierra?
—Las empresas grandes pueden hacer ciertas inversiones que les permitan acceder a oportunidades a las cuales un finquero pequeño no puede. Hay alternativas de circularidad a mayor escala, con equipos mucho más aplicados a su pertinencia cultural, a su entorno. Cuando hablo de secar café. Se puede secar café en una máquina inmensa o puedo secarlo al sol.
El principio es generar estabilidad en el coproducto que me permita tener más tiempo para poder tener otro uso, para otro cliente. Pero el punto es tomar la decisión: botar los desechos y hacerme de ojos cerrados o abordarlo, darle tratamiento y generar productos que se puedan vender.
¿Se da cuenta cómo se puede generar algo de valor de algo que, en un momento, yo ya había botado?
La decisión la toma el productor, el procesador. Ahí es donde tenemos que empezar a ver que aquí hay una oportunidad de negocio. Y, por lo tanto, un impacto positivo al ambiente y a la sociedad donde existe ese servicio de valor.
¿Qué ejemplos muestran mayores ingresos al aplicar círculos de valor?
—Hay empresas que ganan más por libra de la cáscara seca bien manejada que el café en sí, cuando el precio del café está bajo. Sé de compañías que han pasado de vender un producto a vender cuatro.
Ese mismo café se está vendiendo a USD $4 la libra. Y no va a cambiar en nada si vendo uno o vendo cuatro. Pero qué pasa si le puedo ganar USD $1.50 más a la cáscara y 50 centavos al mucílago. ¿Se da cuenta cómo pasé de ganar cuatro a ganar seis o siete? Con casi la misma operación.
Obviamente hay análisis que hacer, qué costos necesito para generar valor, pero hay que hacerlo. Yo soy de la idea de gatear antes de quedarme sentado.
¿Cómo podría Guatemala usar circularidad para generar nuevos servicios como la energía?
—El tema de la caña de azúcar es un excelente ejemplo. Lo he visto en Guatemala y en Honduras. Las cañeras están utilizando su propio bagazo de caña para generar su propia energía. Si tuviera más incentivos, le garantizo que se podría generar más energía para dejar de utilizar energía fósil cuando hay cortes de luz.
Las comunidades aledañas de algunas cañeras reciben energía más accesible, más estable, producto de la generación de ese círculo de valor.
Lo que hace Brasil, además de eso, es dinamizar aún más y usar diferentes partes de esa planta y convertirla en etanol por medio de fermentaciones. Ese etanol se puede usar para cachaza —una bebida famosa de Brasil—, pero se usa sobre todo para bioetanol, el cual es combustible.
Y así se integran los sistemas: las gasolineras tienen estaciones de bioetanol, porque hay empresas que generan carros con partes que sirven con etanol. El coproducto no es solo para el que produce caña; es el que tiene la gasolinera, el que tiene las concesionarias de vehículos. Todos trabajan en conjunto para que el coproducto sea rentable.
Se están haciendo esfuerzos, porque la industria privada sabe que el dinero se mueve. Y al ver los beneficios, van a estar interesados en innovar más: ¿cómo generar más dinero de este sistema? ¿Cómo pasar de solo azúcar de mesa a: azúcar de mesa, etanol para bebida, etanol para combustible, electricidad, entre otros?
¿Conviene incentivar o penalizar para llevar la circularidad a la práctica?
—Creo que es una mezcla de ambos. No nos gusta que nos digan cuando no hacemos algo bien, pero también trabajamos en estructuras donde sabemos que, si algo no se hace bien, hay una repercusión.
Un sistema nunca va a ser perfecto, pero tiene que tener una mezcla de incentivos y penalizaciones. Dentro, va a haber gente que va a querer movilizarse y avanzar inmediatamente. También encontraremos personas que actuarán de forma pasiva y buscarán cumplir al mínimo. Y, así, habrá quienes tendrán actitud negativa y estarán en contra.
Por lo tanto, incentivo y penalización pueden trabajar de la mano siendo muy claros en cómo hacerlo. Ahí es donde invito a que la sociedad, la empresa privada y universidades se sienten a hablar. Porque si no, podemos terminar penalizando más de lo que incentivamos o incentivando más de lo que penalizamos.
Los incentivos dependen, pero normalmente se busca algún ahorro. Hay políticas que pueden permitir menores impuestos en pro de la circularidad.
¿Cómo pueden las empresas centroamericanas abrirse paso en los mercados internacionales que cada vez buscan más la sostenibilidad?
—En primer lugar, debemos trabajar en conjunto, porque son mercados muy grandes. La unión hace la fuerza. Lo que busca el cliente es bueno, pero tiene un costo, y ese costo lo tenemos que compartir.
Puede ser muy sencillo para un cliente exigir que sus proveedores sean verdes, pero para que logremos eso, hay que hacer una inversión. No estoy diciendo que no sea posible.
Pero si hay una inversión y juntos la abordamos, tiene que llegar a un buen punto. El cliente no puede exigir todo y decir: “Quiero más con menos”.
Tenemos que partir la factura. Ahí comienzan las conversaciones incómodas: ¿qué es lo que queremos en común? Queremos resguardar el planeta y, por lo tanto, hay que definir el costo.
¿Qué guía necesita Guatemala para entrar al círculo de valor?
—Debemos empezar a cambiar comportamientos que generen cultura. En lugar de pensar en desechos, pensar en coproductos.
El tema es educar a nuestra población sobre el impacto al ambiente que se amarra a lo económico. Debemos buscar esa conciencia que lleve a los empresarios a pensar que todo puede tener valor, solo hay que encontrarlo.
Vamos a tener muchas soluciones que pueden funcionar dependiendo de las regiones. Pero hay que transmitirlas. Lo que se hizo en Zacapa puede no funcionar, pero tal vez sí en Cobán. Esa comunicación va a hacer que alguien que tiene una idea genial pueda transmitirla a distintas regiones. No podemos ser celosos de la información. Tenemos que tratar de divulgarla.
¿Puede la circularidad aumentar el empleo formal en el país?
—Yo veo la circularidad como un motor para mejorar el tema de nutrición, para mejorar la formalidad.
Todo esto trae actividad y esa actividad requiere de más gente. Nuestros países sufren de desnutrición, nuestros países sufren de falta de trabajo. Entonces, esto no viene más que a crear nuevas oportunidades para crecer, trabajar y alimentar.
“Tenemos que pasar de cadena de valor a verdaderos círculos de valor”: Jorge Cardona
Los residuos agrícolas tienen una oportunidad más allá del vertedero. En su lugar, pueden verse como biomasa con un valor económico. Jorge Cardona, especialista en ciencia, tecnología en alimentos y profesor en la Universidad Zamorano, plantea que los desechos pueden comenzar a verse como “coproductos”, utilidades extra además la mercancía principal.
Su enfoque propone pasar de cadenas lineales a círculos de valor: aprovechar lo que queda de cada cultivo para alimentar personas, nutrir suelos, crear empaques, generar energía y abrir nuevas líneas de negocio.
Cardona sostiene que Guatemala necesita investigación aplicada, incentivos bien diseñados y más cultura de aprovechamiento para transformar desechos en ingresos, empleo formal y oportunidades productivas.
¿Cómo encontrar valor en coproductos que Guatemala todavía ve como basura?
—Tenemos que entender que todo lo que vemos es una biomasa en la que invertimos tiempo y dinero. Claro, esa biomasa ya hizo su trabajo para darnos un producto principal, pero esos residuos no dejan de tener valor.
Cada vez que veo cultivos, veo también posibles coproductos —lo que se ve como desecho, pero que puede utilizarse como un producto secundario—. La primera pregunta que me viene a la mente al ver los residuos que deja el producto principal es: ¿será que se puede usar para alimentar gente?
Si la respuesta es no, me pregunto: ¿pueden servir como empaques que protejan el alimento?
Pero también se pueden buscar coproductos que sirvan para nutrir el suelo, alimentar microorganismos para el mejor aprovechamiento de fertilizantes en el suelo o compost.
El mejor ejemplo: una banana. La cáscara de banana siempre queda al final como desecho. La pregunta es: ¿qué hacemos con él? Lo más sencillo es desecharlo. Pero hay un uso de energía y tiempo que no vemos.
Tenemos que empezar a poner claramente el valor de las cosas: el esfuerzo tiene que generar algo que dé valor y que justifique ese esfuerzo.
¿Cómo puede un productor convertir residuos agrícolas en nuevas oportunidades de valor?
—Tenemos que pasar de sistemas que son lineales a un sistema circular. Los sistemas no solo tienen entradas y salidas, sino varias interacciones que los hacen más diversos. Por eso, tenemos que pasar de cadena de valor a verdaderos círculos de valor.
Para lograrlo, primero, es un cambio de mentalidad: de generar un producto y dejar lo que sobre en el camino a “este es mi producto principal, pero genero estos otros tres con lo que sobra”.
Lo segundo es investigación aplicada. Tenemos tres coproductos. ¿Qué puedo hacer con ellos? Esa es la pregunta central de una investigación aplicada. La puedo usar para alimentación humana, salud del suelo, alimentación animal, empaques, incluso ropa.
Debemos dejar de pensar en lo que deja nuestro producto principal como desecho. Ya vendí lo que tenía que vender; ahora busco utilizar lo demás. Botar algo debería ser, primero, un dolor a nivel ambiental, pero también un dolor económico, porque estoy dejando de usar algo que posiblemente me da dinero, genera actividad económica y empleos.
¿Cómo diversificar ingresos agrícolas mediante una economía circular aplicada al agro?
—Un gran ejemplo: el café verde que ya sé que se va a exportar, en el camino dejó cáscara. Si dejo que se fermente, la voy a tener que botar, lo cual tiene un impacto ambiental nefasto. Pero si yo la seco y la tengo en harina, la puedo vender sin hacer tanta inversión.
El saber qué coproductos se pueden aprovechar va a permitir que en conjunto se puedan ejecutar hojas de ruta y recomendaciones a partir de los productos que genera. Pero también hay que entender el entorno.
No es lo mismo hablar con un productor que tiene 20 hectáreas de un cultivo bien intensificado, que con un agricultor de subsistencia. Ambos tienen oportunidad de circularidad, pero diferente.
¿Qué acciones circulares diferencian a finqueros pequeños y productores con más tierra?
—Las empresas grandes pueden hacer ciertas inversiones que les permitan acceder a oportunidades a las cuales un finquero pequeño no puede. Hay alternativas de circularidad a mayor escala, con equipos mucho más aplicados a su pertinencia cultural, a su entorno. Cuando hablo de secar café. Se puede secar café en una máquina inmensa o puedo secarlo al sol.
El principio es generar estabilidad en el coproducto que me permita tener más tiempo para poder tener otro uso, para otro cliente. Pero el punto es tomar la decisión: botar los desechos y hacerme de ojos cerrados o abordarlo, darle tratamiento y generar productos que se puedan vender.
¿Se da cuenta cómo se puede generar algo de valor de algo que, en un momento, yo ya había botado?
La decisión la toma el productor, el procesador. Ahí es donde tenemos que empezar a ver que aquí hay una oportunidad de negocio. Y, por lo tanto, un impacto positivo al ambiente y a la sociedad donde existe ese servicio de valor.
¿Qué ejemplos muestran mayores ingresos al aplicar círculos de valor?
—Hay empresas que ganan más por libra de la cáscara seca bien manejada que el café en sí, cuando el precio del café está bajo. Sé de compañías que han pasado de vender un producto a vender cuatro.
Ese mismo café se está vendiendo a USD $4 la libra. Y no va a cambiar en nada si vendo uno o vendo cuatro. Pero qué pasa si le puedo ganar USD $1.50 más a la cáscara y 50 centavos al mucílago. ¿Se da cuenta cómo pasé de ganar cuatro a ganar seis o siete? Con casi la misma operación.
Obviamente hay análisis que hacer, qué costos necesito para generar valor, pero hay que hacerlo. Yo soy de la idea de gatear antes de quedarme sentado.
¿Cómo podría Guatemala usar circularidad para generar nuevos servicios como la energía?
—El tema de la caña de azúcar es un excelente ejemplo. Lo he visto en Guatemala y en Honduras. Las cañeras están utilizando su propio bagazo de caña para generar su propia energía. Si tuviera más incentivos, le garantizo que se podría generar más energía para dejar de utilizar energía fósil cuando hay cortes de luz.
Las comunidades aledañas de algunas cañeras reciben energía más accesible, más estable, producto de la generación de ese círculo de valor.
Lo que hace Brasil, además de eso, es dinamizar aún más y usar diferentes partes de esa planta y convertirla en etanol por medio de fermentaciones. Ese etanol se puede usar para cachaza —una bebida famosa de Brasil—, pero se usa sobre todo para bioetanol, el cual es combustible.
Y así se integran los sistemas: las gasolineras tienen estaciones de bioetanol, porque hay empresas que generan carros con partes que sirven con etanol. El coproducto no es solo para el que produce caña; es el que tiene la gasolinera, el que tiene las concesionarias de vehículos. Todos trabajan en conjunto para que el coproducto sea rentable.
Se están haciendo esfuerzos, porque la industria privada sabe que el dinero se mueve. Y al ver los beneficios, van a estar interesados en innovar más: ¿cómo generar más dinero de este sistema? ¿Cómo pasar de solo azúcar de mesa a: azúcar de mesa, etanol para bebida, etanol para combustible, electricidad, entre otros?
¿Conviene incentivar o penalizar para llevar la circularidad a la práctica?
—Creo que es una mezcla de ambos. No nos gusta que nos digan cuando no hacemos algo bien, pero también trabajamos en estructuras donde sabemos que, si algo no se hace bien, hay una repercusión.
Un sistema nunca va a ser perfecto, pero tiene que tener una mezcla de incentivos y penalizaciones. Dentro, va a haber gente que va a querer movilizarse y avanzar inmediatamente. También encontraremos personas que actuarán de forma pasiva y buscarán cumplir al mínimo. Y, así, habrá quienes tendrán actitud negativa y estarán en contra.
Por lo tanto, incentivo y penalización pueden trabajar de la mano siendo muy claros en cómo hacerlo. Ahí es donde invito a que la sociedad, la empresa privada y universidades se sienten a hablar. Porque si no, podemos terminar penalizando más de lo que incentivamos o incentivando más de lo que penalizamos.
Los incentivos dependen, pero normalmente se busca algún ahorro. Hay políticas que pueden permitir menores impuestos en pro de la circularidad.
¿Cómo pueden las empresas centroamericanas abrirse paso en los mercados internacionales que cada vez buscan más la sostenibilidad?
—En primer lugar, debemos trabajar en conjunto, porque son mercados muy grandes. La unión hace la fuerza. Lo que busca el cliente es bueno, pero tiene un costo, y ese costo lo tenemos que compartir.
Puede ser muy sencillo para un cliente exigir que sus proveedores sean verdes, pero para que logremos eso, hay que hacer una inversión. No estoy diciendo que no sea posible.
Pero si hay una inversión y juntos la abordamos, tiene que llegar a un buen punto. El cliente no puede exigir todo y decir: “Quiero más con menos”.
Tenemos que partir la factura. Ahí comienzan las conversaciones incómodas: ¿qué es lo que queremos en común? Queremos resguardar el planeta y, por lo tanto, hay que definir el costo.
¿Qué guía necesita Guatemala para entrar al círculo de valor?
—Debemos empezar a cambiar comportamientos que generen cultura. En lugar de pensar en desechos, pensar en coproductos.
El tema es educar a nuestra población sobre el impacto al ambiente que se amarra a lo económico. Debemos buscar esa conciencia que lleve a los empresarios a pensar que todo puede tener valor, solo hay que encontrarlo.
Vamos a tener muchas soluciones que pueden funcionar dependiendo de las regiones. Pero hay que transmitirlas. Lo que se hizo en Zacapa puede no funcionar, pero tal vez sí en Cobán. Esa comunicación va a hacer que alguien que tiene una idea genial pueda transmitirla a distintas regiones. No podemos ser celosos de la información. Tenemos que tratar de divulgarla.
¿Puede la circularidad aumentar el empleo formal en el país?
—Yo veo la circularidad como un motor para mejorar el tema de nutrición, para mejorar la formalidad.
Todo esto trae actividad y esa actividad requiere de más gente. Nuestros países sufren de desnutrición, nuestros países sufren de falta de trabajo. Entonces, esto no viene más que a crear nuevas oportunidades para crecer, trabajar y alimentar.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: