“El sector agrícola ya innova. La tecnología existe”, inicia Randi Guarcas, ingeniero y emprendedor guatemalteco. Su trabajo comenzó con una pregunta concreta: ¿cómo convertir los datos disponibles en decisiones que ayuden a un productor antes de perder una cosecha?
Durante su paso por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), como analista de datos, Guarcas encontró información que podía anticipar pérdidas, pero que no llegaba a quienes trabajaban en los cultivos. Los datos existían, pero quedaban lejos del productor.
Para el emprendedor, no bastaba con entregar estadísticas: debían convertirlas en recomendaciones útiles. Los pequeños y medianos productores enfrentan mayores dificultades, debido a su acceso limitado a financiamiento y asistencia técnica.
Esa experiencia lo llevó a cofundar Ingenicrop, una startup de tecnología agrícola que utiliza inteligencia artificial generativa para orientar decisiones productivas y emitir alertas ante riesgos climáticos.
Del laboratorio a la parcela
Guarcas comenzó con una herramienta desarrollada en el laboratorio. Cuando salió al campo, descubrió que los productores necesitaban respuestas distintas a las que había previsto.
Después de pilotos, bocetos y validaciones, entendió que no bastaba con mostrar datos aislados. La tecnología debía responder a las condiciones de cada cultivo y acompañar las decisiones del productor.
Las preguntas eran concretas: qué insumo aplicar, cuándo hacerlo y en qué cantidad. También necesitaban alertas ante lluvias intensas, sequías y otras condiciones que podían reducir el rendimiento.
“La tecnología es una ayuda adicional para asesorar de forma digital”, explica. Con IA, Ingenicrop convierte información técnica en recomendaciones que el productor puede consultar y aplicar en el campo.
Prevenir antes de perder
Guarcas comprueba la utilidad de la herramienta cuando una alerta ayuda a evitar daños o cuando una finca ordena sus datos y protege sus cultivos.
También encontró una oportunidad comercial. La tecnología puede utilizarse en monocultivos, cultivos mixtos, ganadería y sistemas forestales, pastoriles, apícolas y avícolas.
La primera versión de la aplicación de Ingenicrop se publicó en febrero de 2025. Desde entonces, Guarcas ha buscado demostrar que puede sostener un negocio mientras resuelve un problema concreto para los productores.
Ignorar una alerta puede reducir el rendimiento, elevar los costos o provocar la pérdida de una cosecha.
Las primeras validaciones
La Facultad de Agronomía de la Universidad de El Salvador fue la primera institución que abrió sus áreas productivas para probar la tecnología desarrollada por Guarcas.
Luego se sumó la Escuela Nacional Central de Agricultura (ENCA), en Guatemala, mediante un convenio para implementar Ingenicrop. Más tarde, la tecnología llegó a SCITA, un centro de innovación en Honduras.
Guarcas busca ahora acuerdos con instituciones de Panamá, Costa Rica y Colombia. Quiere ampliar el alcance de Ingenicrop sin alejarse de las necesidades que encontró durante sus visitas al campo. “Ser una startup guatemalteca que hace ruido afuera es increíble”, afirma.
El emprendedor llegó a la inteligencia artificial después de trabajar con datos que no alcanzaban al productor. Ahora busca que esa información se convierta en decisiones efectivas para los productores.
“El sector agrícola ya innova. La tecnología existe”, inicia Randi Guarcas, ingeniero y emprendedor guatemalteco. Su trabajo comenzó con una pregunta concreta: ¿cómo convertir los datos disponibles en decisiones que ayuden a un productor antes de perder una cosecha?
Durante su paso por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), como analista de datos, Guarcas encontró información que podía anticipar pérdidas, pero que no llegaba a quienes trabajaban en los cultivos. Los datos existían, pero quedaban lejos del productor.
Para el emprendedor, no bastaba con entregar estadísticas: debían convertirlas en recomendaciones útiles. Los pequeños y medianos productores enfrentan mayores dificultades, debido a su acceso limitado a financiamiento y asistencia técnica.
Esa experiencia lo llevó a cofundar Ingenicrop, una startup de tecnología agrícola que utiliza inteligencia artificial generativa para orientar decisiones productivas y emitir alertas ante riesgos climáticos.
Del laboratorio a la parcela
Guarcas comenzó con una herramienta desarrollada en el laboratorio. Cuando salió al campo, descubrió que los productores necesitaban respuestas distintas a las que había previsto.
Después de pilotos, bocetos y validaciones, entendió que no bastaba con mostrar datos aislados. La tecnología debía responder a las condiciones de cada cultivo y acompañar las decisiones del productor.
Las preguntas eran concretas: qué insumo aplicar, cuándo hacerlo y en qué cantidad. También necesitaban alertas ante lluvias intensas, sequías y otras condiciones que podían reducir el rendimiento.
“La tecnología es una ayuda adicional para asesorar de forma digital”, explica. Con IA, Ingenicrop convierte información técnica en recomendaciones que el productor puede consultar y aplicar en el campo.
Prevenir antes de perder
Guarcas comprueba la utilidad de la herramienta cuando una alerta ayuda a evitar daños o cuando una finca ordena sus datos y protege sus cultivos.
También encontró una oportunidad comercial. La tecnología puede utilizarse en monocultivos, cultivos mixtos, ganadería y sistemas forestales, pastoriles, apícolas y avícolas.
La primera versión de la aplicación de Ingenicrop se publicó en febrero de 2025. Desde entonces, Guarcas ha buscado demostrar que puede sostener un negocio mientras resuelve un problema concreto para los productores.
Ignorar una alerta puede reducir el rendimiento, elevar los costos o provocar la pérdida de una cosecha.
Las primeras validaciones
La Facultad de Agronomía de la Universidad de El Salvador fue la primera institución que abrió sus áreas productivas para probar la tecnología desarrollada por Guarcas.
Luego se sumó la Escuela Nacional Central de Agricultura (ENCA), en Guatemala, mediante un convenio para implementar Ingenicrop. Más tarde, la tecnología llegó a SCITA, un centro de innovación en Honduras.
Guarcas busca ahora acuerdos con instituciones de Panamá, Costa Rica y Colombia. Quiere ampliar el alcance de Ingenicrop sin alejarse de las necesidades que encontró durante sus visitas al campo. “Ser una startup guatemalteca que hace ruido afuera es increíble”, afirma.
El emprendedor llegó a la inteligencia artificial después de trabajar con datos que no alcanzaban al productor. Ahora busca que esa información se convierta en decisiones efectivas para los productores.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: