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María José Bazo: “El bono demográfico se convierte en criminalidad si no hay educación para los jóvenes”

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Luis Enrique González y María José Aresti
25 de abril, 2026

En el marco de los 50 años de Schneider Electric en Centroamérica, María José Bazo, cluster president de la compañía para la región, habló con República sobre el panorama económico centroamericano, las condiciones que hoy frenan la llegada de IED y el lugar que ocupa Guatemala dentro de la estrategia regional de la empresa.

Schneider Electric opera en los seis países de Centroamérica, con un hub en Costa Rica y una plantilla regional cercana a los 150 colaboradores. La compañía, presente en más de 170 países, eligió Guatemala como sede del evento que conmemora su medio siglo en la región: una apuesta deliberada por el mercado más grande de Centroamérica.

¿Qué visión tiene de cada país de la región?

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—Siempre he pensado que en Centroamérica debimos haber sido un solo país porque todos tienen cosas maravillosas. La seguridad es el tema que nos atraviesa a todos, y que los gobiernos tienen que priorizar.

Panamá mantiene un crecimiento sostenible. Tuvo una desaceleración importante después de la pandemia, porque tuvo más restricciones, pero hoy cuenta con grandes virtudes: el canal y la reactivación progresiva de la mina de cobre.

Costa Rica se ha vuelto un poco más insegura de lo que estábamos acostumbrados, pero el gobierno local ha tomado acciones que están bajando la tasa de homicidios. Se ha convertido en un hub de tecnología donde el principal producto de exportación hoy es life sciences, gracias a las zonas francas. Ya dejó de ser el café. También ingresan alrededor de 3M de turistas al año, cuando su población es de 5M.

Foto: Braulio Palacios | Edición: Diego Cabrera

Nicaragua es un país con muchas oportunidades, pero tiene bloqueos por la situación gubernamental. Ha habido una contracción del mercado. El Salvador tiene un crecimiento impresionante. La inversión del gobierno en seguridad y en atraer IED ha sido muy fuerte. El reto ahí es darse a conocer como marca, porque durante muchos años ese mercado estuvo abandonado por la inseguridad.

Honduras es uno de nuestros principales mercados. El nuevo gobierno viene con otras ideas y con la liberación del control del dólar que empezó con la administración pasada. Esperamos que atraiga de vuelta a empresas que se habían ido, sobre todo del sector textil. Guatemala es un ambiente muy loable para hacer negocios. Es, además, el mercado más grande de la región, y por eso tenemos la intención de pertenecer cada vez más a él.

¿Qué le hace falta a la región para dejar de crecer apenas al 3 o 4 %?

—Hay tres factores. El primero es la facilidad con la que se hacen los negocios. ¿Qué beneficios brinda un gobierno a una empresa como Microsoft para que venga e instale un centro de servicios? Hay que revisar todo: desde el costo de la electricidad hasta los permisos, los seguros y la tramitología.

El segundo es la seguridad. Las empresas grandes no invierten en un país inseguro, porque no pueden mandar a sus ejecutivos ni construir *shared services* en ese ambiente. Cuando me he reunido con empresas que promueven comercio exterior, como ProComer, ese es uno de los factores que más pesan.

El tercero, supremamente importante, es el nivel educativo. Si no tenemos bases sólidas desde la primaria, desde el kínder, y no edificamos una ciudadanía educada, informada, las empresas difícilmente van a invertir en nuestros países. Necesitan talento para poder operar.

Cuando esas tres cosas no convergen, hay muchas otras que las compañías evalúan, hasta el clima. En eso tenemos una ventaja: nuestro clima es estable. Pero si no mejoramos en educación, seguridad y facilitación de inversión, difícilmente avanzaremos.

¿Cómo estamos a nivel general en esos tres frentes?

—Mal. Los gobiernos locales no están haciendo lo suficiente para atraer más empresas. Si hubiera una lista de países para hacer inversiones, no apareceríamos. No somos prioridad.

El más grave de todos es el sistema educativo, y me parece que está fallando en todos los países. No es solo lo que viene del hogar: es la contratación y la formación del maestro. El profesor perdió la figura de autoridad y de respeto en el aula. En muchos casos, no tiene las capacidades para llevar la enseñanza.

En muchos países, no se permiten sistemas de evaluación docente porque los maestros están cómodos. Estamos más preocupados por intereses personales que por hacer crecer a nuestra población a nivel intelectual. Atraer inversión se vuelve más difícil si no corregimos el nivel de educación.

¿Qué puede hacer el sector privado cuando los tres desafíos dependen principalmente del sector público?

—Es muy difícil que una empresa invierta en un país antes de establecerse. Pero sí es importante que las ya instaladas aporten a los gobiernos locales y a las comunidades donde operan.

Hicimos un proyecto en Guatemala: dos clínicas de parto en una comunidad indígena a las que les instalamos un *microgrid*, un sistema de almacenamiento con paneles solares. La tasa de natalidad era bajísima porque las mujeres no podían dar a luz en la noche. Con el almacenamiento de energía, las clínicas ahora pueden atender partos nocturnos. 

Foto: Braulio Palacios | Edición: Diego Cabrera

Pero la empresa tiene que estar instalada para que ese tipo de aportes se puedan dar en un país. Los países funcionan como un producto en un supermercado. Uno compra de acuerdo a lo que ve: la etiqueta, los atributos, cómo fue producido. Ese paquete no lo arma el consumidor ni la empresa. El gobierno debe asegurarse de que la apariencia del país sea la mejor para que las empresas lo compren.

¿Estamos desaprovechando el bono demográfico?

—Nosotros tenemos una gran ventaja poblacional, pero si no tenemos un sistema educativo que forme a esos jóvenes, el bono se convierte en un problema: aumenta la criminalidad. Cuando no hay gente estudiada ni con valores, aumenta la inseguridad y no la estabilidad del país. Estamos en un punto crítico. Si no hacemos algo ya, vamos a tener problemas más grandes de inseguridad.

¿Cómo ve el rezago de la región frente a la IA?

—En Schneider Electric usamos muchas herramientas de IA. Las plantas trabajan con ella. Pero años atrás escuché algo que me quedó claro: nunca va a poder suplantar al humano. Lo vivo todos los días: con todas las herramientas que tengo, hay problemas que no se solucionan sin una persona.

Sí, habrá posiciones sustituidas, pero surgirán otras especialidades nuevas. Los seres humanos somos increíblemente complejos; una máquina difícilmente podrá unir toda la parte sensorial, intuitiva y emocional que nosotros integramos al tomar una decisión. Se acercarán, pero al 100 % no lo veo. Es una carrera, sin duda. Y en nuestra región tenemos un rezago importante.

Concluye que la región está mal. ¿Quién lo está haciendo mejor?

—Todos hacen esfuerzos aislados. Costa Rica ha hecho muy buen trabajo en turismo, en IED y en zonas francas, pero le está creciendo el tema de inseguridad, que El Salvador ya resolvió. Pareciera que se arregla una cosa y se descompensa otra.

A nivel macro, nadie es irregular. Nadie tiene un 7 u 8 % de crecimiento. Nos movemos entre el 2 y 4 %. No se pueden ver las cosas como puntuales; tiene que ser más holístico. Dicho eso, El Salvador lo está haciendo muy bien. Si volvemos a los tres puntos que mencioné, cambió radicalmente. Eso le abrió las puertas: la primera empresa que invirtió allá fue Microsoft y ahora trabaja con el gobierno en un plan sobre seguridad.

Costa Rica y Panamá también siguen buenas rutas. Nicaragua, definitivamente, es una situación compleja, un régimen distinto. Pero ninguno está tocando todos los frentes al mismo tiempo. Veo señales, no un caso integral.

¿Qué le hace falta a Guatemala específicamente?

—Creo que hay dos cosas importantes. La primera es seguir desarrollando las zonas francas y volverse un *hub* especialista en algo. Eso puede ayudar mucho. Tiene un talento increíble. Pero hay que cuidar que no se conviertan en el principal sector económico. Lo que ha hecho rico al país en términos de estabilidad es que no depende de nadie más que de ustedes mismos para hacer negocios. Esa diversificación hay que mantenerla.

La segunda es el tema de normas técnicas. El país no tiene un código para productos eléctricos que permita crecer de forma segura. Aunque sea básica, que regularice productos de calidad y asegure el patrimonio de las personas, ayudaría muchísimo al ahorro y al consumo energético.

Foto: Braulio Palacios | Edición: Diego Cabrera

 ¿Por qué Guatemala como sede de los 50 años de Schneider Electric?

—Es un hito muy importante para nosotros. Son 50 años de llevar nuestros productos a cada rincón de estos países, y escogimos Guatemala por muchas razones.

Primero, por el ambiente de negocios. Es un país de gente de palabra; realmente nunca he tenido un problema aquí en cuanto a tratos. Es un ambiente en el que queremos seguir invirtiendo y creciendo.

Tenemos un market share pequeño en este país y queremos seguir ganando participación con la estructura regional que tenemos: somos alrededor de 150 colaboradores en Centroamérica. Y algo clave: los países en los que empezamos a invertir en personal son Guatemala. 

Necesito traer más negocio para poder contratar más gente, y por eso decidimos hacer este evento aquí. Va a ser centroamericano, con expositores internacionales y todas nuestras tecnologías más innovadoras. Le estamos llamando Innovation Day.

 ¿Qué representa Schneider Electric en la región?

—Schneider Electric está en 170 países, somos alrededor de 170 000 colaboradores y nos dedicamos a la eficiencia energética. En Guatemala tenemos un negocio muy comercial y hemos apostado por este país por ser la economía más grande de Centroamérica, con el PIB más importante.

Para nosotros es fundamental ganar participación en esta región con soluciones que nuestros clientes necesitan: eficiencia energética, reducción de emisiones de carbono y sustentabilidad. Fuimos galardonados por Corporate Knights, por tercer año consecutivo, como una de las empresas más sustentables del mundo, y eso atraviesa todo lo que ofrecemos.

¿Cuál es el llamado final a Guatemala y a la región?

—Mi llamado es a que la empresa privada trabaje de la mano con los gobiernos locales y empuje una ruta hacia la electrificación sostenible y segura. Hace poco publiqué un artículo de opinión sobre por qué es tan importante la electrificación.

Si digitalizamos la electricidad, si la almacenamos, si ahorramos recursos, vamos a depender menos del petróleo. Hay muchas situaciones que pueden cambiar si la región apuesta a la digitalización eléctrica, a las normas técnicas y a un mayor nivel tecnológico.

Cada país tiene un perfil distinto y atrae un tipo distinto de inversión. No se trata de competir por toda la inversión, sino de identificar para qué somos buenos. Cuando Intel llegó a Costa Rica, las universidades, públicas y privadas, empezaron a fomentar las carreras STEM: ingeniería eléctrica, robótica, industrial. El talento humano que un país desarrolla define el tipo de inversión que puede recibir.

El gobierno tiene que definir cómo nos queremos vender como país. Y la empresa privada tiene que acompañar ese proceso desde su propio granito de arena.

Foto: Braulio Palacios | Edición: Diego Cabrera

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