Índice Kearney 2026: 507 altos directivos deciden dónde invertir en los próximos tres años
Cada año, la consultora estadounidense Kearney pregunta a directivos de corporaciones con ingresos anuales superiores a USD 500 M hacia dónde apuntarían su capital en los próximos tres años. En un entorno más nervioso, la respuesta ya no es sencilla: el capital se volvió más exigente y los países compiten por ser entendidos rápido.
Un índice que traduce cómo piensan los inversores
The 2026 Kearney FDI Confidence Index describe cómo ven el mundo quienes deciden hacia dónde va el dinero. De los 507 ejecutivos consultados en enero, un 88 % planea aumentar su IED y el 84 % considera la política industrial “extremadamente” o “muy” importante al elegir destino.
Por primera vez, las capacidades tecnológicas y de innovación se convirtieron en el criterio número uno, por encima de la estabilidad legal, regulatoria y económica. En la práctica, la inversión empezó a premiar menos el discurso y más la capacidad de ejecutar un modelo productivo claro.
Además, el índice deja una señal geográfica: Asia desplazó a Europa como la región con más mercados por primera vez en 13 años. Más que una anécdota, sugiere una reconfiguración estructural del capital en curso.
Política industrial como señal
No toda política industrial transmite confianza. El capital no premia cualquier intervención estatal, sino la que ayuda a operar mejor, planificar y anticipar con menos incertidumbre. No solo importa qué herramienta usa un gobierno, sino qué señal deja al usarla.
La infraestructura aparece como la herramienta mejor valorada (80 %). Después vienen incentivos fiscales y subsidios. En el otro extremo, aranceles, controles de exportación y reglas de contenido local generan el efecto contrario: meten fricción y dudas en cerca de un cuarto de los inversionistas.
La línea más sensible es la consistencia: 79 % dice que los cambios frecuentes en política industrial aumentan su incertidumbre. La estabilidad no es un detalle administrativo: es parte del “producto” que un país ofrece al capital.
La palabra clave es legibilidad
Más que un ranking, esto funciona como un espejo que refleja los países que lograron entrar al radar de quienes asignan capital. Ser legible no es solo tener ventajas objetivas: es que sus reglas, incentivos e instituciones se puedan leer desde afuera sin esfuerzo.
México aparece como caso cercano e instructivo: subió del puesto 25 al 19. El avance se relaciona con esfuerzos para facilitar hacer negocios, incluida la Ley Nacional para la Eliminación de Trámites Burocráticos aprobada en 2025. La lectura de fondo es que una señal institucional concreta puede mover percepción.
También hay países con condiciones reales que no aparecen. No porque “no existan”, sino porque todavía no son legibles entre directivos. Esa ausencia también comunica: “No están en nuestro radar”.
Balance: El capital habla un nuevo idioma
La lección menos obvia es simple: la inversión también busca claridad y no alcanza con tener potencial. Ganan terreno las economías que logran verse más predecibles y más fáciles de leer.
La tecnología, la infraestructura y los incentivos fiscales aparecen como instrumentos efectivos, pero solo generan ventaja sostenible si están combinados con marcos regulatorios estables. Los países que ganaron terreno este año comparten algo: decisiones deliberadas para volverse más legibles.
Entrar a la conversación de la inversión global no se hereda. Se construye, señal a señal, con cada política que el inversionista pueda leer para elegir su próximo destino.
Índice Kearney 2026: 507 altos directivos deciden dónde invertir en los próximos tres años
Cada año, la consultora estadounidense Kearney pregunta a directivos de corporaciones con ingresos anuales superiores a USD 500 M hacia dónde apuntarían su capital en los próximos tres años. En un entorno más nervioso, la respuesta ya no es sencilla: el capital se volvió más exigente y los países compiten por ser entendidos rápido.
Un índice que traduce cómo piensan los inversores
The 2026 Kearney FDI Confidence Index describe cómo ven el mundo quienes deciden hacia dónde va el dinero. De los 507 ejecutivos consultados en enero, un 88 % planea aumentar su IED y el 84 % considera la política industrial “extremadamente” o “muy” importante al elegir destino.
Por primera vez, las capacidades tecnológicas y de innovación se convirtieron en el criterio número uno, por encima de la estabilidad legal, regulatoria y económica. En la práctica, la inversión empezó a premiar menos el discurso y más la capacidad de ejecutar un modelo productivo claro.
Además, el índice deja una señal geográfica: Asia desplazó a Europa como la región con más mercados por primera vez en 13 años. Más que una anécdota, sugiere una reconfiguración estructural del capital en curso.
Política industrial como señal
No toda política industrial transmite confianza. El capital no premia cualquier intervención estatal, sino la que ayuda a operar mejor, planificar y anticipar con menos incertidumbre. No solo importa qué herramienta usa un gobierno, sino qué señal deja al usarla.
La infraestructura aparece como la herramienta mejor valorada (80 %). Después vienen incentivos fiscales y subsidios. En el otro extremo, aranceles, controles de exportación y reglas de contenido local generan el efecto contrario: meten fricción y dudas en cerca de un cuarto de los inversionistas.
La línea más sensible es la consistencia: 79 % dice que los cambios frecuentes en política industrial aumentan su incertidumbre. La estabilidad no es un detalle administrativo: es parte del “producto” que un país ofrece al capital.
La palabra clave es legibilidad
Más que un ranking, esto funciona como un espejo que refleja los países que lograron entrar al radar de quienes asignan capital. Ser legible no es solo tener ventajas objetivas: es que sus reglas, incentivos e instituciones se puedan leer desde afuera sin esfuerzo.
México aparece como caso cercano e instructivo: subió del puesto 25 al 19. El avance se relaciona con esfuerzos para facilitar hacer negocios, incluida la Ley Nacional para la Eliminación de Trámites Burocráticos aprobada en 2025. La lectura de fondo es que una señal institucional concreta puede mover percepción.
También hay países con condiciones reales que no aparecen. No porque “no existan”, sino porque todavía no son legibles entre directivos. Esa ausencia también comunica: “No están en nuestro radar”.
Balance: El capital habla un nuevo idioma
La lección menos obvia es simple: la inversión también busca claridad y no alcanza con tener potencial. Ganan terreno las economías que logran verse más predecibles y más fáciles de leer.
La tecnología, la infraestructura y los incentivos fiscales aparecen como instrumentos efectivos, pero solo generan ventaja sostenible si están combinados con marcos regulatorios estables. Los países que ganaron terreno este año comparten algo: decisiones deliberadas para volverse más legibles.
Entrar a la conversación de la inversión global no se hereda. Se construye, señal a señal, con cada política que el inversionista pueda leer para elegir su próximo destino.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: