Martín Ibarra, abogado y socio presidente de Araújo Ibarra Consultores, es una de las voces más reconocidas de Latinoamérica en materia de comercio internacional, competitividad y promoción de inversión. Con décadas de experiencia asesorando gobiernos, empresas y organismos internacionales, ha seguido de cerca las transformaciones que están redefiniendo la economía global.
En esta entrevista, analiza cómo la reorganización de las cadenas de suministro, la creciente regionalización del comercio y el fenómeno del nearshoring están abriendo una ventana de oportunidad para Latinoamérica. Además, reflexiona sobre el papel que deben desempeñar el sector privado, los gobiernos y las instituciones para aprovechar este momento, fortalecer la integración regional y convertir a la región en un destino cada vez más atractivo para la inversión extranjera.
¿Qué oportunidades de integración regional observa para los próximos años en la región del Gran Caribe y Latinoamérica?
El comercio internacional ha variado de manera drástica en los últimos ocho o diez años. Primero, por el crecimiento de China, que llevó a muchas empresas a replantearse dónde debían ubicarse sus cadenas de valor. Segundo, porque Donald Trump, durante su primer gobierno, declaró una guerra comercial a China, una dinámica que continuó durante la administración del presidente Joe Biden y que ahora, con el segundo mandato de Trump, ha vuelto a acelerarse.
Si se observan cuidadosamente las cifras de importación de Estados Unidos, el principal importador del planeta, China redujo su participación en ese mercado del 21 % al 9 %, y cada punto porcentual representa alrededor de 30 mil millones de dólares. Esto llevó a las grandes empresas que participan en el comercio internacional, responsables de cerca del 70 % del comercio mundial, a profundizar en la revisión de sus procesos de localización.
Después llegó la pandemia de COVID-19, que paralizó las cadenas globales de valor. Se detuvieron los aviones, los barcos y los puertos. Las empresas comprendieron entonces que dependían excesivamente de proveedores lejanos. De ahí surgió un fenómeno conocido como nearshoring, que ha acercado las cadenas de valor y las ha regionalizado.
En Latinoamérica, de acuerdo con cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), están llegando cerca de 78 mil millones de dólares en nuevas inversiones, especialmente a países que cuentan con acuerdos de libre comercio y que están próximos a Estados Unidos. Hay 11 países de la cuenca del Caribe, además de Colombia, con acceso preferencial al mercado estadounidense.
Como resultado, desde hace aproximadamente cuatro años, Latinoamérica se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos, superando a China. Pero este fenómeno no es exclusivo de nuestra región. El 75 % del comercio europeo es intrarregional y el 45 % del comercio asiático también lo es. Latinoamérica se sumó a esa tendencia y hoy hablamos de cadenas regionales de valor.
Esto tiene varios efectos positivos. Primero, el tiempo: estamos a dos o tres días en barco o a pocas horas de vuelo de Estados Unidos. Segundo, los aranceles: solo 20 países del mundo tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y 11 de ellos están en Latinoamérica. Tercero, el impacto ambiental, porque contamina menos transportar un producto desde una ubicación cercana que hacerlo desde 15 mil kilómetros de distancia.
La combinación de estos factores, sumada a la necesidad de diversificar proveedores, ha traído nuevas inversiones a Latinoamérica.
¿Qué papel debe desempeñar el empresariado latinoamericano en la promoción de la integración económica regional?
Hay líderes que entienden que cuando un país se conecta con las oportunidades internacionales, el país cambia. Y esto ocurre independientemente de si se trata de gobiernos de izquierda o de derecha.
Un ejemplo es China. Cuando Deng Xiaoping comprendió que era necesario atraer inversión extranjera e insertar a China en la economía global, transformó por completo el rumbo del país. A través de las zonas económicas especiales, convirtió a China en el gran campeón de la globalización. Tuve la oportunidad de participar en la primera misión relacionada con la creación de una zona económica especial en China en 1983, cuando el país aún estaba muy cerrado.
También encontramos casos como México, durante la presidencia de Enrique Peña Nieto, que profundizó su apertura económica y consolidó al país como líder regional en exportaciones. Del mismo modo, el presidente Luis Abinader, en República Dominicana, se ha convertido en un promotor activo de las exportaciones y la inversión.
Por otro lado, hay presidentes para quienes el comercio internacional y la atracción de inversiones simplemente no forman parte de sus prioridades. En contraste, Nayib Bukele trasladó la oficina de promoción de inversiones directamente al Palacio Presidencial.
Lo importante es entender que las oportunidades están llegando con fuerza a Latinoamérica. Los gobiernos no exportan; quienes exportan son los empresarios, los industriales y los prestadores de servicios. Son ellos quienes conectan a sus países con la economía global.
Por eso es fundamental que el sector privado se mantenga como un factor de continuidad mientras los gobiernos cambian. Los gobiernos pasan; el sector privado permanece.
¿Qué tan importante es fortalecer las instituciones y la certeza jurídica para atraer inversiones?
Para competir internacionalmente se necesita una combinación de tres elementos. Primero, respaldo político desde el más alto nivel de gobierno. El presidente, primer ministro, rey o jefe de Estado debe estar absolutamente comprometido con esta agenda.
Segundo, reglas claras y estables. Cuando esas condiciones no existen, la inversión se aleja. La inversión es extremadamente sensible a la incertidumbre y busca los países que ofrecen mejores condiciones de estabilidad.
China es un ejemplo interesante. En muchos casos, las condiciones vigentes al momento de una inversión quedaban congeladas durante la vida del proyecto. Eso generaba una percepción de estabilidad extraordinaria.
Y tercero, la conciencia de que se compite permanentemente. En materia de inversión, todos los países compiten entre sí. Hay que entender que la competencia es constante y que las empresas comparan condiciones antes de decidir dónde instalarse.
Muchas veces nuestros países pierden competitividad por factores operativos. ¿Cuánto tiempo toma aprobar una zona económica especial, una zona franca o un proyecto inmobiliario? ¿Cuánto tarda la emisión de una visa de trabajo? Si no existe la sensación de urgencia y de competencia, es difícil convertirse en una opción ganadora.
Por eso resulta tan relevante observar iniciativas como el Triángulo del Caribe, integrado por Panamá, Costa Rica y República Dominicana, donde los tres países trabajan para alinear estrategias y fortalecer su capacidad de atracción de inversión internacional.
¿Existen hoy mecanismos de coordinación regional suficientes o es necesario fortalecerlos?
Definitivamente, Latinoamérica está en su mejor momento. Como ya mencioné, hoy la región se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos, que sigue siendo el mayor importador del mundo.
Además, existen varias instancias de coordinación. Una de ellas es la Alianza del Pacífico, donde recientemente se han producido cambios políticos en Chile, Perú y Colombia. Yo hago parte de ese comité por Colombia y puedo decir que existen planes muy ambiciosos.
Lo importante es entender que no se trata simplemente de promover el comercio entre los países miembros. El objetivo es coordinar esfuerzos para atraer inversiones extranjeras que complementen sus economías y convertir a la Alianza del Pacífico en el mejor destino de inversión de Latinoamérica.
También está el Triángulo del Caribe, donde Panamá, Costa Rica y República Dominicana trabajan conjuntamente para mejorar procedimientos, agilizar trámites, perfeccionar estrategias de promoción y atraer inversiones ancla que generen empleo, exportaciones y desarrollo.
Recientemente tuve la oportunidad de participar como panelista en un foro de la Asociación de Agencias de Promoción de Inversiones de Latinoamérica, impulsado por la Asociación Mundial de Promoción de Inversiones. Guatemala estuvo representada por Juan Esteban Sánchez y pudimos conocer, país por país, las iniciativas que están impulsando para captar inversión.
Ahí quedó claro que muchos gobiernos, aunque no todos, están otorgando una alta prioridad a la promoción de inversiones y al desarrollo económico.
Martín Ibarra, abogado y socio presidente de Araújo Ibarra Consultores, es una de las voces más reconocidas de Latinoamérica en materia de comercio internacional, competitividad y promoción de inversión. Con décadas de experiencia asesorando gobiernos, empresas y organismos internacionales, ha seguido de cerca las transformaciones que están redefiniendo la economía global.
En esta entrevista, analiza cómo la reorganización de las cadenas de suministro, la creciente regionalización del comercio y el fenómeno del nearshoring están abriendo una ventana de oportunidad para Latinoamérica. Además, reflexiona sobre el papel que deben desempeñar el sector privado, los gobiernos y las instituciones para aprovechar este momento, fortalecer la integración regional y convertir a la región en un destino cada vez más atractivo para la inversión extranjera.
¿Qué oportunidades de integración regional observa para los próximos años en la región del Gran Caribe y Latinoamérica?
El comercio internacional ha variado de manera drástica en los últimos ocho o diez años. Primero, por el crecimiento de China, que llevó a muchas empresas a replantearse dónde debían ubicarse sus cadenas de valor. Segundo, porque Donald Trump, durante su primer gobierno, declaró una guerra comercial a China, una dinámica que continuó durante la administración del presidente Joe Biden y que ahora, con el segundo mandato de Trump, ha vuelto a acelerarse.
Si se observan cuidadosamente las cifras de importación de Estados Unidos, el principal importador del planeta, China redujo su participación en ese mercado del 21 % al 9 %, y cada punto porcentual representa alrededor de 30 mil millones de dólares. Esto llevó a las grandes empresas que participan en el comercio internacional, responsables de cerca del 70 % del comercio mundial, a profundizar en la revisión de sus procesos de localización.
Después llegó la pandemia de COVID-19, que paralizó las cadenas globales de valor. Se detuvieron los aviones, los barcos y los puertos. Las empresas comprendieron entonces que dependían excesivamente de proveedores lejanos. De ahí surgió un fenómeno conocido como nearshoring, que ha acercado las cadenas de valor y las ha regionalizado.
En Latinoamérica, de acuerdo con cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), están llegando cerca de 78 mil millones de dólares en nuevas inversiones, especialmente a países que cuentan con acuerdos de libre comercio y que están próximos a Estados Unidos. Hay 11 países de la cuenca del Caribe, además de Colombia, con acceso preferencial al mercado estadounidense.
Como resultado, desde hace aproximadamente cuatro años, Latinoamérica se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos, superando a China. Pero este fenómeno no es exclusivo de nuestra región. El 75 % del comercio europeo es intrarregional y el 45 % del comercio asiático también lo es. Latinoamérica se sumó a esa tendencia y hoy hablamos de cadenas regionales de valor.
Esto tiene varios efectos positivos. Primero, el tiempo: estamos a dos o tres días en barco o a pocas horas de vuelo de Estados Unidos. Segundo, los aranceles: solo 20 países del mundo tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y 11 de ellos están en Latinoamérica. Tercero, el impacto ambiental, porque contamina menos transportar un producto desde una ubicación cercana que hacerlo desde 15 mil kilómetros de distancia.
La combinación de estos factores, sumada a la necesidad de diversificar proveedores, ha traído nuevas inversiones a Latinoamérica.
¿Qué papel debe desempeñar el empresariado latinoamericano en la promoción de la integración económica regional?
Hay líderes que entienden que cuando un país se conecta con las oportunidades internacionales, el país cambia. Y esto ocurre independientemente de si se trata de gobiernos de izquierda o de derecha.
Un ejemplo es China. Cuando Deng Xiaoping comprendió que era necesario atraer inversión extranjera e insertar a China en la economía global, transformó por completo el rumbo del país. A través de las zonas económicas especiales, convirtió a China en el gran campeón de la globalización. Tuve la oportunidad de participar en la primera misión relacionada con la creación de una zona económica especial en China en 1983, cuando el país aún estaba muy cerrado.
También encontramos casos como México, durante la presidencia de Enrique Peña Nieto, que profundizó su apertura económica y consolidó al país como líder regional en exportaciones. Del mismo modo, el presidente Luis Abinader, en República Dominicana, se ha convertido en un promotor activo de las exportaciones y la inversión.
Por otro lado, hay presidentes para quienes el comercio internacional y la atracción de inversiones simplemente no forman parte de sus prioridades. En contraste, Nayib Bukele trasladó la oficina de promoción de inversiones directamente al Palacio Presidencial.
Lo importante es entender que las oportunidades están llegando con fuerza a Latinoamérica. Los gobiernos no exportan; quienes exportan son los empresarios, los industriales y los prestadores de servicios. Son ellos quienes conectan a sus países con la economía global.
Por eso es fundamental que el sector privado se mantenga como un factor de continuidad mientras los gobiernos cambian. Los gobiernos pasan; el sector privado permanece.
¿Qué tan importante es fortalecer las instituciones y la certeza jurídica para atraer inversiones?
Para competir internacionalmente se necesita una combinación de tres elementos. Primero, respaldo político desde el más alto nivel de gobierno. El presidente, primer ministro, rey o jefe de Estado debe estar absolutamente comprometido con esta agenda.
Segundo, reglas claras y estables. Cuando esas condiciones no existen, la inversión se aleja. La inversión es extremadamente sensible a la incertidumbre y busca los países que ofrecen mejores condiciones de estabilidad.
China es un ejemplo interesante. En muchos casos, las condiciones vigentes al momento de una inversión quedaban congeladas durante la vida del proyecto. Eso generaba una percepción de estabilidad extraordinaria.
Y tercero, la conciencia de que se compite permanentemente. En materia de inversión, todos los países compiten entre sí. Hay que entender que la competencia es constante y que las empresas comparan condiciones antes de decidir dónde instalarse.
Muchas veces nuestros países pierden competitividad por factores operativos. ¿Cuánto tiempo toma aprobar una zona económica especial, una zona franca o un proyecto inmobiliario? ¿Cuánto tarda la emisión de una visa de trabajo? Si no existe la sensación de urgencia y de competencia, es difícil convertirse en una opción ganadora.
Por eso resulta tan relevante observar iniciativas como el Triángulo del Caribe, integrado por Panamá, Costa Rica y República Dominicana, donde los tres países trabajan para alinear estrategias y fortalecer su capacidad de atracción de inversión internacional.
¿Existen hoy mecanismos de coordinación regional suficientes o es necesario fortalecerlos?
Definitivamente, Latinoamérica está en su mejor momento. Como ya mencioné, hoy la región se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos, que sigue siendo el mayor importador del mundo.
Además, existen varias instancias de coordinación. Una de ellas es la Alianza del Pacífico, donde recientemente se han producido cambios políticos en Chile, Perú y Colombia. Yo hago parte de ese comité por Colombia y puedo decir que existen planes muy ambiciosos.
Lo importante es entender que no se trata simplemente de promover el comercio entre los países miembros. El objetivo es coordinar esfuerzos para atraer inversiones extranjeras que complementen sus economías y convertir a la Alianza del Pacífico en el mejor destino de inversión de Latinoamérica.
También está el Triángulo del Caribe, donde Panamá, Costa Rica y República Dominicana trabajan conjuntamente para mejorar procedimientos, agilizar trámites, perfeccionar estrategias de promoción y atraer inversiones ancla que generen empleo, exportaciones y desarrollo.
Recientemente tuve la oportunidad de participar como panelista en un foro de la Asociación de Agencias de Promoción de Inversiones de Latinoamérica, impulsado por la Asociación Mundial de Promoción de Inversiones. Guatemala estuvo representada por Juan Esteban Sánchez y pudimos conocer, país por país, las iniciativas que están impulsando para captar inversión.
Ahí quedó claro que muchos gobiernos, aunque no todos, están otorgando una alta prioridad a la promoción de inversiones y al desarrollo económico.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: