La Inversión Extranjera Directa (IED) en construcción pegó un salto en 2025. Aun con cifras parciales, los datos superan por más de la mitad al 2024. El sector da una señal clara: la inversión llega en metros cuadrados. La pregunta es si 2026 sostiene la racha.
Por qué importa. En 2025, la IED en construcción subió USD 27.3M, frente a USD 12.3M en 2024, según Invest Guatemala. Esto demuestra que la industria es un canal físico del capital.
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Si el país quiere atraer empresas y patrimonio extranjero, necesita bodegas, infraestructura y logística. Sin eso, el asentamiento de nuevas empresas se queda en planos.
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Si Guatemala suma metros cuadrados ligados a inversión, el crecimiento se vuelve visible a nivel macroeconómico. “A más IED, más PIB”, explica Juan Esteban Sánchez, director ejecutivo de Invest Guatemala.
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Para Luis Castellanos, presidente de la Cámara Guatemalteca de la Construcción (CGC), el contexto actual abre una ventana de oportunidad relevante. Una logística vinculada al nearshoring genera demanda real.
Datos clave. El salto de 2025 viene con asterisco: más altibajos que tendencia. Castellanos advierte que la participación del sector es reducida y volátil —por debajo del 1%—, aunque los datos recientes sugieren una recuperación gradual.
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La serie lo muestra: 2020 (USD 4.9), 2021 (USD 14.8M), 2022 (USD 19.5M) y 2023 (USD 4.9M). El repunte 2024–2025 cambió el ritmo, pero todavía no prueba estabilidad.
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Como origen de los flujos destaca México, seguido por El Salvador, España, Suiza e Israel, según Invest Guatemala. La tendencia se desenvuelve en cadenas de valor compatibles con industrias que se encuentran en crecimiento.
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En paralelo, Álvaro González Ricci, presidente del BANGUAT, prevé que la construcción pase de crecer 8.3 % en 2025 a 4.7 % en 2026. Aunque desacelerará, sigue en terreno positivo si la inversión privada se sostiene.
Entre líneas. La IED no “llega”, se instala. Las industrias de autopartes, plásticos y envases sostenibles, farmacéutica, textiles e invernaderos son algunas de las que buscan concreto al tocar tierra guatemalteca.
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Sánchez proyecta un IED superior a USD 2000M para el 2026. En traducción inmobiliaria: más parques, más bodegas, más logística.
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“Nos están tocando la puerta”, asegura el director ejecutivo, quien destaca la necesidad de inversión en construcción de hospitales, colegios e institutos técnicos desde el punto de vista privado.
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Además, leyes como la de APP y la Ley de Infraestructura Vial Prioritaria podrían cerrar brechas existentes en materia de movilidad, sanitaria, educativa y comercial.
Lo que sigue. Mordor Intelligence estima que el mercado de construcción guatemalteco podría subir de USD 3400M en 2025 a USD 3700M para el 2026. La oportunidad es convertir flujos en capacidad instalada.
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Si 2026 quiere sostener el salto y diversificar orígenes, necesita tres condiciones simples: energía confiable, infraestructura que baje costos y certeza para invertir.
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Si el flujo se mantiene, la construcción se vuelve plataforma industrial. Si se corta, la inversión se diluye. La pregunta para 2026 no es si habrá obra, sino si habrá condiciones para que el capital se quede.
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“Una mayor participación de la IED permitiría potenciar un sector construcción que ya es un componente central del desarrollo urbano y la actividad económica del país”, concluye Castellanos.
La Inversión Extranjera Directa (IED) en construcción pegó un salto en 2025. Aun con cifras parciales, los datos superan por más de la mitad al 2024. El sector da una señal clara: la inversión llega en metros cuadrados. La pregunta es si 2026 sostiene la racha.
Por qué importa. En 2025, la IED en construcción subió USD 27.3M, frente a USD 12.3M en 2024, según Invest Guatemala. Esto demuestra que la industria es un canal físico del capital.
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Si el país quiere atraer empresas y patrimonio extranjero, necesita bodegas, infraestructura y logística. Sin eso, el asentamiento de nuevas empresas se queda en planos.
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Si Guatemala suma metros cuadrados ligados a inversión, el crecimiento se vuelve visible a nivel macroeconómico. “A más IED, más PIB”, explica Juan Esteban Sánchez, director ejecutivo de Invest Guatemala.
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Para Luis Castellanos, presidente de la Cámara Guatemalteca de la Construcción (CGC), el contexto actual abre una ventana de oportunidad relevante. Una logística vinculada al nearshoring genera demanda real.
Datos clave. El salto de 2025 viene con asterisco: más altibajos que tendencia. Castellanos advierte que la participación del sector es reducida y volátil —por debajo del 1%—, aunque los datos recientes sugieren una recuperación gradual.
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La serie lo muestra: 2020 (USD 4.9), 2021 (USD 14.8M), 2022 (USD 19.5M) y 2023 (USD 4.9M). El repunte 2024–2025 cambió el ritmo, pero todavía no prueba estabilidad.
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Como origen de los flujos destaca México, seguido por El Salvador, España, Suiza e Israel, según Invest Guatemala. La tendencia se desenvuelve en cadenas de valor compatibles con industrias que se encuentran en crecimiento.
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En paralelo, Álvaro González Ricci, presidente del BANGUAT, prevé que la construcción pase de crecer 8.3 % en 2025 a 4.7 % en 2026. Aunque desacelerará, sigue en terreno positivo si la inversión privada se sostiene.
Entre líneas. La IED no “llega”, se instala. Las industrias de autopartes, plásticos y envases sostenibles, farmacéutica, textiles e invernaderos son algunas de las que buscan concreto al tocar tierra guatemalteca.
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Sánchez proyecta un IED superior a USD 2000M para el 2026. En traducción inmobiliaria: más parques, más bodegas, más logística.
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“Nos están tocando la puerta”, asegura el director ejecutivo, quien destaca la necesidad de inversión en construcción de hospitales, colegios e institutos técnicos desde el punto de vista privado.
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Además, leyes como la de APP y la Ley de Infraestructura Vial Prioritaria podrían cerrar brechas existentes en materia de movilidad, sanitaria, educativa y comercial.
Lo que sigue. Mordor Intelligence estima que el mercado de construcción guatemalteco podría subir de USD 3400M en 2025 a USD 3700M para el 2026. La oportunidad es convertir flujos en capacidad instalada.
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Si 2026 quiere sostener el salto y diversificar orígenes, necesita tres condiciones simples: energía confiable, infraestructura que baje costos y certeza para invertir.
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Si el flujo se mantiene, la construcción se vuelve plataforma industrial. Si se corta, la inversión se diluye. La pregunta para 2026 no es si habrá obra, sino si habrá condiciones para que el capital se quede.
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“Una mayor participación de la IED permitiría potenciar un sector construcción que ya es un componente central del desarrollo urbano y la actividad económica del país”, concluye Castellanos.