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Inversión extranjera directa en Guatemala: estancada cerca del 1.2% del PIB

El 90 % de la IED que se da en el país es vía reinversión, una condición “usual” a nivel global.
María José Aresti
26 de febrero, 2026

La inversión extranjera directa (IED) en Guatemala está jugando por debajo del 2 % del PIB. Es un nivel persistente, pese a que en términos nominales casi se duplicó entre 2019 y 2025. La pregunta es si entra capital suficiente —y con la velocidad correcta— para cambiar capacidades, empleo y competitividad.

IED como % del PIB: indicador para competitividad

Medir la IED como porcentaje del PIB permite comparar competitividad sin que el tamaño de la economía distorsione la lectura en montos. En el promedio 2014–2023, Guatemala queda 1.54 puntos debajo de LAC (3.37 %) y 2.12 puntos debajo de DR-CAFTA (3.95 %), según la OCDE.

José Morán, market intelligence and innovation advisor de Invest Guatemala, señala que el porcentaje “se aprieta porque el PIB guatemalteco es mayor que el de vecinos. Es matemático”. Eso no lo vuelve suficiente; solo explica el cálculo.

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Jorge Benavides, investigador asociado de FUNDESA, amplía el diagnóstico: la inversión pública, privada y extranjera en conjunto “no suma el 20 % del PIB”. Para sostener y ampliar capital, el país debería acercarse a un 25 %.

Cuando ese piso no se cumple, el crecimiento tiende a depender de lo ya instalado: se renueva menos maquinaria, se amplía menos capacidad y se retrasa el salto a actividades más sofisticadas.

Reinversión vs. nueva inversión: dónde está el déficit de la IED

El 90 % de la IED que se da en el país es vía reinversión, una condición “usual” a nivel global. El déficit aparece cuando la nueva inversión —estimada entre USD 150M y USD 200M anuales— no escala para cambiar el empleo neto, nuevas capacidades y diversificación sectorial.

“La reinversión muestra confianza en retornos”, asegura Benavides. El objetivo es que las operaciones existentes crezcan y que las nuevas entren rápido, sin perderse en tiempos y costos.

Para una meta intermedia, propone una trayectoria concreta: sumar USD 250–300M por año para pasar de USD 1800M (2025) a USD 3000–3300M en los próximos cinco años.

Juan Esteban Sánchez, director ejecutivo de Invest Guatemala, destaca que la nueva inversión tiende a generar más empleos nuevos. Por eso la política debe proteger la reinversión y, a la vez, aumentar el flujo de proyectos nuevos.

Los cuellos de botella

El punto de quiebre no suele ocurrir cuando el inversionista “mira” Guatemala, sino cuando está por decidir y compara ejecución: logística, talento, tiempos, energía y riesgo operativo. Los cuellos de botella son controlables y estructurales.

Existen casos de empresas estadounidenses que exploran Guatemala por saturación en México, pero abandonan al evaluar costos logísticos y tiempos de entrega, especialmente en operaciones sensibles a eficiencia.

En talento, la brecha es inmediata: “Necesitamos 150 personas que ya sepan programación”, afirma Sánchez. Sin oferta, el proyecto se reduce, se retrasa o migra, porque el objetivo del inversionista es comprar ejecución.

Paul Boteo, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Desarrollo, ubica el “riesgo” en seguridad, certeza jurídica y resolución de conflictos: sin condiciones predecibles, incentivos fiscales aislados no compensan la incertidumbre de operar y resolver disputas.

¿Guatemala corre el riesgo de seguir cerca de 1.2% del PIB?

En la competencia regional por IED, México, Costa Rica y República Dominicana aparecen con ventaja. La discusión se resume en competitividad práctica: especializar, acelerar y ejecutar.

La respuesta no es “regalar” incentivos. Sánchez advierte que esto puede dañar el déficit fiscal. El enfoque debe ser selectivo por industria prioritaria —insumos médicos— y acompañarlo de infraestructura, talento y apoyo operativo.

Boteo proyecta una continuidad si no cambia el ecosistema. “El escenario más probable es seguir cerca de un 1.2 % en ausencia de reformas que reduzcan el riesgo operativo y mejoren la ejecución”.

La estrategia debe ser proactiva. Benavides insiste en salir a buscar proyectos en territorios específicos, con equipos que midan conversión y reduzcan tiempos, en lugar de esperar una llegada “inercial” de inversión.

Lectura recomendada: El crecimiento llega por Western Union

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Inversión extranjera directa en Guatemala: estancada cerca del 1.2% del PIB

El 90 % de la IED que se da en el país es vía reinversión, una condición “usual” a nivel global.
María José Aresti
26 de febrero, 2026

La inversión extranjera directa (IED) en Guatemala está jugando por debajo del 2 % del PIB. Es un nivel persistente, pese a que en términos nominales casi se duplicó entre 2019 y 2025. La pregunta es si entra capital suficiente —y con la velocidad correcta— para cambiar capacidades, empleo y competitividad.

IED como % del PIB: indicador para competitividad

Medir la IED como porcentaje del PIB permite comparar competitividad sin que el tamaño de la economía distorsione la lectura en montos. En el promedio 2014–2023, Guatemala queda 1.54 puntos debajo de LAC (3.37 %) y 2.12 puntos debajo de DR-CAFTA (3.95 %), según la OCDE.

José Morán, market intelligence and innovation advisor de Invest Guatemala, señala que el porcentaje “se aprieta porque el PIB guatemalteco es mayor que el de vecinos. Es matemático”. Eso no lo vuelve suficiente; solo explica el cálculo.

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Jorge Benavides, investigador asociado de FUNDESA, amplía el diagnóstico: la inversión pública, privada y extranjera en conjunto “no suma el 20 % del PIB”. Para sostener y ampliar capital, el país debería acercarse a un 25 %.

Cuando ese piso no se cumple, el crecimiento tiende a depender de lo ya instalado: se renueva menos maquinaria, se amplía menos capacidad y se retrasa el salto a actividades más sofisticadas.

Reinversión vs. nueva inversión: dónde está el déficit de la IED

El 90 % de la IED que se da en el país es vía reinversión, una condición “usual” a nivel global. El déficit aparece cuando la nueva inversión —estimada entre USD 150M y USD 200M anuales— no escala para cambiar el empleo neto, nuevas capacidades y diversificación sectorial.

“La reinversión muestra confianza en retornos”, asegura Benavides. El objetivo es que las operaciones existentes crezcan y que las nuevas entren rápido, sin perderse en tiempos y costos.

Para una meta intermedia, propone una trayectoria concreta: sumar USD 250–300M por año para pasar de USD 1800M (2025) a USD 3000–3300M en los próximos cinco años.

Juan Esteban Sánchez, director ejecutivo de Invest Guatemala, destaca que la nueva inversión tiende a generar más empleos nuevos. Por eso la política debe proteger la reinversión y, a la vez, aumentar el flujo de proyectos nuevos.

Los cuellos de botella

El punto de quiebre no suele ocurrir cuando el inversionista “mira” Guatemala, sino cuando está por decidir y compara ejecución: logística, talento, tiempos, energía y riesgo operativo. Los cuellos de botella son controlables y estructurales.

Existen casos de empresas estadounidenses que exploran Guatemala por saturación en México, pero abandonan al evaluar costos logísticos y tiempos de entrega, especialmente en operaciones sensibles a eficiencia.

En talento, la brecha es inmediata: “Necesitamos 150 personas que ya sepan programación”, afirma Sánchez. Sin oferta, el proyecto se reduce, se retrasa o migra, porque el objetivo del inversionista es comprar ejecución.

Paul Boteo, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Desarrollo, ubica el “riesgo” en seguridad, certeza jurídica y resolución de conflictos: sin condiciones predecibles, incentivos fiscales aislados no compensan la incertidumbre de operar y resolver disputas.

¿Guatemala corre el riesgo de seguir cerca de 1.2% del PIB?

En la competencia regional por IED, México, Costa Rica y República Dominicana aparecen con ventaja. La discusión se resume en competitividad práctica: especializar, acelerar y ejecutar.

La respuesta no es “regalar” incentivos. Sánchez advierte que esto puede dañar el déficit fiscal. El enfoque debe ser selectivo por industria prioritaria —insumos médicos— y acompañarlo de infraestructura, talento y apoyo operativo.

Boteo proyecta una continuidad si no cambia el ecosistema. “El escenario más probable es seguir cerca de un 1.2 % en ausencia de reformas que reduzcan el riesgo operativo y mejoren la ejecución”.

La estrategia debe ser proactiva. Benavides insiste en salir a buscar proyectos en territorios específicos, con equipos que midan conversión y reduzcan tiempos, en lugar de esperar una llegada “inercial” de inversión.

Lectura recomendada: El crecimiento llega por Western Union

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