Guatemala está en un momento favorable para financiar nuevos proyectos energéticos. El consumo sube, el mercado privado gana peso y el sistema muestra señales operativas que permiten planificar. La oportunidad es convertir demanda en contratos estables y atraer capital.
Por qué importa. La energía deja una señal económica útil: más consumo, mejor desempeño operativo y precios que facilitan la planificación. Cuando la demanda crece y el sistema responde, eleva la confianza para invertir y financiar proyectos de largo plazo.
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En el primer cuatrimestre de 2025, el país demandó 4693 GWh, un alza del 2.8 %. La demanda máxima llegó a 2204 MW, un récord y un crecimiento de un 6.7 %, según el MEM.
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Más demanda implica más necesidad de capacidad instalada y financiamiento para sostener el ritmo de la economía.
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El pago mensual convierte a la energía en un flujo predecible. Alfonso González, presidente de AGER, lo resume: “Nos pagan puntualmente todos los meses”. Esa regularidad atrae banca e inversionistas.
Visto y no visto. Durante el ZIMA Talks – 7.ª edición, actores de la industria enfatizaron que el subsector eléctrico ofrece escala, contratos robustos y flujos estables. El “Project Finance” funciona mejor en activos de vida larga y alto capital, sujetos a contratos y pólizas.
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Marco Monje, oficial de Inversiones Senior de BID Invest, explica que una estructura bien armada permite acceder a plazos más largos y mejores condiciones, y abre la puerta a refinanciar una vez que operan los proyectos.
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Desde lo legal se asegura la gobernanza y contratos. Las cláusulas prevén incumplimientos y permiten que el proyecto siga, incluso si un actor cambia. Baja el riesgo y sube la bancabilidad.
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Otro pilar son los seguros. En construcción, protegen ante retrasos y daños. En operación, cubren interrupción de negocio, incluso si el golpe está en la línea de transmisión y no en la planta. Para un país expuesto a eventos naturales, esa póliza puede inclinar la balanza del crédito.
Qué destacar. Guatemala tiene una demanda creciente, recurso abundante y repago confiable. González recordó que desde 2004, la demanda eléctrica crece más rápido que el PIB. “Todo lo que producimos se vende. No hay energía que se quede sin comprador.”
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El país cuenta con más de 170 plantas y apunta a superar 200 hacia 2027. La generación no renovable cayó un 23.1 %. La solar dio un salto: pasó de 17 a 21 plantas en operación con 196.4 MW efectivos en los primeros meses de 2025.
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En el subsector eléctrico, la inversión estimada es de más de USD 12 000M. Solo con la licitación de 1400 MW (PEG-5), se espera movilizar unos USD 2500M únicamente para generación.
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En el mercado privado, el consumo no regulado subió de 2530.38 GWh (2015) a 4306.89 GWh (2025). Esa escala sostiene contratos a largo plazo entre un desarrollador de energía renovable y un consumidor.
Lo que sigue. El mercado envía dos señales que ordenan el financiamiento: la licitación más grande de la región y un tramo privado con peso. Las licitaciones cubren cerca del 60 % de la demanda; el otro 40 % se define en contratos entre grandes usuarios, generadores y comercializadores.
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La tarea inmediata es escalar sin perder disciplina: contratos con historial, cláusulas ejecutables y estructuras que la banca pueda modelar y comparar.
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Los panelistas insistieron en que el segundo paso es blindar riesgos: pólizas sólidas en construcción y operación, para que el proyecto sobreviva a fricciones y eventos naturales.
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Con 4300 MW adicionales proyectados hacia 2040 y más renovables, hay espacio para generación, almacenamiento y redes, según el MEM.
Guatemala está en un momento favorable para financiar nuevos proyectos energéticos. El consumo sube, el mercado privado gana peso y el sistema muestra señales operativas que permiten planificar. La oportunidad es convertir demanda en contratos estables y atraer capital.
Por qué importa. La energía deja una señal económica útil: más consumo, mejor desempeño operativo y precios que facilitan la planificación. Cuando la demanda crece y el sistema responde, eleva la confianza para invertir y financiar proyectos de largo plazo.
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En el primer cuatrimestre de 2025, el país demandó 4693 GWh, un alza del 2.8 %. La demanda máxima llegó a 2204 MW, un récord y un crecimiento de un 6.7 %, según el MEM.
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Más demanda implica más necesidad de capacidad instalada y financiamiento para sostener el ritmo de la economía.
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El pago mensual convierte a la energía en un flujo predecible. Alfonso González, presidente de AGER, lo resume: “Nos pagan puntualmente todos los meses”. Esa regularidad atrae banca e inversionistas.
Visto y no visto. Durante el ZIMA Talks – 7.ª edición, actores de la industria enfatizaron que el subsector eléctrico ofrece escala, contratos robustos y flujos estables. El “Project Finance” funciona mejor en activos de vida larga y alto capital, sujetos a contratos y pólizas.
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Marco Monje, oficial de Inversiones Senior de BID Invest, explica que una estructura bien armada permite acceder a plazos más largos y mejores condiciones, y abre la puerta a refinanciar una vez que operan los proyectos.
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Desde lo legal se asegura la gobernanza y contratos. Las cláusulas prevén incumplimientos y permiten que el proyecto siga, incluso si un actor cambia. Baja el riesgo y sube la bancabilidad.
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Otro pilar son los seguros. En construcción, protegen ante retrasos y daños. En operación, cubren interrupción de negocio, incluso si el golpe está en la línea de transmisión y no en la planta. Para un país expuesto a eventos naturales, esa póliza puede inclinar la balanza del crédito.
Qué destacar. Guatemala tiene una demanda creciente, recurso abundante y repago confiable. González recordó que desde 2004, la demanda eléctrica crece más rápido que el PIB. “Todo lo que producimos se vende. No hay energía que se quede sin comprador.”
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El país cuenta con más de 170 plantas y apunta a superar 200 hacia 2027. La generación no renovable cayó un 23.1 %. La solar dio un salto: pasó de 17 a 21 plantas en operación con 196.4 MW efectivos en los primeros meses de 2025.
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En el subsector eléctrico, la inversión estimada es de más de USD 12 000M. Solo con la licitación de 1400 MW (PEG-5), se espera movilizar unos USD 2500M únicamente para generación.
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En el mercado privado, el consumo no regulado subió de 2530.38 GWh (2015) a 4306.89 GWh (2025). Esa escala sostiene contratos a largo plazo entre un desarrollador de energía renovable y un consumidor.
Lo que sigue. El mercado envía dos señales que ordenan el financiamiento: la licitación más grande de la región y un tramo privado con peso. Las licitaciones cubren cerca del 60 % de la demanda; el otro 40 % se define en contratos entre grandes usuarios, generadores y comercializadores.
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La tarea inmediata es escalar sin perder disciplina: contratos con historial, cláusulas ejecutables y estructuras que la banca pueda modelar y comparar.
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Los panelistas insistieron en que el segundo paso es blindar riesgos: pólizas sólidas en construcción y operación, para que el proyecto sobreviva a fricciones y eventos naturales.
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Con 4300 MW adicionales proyectados hacia 2040 y más renovables, hay espacio para generación, almacenamiento y redes, según el MEM.