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El PIB salvadoreño corre y la IED tropieza

.
María José Aresti
11 de julio, 2026

El Salvador abrió 2026 con una cifra que cambia la conversación económica: 4.8 % de crecimiento en el primer trimestre, más del doble del promedio de los primeros trimestres de los últimos 17 años. El avance fue amplio, con 17 de 19 sectores en positivo. Pero el dato convive con la alerta de que la IED neta cayó un 40.4 %. 

Qué destacar. El dato no describe un rebote aislado. El PIB alcanzó USD 9261.8M, son USD 604.7M más que un año antes, y los sectores en expansión representaron el 80.3 % de la economía. Esa amplitud describe una economía más activa, no solo un sector ganador.

  • La construcción encabezó el crecimiento con un 13.5 %, seguida por minas y canteras, transporte y hoteles y restaurantes. La secuencia revela un impulso conectado con obra, movilidad, servicios y gasto privado.

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  • El Banco Central de Reserva de El Salvador atribuyó el avance a factores internos: inversión pública y privada, proyectos estratégicos, ingresos familiares y logística. El Estado funcionó como ejecutor de obra, pero el sector privado como motor operativo.

  • Con todo, el matiz está en la composición: crecer con construcción y turismo puede dejar infraestructura, empleo y empresas; crecer solo por consumo puede agotarse cuando bajan visitas, remesas o gasto público.

Sí, pero. La otra cara aparece en la inversión extranjera directa (IED) neta. Mientras el PIB aceleró, la IED neta cayó un 40.4 % entre enero y marzo, hasta USD 217.96M. La cifra no invalida el crecimiento, pero obliga a separar dinamismo interno de atracción de capital nuevo. 

  • La caída fue de USD 148.28M frente al primer trimestre de 2025. Diario El Mundo, con datos del BCR, recordó que la IED neta ya había retrocedido un 37.1 % en 2025.

  • La manufactura concentró el 51.8 % de la IED neta (USD 112.95M). En cambio, transporte, finanzas y agropecuario tuvieron saldos negativos, una señal de que la inversión no avanzó pareja por sectores.

  • La lectura oficial fue que el retroceso no respondía a fuga de capitales, sino a mayor salida de utilidades. Aun así, para una economía que busca escalar, la entrada de capital productivo sigue siendo clave.

Punto de fricción. El choque entre crecimiento alto e IED menor abre la pregunta central: ¿qué parte del avance deja capacidad instalada? La construcción puede multiplicar empleo y demanda de insumos; el turismo mueve servicios; las remesas sostienen consumo. Pero no todos esos motores elevan la productividad con la misma intensidad.

  • Carlos Acevedo, economista y expresidente del BCR, dijo en Diálogo 21 que las proyecciones anuales rondan “entre 3 y 3.5 %”. El primer trimestre, entonces, arrancó por encima del escenario esperado.

  • Acevedo también defendió que la construcción genera un “efecto multiplicador importante”. Su argumento apunta a empleos directos, compra de materiales, servicios profesionales y demanda para proveedores locales vinculados.

  • El problema no está en crecer por obra o visitas, sino en depender demasiado de motores sensibles al ciclo. Ese empuje debe convertirse en inversión privada, formalidad y exportaciones.

Ahora qué. El Salvador entra al resto de 2026 con una narrativa más favorable que en años anteriores, pero también con una medición más exigente. Ya no basta con mostrar expansión trimestral: el país tendrá que demostrar que el crecimiento atrae capital, amplía empleo formal y mejora logística.

  • Si los proyectos públicos y privados reducen costos de traslado, mejoran puertos, conectan aeropuertos y facilitan comercio, el 4.8 % puede ser más que un buen trimestre estadístico.

  • Si el consumo por remesas y turismo pesa más que la inversión productiva, el crecimiento puede perder fuerza. La caída de la IED mantiene abierta esa duda para empresas e inversionistas.

  • El dato, por ahora, deja una economía con más movimiento y una pregunta de fondo: si El Salvador está construyendo capacidad productiva o solo administrando un buen trimestre estadístico.

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El PIB salvadoreño corre y la IED tropieza

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María José Aresti
11 de julio, 2026

El Salvador abrió 2026 con una cifra que cambia la conversación económica: 4.8 % de crecimiento en el primer trimestre, más del doble del promedio de los primeros trimestres de los últimos 17 años. El avance fue amplio, con 17 de 19 sectores en positivo. Pero el dato convive con la alerta de que la IED neta cayó un 40.4 %. 

Qué destacar. El dato no describe un rebote aislado. El PIB alcanzó USD 9261.8M, son USD 604.7M más que un año antes, y los sectores en expansión representaron el 80.3 % de la economía. Esa amplitud describe una economía más activa, no solo un sector ganador.

  • La construcción encabezó el crecimiento con un 13.5 %, seguida por minas y canteras, transporte y hoteles y restaurantes. La secuencia revela un impulso conectado con obra, movilidad, servicios y gasto privado.

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  • El Banco Central de Reserva de El Salvador atribuyó el avance a factores internos: inversión pública y privada, proyectos estratégicos, ingresos familiares y logística. El Estado funcionó como ejecutor de obra, pero el sector privado como motor operativo.

  • Con todo, el matiz está en la composición: crecer con construcción y turismo puede dejar infraestructura, empleo y empresas; crecer solo por consumo puede agotarse cuando bajan visitas, remesas o gasto público.

Sí, pero. La otra cara aparece en la inversión extranjera directa (IED) neta. Mientras el PIB aceleró, la IED neta cayó un 40.4 % entre enero y marzo, hasta USD 217.96M. La cifra no invalida el crecimiento, pero obliga a separar dinamismo interno de atracción de capital nuevo. 

  • La caída fue de USD 148.28M frente al primer trimestre de 2025. Diario El Mundo, con datos del BCR, recordó que la IED neta ya había retrocedido un 37.1 % en 2025.

  • La manufactura concentró el 51.8 % de la IED neta (USD 112.95M). En cambio, transporte, finanzas y agropecuario tuvieron saldos negativos, una señal de que la inversión no avanzó pareja por sectores.

  • La lectura oficial fue que el retroceso no respondía a fuga de capitales, sino a mayor salida de utilidades. Aun así, para una economía que busca escalar, la entrada de capital productivo sigue siendo clave.

Punto de fricción. El choque entre crecimiento alto e IED menor abre la pregunta central: ¿qué parte del avance deja capacidad instalada? La construcción puede multiplicar empleo y demanda de insumos; el turismo mueve servicios; las remesas sostienen consumo. Pero no todos esos motores elevan la productividad con la misma intensidad.

  • Carlos Acevedo, economista y expresidente del BCR, dijo en Diálogo 21 que las proyecciones anuales rondan “entre 3 y 3.5 %”. El primer trimestre, entonces, arrancó por encima del escenario esperado.

  • Acevedo también defendió que la construcción genera un “efecto multiplicador importante”. Su argumento apunta a empleos directos, compra de materiales, servicios profesionales y demanda para proveedores locales vinculados.

  • El problema no está en crecer por obra o visitas, sino en depender demasiado de motores sensibles al ciclo. Ese empuje debe convertirse en inversión privada, formalidad y exportaciones.

Ahora qué. El Salvador entra al resto de 2026 con una narrativa más favorable que en años anteriores, pero también con una medición más exigente. Ya no basta con mostrar expansión trimestral: el país tendrá que demostrar que el crecimiento atrae capital, amplía empleo formal y mejora logística.

  • Si los proyectos públicos y privados reducen costos de traslado, mejoran puertos, conectan aeropuertos y facilitan comercio, el 4.8 % puede ser más que un buen trimestre estadístico.

  • Si el consumo por remesas y turismo pesa más que la inversión productiva, el crecimiento puede perder fuerza. La caída de la IED mantiene abierta esa duda para empresas e inversionistas.

  • El dato, por ahora, deja una economía con más movimiento y una pregunta de fondo: si El Salvador está construyendo capacidad productiva o solo administrando un buen trimestre estadístico.

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