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Crédito con Wi-Fi: el filtro silencioso

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María José Aresti
22 de enero, 2026

Guatemala está levantando una frontera silenciosa en el crédito: no de papel, sino de señal. El hogar con smartphone e internet residencial tiene más probabilidades de entrar al circuito formal, según ENCOVI 2023 y un análisis de BANGUAT.

Cómo funciona. La conectividad doméstica no solo abre apps: vuelve la vivienda más “legible” para el sistema. Facilita contacto, envío de documentos y trazabilidad de pagos. En la práctica, baja el costo de verificar, atender y cobrar. Esto inclina decisiones de crédito.

  • Un perfil con celular inteligente e internet residencial se asocia con mayor expectativa de préstamo total. El efecto se mantiene incluso al controlar por edad, educación e ingreso laboral.

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  • En crédito formal, el patrón se repite: el domicilio conectado tiene más probabilidades en bancos, cooperativas o tarjetas.

  • También cambia la psicología de acceso: con conectividad desaparece la respuesta “no pido porque no me dan”, explica el BANGUAT en su edición 89 de Banca Central.

Entre líneas. La brecha digital no viaja sola: se añade a ingreso, educación y ruralidad. El crédito formal tiende a concentrarse donde el hogar es medible y cobrable; lo digital opera como atajo para demostrar estabilidad, no como lujo.

  • El estudio encuentra mayor probabilidad de préstamo en cabezas de familia de 30 a 64 años. En edades extremas, el sistema lee más volatilidad y menos historial.

  • La educación juega un papel importante. Un título a partir de diversificado, en adelante, sube la inclusión, no por el diploma, sino por la inserción laboral y la documentación que suele traer consigo.

  • En pobreza extrema o ruralidad, donde la conectividad cae, el crédito formal se encarece y el no formal gana espacio con tasas más altas.

Ecos regionales. Lo de Guatemala encaja en una tendencia: en Latinoamérica y el Caribe, el salto reciente de inclusión viene por rieles móviles que suelen convivir con la banca tradicional. Ya no se debate si lo digital existe, sino quién queda fuera de esa capa.

  • En LAC, el 37 % de adultos tenía cuenta de dinero móvil en 2024, versus 22 en 2021. La infraestructura financiera móvil creció rápido, y con ella el rastro transaccional.

  • El Banco Mundial subraya que lo móvil suele usarse “en combinación” con cuentas bancarias. No reemplaza al banco: lo conecta con la vida diaria, pagos y flujo de información.

  • Se refuerza la tesis: la inclusión moderna no depende solo de “productos”, sino de canales. Estos vuelven al cliente verificable y a la entidad más eficiente para servirlo.

Balance. El hallazgo es claro: la inclusión bancaria ya no se define solo por “tener cuenta”, sino por ser evaluable. Smartphone e internet residencial funcionan como atajo de verificabilidad.

  • En la medida en que el sistema pueda verificar y dar seguimiento con menor costo, el crédito se asigna con más eficiencia.

  • El siguiente paso es convertir conectividad en acceso real con productos y procesos que funcionen con evidencia ligera y acumulativa para incorporar al cliente hacia crédito formal.

  • Guatemala debe habilitar infraestructura y certezas —identidad, conectividad, competencia y contratos ejecutables—. Y, sobre todo, ha de medir el embudo. Separar demanda (quién intenta) de oferta (quién aprueba) para ubicar con precisión dónde se rompe la inclusión.

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Guatemala está levantando una frontera silenciosa en el crédito: no de papel, sino de señal. El hogar con smartphone e internet residencial tiene más probabilidades de entrar al circuito formal, según ENCOVI 2023 y un análisis de BANGUAT.

Cómo funciona. La conectividad doméstica no solo abre apps: vuelve la vivienda más “legible” para el sistema. Facilita contacto, envío de documentos y trazabilidad de pagos. En la práctica, baja el costo de verificar, atender y cobrar. Esto inclina decisiones de crédito.

  • Un perfil con celular inteligente e internet residencial se asocia con mayor expectativa de préstamo total. El efecto se mantiene incluso al controlar por edad, educación e ingreso laboral.

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  • En crédito formal, el patrón se repite: el domicilio conectado tiene más probabilidades en bancos, cooperativas o tarjetas.

  • También cambia la psicología de acceso: con conectividad desaparece la respuesta “no pido porque no me dan”, explica el BANGUAT en su edición 89 de Banca Central.

Entre líneas. La brecha digital no viaja sola: se añade a ingreso, educación y ruralidad. El crédito formal tiende a concentrarse donde el hogar es medible y cobrable; lo digital opera como atajo para demostrar estabilidad, no como lujo.

  • El estudio encuentra mayor probabilidad de préstamo en cabezas de familia de 30 a 64 años. En edades extremas, el sistema lee más volatilidad y menos historial.

  • La educación juega un papel importante. Un título a partir de diversificado, en adelante, sube la inclusión, no por el diploma, sino por la inserción laboral y la documentación que suele traer consigo.

  • En pobreza extrema o ruralidad, donde la conectividad cae, el crédito formal se encarece y el no formal gana espacio con tasas más altas.

Ecos regionales. Lo de Guatemala encaja en una tendencia: en Latinoamérica y el Caribe, el salto reciente de inclusión viene por rieles móviles que suelen convivir con la banca tradicional. Ya no se debate si lo digital existe, sino quién queda fuera de esa capa.

  • En LAC, el 37 % de adultos tenía cuenta de dinero móvil en 2024, versus 22 en 2021. La infraestructura financiera móvil creció rápido, y con ella el rastro transaccional.

  • El Banco Mundial subraya que lo móvil suele usarse “en combinación” con cuentas bancarias. No reemplaza al banco: lo conecta con la vida diaria, pagos y flujo de información.

  • Se refuerza la tesis: la inclusión moderna no depende solo de “productos”, sino de canales. Estos vuelven al cliente verificable y a la entidad más eficiente para servirlo.

Balance. El hallazgo es claro: la inclusión bancaria ya no se define solo por “tener cuenta”, sino por ser evaluable. Smartphone e internet residencial funcionan como atajo de verificabilidad.

  • En la medida en que el sistema pueda verificar y dar seguimiento con menor costo, el crédito se asigna con más eficiencia.

  • El siguiente paso es convertir conectividad en acceso real con productos y procesos que funcionen con evidencia ligera y acumulativa para incorporar al cliente hacia crédito formal.

  • Guatemala debe habilitar infraestructura y certezas —identidad, conectividad, competencia y contratos ejecutables—. Y, sobre todo, ha de medir el embudo. Separar demanda (quién intenta) de oferta (quién aprueba) para ubicar con precisión dónde se rompe la inclusión.

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