El crecimiento de Bazzar Fabrics ha logrado escalar a partir de una oportunidad poco desarrollada: la personalización integral en telas y muebles. Esto es notable en un mercado como el guatemalteco, donde la oferta de decoración y mobiliario históricamente se ha dividido entre opciones costosas o soluciones estandarizadas.
Detrás del proyecto está Rocío de Jweiles, administradora de empresas con maestría en finanzas, madre de dos hijos y entusiasta del diseño. Su entrada al mundo textil no fue inmediata ni planificada como negocio propio. Durante años acompañó a su esposo en viajes relacionados con textiles, experiencia que le permitió conocer el sector desde dentro. Con el tiempo, ese contacto despertó un interés distinto: no por las telas tradicionales del mercado, sino por aquellas que ella misma usaría para decorar su casa.
Ese cambio de mirada marcó el principio del emprendimiento. Jweiles decidió comenzar a traer telas en pequeñas cantidades. Para exhibirlas, utilizó muebles como simples muestrarios, una solución operativa básica que respondía más a la necesidad que a una estrategia definida. Sin embargo, el comportamiento del mercado fue clave: los clientes no solo se interesaban en las telas, sino que empezaron a pedir los muebles expuestos. A partir de esa demanda espontánea, identificó una oportunidad que hasta ese momento no existía formalmente en el país: combinar tela y mobiliario en un solo proceso de decisión.
Así nació Bazzar Fabrics, en sus inicios como una pequeña empresa enfocada en telas, que con el tiempo evolucionó hacia un modelo de servicio personalizado. Hoy cuenta con dos ubicaciones físicas, en zona 10 y Cayalá, y ha transformado su propuesta en un design studio que permite a los clientes definir sus muebles en tres pasos: diseño, tela y acabado. El concepto simplifica decisiones, pero implica una operación más compleja y mayores responsabilidades en tiempos, calidad y coordinación.
El crecimiento no ha estado exento de retos. Jweiles reconoce que competir en un mercado exigente ha requerido diversificar productos, ajustar procesos y aprender a escalar sin perder control. La empresa dejó de ser solo una tienda de telas para integrar alfombras, accesorios, iluminación y un pequeño taller propio donde se confeccionan cojines, duvet covers, manteles y servilletas. Esta ampliación respondió a la demanda, pero también implicó decisiones operativas y financieras.
Uno de los pilares del modelo es el trabajo con artesanos, responsables de la fabricación de muebles exteriores. La empresa ofrece distintos estilos y tamaños, con entregas promedio de tres semanas, aunque los diseños personalizados requieren plazos más largos. Este esquema permite flexibilidad creativa, pero exige coordinación constante y manejo de expectativas del cliente.
Según Jweiles, el objetivo ha sido ofrecer un servicio completo, donde el cliente elige y no debe preocuparse por procesos posteriores como confección o armado. Con todo, ese modelo integral también incrementa la carga de gestión.
A nivel personal, el camino empresarial ha implicado desafíos adicionales. Encontrar equilibrio entre la vida familiar y profesional ha sido uno de los aprendizajes más complejos. La expansión del negocio ha requerido ajustes constantes. En ese proceso el apoyo familiar ha sido clave: sus hijos participan activamente en la tienda, integrando el emprendimiento a la dinámica familiar.
Bazzar Fabrics no nació como un proyecto de gran escala ni con una estrategia cerrada. Su evolución refleja decisiones tomadas sobre la marcha, errores, correcciones y una lectura constante del mercado que la llevaron a escalar un emprendimiento desde un nicho prácticamente inexistente en Guatemala.
El crecimiento de Bazzar Fabrics ha logrado escalar a partir de una oportunidad poco desarrollada: la personalización integral en telas y muebles. Esto es notable en un mercado como el guatemalteco, donde la oferta de decoración y mobiliario históricamente se ha dividido entre opciones costosas o soluciones estandarizadas.
Detrás del proyecto está Rocío de Jweiles, administradora de empresas con maestría en finanzas, madre de dos hijos y entusiasta del diseño. Su entrada al mundo textil no fue inmediata ni planificada como negocio propio. Durante años acompañó a su esposo en viajes relacionados con textiles, experiencia que le permitió conocer el sector desde dentro. Con el tiempo, ese contacto despertó un interés distinto: no por las telas tradicionales del mercado, sino por aquellas que ella misma usaría para decorar su casa.
Ese cambio de mirada marcó el principio del emprendimiento. Jweiles decidió comenzar a traer telas en pequeñas cantidades. Para exhibirlas, utilizó muebles como simples muestrarios, una solución operativa básica que respondía más a la necesidad que a una estrategia definida. Sin embargo, el comportamiento del mercado fue clave: los clientes no solo se interesaban en las telas, sino que empezaron a pedir los muebles expuestos. A partir de esa demanda espontánea, identificó una oportunidad que hasta ese momento no existía formalmente en el país: combinar tela y mobiliario en un solo proceso de decisión.
Así nació Bazzar Fabrics, en sus inicios como una pequeña empresa enfocada en telas, que con el tiempo evolucionó hacia un modelo de servicio personalizado. Hoy cuenta con dos ubicaciones físicas, en zona 10 y Cayalá, y ha transformado su propuesta en un design studio que permite a los clientes definir sus muebles en tres pasos: diseño, tela y acabado. El concepto simplifica decisiones, pero implica una operación más compleja y mayores responsabilidades en tiempos, calidad y coordinación.
El crecimiento no ha estado exento de retos. Jweiles reconoce que competir en un mercado exigente ha requerido diversificar productos, ajustar procesos y aprender a escalar sin perder control. La empresa dejó de ser solo una tienda de telas para integrar alfombras, accesorios, iluminación y un pequeño taller propio donde se confeccionan cojines, duvet covers, manteles y servilletas. Esta ampliación respondió a la demanda, pero también implicó decisiones operativas y financieras.
Uno de los pilares del modelo es el trabajo con artesanos, responsables de la fabricación de muebles exteriores. La empresa ofrece distintos estilos y tamaños, con entregas promedio de tres semanas, aunque los diseños personalizados requieren plazos más largos. Este esquema permite flexibilidad creativa, pero exige coordinación constante y manejo de expectativas del cliente.
Según Jweiles, el objetivo ha sido ofrecer un servicio completo, donde el cliente elige y no debe preocuparse por procesos posteriores como confección o armado. Con todo, ese modelo integral también incrementa la carga de gestión.
A nivel personal, el camino empresarial ha implicado desafíos adicionales. Encontrar equilibrio entre la vida familiar y profesional ha sido uno de los aprendizajes más complejos. La expansión del negocio ha requerido ajustes constantes. En ese proceso el apoyo familiar ha sido clave: sus hijos participan activamente en la tienda, integrando el emprendimiento a la dinámica familiar.
Bazzar Fabrics no nació como un proyecto de gran escala ni con una estrategia cerrada. Su evolución refleja decisiones tomadas sobre la marcha, errores, correcciones y una lectura constante del mercado que la llevaron a escalar un emprendimiento desde un nicho prácticamente inexistente en Guatemala.