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Costa Rica y el Mundial 2026: el impacto económico de quedarse fuera

La eliminación de Costa Rica del Mundial 2026 tiene un efecto económico en turismo, comercio y patrocinio.
María José Aresti
25 de abril, 2026

La ausencia de Costa Rica en el Mundial 2026 expuso el tamaño económico de una clasificación. El país no perdió solo una plaza: perdió negociosatención global e impulso comercial en uno de los eventos más rentables del planeta. El caso obliga a leer el fútbol como activo económico, no solo como espectáculo.

Un torneo que activa consumo, pauta y temporadas extraordinarias

El golpe alcanzó un mecanismo de consumo que se activa con el torneo: comerciosanunciantesmedios y marcas que aprovechan una temporada extraordinaria de ventas, pauta y visibilidad.

La Universidad Nacional de Costa Rica estima una pérdida total de entre USD 50M y USD 70M. El cálculo incluye comercio, publicidad, medios, turismo, marca país e ingresos directos de la Federación Costarricense de Fútbol. El efecto también pasa por el ánimo del consumidor.

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“Cuando uno está feliz, compra más”, explica el economista Víctor Umaña. El torneo cambia disposición de gasto, promociones y decisiones de compra.

NIQ registró durante Catar 2022 un aumento del 9 % en ventas de bebidas, snacks, licores y galletas en Costa Rica, incluso por encima de México, Brasil y Argentina.

La producción y el empleo también se mueven con el fútbol

Umaña lleva el análisis más allá del dato inmediato: no clasificar genera un efecto en cadena. Con base en la Matriz Insumo-Producto 2022 del Banco Central de Costa Rica, el golpe arrastra proveedores, servicios y actividades relacionadas.

Su escenario parte de un choque conservador de USD 100M en hoteles, restaurantes, bares, comercio, transporte, agencias de viaje, entretenimiento y medios. Desde ahí estima un impacto total de USD 143M en producción.

El mismo ejercicio calcula cerca de 3100 empleos afectados. No se trata solo de cuánto deja de vender un negocio, sino cuánto deja de moverse entre energía, logística, telecomunicaciones y servicios asociados.

Umaña insiste en que el fútbol debe leerse como una industria transversal: conecta gasto directo, empleo, proveedores y consumo inducido. No funciona como un pasatiempo aislado de la economía real.

La vitrina que no se reemplaza: exposición global y marca país

La otra pérdida es estratégica: el Mundial como vitrina. Costa Rica dejó pasar una plataforma global difícil de replicar con una campaña tradicional, justo en Norteamérica, donde están sus principales socios comerciales, turísticos y de inversión.

El Mundial 2026 tendrá una audiencia global estimada en 5000M de personas. Umaña sostiene que ninguna campaña del Instituto Costarricense de Turismo o de PROCOMER puede igualar esa escala.

Su cálculo sobre valor equivalente de exposición ronda los USD 50M solo por aparecer en esa conversación global.

“Costa Rica se va a quedar sin verse”, señala el economista.

El antecedente de Brasil 2014 refuerza esa lectura. El buen desempeño de los ticos elevó interés internacional, turismo y valor de sus jugadores. Incluso Google Trends registró un pico de búsquedas sobre el país.

Patrocinios, premios y el límite del impacto macro

El riesgo es que el fracaso enfríe la disposición de patrocinadores y socios comerciales a seguir invirtiendo en el fútbol costarricense, con un impacto en rubros asociados, según Umaña.

En lo inmediato, la Federación dejará de percibir entre USD 9M y USD 12M en premios FIFA. Se suman USD 2M para preparación, entre USD 2M y USD 4M por derechos televisivos y cerca de USD 2M en mercadeo. Sin clasificación, cae el incentivo para pautar, lanzar promociones, renovar televisores o capitalizar la atención colectiva.

“Este año lanzaron la camisola mundialista. No creo que se vaya a vender”, agrega.

Aun con esos escenarios, expertos advierten que el efecto será limitado. El analista financiero Daniel Suchar dijo a La República (CR) que, para países no sede, el impacto macro es mínimo. El golpe pesa más en lo simbólico y en industrias ligadas al fútbol.

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Costa Rica y el Mundial 2026: el impacto económico de quedarse fuera

La eliminación de Costa Rica del Mundial 2026 tiene un efecto económico en turismo, comercio y patrocinio.
María José Aresti
25 de abril, 2026

La ausencia de Costa Rica en el Mundial 2026 expuso el tamaño económico de una clasificación. El país no perdió solo una plaza: perdió negociosatención global e impulso comercial en uno de los eventos más rentables del planeta. El caso obliga a leer el fútbol como activo económico, no solo como espectáculo.

Un torneo que activa consumo, pauta y temporadas extraordinarias

El golpe alcanzó un mecanismo de consumo que se activa con el torneo: comerciosanunciantesmedios y marcas que aprovechan una temporada extraordinaria de ventas, pauta y visibilidad.

La Universidad Nacional de Costa Rica estima una pérdida total de entre USD 50M y USD 70M. El cálculo incluye comercio, publicidad, medios, turismo, marca país e ingresos directos de la Federación Costarricense de Fútbol. El efecto también pasa por el ánimo del consumidor.

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“Cuando uno está feliz, compra más”, explica el economista Víctor Umaña. El torneo cambia disposición de gasto, promociones y decisiones de compra.

NIQ registró durante Catar 2022 un aumento del 9 % en ventas de bebidas, snacks, licores y galletas en Costa Rica, incluso por encima de México, Brasil y Argentina.

La producción y el empleo también se mueven con el fútbol

Umaña lleva el análisis más allá del dato inmediato: no clasificar genera un efecto en cadena. Con base en la Matriz Insumo-Producto 2022 del Banco Central de Costa Rica, el golpe arrastra proveedores, servicios y actividades relacionadas.

Su escenario parte de un choque conservador de USD 100M en hoteles, restaurantes, bares, comercio, transporte, agencias de viaje, entretenimiento y medios. Desde ahí estima un impacto total de USD 143M en producción.

El mismo ejercicio calcula cerca de 3100 empleos afectados. No se trata solo de cuánto deja de vender un negocio, sino cuánto deja de moverse entre energía, logística, telecomunicaciones y servicios asociados.

Umaña insiste en que el fútbol debe leerse como una industria transversal: conecta gasto directo, empleo, proveedores y consumo inducido. No funciona como un pasatiempo aislado de la economía real.

La vitrina que no se reemplaza: exposición global y marca país

La otra pérdida es estratégica: el Mundial como vitrina. Costa Rica dejó pasar una plataforma global difícil de replicar con una campaña tradicional, justo en Norteamérica, donde están sus principales socios comerciales, turísticos y de inversión.

El Mundial 2026 tendrá una audiencia global estimada en 5000M de personas. Umaña sostiene que ninguna campaña del Instituto Costarricense de Turismo o de PROCOMER puede igualar esa escala.

Su cálculo sobre valor equivalente de exposición ronda los USD 50M solo por aparecer en esa conversación global.

“Costa Rica se va a quedar sin verse”, señala el economista.

El antecedente de Brasil 2014 refuerza esa lectura. El buen desempeño de los ticos elevó interés internacional, turismo y valor de sus jugadores. Incluso Google Trends registró un pico de búsquedas sobre el país.

Patrocinios, premios y el límite del impacto macro

El riesgo es que el fracaso enfríe la disposición de patrocinadores y socios comerciales a seguir invirtiendo en el fútbol costarricense, con un impacto en rubros asociados, según Umaña.

En lo inmediato, la Federación dejará de percibir entre USD 9M y USD 12M en premios FIFA. Se suman USD 2M para preparación, entre USD 2M y USD 4M por derechos televisivos y cerca de USD 2M en mercadeo. Sin clasificación, cae el incentivo para pautar, lanzar promociones, renovar televisores o capitalizar la atención colectiva.

“Este año lanzaron la camisola mundialista. No creo que se vaya a vender”, agrega.

Aun con esos escenarios, expertos advierten que el efecto será limitado. El analista financiero Daniel Suchar dijo a La República (CR) que, para países no sede, el impacto macro es mínimo. El golpe pesa más en lo simbólico y en industrias ligadas al fútbol.

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