Laura López Salazar: “Estar en Silicon Valley nos da ventajas que no se obtienen desde Costa Rica”
PROCOMER abrió una oficina permanente en Silicon Valley (EE. UU.) para ejecutar la atracción de inversión tecnológica —en particular semiconductores— desde el principal nodo donde están inversionistas y casas matriz.
La CEO de la promotora comercial costarricense enmarca una estrategia en la evolución del país hacia un ecosistema más complejo: 13 empresas de semiconductores, un clúster médico fuerte y ventaja energética verde, con foco en el empleo.
PROCOMER anunció una oficina en Silicon Valley para atraer inversión tecnológica. ¿Qué cambia en la práctica cuando uno “está ahí” versus promover desde San José?
—Durante muchos años hemos promovido desde Costa Rica, sin dejar de visitar el mercado con frecuencia. Pero una práctica histórica de la promotora ha sido que, cuando identificamos un mercado y un sector altamente consolidado en el que queremos crecer y comprobamos que hay oportunidades, damos el paso de tener presencia física.
PROCOMER tiene 26 oficinas internacionales y, a través de ellas, monitorea y apoya las exportaciones. Lo que estamos haciendo ahora es trasladar esa experiencia y ese know-how a la inversión extranjera directa.
En un sector de altísimo interés para nosotros, como semiconductores, y con una hoja de ruta definida —además de otros sectores de alta complejidad tecnológica—, lo lógico es estar en el corazón donde ocurren las cosas: Silicon Valley. Estar físicamente ahí nos da ventajas que no se obtienen desde Costa Rica, aunque sigamos monitoreando el mercado de cerca.
Primero, acceso más directo a potenciales inversionistas. Y segundo, cercanía con empresas cuyas casas matriz están en la zona y que ya operan en el país, con las que queremos seguir creciendo. También nos acerca a compañías de dispositivos médicos, que son nuestros clientes desde hace muchos años.
Ese vínculo más directo nos permitirá una relación más cercana no solo con los inversionistas que visitan el país, sino con las empresas en sus propias casas matriz.
¿Qué aprendieron de su experiencia con semiconductores en los años 90 y qué es distinto ahora en la nueva ola global de chips?
—A finales de los noventa, el ecosistema era muy distinto al actual. La llegada de Intel provocó un cambio radical en el sector productivo. Fue la primera vez que una empresa de ese nivel tecnológico y complejidad productiva vio a Costa Rica como un lugar para instalar una de sus grandes plantas de manufactura.
Hoy la coyuntura es diferente: tenemos mucha más madurez en inversión extranjera directa y contamos con varias industrias de alta complejidad. En semiconductores, tenemos 13 empresas del sector: un ecosistema robusto que se acompaña de otros clústeres complejos, como el de dispositivos médicos.
En estas tres décadas, Costa Rica pasó de una complejidad productiva baja a una productiva muy alta. No solo alberga más de 1000 empresas de inversión extranjera directa, sino que tiene 13 empresas de semiconductores y 100 de las compañías más potentes de dispositivos médicos. Eso habla de una experiencia mucho más avanzada en cadenas globales de valor de alta complejidad que la que teníamos hace 30 años.
El contexto internacional también cambió. El reacomodo de cadenas y tendencias como nearshoring, reshoring y friendshoring son oportunidades que estamos aprovechando. Además de tener un horario alineado con EE. UU., tenemos talento humano con experiencia en manufactura de alta complejidad, gran adaptabilidad a procesos cada vez más sofisticados, un nivel de bilingüismo alto respecto a la región, estabilidad para que las empresas crezcan y un modelo de zona franca con 35 años de historia y resultados. En el contexto actual, esos factores nos vuelven especialmente atractivos para la inversión.
Guatemala está impulsando la Ruta del Chip, ¿cree que vamos a competir por inversiones o cada país tiene sus propias cualidades?
—La ventaja de nuestra región es que somos complementarios. Panamá también está promoviendo la atracción de inversiones en semiconductores, pero su expertise es la logística. Costa Rica, en cambio, tiene una fortaleza en manufactura, porque llevamos muchos años operando procesos complejos, contamos con una cadena de suplidores interesante y con talento humano que nos ha distinguido en la región.
El lugar que puede ocupar Costa Rica en la cadena es distinto al de Guatemala o Panamá. En esas complementariedades es donde se construye el éxito de la región completa.
¿Los dispositivos médicos ya tocaron techo o todavía tienen crecimiento en Costa Rica?
—Es un sector que todavía tiene potencial de crecimiento. Prueba de eso es que este año anunciamos la inversión más grande que ha llegado a nuestro país, y es precisamente en dispositivos médicos.
Además de ser una inversión grande, generará un alto nivel de empleo. Y tiene otra bondad: se trata de la producción de un dispositivo médico que todavía no se fabricaba en Costa Rica, lo que abre una oportunidad clara de diversificación dentro del sector.
Como ha sido la ruta costarricense, nuestra intención es movernos hacia partes de la cadena de mayor valor. Por eso creo que es un sector que seguirá creciendo. Ha sido muy dinámico: las exportaciones cerraron el año pasado con una tasa de crecimiento del 25 % y sigue generando 60 000 empleos. Como me dijo una vez un inversionista de dispositivos médicos: ‘La empresa que no está en Costa Rica se perdió la fiesta’. Eso refleja que aún hay potencial de crecimiento.
¿Quieren apuntar a megadata centers o roles más complementarios?
—Tenemos la suerte de contar con un porcentaje alto de energía eléctrica limpia. En los últimos años, el 95 % de la producción eléctrica ha sido verde. Ahí está la clave.
Los data centers son proyectos de alto consumo energético. Mientras ese consumo sea verde, encaja con la propuesta y la vocación de Costa Rica.
Siempre hemos sido muy cuidadosos de mantener una estructura energética limpia y seguir expandiendo esa capacidad. Hoy todavía tenemos retos en el crecimiento de la captación y en la distribución energética, pero vamos a mantener la línea de que esa energía sea limpia.
¿Está lista la energía para atraer esas industrias?
—Los inversionistas valoran nuestra matriz eléctrica sostenible cada vez más. Ya no es un secreto que los retos de sostenibilidad son globales, pero también corporativos: las empresas tienen métricas que deben cumplir.
Cuando una empresa llega a Costa Rica y conecta sus equipos a la matriz eléctrica, de inmediato opera con energía limpia. Eso ha sido una parte clave de nuestra propuesta de valor, una apuesta de décadas que hoy es altamente reconocida por la inversión.
Por supuesto, tenemos retos energéticos, como cualquier país. En este momento hay una reforma energética en conocimiento y análisis del Congreso que sería muy positiva porque permitiría más agilidad en la producción e incluso en la cogeneración privada.
Estamos impulsando esa modernización, que es lógica para un país que ha pasado de renta media a renta alta en un periodo relativamente corto. Eso es resultado de una industria —tanto nacional como de inversión extranjera— que ha sido exitosa.
¿Cuál es el principal reto energético?
—Las tarifas, sin lugar a dudas. Y pasa por esta misma visión: nuestra capacidad de generar y ampliar la inversión energética.
La reforma energética nos permitiría captar más energías renovables. Costa Rica se mueve en esta ruta porque los semiconductores, dispositivos médicos y data centers son sectores que concentran los mayores flujos de inversión.
Para nosotros hay algo igual de importante: queremos atraer dólares de inversión porque esos dólares se traducen en empleo. Por eso ponemos un foco fuerte en proyectos que agreguen un alto número de empleos. Al final, lo que entra en dólares de inversión suma poco si no se traduce en más oportunidades para la gente.
¿Cuál es la percepción que ustedes tienen de Guatemala en temas de atraer inversionistas extranjeros?
—Tenemos matrices productivas bastante diferentes y ecosistemas maduros en direcciones distintas.
Costa Rica en algún momento fue un país atractivo para inversión en textiles. Esa inversión luego volteó a ver a Guatemala como un crecimiento natural, mientras nosotros nos enfocamos más en la industria de dispositivos médicos.
Entonces, aunque somos aliados y también competimos, las bondades del ecosistema costarricense son diferentes a las del guatemalteco.
¿Cuál es la apuesta clave de Costa Rica en los próximos tres años?
—Tenemos que seguir ampliando, diversificando y consolidando nuestro clúster de dispositivos médicos. En paralelo, fortalecer nuestro rol como hub de servicios, moviéndonos a servicios de mayor valor agregado: ciberseguridad, data analytics e inteligencia artificial.
Es el paso natural para un país que tiene consolidados los servicios empresariales o shared services más conocidos.
También hicimos una apuesta por semiconductores y vamos con paso firme en esa ruta. Hay otras manufacturas que son interesantes, donde ya empezamos a dar pasos y hay empresas en Costa Rica haciendo estas labores, como la industria farmacéutica o el sector aeroespacial. Ahí ya tenemos algunos “piecitos” en esas cadenas globales de valor, y es importante seguir expandiendo.
¿Qué riesgos ven si no ejecutan estas estrategias de atracción tecnológica?
—Costa Rica está haciendo bien su tarea y mantiene variables que nos distinguen en la región. Sobre eso montamos nuestra carrera de largo plazo.
Como cualquier país, el riesgo de que la inversión no siga llegando es no poder crecer a los niveles necesarios para generar el empleo que necesitamos.
Insisto: con exportaciones que crecen a doble dígito y con una inversión extranjera directa, que incluso en años tan retadores como el anterior tuvo crecimiento positivo, me parece evidente que el país va por buen camino.
Laura López Salazar: “Estar en Silicon Valley nos da ventajas que no se obtienen desde Costa Rica”
PROCOMER abrió una oficina permanente en Silicon Valley (EE. UU.) para ejecutar la atracción de inversión tecnológica —en particular semiconductores— desde el principal nodo donde están inversionistas y casas matriz.
La CEO de la promotora comercial costarricense enmarca una estrategia en la evolución del país hacia un ecosistema más complejo: 13 empresas de semiconductores, un clúster médico fuerte y ventaja energética verde, con foco en el empleo.
PROCOMER anunció una oficina en Silicon Valley para atraer inversión tecnológica. ¿Qué cambia en la práctica cuando uno “está ahí” versus promover desde San José?
—Durante muchos años hemos promovido desde Costa Rica, sin dejar de visitar el mercado con frecuencia. Pero una práctica histórica de la promotora ha sido que, cuando identificamos un mercado y un sector altamente consolidado en el que queremos crecer y comprobamos que hay oportunidades, damos el paso de tener presencia física.
PROCOMER tiene 26 oficinas internacionales y, a través de ellas, monitorea y apoya las exportaciones. Lo que estamos haciendo ahora es trasladar esa experiencia y ese know-how a la inversión extranjera directa.
En un sector de altísimo interés para nosotros, como semiconductores, y con una hoja de ruta definida —además de otros sectores de alta complejidad tecnológica—, lo lógico es estar en el corazón donde ocurren las cosas: Silicon Valley. Estar físicamente ahí nos da ventajas que no se obtienen desde Costa Rica, aunque sigamos monitoreando el mercado de cerca.
Primero, acceso más directo a potenciales inversionistas. Y segundo, cercanía con empresas cuyas casas matriz están en la zona y que ya operan en el país, con las que queremos seguir creciendo. También nos acerca a compañías de dispositivos médicos, que son nuestros clientes desde hace muchos años.
Ese vínculo más directo nos permitirá una relación más cercana no solo con los inversionistas que visitan el país, sino con las empresas en sus propias casas matriz.
¿Qué aprendieron de su experiencia con semiconductores en los años 90 y qué es distinto ahora en la nueva ola global de chips?
—A finales de los noventa, el ecosistema era muy distinto al actual. La llegada de Intel provocó un cambio radical en el sector productivo. Fue la primera vez que una empresa de ese nivel tecnológico y complejidad productiva vio a Costa Rica como un lugar para instalar una de sus grandes plantas de manufactura.
Hoy la coyuntura es diferente: tenemos mucha más madurez en inversión extranjera directa y contamos con varias industrias de alta complejidad. En semiconductores, tenemos 13 empresas del sector: un ecosistema robusto que se acompaña de otros clústeres complejos, como el de dispositivos médicos.
En estas tres décadas, Costa Rica pasó de una complejidad productiva baja a una productiva muy alta. No solo alberga más de 1000 empresas de inversión extranjera directa, sino que tiene 13 empresas de semiconductores y 100 de las compañías más potentes de dispositivos médicos. Eso habla de una experiencia mucho más avanzada en cadenas globales de valor de alta complejidad que la que teníamos hace 30 años.
El contexto internacional también cambió. El reacomodo de cadenas y tendencias como nearshoring, reshoring y friendshoring son oportunidades que estamos aprovechando. Además de tener un horario alineado con EE. UU., tenemos talento humano con experiencia en manufactura de alta complejidad, gran adaptabilidad a procesos cada vez más sofisticados, un nivel de bilingüismo alto respecto a la región, estabilidad para que las empresas crezcan y un modelo de zona franca con 35 años de historia y resultados. En el contexto actual, esos factores nos vuelven especialmente atractivos para la inversión.
Guatemala está impulsando la Ruta del Chip, ¿cree que vamos a competir por inversiones o cada país tiene sus propias cualidades?
—La ventaja de nuestra región es que somos complementarios. Panamá también está promoviendo la atracción de inversiones en semiconductores, pero su expertise es la logística. Costa Rica, en cambio, tiene una fortaleza en manufactura, porque llevamos muchos años operando procesos complejos, contamos con una cadena de suplidores interesante y con talento humano que nos ha distinguido en la región.
El lugar que puede ocupar Costa Rica en la cadena es distinto al de Guatemala o Panamá. En esas complementariedades es donde se construye el éxito de la región completa.
¿Los dispositivos médicos ya tocaron techo o todavía tienen crecimiento en Costa Rica?
—Es un sector que todavía tiene potencial de crecimiento. Prueba de eso es que este año anunciamos la inversión más grande que ha llegado a nuestro país, y es precisamente en dispositivos médicos.
Además de ser una inversión grande, generará un alto nivel de empleo. Y tiene otra bondad: se trata de la producción de un dispositivo médico que todavía no se fabricaba en Costa Rica, lo que abre una oportunidad clara de diversificación dentro del sector.
Como ha sido la ruta costarricense, nuestra intención es movernos hacia partes de la cadena de mayor valor. Por eso creo que es un sector que seguirá creciendo. Ha sido muy dinámico: las exportaciones cerraron el año pasado con una tasa de crecimiento del 25 % y sigue generando 60 000 empleos. Como me dijo una vez un inversionista de dispositivos médicos: ‘La empresa que no está en Costa Rica se perdió la fiesta’. Eso refleja que aún hay potencial de crecimiento.
¿Quieren apuntar a megadata centers o roles más complementarios?
—Tenemos la suerte de contar con un porcentaje alto de energía eléctrica limpia. En los últimos años, el 95 % de la producción eléctrica ha sido verde. Ahí está la clave.
Los data centers son proyectos de alto consumo energético. Mientras ese consumo sea verde, encaja con la propuesta y la vocación de Costa Rica.
Siempre hemos sido muy cuidadosos de mantener una estructura energética limpia y seguir expandiendo esa capacidad. Hoy todavía tenemos retos en el crecimiento de la captación y en la distribución energética, pero vamos a mantener la línea de que esa energía sea limpia.
¿Está lista la energía para atraer esas industrias?
—Los inversionistas valoran nuestra matriz eléctrica sostenible cada vez más. Ya no es un secreto que los retos de sostenibilidad son globales, pero también corporativos: las empresas tienen métricas que deben cumplir.
Cuando una empresa llega a Costa Rica y conecta sus equipos a la matriz eléctrica, de inmediato opera con energía limpia. Eso ha sido una parte clave de nuestra propuesta de valor, una apuesta de décadas que hoy es altamente reconocida por la inversión.
Por supuesto, tenemos retos energéticos, como cualquier país. En este momento hay una reforma energética en conocimiento y análisis del Congreso que sería muy positiva porque permitiría más agilidad en la producción e incluso en la cogeneración privada.
Estamos impulsando esa modernización, que es lógica para un país que ha pasado de renta media a renta alta en un periodo relativamente corto. Eso es resultado de una industria —tanto nacional como de inversión extranjera— que ha sido exitosa.
¿Cuál es el principal reto energético?
—Las tarifas, sin lugar a dudas. Y pasa por esta misma visión: nuestra capacidad de generar y ampliar la inversión energética.
La reforma energética nos permitiría captar más energías renovables. Costa Rica se mueve en esta ruta porque los semiconductores, dispositivos médicos y data centers son sectores que concentran los mayores flujos de inversión.
Para nosotros hay algo igual de importante: queremos atraer dólares de inversión porque esos dólares se traducen en empleo. Por eso ponemos un foco fuerte en proyectos que agreguen un alto número de empleos. Al final, lo que entra en dólares de inversión suma poco si no se traduce en más oportunidades para la gente.
¿Cuál es la percepción que ustedes tienen de Guatemala en temas de atraer inversionistas extranjeros?
—Tenemos matrices productivas bastante diferentes y ecosistemas maduros en direcciones distintas.
Costa Rica en algún momento fue un país atractivo para inversión en textiles. Esa inversión luego volteó a ver a Guatemala como un crecimiento natural, mientras nosotros nos enfocamos más en la industria de dispositivos médicos.
Entonces, aunque somos aliados y también competimos, las bondades del ecosistema costarricense son diferentes a las del guatemalteco.
¿Cuál es la apuesta clave de Costa Rica en los próximos tres años?
—Tenemos que seguir ampliando, diversificando y consolidando nuestro clúster de dispositivos médicos. En paralelo, fortalecer nuestro rol como hub de servicios, moviéndonos a servicios de mayor valor agregado: ciberseguridad, data analytics e inteligencia artificial.
Es el paso natural para un país que tiene consolidados los servicios empresariales o shared services más conocidos.
También hicimos una apuesta por semiconductores y vamos con paso firme en esa ruta. Hay otras manufacturas que son interesantes, donde ya empezamos a dar pasos y hay empresas en Costa Rica haciendo estas labores, como la industria farmacéutica o el sector aeroespacial. Ahí ya tenemos algunos “piecitos” en esas cadenas globales de valor, y es importante seguir expandiendo.
¿Qué riesgos ven si no ejecutan estas estrategias de atracción tecnológica?
—Costa Rica está haciendo bien su tarea y mantiene variables que nos distinguen en la región. Sobre eso montamos nuestra carrera de largo plazo.
Como cualquier país, el riesgo de que la inversión no siga llegando es no poder crecer a los niveles necesarios para generar el empleo que necesitamos.
Insisto: con exportaciones que crecen a doble dígito y con una inversión extranjera directa, que incluso en años tan retadores como el anterior tuvo crecimiento positivo, me parece evidente que el país va por buen camino.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: