Únicamente llevamos tres meses de 2026 y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ya ha puesto en jaque al orden internacional. Esto se debe a que, bajo la bandera de la protección de la seguridad norteamericana, ha removido a dos figuras autoritarias del poder. En primer lugar, fue Nicolás Maduro en Venezuela y, hace unos días, al Ayatollah Khomeini en Irán. Ahora bien, como la historia nos indica, esta no es la primera vez que Estados Unidos interviene en política extranjera, a fin de eliminar potenciales amenazas al orden internacional encabezado por los norteamericanos. Sin embargo, en esta ocasión llama la atención el tipo de estrategia que han empleado, ya que, a diferencia de casos anteriores, en donde habían apostado por una táctica de boots on the ground, esta vez han apostado por una decapitación directa de los regímenes, al sacar a los líderes de su puesto de mando. Ahora bien, la estructura política y cultural de Venezuela e Irán, aunque ambos autoritarios, son completamente diferentes. Por ende, aunque se aplique la misma estrategia, no cabe duda de que los resultados serán diferentes.
Misma estrategia, resultados diferentes
A fin de entender cómo los resultados podrían diferir dependiendo del contexto, es importante señalar las similitudes y diferencias de estos casos. En cuanto a las similitudes, el contexto en el que se desarrollan las intervenciones es similar. Esto se debe a que, previo a la remoción de los líderes, ambos países estaban en medio de rondas de negociaciones, a fin de llegar a una resolución pacífica y evitar el enfrentamiento directo. Sin embargo, debido a la insatisfacción por parte de Trump con los resultados de estas conversaciones, el presidente norteamericano decidió “somatar la mesa” no solo para demostrar su capacidad, sino que también para sacar la situación de un impasse formal. Así pues, en ambos casos, esta táctica se podría interpretar como una negociación coercitiva con dos opciones: o Trump sometía las condiciones de la negociación a sus propios términos o la fuerza sería la alternativa. Paradójicamente, esta estrategia no solo le permitió conseguir sus fines en los contextos particulares, sino que también funciona como un medio de disuasión ante otros adversarios que pretendan desafiar a los Estados Unidos.
La principal diferencia que será determinante para los resultados de cada operación está en la organización política de cada uno de los regímenes. Aunque en ambos contextos se trata de un gobierno autoritario, en el caso venezolano la organización es más jerárquica, que en el caso iraní, en donde, debido a su naturaleza teocrática, existe una línea de mando más igualitaria y un tipo de poder “compartido”, pese a que las últimas decisiones siempre recayeran en el Ayatollah. Esta diferencia se materializó en la respuesta inmediata de cada uno de los grupos de poder. Es decir, mientras que en Venezuela optaron por designar a Delcy Rodríguez como única sucesora, en Irán, de forma más estratégica, convocaron al Concejo para definir los pasos a seguir. Consecuentemente, en Venezuela, al recaer el mando en una sola persona, le ha resultado más fácil a Estados Unidos instrumentalizarla para alcanzar sus fines. En cambio, en Irán, al tener un Concejo, esto representa una barrera que dificultaría la influencia americana. Esta diferencia evidentemente condicionará las medidas que se tomen en cada caso y el margen de maniobra del que gocen los americanos.
Finalmente, otra diferencia significativa se refiere a los objetivos de cada operación y la claridad de estos. Es decir, mientras que en Venezuela el cambio de régimen era uno de los objetivos principales, en Irán, debido, en parte, a la colaboración con otros actores como Israel, los fines parecen ser más dispersos y difusos. Por ende, esta falta de definición no solo podría afectar la capacidad operativa de la misión, sino que también podría aumentar la probabilidad del fracaso.
No cabe duda de que la eliminación de las figuras autoritarias ya es un éxito en sí mismo. Sin embargo, en el largo plazo, el buen manejo de las condiciones internas será clave para la gran victoria.
Únicamente llevamos tres meses de 2026 y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ya ha puesto en jaque al orden internacional. Esto se debe a que, bajo la bandera de la protección de la seguridad norteamericana, ha removido a dos figuras autoritarias del poder. En primer lugar, fue Nicolás Maduro en Venezuela y, hace unos días, al Ayatollah Khomeini en Irán. Ahora bien, como la historia nos indica, esta no es la primera vez que Estados Unidos interviene en política extranjera, a fin de eliminar potenciales amenazas al orden internacional encabezado por los norteamericanos. Sin embargo, en esta ocasión llama la atención el tipo de estrategia que han empleado, ya que, a diferencia de casos anteriores, en donde habían apostado por una táctica de boots on the ground, esta vez han apostado por una decapitación directa de los regímenes, al sacar a los líderes de su puesto de mando. Ahora bien, la estructura política y cultural de Venezuela e Irán, aunque ambos autoritarios, son completamente diferentes. Por ende, aunque se aplique la misma estrategia, no cabe duda de que los resultados serán diferentes.
Misma estrategia, resultados diferentes
A fin de entender cómo los resultados podrían diferir dependiendo del contexto, es importante señalar las similitudes y diferencias de estos casos. En cuanto a las similitudes, el contexto en el que se desarrollan las intervenciones es similar. Esto se debe a que, previo a la remoción de los líderes, ambos países estaban en medio de rondas de negociaciones, a fin de llegar a una resolución pacífica y evitar el enfrentamiento directo. Sin embargo, debido a la insatisfacción por parte de Trump con los resultados de estas conversaciones, el presidente norteamericano decidió “somatar la mesa” no solo para demostrar su capacidad, sino que también para sacar la situación de un impasse formal. Así pues, en ambos casos, esta táctica se podría interpretar como una negociación coercitiva con dos opciones: o Trump sometía las condiciones de la negociación a sus propios términos o la fuerza sería la alternativa. Paradójicamente, esta estrategia no solo le permitió conseguir sus fines en los contextos particulares, sino que también funciona como un medio de disuasión ante otros adversarios que pretendan desafiar a los Estados Unidos.
La principal diferencia que será determinante para los resultados de cada operación está en la organización política de cada uno de los regímenes. Aunque en ambos contextos se trata de un gobierno autoritario, en el caso venezolano la organización es más jerárquica, que en el caso iraní, en donde, debido a su naturaleza teocrática, existe una línea de mando más igualitaria y un tipo de poder “compartido”, pese a que las últimas decisiones siempre recayeran en el Ayatollah. Esta diferencia se materializó en la respuesta inmediata de cada uno de los grupos de poder. Es decir, mientras que en Venezuela optaron por designar a Delcy Rodríguez como única sucesora, en Irán, de forma más estratégica, convocaron al Concejo para definir los pasos a seguir. Consecuentemente, en Venezuela, al recaer el mando en una sola persona, le ha resultado más fácil a Estados Unidos instrumentalizarla para alcanzar sus fines. En cambio, en Irán, al tener un Concejo, esto representa una barrera que dificultaría la influencia americana. Esta diferencia evidentemente condicionará las medidas que se tomen en cada caso y el margen de maniobra del que gocen los americanos.
Finalmente, otra diferencia significativa se refiere a los objetivos de cada operación y la claridad de estos. Es decir, mientras que en Venezuela el cambio de régimen era uno de los objetivos principales, en Irán, debido, en parte, a la colaboración con otros actores como Israel, los fines parecen ser más dispersos y difusos. Por ende, esta falta de definición no solo podría afectar la capacidad operativa de la misión, sino que también podría aumentar la probabilidad del fracaso.
No cabe duda de que la eliminación de las figuras autoritarias ya es un éxito en sí mismo. Sin embargo, en el largo plazo, el buen manejo de las condiciones internas será clave para la gran victoria.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: