En el contexto de la Revolución Americana, el emplumamiento fue una práctica de protesta contra los impuestos y los cobradores de impuestos. A estos personajes se los desnudaba, se los cubría con brea y se los hacía rodar en una pila de plumas de aves de modo que estas se adhirieran a sus cuerpos.
El emplumamiento fue una forma de castigo, o venganza muy popular en las Trece Colonias y el más famoso de ellos fue el de John Malcolm, un cobrador de aduanas, en Boston, que fue emplumado por los Patriotas.
Ella me contó también de la existencia de los árboles de la libertad. El primero de estos fue un olmo en Boston y bajo él se reunían los Hijos de la Libertad para protestar contra los impuestos. De sus ramas se colgaban efigies de cobradores de impuestos.
Estos personajes -los encargados de cobrar impuestos, y los que multiplican e incrementan los tributos- nunca han gozado de aprecio en las sociedades. De hecho, en la Biblia se cuenta que los publicanos eran muy despreciados.
¿A qué vienen estas historias?
A que diputados de la bancada Valor, en el Congreso, recién propusieron aumentar en un 20% el impuesto sobre la circulación de vehículos; y su pretensión alcanzaría las billeteras de propietarios de vehículos particulares, comerciales y motocicletas, o sea… tu billetera. Tu bolsillo está en la mira.
Esta propuesta de expoliación surge en momentos económicamente delicados para los tributarios chapines porque los combustibles están carísimos; y porque como consecuencia de los combustibles caros (por factores internacionales) también se encarecen el transporte y todos los productos que tienen que ser transportados. En esas circunstancias de penas, ¿qué se les ocurre a aquellos políticos estatistas? Castigar más la economía doméstica de los guatemaltecos.
Tú, que lees Carpe Diem con frecuencia, sabes que los impuestos son una forma de extorsión ya que funcionan de la siguiente forma: pagas lo que políticos y burócratas te exigen que pagues, o te meten preso. Ese acto es exactamente igual al que comete el marero cuando llega a una tienda de barrio y le exige dinero a cambio de no hacerle daño al tendero, o a su familia.
Tú, que visitas este espacio con frecuencia, sabes que los impuestos son dinero ajeno tomado mediante amenaza del uso de la fuerza, para luego ser repartido con criterios políticos entre la clientela de los que tienen el poder para quitarles ese dinero a sus propietarios legítimos.
De ahí que el concepto de contribuyente sea absurdo, en tanto que el concepto de tributario sí tiene sentido. Muy atinadamente, Javier Milei dijo que "Llamar contribuyente al pagador de impuestos es como que el violador llame a su víctima novia." En esa dirección, Lysander Spooner explicó que "El Estado es como un ladrón que te asalta en un callejón oscuro con una pistola, te quita el dinero, pero luego te compra un bocadillo con tus propias monedas y espera que le des las gracias".
Cuando un grupo de políticos y burócratas pretende que pagues más impuestos sin que antes se racionalice el gasto público, se eliminen las plazas para fantasmas, se eliminen todas las partidas presupuestarias que van destinadas a intereses particulares y clientelas, y se reduzcan al mínimo la mala administración, el desperdicio y la corrupción, ese grupo se merece el rechazo de tributarios y electores.
…y si viviéramos en el siglo XVIII, tal vez merecerían una buena emplumada.
Si te interesan estos temas visita luisfi61.com
En el contexto de la Revolución Americana, el emplumamiento fue una práctica de protesta contra los impuestos y los cobradores de impuestos. A estos personajes se los desnudaba, se los cubría con brea y se los hacía rodar en una pila de plumas de aves de modo que estas se adhirieran a sus cuerpos.
El emplumamiento fue una forma de castigo, o venganza muy popular en las Trece Colonias y el más famoso de ellos fue el de John Malcolm, un cobrador de aduanas, en Boston, que fue emplumado por los Patriotas.
Ella me contó también de la existencia de los árboles de la libertad. El primero de estos fue un olmo en Boston y bajo él se reunían los Hijos de la Libertad para protestar contra los impuestos. De sus ramas se colgaban efigies de cobradores de impuestos.
Estos personajes -los encargados de cobrar impuestos, y los que multiplican e incrementan los tributos- nunca han gozado de aprecio en las sociedades. De hecho, en la Biblia se cuenta que los publicanos eran muy despreciados.
¿A qué vienen estas historias?
A que diputados de la bancada Valor, en el Congreso, recién propusieron aumentar en un 20% el impuesto sobre la circulación de vehículos; y su pretensión alcanzaría las billeteras de propietarios de vehículos particulares, comerciales y motocicletas, o sea… tu billetera. Tu bolsillo está en la mira.
Esta propuesta de expoliación surge en momentos económicamente delicados para los tributarios chapines porque los combustibles están carísimos; y porque como consecuencia de los combustibles caros (por factores internacionales) también se encarecen el transporte y todos los productos que tienen que ser transportados. En esas circunstancias de penas, ¿qué se les ocurre a aquellos políticos estatistas? Castigar más la economía doméstica de los guatemaltecos.
Tú, que lees Carpe Diem con frecuencia, sabes que los impuestos son una forma de extorsión ya que funcionan de la siguiente forma: pagas lo que políticos y burócratas te exigen que pagues, o te meten preso. Ese acto es exactamente igual al que comete el marero cuando llega a una tienda de barrio y le exige dinero a cambio de no hacerle daño al tendero, o a su familia.
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De ahí que el concepto de contribuyente sea absurdo, en tanto que el concepto de tributario sí tiene sentido. Muy atinadamente, Javier Milei dijo que "Llamar contribuyente al pagador de impuestos es como que el violador llame a su víctima novia." En esa dirección, Lysander Spooner explicó que "El Estado es como un ladrón que te asalta en un callejón oscuro con una pistola, te quita el dinero, pero luego te compra un bocadillo con tus propias monedas y espera que le des las gracias".
Cuando un grupo de políticos y burócratas pretende que pagues más impuestos sin que antes se racionalice el gasto público, se eliminen las plazas para fantasmas, se eliminen todas las partidas presupuestarias que van destinadas a intereses particulares y clientelas, y se reduzcan al mínimo la mala administración, el desperdicio y la corrupción, ese grupo se merece el rechazo de tributarios y electores.
…y si viviéramos en el siglo XVIII, tal vez merecerían una buena emplumada.
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EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: