Sin Consuelo
Este gobierno se quedó sin Consuelo, pero su incapacidad lo tiene sin respaldo ni acciones para sacar al pueblo del desconsuelo
Hace apenas unos seis meses, mientras se acercaba el final del mandato de Consuelo Porras al frente del MP, comenzaron a vendernos la idea de que el Gobierno mejoraría ante la salida de la fiscal, la mujer que fue la piedra en el zapato de Arévalo y de sus seguidores que posicionaron la frase #pactodecorruptos.
Es un hecho que, a partir de las inconsistencias en el sistema electoral, Consuelo Porras le plantó abierta oposición al Gobierno desde el Ministerio Público y le dio seguimiento a las irregularidades con las que se fundó el partido Semilla, que finalmente lo hicieron desaparecer. Ese proceso mantuvo tan desenfocado al oficialismo que fue más fácil atribuirle a ella su propia incapacidad.
Algunos creyeron que el gobierno necesitaba un nuevo fiscal general que no lo persiguiera y un Ministerio Público dispuesto a colaborar, pero han pasado cuatro meses desde que Gabriel García Luna asumió la dirección del MP, el 17 de mayo de 2026, y la pregunta inevitable es ¿qué cambió?
Vayamos a los hechos.
Los cambios internos (reorganización de algunas fiscalías y despido de funcionarios cercanos a Consuelo Porras) han sido visibles. Sin embargo, siguen ausentes los resultados de la lucha contra la corrupción, el crimen organizado o la impunidad que tanto le reprocharon a Porras.
Más allá de los escritorios, la salida de Consuelo no reparó las carreteras, no abasteció los hospitales ni resolvió las compras de medicina donde familiares de Arévalo son protagonistas; tampoco mejoró la educación, ni mucho menos fortaleció el liderazgo presidencial. De hecho, Bernardo Arévalo aparece en el último lugar, entre 18 mandatarios evaluados, en el más reciente ranking de aprobación presidencial de CB Global Data, con apenas un 28.2 % de valoración positiva (CB Global Data, medición de septiembre de 2026).
En materia de seguridad, diariamente se ven imágenes de asaltos a mano armada en las principales arterias de la ciudad. Agosto cerró con 318 homicidios, la cifra mensual más alta de los últimos cinco años (Pladeic, Ministerio de Gobernación), superando los 313 de julio y confirmando la tendencia al alza de los últimos meses.
En la educación, los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE, ubican a Guatemala con el desempeño más bajo entre los países latinoamericanos y caribeños participantes: apenas el 8 % de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo en matemáticas, el 17 % en lectura y el 21 % en ciencias (OCDE, PISA 2025).
Frente a semejante realidad, el presidente presenta como uno de sus logros el remozamiento de escuelas. Quizás está bien pintar paredes, reparar techos y dignificar los espacios donde estudian los niños, pero la realidad es que de nada sirve si en esas aulas los estudiantes siguen sin aprender a leer, comprender o resolver operaciones matemáticas básicas.
Consuelo Porras nunca fue la responsable de administrar los hospitales, reparar las carreteras, dirigir las escuelas o ejecutar el presupuesto público. Su salida eliminó un obstáculo, pero también le quitó al Gobierno su excusa favorita.
Hoy, Arévalo gobierna sin Consuelo, sin respaldo, sin resultados y sin alguien a quien atribuirle su propia incapacidad, mientras los ciudadanos vivimos en desconsuelo.
Sin Consuelo
Este gobierno se quedó sin Consuelo, pero su incapacidad lo tiene sin respaldo ni acciones para sacar al pueblo del desconsuelo
Hace apenas unos seis meses, mientras se acercaba el final del mandato de Consuelo Porras al frente del MP, comenzaron a vendernos la idea de que el Gobierno mejoraría ante la salida de la fiscal, la mujer que fue la piedra en el zapato de Arévalo y de sus seguidores que posicionaron la frase #pactodecorruptos.
Es un hecho que, a partir de las inconsistencias en el sistema electoral, Consuelo Porras le plantó abierta oposición al Gobierno desde el Ministerio Público y le dio seguimiento a las irregularidades con las que se fundó el partido Semilla, que finalmente lo hicieron desaparecer. Ese proceso mantuvo tan desenfocado al oficialismo que fue más fácil atribuirle a ella su propia incapacidad.
Algunos creyeron que el gobierno necesitaba un nuevo fiscal general que no lo persiguiera y un Ministerio Público dispuesto a colaborar, pero han pasado cuatro meses desde que Gabriel García Luna asumió la dirección del MP, el 17 de mayo de 2026, y la pregunta inevitable es ¿qué cambió?
Vayamos a los hechos.
Los cambios internos (reorganización de algunas fiscalías y despido de funcionarios cercanos a Consuelo Porras) han sido visibles. Sin embargo, siguen ausentes los resultados de la lucha contra la corrupción, el crimen organizado o la impunidad que tanto le reprocharon a Porras.
Más allá de los escritorios, la salida de Consuelo no reparó las carreteras, no abasteció los hospitales ni resolvió las compras de medicina donde familiares de Arévalo son protagonistas; tampoco mejoró la educación, ni mucho menos fortaleció el liderazgo presidencial. De hecho, Bernardo Arévalo aparece en el último lugar, entre 18 mandatarios evaluados, en el más reciente ranking de aprobación presidencial de CB Global Data, con apenas un 28.2 % de valoración positiva (CB Global Data, medición de septiembre de 2026).
En materia de seguridad, diariamente se ven imágenes de asaltos a mano armada en las principales arterias de la ciudad. Agosto cerró con 318 homicidios, la cifra mensual más alta de los últimos cinco años (Pladeic, Ministerio de Gobernación), superando los 313 de julio y confirmando la tendencia al alza de los últimos meses.
En la educación, los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE, ubican a Guatemala con el desempeño más bajo entre los países latinoamericanos y caribeños participantes: apenas el 8 % de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo en matemáticas, el 17 % en lectura y el 21 % en ciencias (OCDE, PISA 2025).
Frente a semejante realidad, el presidente presenta como uno de sus logros el remozamiento de escuelas. Quizás está bien pintar paredes, reparar techos y dignificar los espacios donde estudian los niños, pero la realidad es que de nada sirve si en esas aulas los estudiantes siguen sin aprender a leer, comprender o resolver operaciones matemáticas básicas.
Consuelo Porras nunca fue la responsable de administrar los hospitales, reparar las carreteras, dirigir las escuelas o ejecutar el presupuesto público. Su salida eliminó un obstáculo, pero también le quitó al Gobierno su excusa favorita.
Hoy, Arévalo gobierna sin Consuelo, sin respaldo, sin resultados y sin alguien a quien atribuirle su propia incapacidad, mientras los ciudadanos vivimos en desconsuelo.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: