Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados en Venezuela el pasado 24 de junio despertaron el interés de la comunidad científica por tratarse de un doblete sísmico, un fenómeno poco frecuente en la sismología. A esto se suma, más recientemente, el terremoto de 7,4 ocurrido en Colombia el pasado 10 de agosto. Más allá de las características particulares de estos eventos, también ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre la realidad sísmica de Guatemala, un país con una de las configuraciones tectónicas más complejas de la región.
El origen de los terremotos de Venezuela se encuentra en la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, a través de una falla de movimiento lateral conocida como el sistema de fallas de Boconó. La placa del Caribe se desplaza hacia el este con respecto a Sudamérica a una velocidad aproximada de 20 milímetros por año.
Por otro lado, el origen del terremoto de Colombia se encuentra en la zona de subducción entre la placa de Nazca y la placa Suramericana. En este caso, la placa de Nazca se desliza por debajo de la placa continental. Esta falla tiene una tasa de deslizamiento superior a los 60 milímetros por año.
En Guatemala, la configuración tectónica es más compleja. Por un lado, la interacción entre la placa del Caribe y la placa de Norteamérica da lugar a un sistema de fallas de movimiento lateral integrado, principalmente, por las fallas de Motagua, Chixoy-Polochic y Jocotán-Chamelecón. Estos sistemas de fallas son similares al origen sísmico de los terremotos de Venezuela. De estas fallas, la de Motagua acumula la mayor tasa de desplazamiento en torno a los 15 milímetros por año según la localidad. Por otro lado, la interacción entre la placa del Caribe y la placa de Cocos genera una zona de subducción a lo largo de la costa del Pacífico, conocida como la fosa Mesoamericana. La zona de subducción tiene una tasa de desplazamiento de más de 70 milímetros por año, muy similar a la falla en Colombia.
Tanto el norte de Venezuela como el noroeste de Colombia y Guatemala se encuentran entre las regiones con mayor actividad sísmica del continente americano. Sin embargo, el riesgo sísmico no depende únicamente de la ocurrencia de terremotos, sino de la combinación de tres factores que suelen resumirse en la siguiente expresión:
Riesgo = Amenaza × Exposición × Vulnerabilidad
La amenaza sísmica corresponde a la probabilidad de que ocurra un terremoto de determinada magnitud en un lugar específico. La exposición está relacionada con la población, la infraestructura y las actividades que pueden verse afectadas. La vulnerabilidad hace referencia a la capacidad de las construcciones y de la sociedad para resistir y recuperarse de un evento sísmico.
Comprender esta diferencia es fundamental. Un terremoto de gran magnitud en una zona poco poblada puede causar menos daños que un sismo de menor intensidad en una ciudad densamente urbanizada y con construcciones vulnerables. Por ello, la gestión del riesgo no consiste únicamente en estudiar las fallas geológicas, sino también en conocer qué personas, infraestructuras y actividades se encuentran expuestas y qué tan preparadas están para enfrentar un terremoto.
Aunque parezca paradójico, los terremotos rara vez son la causa directa de las tragedias, pues solo son un componente del riesgo. Las mayores pérdidas humanas y materiales suelen producirse principalmente por la alta vulnerabilidad: edificaciones colapsadas, interrupción de servicios básicos y la incapacidad de seguir trabajando de manera normal. Por ello, tanto los ingenieros, arquitectos, empresarios, gestores como las autoridades desempeñan un papel tan importante como la propia geología y sismología para reducir las consecuencias de futuros terremotos.
Los terremotos de Venezuela y Colombia recuerdan que la amenaza sísmica forma parte de la dinámica natural de la Tierra. El verdadero desafío consiste en comprender cómo esa amenaza interactúa con la exposición y la vulnerabilidad de cada país, pues es allí donde realmente se define el nivel de riesgo.
¿Qué nos dicen los terremotos de Venezuela y Colombia sobre Guatemala?
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados en Venezuela el pasado 24 de junio despertaron el interés de la comunidad científica por tratarse de un doblete sísmico, un fenómeno poco frecuente en la sismología. A esto se suma, más recientemente, el terremoto de 7,4 ocurrido en Colombia el pasado 10 de agosto. Más allá de las características particulares de estos eventos, también ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre la realidad sísmica de Guatemala, un país con una de las configuraciones tectónicas más complejas de la región.
El origen de los terremotos de Venezuela se encuentra en la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, a través de una falla de movimiento lateral conocida como el sistema de fallas de Boconó. La placa del Caribe se desplaza hacia el este con respecto a Sudamérica a una velocidad aproximada de 20 milímetros por año.
Por otro lado, el origen del terremoto de Colombia se encuentra en la zona de subducción entre la placa de Nazca y la placa Suramericana. En este caso, la placa de Nazca se desliza por debajo de la placa continental. Esta falla tiene una tasa de deslizamiento superior a los 60 milímetros por año.
En Guatemala, la configuración tectónica es más compleja. Por un lado, la interacción entre la placa del Caribe y la placa de Norteamérica da lugar a un sistema de fallas de movimiento lateral integrado, principalmente, por las fallas de Motagua, Chixoy-Polochic y Jocotán-Chamelecón. Estos sistemas de fallas son similares al origen sísmico de los terremotos de Venezuela. De estas fallas, la de Motagua acumula la mayor tasa de desplazamiento en torno a los 15 milímetros por año según la localidad. Por otro lado, la interacción entre la placa del Caribe y la placa de Cocos genera una zona de subducción a lo largo de la costa del Pacífico, conocida como la fosa Mesoamericana. La zona de subducción tiene una tasa de desplazamiento de más de 70 milímetros por año, muy similar a la falla en Colombia.
Tanto el norte de Venezuela como el noroeste de Colombia y Guatemala se encuentran entre las regiones con mayor actividad sísmica del continente americano. Sin embargo, el riesgo sísmico no depende únicamente de la ocurrencia de terremotos, sino de la combinación de tres factores que suelen resumirse en la siguiente expresión:
Riesgo = Amenaza × Exposición × Vulnerabilidad
La amenaza sísmica corresponde a la probabilidad de que ocurra un terremoto de determinada magnitud en un lugar específico. La exposición está relacionada con la población, la infraestructura y las actividades que pueden verse afectadas. La vulnerabilidad hace referencia a la capacidad de las construcciones y de la sociedad para resistir y recuperarse de un evento sísmico.
Comprender esta diferencia es fundamental. Un terremoto de gran magnitud en una zona poco poblada puede causar menos daños que un sismo de menor intensidad en una ciudad densamente urbanizada y con construcciones vulnerables. Por ello, la gestión del riesgo no consiste únicamente en estudiar las fallas geológicas, sino también en conocer qué personas, infraestructuras y actividades se encuentran expuestas y qué tan preparadas están para enfrentar un terremoto.
Aunque parezca paradójico, los terremotos rara vez son la causa directa de las tragedias, pues solo son un componente del riesgo. Las mayores pérdidas humanas y materiales suelen producirse principalmente por la alta vulnerabilidad: edificaciones colapsadas, interrupción de servicios básicos y la incapacidad de seguir trabajando de manera normal. Por ello, tanto los ingenieros, arquitectos, empresarios, gestores como las autoridades desempeñan un papel tan importante como la propia geología y sismología para reducir las consecuencias de futuros terremotos.
Los terremotos de Venezuela y Colombia recuerdan que la amenaza sísmica forma parte de la dinámica natural de la Tierra. El verdadero desafío consiste en comprender cómo esa amenaza interactúa con la exposición y la vulnerabilidad de cada país, pues es allí donde realmente se define el nivel de riesgo.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: