Para repensar el futuro energético de Guatemala
Los guatemaltecos transformaron a Guatemala en un país líder no solo en producción de energía eléctrica, sino en exportación de este producto.
Por razones académicas hace unos días tuve la oportunidad de regresar a las páginas de un libro que me parece imprescindible para entender nuestro pasado y más aún, de suma utilidad para pensar nuestro futuro. Se trata del libro del historiador guatemalteco Javier Calderón Abullarade, «Energía y Potencia para Guatemala. Los estadios del Subsector Eléctrico 1883-2017», publicado en el 2018 por el Ministerio de Energía y Minas, como parte de una larga serie de publicaciones sobre el subsector eléctrico que pretendía llevar a todos los guatemaltecos un gran volumen de información técnica de forma digerible y accesible para que pudiéramos repensar los modelos de desarrollo posibles para nuestro país.
La virtud del libro de Javier es que en apenas 150 páginas nos relata el camino que recorrió nuestro país para desarrollar su infraestructura eléctrica. Largos años en los que, aplicando distintos modelos con mayor o menor fortuna, logró llevar energía al 93% del país según los datos disponibles sobre la máxima cobertura de energía eléctrica revisados en 2016. La información que aporta el libro viene soportada por cuadros y gráficos con datos técnicos que facilitan la comprensión del discurso del historiador.
A pesar de que el libro fue publicado hace casi una década, y los datos de cobertura eléctrica hayan retrocedido hasta un 86%, su información no ha perdido un ápice de su valor como fuente de información de primera mano para comprender el proceso de pruebas y errores por los que los guatemaltecos del pasado pasaron para que Guatemala fuera, en algunos momentos clave, un país líder no solo en producción de energía eléctrica, sino en exportación de este producto. Guatemala pudo darse el lujo de exportar energía eléctrica a México y a Centroamérica, manteniendo un dinámico crecimiento de su parque de generación y expandiendo sus redes de transporte y distribución.
El libro cobra vigencia en estos momentos en los que Guatemala se encuentra en un momento clave para continuar encarrilada en la senda del desarrollo. Se ha invitado a participar a los inversionistas en licitaciones de largo plazo para generación de energía, pero se han topado con algunos problemas de conectividad de sus proyectos porque las líneas de transmisión que conectan a sus plantas con las redes de distribución o grandes consumidores se encuentran saturadas. El momento es crítico, dado que la punta de la demanda de Guatemala ha ido marcando máximos constantemente, acercando cada vez más la oferta con la demanda. Para que no se llegue al punto crítico de coincidencia, es ir sumando cada vez más generación que mantenga vigente un margen cómodo de reserva que permita el constante crecimiento.
En noticias publicadas en los últimos meses en las páginas del periódico The New York Times, se han estado destacando las innovaciones tecnológicas más importantes aplicadas en el mundo en el sector eléctrico, y que pueden resultar fundamentales para mantener alimentada a la economía guatemalteca con energía de buena calidad y buen precio. Objetivos que buscan los mecanismos diseñados por la Ley General de Electricidad y sus reglamentos.
Uno de los artículos hablaba de un campo experimental de baterías de iones de litio de gran capacidad y dimensión montado en el desierto del norte de Chile, que permitió almacenar energía e inyectarla en momentos de demanda crítica, pero el funcionamiento del parque de baterías superó cualquier expectativa. Apuntaba al respecto el periodista Ivan Penn: «Baterías tan grandes como contenedores de carga están siendo conectadas a líneas eléctricas e instaladas junto a paneles solares y turbinas eólicas. Absorben energía cuando abunda y la liberan cuando el consumo eléctrico se dispara, reduciendo la necesidad de costosas centrales y líneas eléctricas» (TNYT, 21 de diciembre de 2025). Esta afirmación no debe ser tomada a la ligera, sobre todo por países como el nuestro que necesita de inversiones urgentes en zonas que se han vuelto prioritarias de nuestro sistema eléctrico por la saturación de sus líneas. Adicionalmente, el avance de la instalación de plantas solares exige la búsqueda de nuevas soluciones para poder inyectar la energía que se va sumando.
Otro caso interesante es el nuevo programa nuclear europeo, que, tras abandonar la tecnología de fisión nuclear, se ha enfocado en la segunda opción, que es la fusión nuclear, tecnología considerada más segura y sobre todo más limpia, pues reduce considerablemente los desechos radioactivos. La fusión nuclear permite la construcción de centrales más pequeñas y aumenta considerablemente los rangos de seguridad de su operación, reduciendo al mínimo posible eventos como el de la planta nuclear de Chernobyl en la actual Ucrania, Three Miles Island en Estados Unidos o Fukushima en Japón. Quien lleva la delantera en esta nueva tecnología de fusión es China, quien de acuerdo con los periodistas Brad Plumer y Harry Stevens: «(…) ha hallado la forma de producir reactores de forma relativamente rápida y económica. El país ensambla reactores en sólo cinco o seis años, el doble de rápido que las naciones occidentales…» (TNYT, 9 de noviembre de 2025). El desarrollo de un reactor altamente eficiente y seguro como el AP1000 le podría garantizar a China mantener un parque de generación en constante crecimiento, siguiendo los picos de su constante demanda de energía.
Aunque estas nuevas tecnologías en nuestro medio pueden parecer inalcanzables y robe sonrisas irónicas en algunos lectores, quienes desarrollan los planes de expansión de transporte de energía y las formas más eficientes de añadir generación a nuestro sistema no deben de pasar por alto estas nuevas opciones al momento de elaborar sus posibles escenarios. El esquema actual definido por la Ley General de Electricidad contempla que cualquier inversionista privado pueda participar en estos eventos de licitación y salir adjudicado si su propuesta cumple con la eficiencia y costos benéficos para el sistema. El país, pese a las condiciones muchas veces adversas, continúa creciendo y demandando más energía, y este crecimiento debe de ser uno de los objetivos clave de cualquier gobierno en adelante.
Rodrigo Fernández Ordóñez.
Abogado y notario e internacionalista, nació en la ciudad de Guatemala en 1978. Además del ejercicio profesional en el que se especializó en el sector energético, se ha dedicado a la Academia como profesor de Historia de Guatemala, en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (EPRI) de la Universidad Francisco Marroquín (UFM), y a la investigación histórica, tema del que ha publicado a la fecha tres libros que versan sobre esta temática.
Para repensar el futuro energético de Guatemala
Los guatemaltecos transformaron a Guatemala en un país líder no solo en producción de energía eléctrica, sino en exportación de este producto.
Por razones académicas hace unos días tuve la oportunidad de regresar a las páginas de un libro que me parece imprescindible para entender nuestro pasado y más aún, de suma utilidad para pensar nuestro futuro. Se trata del libro del historiador guatemalteco Javier Calderón Abullarade, «Energía y Potencia para Guatemala. Los estadios del Subsector Eléctrico 1883-2017», publicado en el 2018 por el Ministerio de Energía y Minas, como parte de una larga serie de publicaciones sobre el subsector eléctrico que pretendía llevar a todos los guatemaltecos un gran volumen de información técnica de forma digerible y accesible para que pudiéramos repensar los modelos de desarrollo posibles para nuestro país.
La virtud del libro de Javier es que en apenas 150 páginas nos relata el camino que recorrió nuestro país para desarrollar su infraestructura eléctrica. Largos años en los que, aplicando distintos modelos con mayor o menor fortuna, logró llevar energía al 93% del país según los datos disponibles sobre la máxima cobertura de energía eléctrica revisados en 2016. La información que aporta el libro viene soportada por cuadros y gráficos con datos técnicos que facilitan la comprensión del discurso del historiador.
A pesar de que el libro fue publicado hace casi una década, y los datos de cobertura eléctrica hayan retrocedido hasta un 86%, su información no ha perdido un ápice de su valor como fuente de información de primera mano para comprender el proceso de pruebas y errores por los que los guatemaltecos del pasado pasaron para que Guatemala fuera, en algunos momentos clave, un país líder no solo en producción de energía eléctrica, sino en exportación de este producto. Guatemala pudo darse el lujo de exportar energía eléctrica a México y a Centroamérica, manteniendo un dinámico crecimiento de su parque de generación y expandiendo sus redes de transporte y distribución.
El libro cobra vigencia en estos momentos en los que Guatemala se encuentra en un momento clave para continuar encarrilada en la senda del desarrollo. Se ha invitado a participar a los inversionistas en licitaciones de largo plazo para generación de energía, pero se han topado con algunos problemas de conectividad de sus proyectos porque las líneas de transmisión que conectan a sus plantas con las redes de distribución o grandes consumidores se encuentran saturadas. El momento es crítico, dado que la punta de la demanda de Guatemala ha ido marcando máximos constantemente, acercando cada vez más la oferta con la demanda. Para que no se llegue al punto crítico de coincidencia, es ir sumando cada vez más generación que mantenga vigente un margen cómodo de reserva que permita el constante crecimiento.
En noticias publicadas en los últimos meses en las páginas del periódico The New York Times, se han estado destacando las innovaciones tecnológicas más importantes aplicadas en el mundo en el sector eléctrico, y que pueden resultar fundamentales para mantener alimentada a la economía guatemalteca con energía de buena calidad y buen precio. Objetivos que buscan los mecanismos diseñados por la Ley General de Electricidad y sus reglamentos.
Uno de los artículos hablaba de un campo experimental de baterías de iones de litio de gran capacidad y dimensión montado en el desierto del norte de Chile, que permitió almacenar energía e inyectarla en momentos de demanda crítica, pero el funcionamiento del parque de baterías superó cualquier expectativa. Apuntaba al respecto el periodista Ivan Penn: «Baterías tan grandes como contenedores de carga están siendo conectadas a líneas eléctricas e instaladas junto a paneles solares y turbinas eólicas. Absorben energía cuando abunda y la liberan cuando el consumo eléctrico se dispara, reduciendo la necesidad de costosas centrales y líneas eléctricas» (TNYT, 21 de diciembre de 2025). Esta afirmación no debe ser tomada a la ligera, sobre todo por países como el nuestro que necesita de inversiones urgentes en zonas que se han vuelto prioritarias de nuestro sistema eléctrico por la saturación de sus líneas. Adicionalmente, el avance de la instalación de plantas solares exige la búsqueda de nuevas soluciones para poder inyectar la energía que se va sumando.
Otro caso interesante es el nuevo programa nuclear europeo, que, tras abandonar la tecnología de fisión nuclear, se ha enfocado en la segunda opción, que es la fusión nuclear, tecnología considerada más segura y sobre todo más limpia, pues reduce considerablemente los desechos radioactivos. La fusión nuclear permite la construcción de centrales más pequeñas y aumenta considerablemente los rangos de seguridad de su operación, reduciendo al mínimo posible eventos como el de la planta nuclear de Chernobyl en la actual Ucrania, Three Miles Island en Estados Unidos o Fukushima en Japón. Quien lleva la delantera en esta nueva tecnología de fusión es China, quien de acuerdo con los periodistas Brad Plumer y Harry Stevens: «(…) ha hallado la forma de producir reactores de forma relativamente rápida y económica. El país ensambla reactores en sólo cinco o seis años, el doble de rápido que las naciones occidentales…» (TNYT, 9 de noviembre de 2025). El desarrollo de un reactor altamente eficiente y seguro como el AP1000 le podría garantizar a China mantener un parque de generación en constante crecimiento, siguiendo los picos de su constante demanda de energía.
Aunque estas nuevas tecnologías en nuestro medio pueden parecer inalcanzables y robe sonrisas irónicas en algunos lectores, quienes desarrollan los planes de expansión de transporte de energía y las formas más eficientes de añadir generación a nuestro sistema no deben de pasar por alto estas nuevas opciones al momento de elaborar sus posibles escenarios. El esquema actual definido por la Ley General de Electricidad contempla que cualquier inversionista privado pueda participar en estos eventos de licitación y salir adjudicado si su propuesta cumple con la eficiencia y costos benéficos para el sistema. El país, pese a las condiciones muchas veces adversas, continúa creciendo y demandando más energía, y este crecimiento debe de ser uno de los objetivos clave de cualquier gobierno en adelante.
Rodrigo Fernández Ordóñez.
Abogado y notario e internacionalista, nació en la ciudad de Guatemala en 1978. Además del ejercicio profesional en el que se especializó en el sector energético, se ha dedicado a la Academia como profesor de Historia de Guatemala, en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (EPRI) de la Universidad Francisco Marroquín (UFM), y a la investigación histórica, tema del que ha publicado a la fecha tres libros que versan sobre esta temática.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: