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Odio a lo bueno por ser lo bueno

Warren Orbaugh |
20 de julio, 2026

El socialismo es la política del ‘odio a lo bueno por ser lo bueno’.

Ayn Rand llama a esta emoción ‘envidia’ por no tener un mejor nombre con que identificarla. Describe esta emoción en su ensayo “The Age of Envy” publicado en el número de julio de 1971 del Objectivist: «Este odio no es resentimiento contra alguna visión prescrita del bien con la que uno no está de acuerdo. [...] si un adulto no considera el altruismo como algo bueno y resiente la adulación que se le da a algún 'humanitario', esto es un choque entre sus valores y los de los demás, no odio hacia el bien. Odiar el bien por ser bueno significa odiar aquello que uno considera bueno según su propio juicio (consciente o subconsciente). Significa odiar a una persona por poseer un valor que uno considera deseable.»

Friedrich Nietzsche llama a esta emoción ‘resentimiento’, que explica en el capítulo “Bien y Mal versus Bueno y Malo” de su libro Hacia la Genealogía de la Moral en el parágrafo 10. Aquí describe al resentido como alguien que odia al noble, al hombre completo, rebosante de vida, cuyos valores están fundados en una poderosa constitución corporal, una salud floreciente, que encuentra su felicidad en la actividad robusta, libre, gozosa. El término que cita Nietzsche para referirse al noble es esqlos (estlos que significa bueno, noble, capaz, valiente, magnífico, feliz, saludable, veraz) por oposición al hombre vil y mentiroso del vulgo como se concibe y pinta en la Teogonía. El resentido, nos dice el filósofo prusiano, crea una inversión de los valores, con el encarnizamiento de un odio sin límites y denomina “malo” precisamente a lo “bueno” de la otra moral. El malo es el noble, el poderoso, ennegrecido, visto y mirado al revés por la mirada venenosa del resentimiento. El bueno nos dice el resentido, es el miserable, el necesitado, el enfermo, el deforme, el que sufre.

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¿Y cómo iba a ser de otra manera? ¿Acaso para el socialista no es su visión del mundo, su Weltanschaaung, su sentido de vida, ‘la lucha de clases’, el enfrentamiento de unos contra otros? El socialista no concibe que es ‘la cooperación social’. En su mente resentida no cabe la noción de que dos personas cooperen mediante el intercambio voluntario de valores con el propósito de mejorar cada uno su calidad de vida. No comprende que en una transacción de ese tipo ambas partes ganan, y que es precisamente porque los negociantes se dan cuenta de esto que intercambian bienes. Su ‘mala fe’ lo lleva a fingir que en el intercambio de bienes una parte gana y la otra pierde, una parte explota y la otra es explotada, una parte es victimario y la otra víctima. ¿Pero si ese fuera el caso, por qué intercambian bienes? Eso no se le ocurre. Razonar no es lo suyo.

Empezaron tratando de vender la visión de burgueses contra proletarios, después terratenientes contra campesinos, luego empresarios contra trabajadores, posteriormente hombres contra mujeres, entonces la realidad objetiva contra la irrealidad arbitraria, en seguida la civilización occidental contra las culturas bárbaras, ahora los normales contra los ‘transcualquiercosa’. Siempre tratando de destruir a los primeros.

Ahora la manifestación más patética de ese odio a lo bueno por ser lo bueno se vio cuando los periodistas de izquierda argentinos despotricaron contra Messi y la selección de futbol. Dijeron que este mundial era una porquería, que ellos no tenían selección, que ese rechazo era el sentir popular. (No hay que olvidar que ellos siempre son el pueblo. El que piensa distinto no es el pueblo). Leonel Messi, quien es heterosexual, esposo fiel, padre de familia ejemplar, hombre sano, benevolente, templado y futbolista extraordinario no es digno de admiración, sino que, de repudio, exclaman estos analistas.

¿Quién es a quien hay que admirar entonces? A Diego Maradona, también futbolista extraordinario, drogadicto, libertino, pedófilo, borracho, sin templanza alguna. ¿Su gran virtud? Admirar a tiranos comunistas, hincarse ante Fidel Castro y como un lameculos cualquiera besarle la mano.

Esto retrata a estos resentidos socialistas de pies a cabeza.

Odio a lo bueno por ser lo bueno

Warren Orbaugh |
20 de julio, 2026

El socialismo es la política del ‘odio a lo bueno por ser lo bueno’.

Ayn Rand llama a esta emoción ‘envidia’ por no tener un mejor nombre con que identificarla. Describe esta emoción en su ensayo “The Age of Envy” publicado en el número de julio de 1971 del Objectivist: «Este odio no es resentimiento contra alguna visión prescrita del bien con la que uno no está de acuerdo. [...] si un adulto no considera el altruismo como algo bueno y resiente la adulación que se le da a algún 'humanitario', esto es un choque entre sus valores y los de los demás, no odio hacia el bien. Odiar el bien por ser bueno significa odiar aquello que uno considera bueno según su propio juicio (consciente o subconsciente). Significa odiar a una persona por poseer un valor que uno considera deseable.»

Friedrich Nietzsche llama a esta emoción ‘resentimiento’, que explica en el capítulo “Bien y Mal versus Bueno y Malo” de su libro Hacia la Genealogía de la Moral en el parágrafo 10. Aquí describe al resentido como alguien que odia al noble, al hombre completo, rebosante de vida, cuyos valores están fundados en una poderosa constitución corporal, una salud floreciente, que encuentra su felicidad en la actividad robusta, libre, gozosa. El término que cita Nietzsche para referirse al noble es esqlos (estlos que significa bueno, noble, capaz, valiente, magnífico, feliz, saludable, veraz) por oposición al hombre vil y mentiroso del vulgo como se concibe y pinta en la Teogonía. El resentido, nos dice el filósofo prusiano, crea una inversión de los valores, con el encarnizamiento de un odio sin límites y denomina “malo” precisamente a lo “bueno” de la otra moral. El malo es el noble, el poderoso, ennegrecido, visto y mirado al revés por la mirada venenosa del resentimiento. El bueno nos dice el resentido, es el miserable, el necesitado, el enfermo, el deforme, el que sufre.

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Empezaron tratando de vender la visión de burgueses contra proletarios, después terratenientes contra campesinos, luego empresarios contra trabajadores, posteriormente hombres contra mujeres, entonces la realidad objetiva contra la irrealidad arbitraria, en seguida la civilización occidental contra las culturas bárbaras, ahora los normales contra los ‘transcualquiercosa’. Siempre tratando de destruir a los primeros.

Ahora la manifestación más patética de ese odio a lo bueno por ser lo bueno se vio cuando los periodistas de izquierda argentinos despotricaron contra Messi y la selección de futbol. Dijeron que este mundial era una porquería, que ellos no tenían selección, que ese rechazo era el sentir popular. (No hay que olvidar que ellos siempre son el pueblo. El que piensa distinto no es el pueblo). Leonel Messi, quien es heterosexual, esposo fiel, padre de familia ejemplar, hombre sano, benevolente, templado y futbolista extraordinario no es digno de admiración, sino que, de repudio, exclaman estos analistas.

¿Quién es a quien hay que admirar entonces? A Diego Maradona, también futbolista extraordinario, drogadicto, libertino, pedófilo, borracho, sin templanza alguna. ¿Su gran virtud? Admirar a tiranos comunistas, hincarse ante Fidel Castro y como un lameculos cualquiera besarle la mano.

Esto retrata a estos resentidos socialistas de pies a cabeza.

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