O la ONU sí existe para velar por los derechos humanos en las naciones, o no.
O la ONU sí existe para evitar agresiones de unas naciones a otras, o no.
O la ONU sí existe para sancionar a aquellos que violen los derechos humanos, o no.
O la ONU sí existe para usar la fuerza con el objetivo de mantener la paz, o no.
O la ONU sí existe como comunidad moral y política, o no.
O la ONU sí existe como actualización de los principios kantianos expresados en La paz perpetua, o no.
La Organización de las Naciones Unidas nació oficialmente el 24 de octubre de 1945, después de que la mayoría de los hombres de buena voluntad de 51 Estados Miembros signatarios del documento fundacional de la Organización, la Carta de la ONU, la ratificaran. Se inspiraron en buena parte en las ideas expresadas por Immanuel Kant en su Paz perpetua, como la paz como construcción jurídica, no como equilibrio de fuerzas; el rechazo del derecho de conquista; la publicidad de las decisiones; y la centralidad de la dignidad humana.
Hombres de buena voluntad encargaron el diseño del edificio sede al arquitecto Wallace K. Harrison en 1947. Harrison reunió un equipo de destacados arquitectos de diferentes países para concebir los edificios, entre ellos: G. A. Soilleux (Australia), Gaston Brunfaut (Bélgica), Oscar Niemeyer (Brasil), Ernest Cormier (Canadá), Le Corbusier (Francia), Sven Markelius (Suecia), Nikolai D. Bassov (USSR), Howard Robertson (Reino Unido), y Julio Vilamajo (Uruguay). Le Corbusier tomó el control del proyecto, que, aunque no es solo suyo, tiene su signatura.
Habría sido excelente que de las proposiciones disyuntivas del primer párrafo pudiéramos inferir por Tollendo Ponens, aunque fuera una, que sí, pero no. No porque los bribones y canallas del mundo cooptaron los puestos claves de la organización. Ahora se ha convertido en guarida de déspotas y tiranos que confabulan para destruir al mundo occidental.
Hoy, con la operación conjunta de Estados Unidos e Israel para, por fin, hacer justicia, salta Antonio Guterres exigiendo el cese de las hostilidades. ¿Con qué solvencia moral? ¿Acaso condenó al corrompido, asesino e idiotamente exaltado Khamenei por la vil matanza en represión a las manifestaciones de miles de iraníes que pedían libertad? ¿Acaso censuró al régimen de los pérfidos y malditos ayatolas por su continua violación de los derechos humanos? ¿Acaso reprochó a esos clérigos del mal, bestias que son la autodeshonra del hombre, la deshumanización, tortura, objetivación y mutilación de las mujeres iraníes? ¿Acaso defendió al pueblo de Irán?
No. Un rotundo no. Más bien, por el contrario, felicitó y alabó a estos energúmenos el once de febrero por el aniversario de la Revolución Islámica. Y el dieciocho de febrero, Irán fue elegido vicepresidente del Comité de la Carta de las Naciones Unidas, el órgano encargado de defender los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Eligieron, como si se lo mereciera, a un régimen corrupto que viola sistemáticamente los principios más básicos de la ONU. En justicia, el régimen de los ayatolas no puede ocupar una posición centrada en la preservación de esos mismos principios. La ONU legitima sistemáticamente a quienes actúan contra los objetivos de esta institución.
Ahora que el presidente Trump hace lo que es moralmente correcto —proteger a los estadounidenses y rescatar a los iraníes (algo que debió hacer Carter cuando los bárbaros tomaron la embajada estadounidense)— salta, junto con la chusma de los socialistas, con los apóstoles de los chandalas, para defender a los tiranos. La máscara se les ha caído. Han navegado por el mundo político fingiéndose defensores de los derechos humanos, amigos de los ciudadanos, cuando en realidad siempre han sido defensores de déspotas, tiranos, opresores y viles matones. Lo que los une es su odio a Occidente.
La ONU es ahora una organización corrupta, cueva de ladrones y matones, que pretenden lavar su cara escondiéndose detrás de una linda fachada. Ya es hora de que desaparezca.
O la ONU sí existe para velar por los derechos humanos en las naciones, o no.
O la ONU sí existe para evitar agresiones de unas naciones a otras, o no.
O la ONU sí existe para sancionar a aquellos que violen los derechos humanos, o no.
O la ONU sí existe para usar la fuerza con el objetivo de mantener la paz, o no.
O la ONU sí existe como comunidad moral y política, o no.
O la ONU sí existe como actualización de los principios kantianos expresados en La paz perpetua, o no.
La Organización de las Naciones Unidas nació oficialmente el 24 de octubre de 1945, después de que la mayoría de los hombres de buena voluntad de 51 Estados Miembros signatarios del documento fundacional de la Organización, la Carta de la ONU, la ratificaran. Se inspiraron en buena parte en las ideas expresadas por Immanuel Kant en su Paz perpetua, como la paz como construcción jurídica, no como equilibrio de fuerzas; el rechazo del derecho de conquista; la publicidad de las decisiones; y la centralidad de la dignidad humana.
Hombres de buena voluntad encargaron el diseño del edificio sede al arquitecto Wallace K. Harrison en 1947. Harrison reunió un equipo de destacados arquitectos de diferentes países para concebir los edificios, entre ellos: G. A. Soilleux (Australia), Gaston Brunfaut (Bélgica), Oscar Niemeyer (Brasil), Ernest Cormier (Canadá), Le Corbusier (Francia), Sven Markelius (Suecia), Nikolai D. Bassov (USSR), Howard Robertson (Reino Unido), y Julio Vilamajo (Uruguay). Le Corbusier tomó el control del proyecto, que, aunque no es solo suyo, tiene su signatura.
Habría sido excelente que de las proposiciones disyuntivas del primer párrafo pudiéramos inferir por Tollendo Ponens, aunque fuera una, que sí, pero no. No porque los bribones y canallas del mundo cooptaron los puestos claves de la organización. Ahora se ha convertido en guarida de déspotas y tiranos que confabulan para destruir al mundo occidental.
Hoy, con la operación conjunta de Estados Unidos e Israel para, por fin, hacer justicia, salta Antonio Guterres exigiendo el cese de las hostilidades. ¿Con qué solvencia moral? ¿Acaso condenó al corrompido, asesino e idiotamente exaltado Khamenei por la vil matanza en represión a las manifestaciones de miles de iraníes que pedían libertad? ¿Acaso censuró al régimen de los pérfidos y malditos ayatolas por su continua violación de los derechos humanos? ¿Acaso reprochó a esos clérigos del mal, bestias que son la autodeshonra del hombre, la deshumanización, tortura, objetivación y mutilación de las mujeres iraníes? ¿Acaso defendió al pueblo de Irán?
No. Un rotundo no. Más bien, por el contrario, felicitó y alabó a estos energúmenos el once de febrero por el aniversario de la Revolución Islámica. Y el dieciocho de febrero, Irán fue elegido vicepresidente del Comité de la Carta de las Naciones Unidas, el órgano encargado de defender los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Eligieron, como si se lo mereciera, a un régimen corrupto que viola sistemáticamente los principios más básicos de la ONU. En justicia, el régimen de los ayatolas no puede ocupar una posición centrada en la preservación de esos mismos principios. La ONU legitima sistemáticamente a quienes actúan contra los objetivos de esta institución.
Ahora que el presidente Trump hace lo que es moralmente correcto —proteger a los estadounidenses y rescatar a los iraníes (algo que debió hacer Carter cuando los bárbaros tomaron la embajada estadounidense)— salta, junto con la chusma de los socialistas, con los apóstoles de los chandalas, para defender a los tiranos. La máscara se les ha caído. Han navegado por el mundo político fingiéndose defensores de los derechos humanos, amigos de los ciudadanos, cuando en realidad siempre han sido defensores de déspotas, tiranos, opresores y viles matones. Lo que los une es su odio a Occidente.
La ONU es ahora una organización corrupta, cueva de ladrones y matones, que pretenden lavar su cara escondiéndose detrás de una linda fachada. Ya es hora de que desaparezca.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: