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“¡Mire la Pelota!”

Amilcar R. Álvarez |
09 de julio, 2026

Sin saberlo, ese día vi jugar en persona a Diego Armando Maradona.

La primera vez que fui a un estadio de fútbol, tenía unos seis o siete años en 1982. El tiempo ha borrado casi todos los detalles de aquel día, pero hay escenas que permanecen intactas en mi mente. Estaba con mi papá en el Palco del estadio Mateo Flores, donde nos encontramos a mi tío Aníbal, quien se levantó a saludarnos con su cerveza servida en un vaso de papel con parafina que tenía en la mano. Había dos cafeterías, una se llamaba El Pénalti, y la otra se llamaba El Golazo, en una de ellas mi papá me compró un pan francés con jamón y una Orange Crush.

Recuerdo cómo la gente se levantaba de sus asientos al emocionarse por alguna jugada, y algunos llevaban su radio de transistores AM para escuchar la narración de don Neto Ponce del partido, o los comentarios de don Mario Ferreti. Pero sobre todo, puedo escuchar todavía la voz de mi papá diciéndome “mire la pelota”. Me había quedado hipnotizado viendo al portero del equipo visitante. Tenía curiosidad de ver qué hacía el portero mientras todos estaban del otro lado. La televisión nunca enfocaba al portero cuando no le llegaba la pelota, así que ese día resolví mi duda. Mientras todos seguían las jugadas, yo observaba a aquel arquero como si fuera el protagonista del partido.

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Por muchos años ese recuerdo permaneció guardado, incompleto y bastante borroso. Años después, descubrí algo: ese partido era el amistoso entre Comunicaciones y Boca Juniors. Sin saberlo, ese día vi jugar en persona a Diego Armando Maradona. De uno de los futbolistas más grandes de todos los tiempos, no recuerdo un regate, un gol o una gambeta. Lo que conservo es la voz de mi papá diciéndome que me enfocara, mientras yo insistía en mirar hacia otro lado. A veces la vida nos regala momentos históricos sin avisarnos. Solo muchos años después entendemos que estuvimos allí, y no siempre tenemos a nuestro padre al lado diciéndonos “mire la pelota”.

Me viene a la mente la frase de Søren Kierkegaard: "La vida solo puede entenderse hacia atrás, pero ha de vivirse hacia adelante". Entonces ¿qué momento importante de la historia estamos viviendo hoy sin darnos cuenta? En 1492 nadie dijo "Estamos entrando a la Edad Moderna”, en 1760 nadie dijo "Estoy viviendo la Revolución Industrial”, en 1982 no dije “estoy viendo a Maradona”.

Cuando cayó el Muro de Berlín, la mayoría de los que estaban allí no dimensionaron que estaban presenciando el fin de un orden mundial. Cuando apareció el primer Blackberry, sus creadores pensaron que eran invencibles y no imaginaron que vendría algo mejor con el lanzamiento del iPhone. Hoy creemos que vivimos una semana cualquiera de 2026, mientras simplemente se está jugando un mundial de fútbol más. Entonces, si no podemos saber qué momento importante de la historia estamos viviendo, solo nos queda elegir cuál es nuestro enfoque, como me decía mi papá, “mire la pelota”. Elegir hacia dónde queremos dirigir nuestra atención. Cada quien elige cuál es la “pelota” en la que se tiene que enfocar.

Quizá dentro de muchos años descubriremos qué era lo verdaderamente importante de este tiempo. Tal vez no será lo que hoy ocupa los titulares, o lo que es tendencia en las redes sociales. Tal vez será algo que ahora parece pequeño, secundario, casi invisible. Como aquel portero que me robó la atención mientras Maradona estaba en la cancha. Por eso, si algo me dejó aquel partido de fútbol en el Mateo Flores, no fue una jugada ni un resultado. Fue una voz. La voz de mi papá recordándome que en medio del ruido, de la emoción y de la multitud, uno debe elegir hacia dónde mirar.

Tal vez vivir sea precisamente eso: no saber si estamos frente a Maradona, pero sí seguir intentando mirar la pelota. Quizá algún día nuestros nietos nos preguntarán cómo era vivir cuando apareció la inteligencia artificial, o cuando el mundo empezó a cambiar de una forma que todavía no alcanzábamos a comprender. Y, probablemente les responderemos lo mismo que yo podría responder hoy sobre aquel partido en el Mateo Flores. Que estuvimos allí. Pero no sabíamos lo que estábamos viendo. Vivimos la historia sin reconocerla, los historiadores siempre llegan después.

Sin saberlo, ese día vi jugar en persona a Diego Armando Maradona.

La primera vez que fui a un estadio de fútbol, tenía unos seis o siete años en 1982. El tiempo ha borrado casi todos los detalles de aquel día, pero hay escenas que permanecen intactas en mi mente. Estaba con mi papá en el Palco del estadio Mateo Flores, donde nos encontramos a mi tío Aníbal, quien se levantó a saludarnos con su cerveza servida en un vaso de papel con parafina que tenía en la mano. Había dos cafeterías, una se llamaba El Pénalti, y la otra se llamaba El Golazo, en una de ellas mi papá me compró un pan francés con jamón y una Orange Crush.

Recuerdo cómo la gente se levantaba de sus asientos al emocionarse por alguna jugada, y algunos llevaban su radio de transistores AM para escuchar la narración de don Neto Ponce del partido, o los comentarios de don Mario Ferreti. Pero sobre todo, puedo escuchar todavía la voz de mi papá diciéndome “mire la pelota”. Me había quedado hipnotizado viendo al portero del equipo visitante. Tenía curiosidad de ver qué hacía el portero mientras todos estaban del otro lado. La televisión nunca enfocaba al portero cuando no le llegaba la pelota, así que ese día resolví mi duda. Mientras todos seguían las jugadas, yo observaba a aquel arquero como si fuera el protagonista del partido.

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Por muchos años ese recuerdo permaneció guardado, incompleto y bastante borroso. Años después, descubrí algo: ese partido era el amistoso entre Comunicaciones y Boca Juniors. Sin saberlo, ese día vi jugar en persona a Diego Armando Maradona. De uno de los futbolistas más grandes de todos los tiempos, no recuerdo un regate, un gol o una gambeta. Lo que conservo es la voz de mi papá diciéndome que me enfocara, mientras yo insistía en mirar hacia otro lado. A veces la vida nos regala momentos históricos sin avisarnos. Solo muchos años después entendemos que estuvimos allí, y no siempre tenemos a nuestro padre al lado diciéndonos “mire la pelota”.

Me viene a la mente la frase de Søren Kierkegaard: "La vida solo puede entenderse hacia atrás, pero ha de vivirse hacia adelante". Entonces ¿qué momento importante de la historia estamos viviendo hoy sin darnos cuenta? En 1492 nadie dijo "Estamos entrando a la Edad Moderna”, en 1760 nadie dijo "Estoy viviendo la Revolución Industrial”, en 1982 no dije “estoy viendo a Maradona”.

Cuando cayó el Muro de Berlín, la mayoría de los que estaban allí no dimensionaron que estaban presenciando el fin de un orden mundial. Cuando apareció el primer Blackberry, sus creadores pensaron que eran invencibles y no imaginaron que vendría algo mejor con el lanzamiento del iPhone. Hoy creemos que vivimos una semana cualquiera de 2026, mientras simplemente se está jugando un mundial de fútbol más. Entonces, si no podemos saber qué momento importante de la historia estamos viviendo, solo nos queda elegir cuál es nuestro enfoque, como me decía mi papá, “mire la pelota”. Elegir hacia dónde queremos dirigir nuestra atención. Cada quien elige cuál es la “pelota” en la que se tiene que enfocar.

Quizá dentro de muchos años descubriremos qué era lo verdaderamente importante de este tiempo. Tal vez no será lo que hoy ocupa los titulares, o lo que es tendencia en las redes sociales. Tal vez será algo que ahora parece pequeño, secundario, casi invisible. Como aquel portero que me robó la atención mientras Maradona estaba en la cancha. Por eso, si algo me dejó aquel partido de fútbol en el Mateo Flores, no fue una jugada ni un resultado. Fue una voz. La voz de mi papá recordándome que en medio del ruido, de la emoción y de la multitud, uno debe elegir hacia dónde mirar.

Tal vez vivir sea precisamente eso: no saber si estamos frente a Maradona, pero sí seguir intentando mirar la pelota. Quizá algún día nuestros nietos nos preguntarán cómo era vivir cuando apareció la inteligencia artificial, o cuando el mundo empezó a cambiar de una forma que todavía no alcanzábamos a comprender. Y, probablemente les responderemos lo mismo que yo podría responder hoy sobre aquel partido en el Mateo Flores. Que estuvimos allí. Pero no sabíamos lo que estábamos viendo. Vivimos la historia sin reconocerla, los historiadores siempre llegan después.

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