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Matías de Gálvez: el héroe que salvó a Guatemala en medio de una guerra mundial

.
Dr. Ramiro Bolaños |
19 de enero, 2026

Este 2 de enero se cumplieron 250 años de la fundación de la ciudad de Guatemala. Pero su historia ha estado marcada por la destrucción. El 29 de julio de 1773, como en tantas ocasiones, los pobladores del Reino de Guatemala despertaron sobresaltados por la violencia del movimiento de la tierra. Al amanecer, los primeros rayos de sol revelaron las fachadas derruidas de casas, iglesias y palacios.

Ya en 1527, al debatir el asiento de la ciudad en el valle de Almolonga, el cabildo advertía sobre el peligro de los volcanes y del “fuego que echan”. No fue entonces un terremoto, sino la “espantable tempestad de agua y tierra” que descendió del volcán el 10 de septiembre de 1541, apenas una noche después de que doña Beatriz de la Cueva fuera nombrada gobernadora. El aluvión del volcán de Agua arrastraba piedras “como diez bueyes” y lodo que cubrió la ciudad a la altura de una lanza. Soterrada murió la Sinventura, viuda del conquistador que había fundado la primera capital en Iximché en 1524. No le valió pertenecer a la Casa de Albuquerque, una de las familias más poderosas de la nobleza española.

Cuarenta y dos días después, el cabildo decidió trasladar la ciudad de Santiago de los Caballeros al Valle de Panchoy, el 22 de octubre de 1541. Sin embargo, la traza urbana no se inició sino hasta 1543. No fue sino hasta 1566 cuando la ciudad recibió los títulos de “Muy Noble y muy Leal” por parte de Felipe II, soberano de los reinos de Castilla y León, Aragón, Portugal y demás reinos peninsulares; duque de Borgoña y de Milán, rey de las Indias y de las islas y Tierra Firme del Mar Océano.

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Desde el preclásico maya, la región ha sufrido grandes eventos telúricos. Después del aluvión de 1541, Santiago de los Caballeros padeció nuevos sismos destructivos en 1585, los de San José en 1651, Santa Rosa en 1689, San Miguel en 1717 y, finalmente, en 1773, los terremotos de Santa Marta, que redujeron la ciudad a cenizas y escombros y obligaron al traslado a un nuevo valle.

La ciudad se dividió entre “terronistas” y “trasladistas”. El capitán general Martín de Mayorga consideraba inhabitable el Valle de Panchoy. La decisión final llegó desde la corona: Carlos III ordenó el traslado mediante Real Cédula del 1 de diciembre de 1775, al Valle de la Ermita –o Valle de la Virgen de la Asunción– como lugar definitivo para el nuevo asentamiento, bajo el nombre de Nueva Guatemala de la Asunción.

Entre 1773 y 1779, la nueva ciudad quedó sumida en una inacción espantosa. Las viviendas eran ranchos provisionales de paja y bajareque, sin protección frente a la intemperie. Aunque la traza estaba marcada, el terreno seguía siendo un laberinto de zanjas y maleza que impedía el tránsito de carruajes. No se había colocado una sola piedra relevante en el Palacio Real ni en la Catedral. La ciudad había nacido sin alma. El desaliento fue tal que muchos vecinos regresaron clandestinamente a las ruinas o emigraron a otras provincias. No había suficientes recursos ni albañiles y el nuevo valle no estaba preparado para recibir a miles de personas sin mercados ni suministros básicos. Una parálisis prolongada que amenazaba la propia supervivencia del reino.

En 1778, el Reino de Guatemala recibió finalmente a un hombre de acción: el mariscal Matías de Gálvez. A su llegada, el 18 de junio de 1779, asumió como gobernador, capitán general del Reino y presidente de la Real Audiencia. Desde el inicio impulsó obras, gestionó fondos desde la Nueva España y acordó con los vecinos impuestos locales para construir la nueva ciudad. Su mayor mérito fue asegurar y administrar con honestidad y eficacia los recursos necesarios para que las obras no se detuvieran mientras resolvía la quiebra de la ciudad.

Bajo su mando, los edificios públicos empezaron a elevarse sobre el nivel del suelo. Estableció un sistema básico de policía y alumbrado público, dando a la “Ermita” el aspecto de una capital moderna y segura. Mejoró los acueductos y aseguró el suministro de agua potable. Colocó la primera piedra de la Catedral en la Plaza Mayor y puso en funcionamiento la Real Casa de Moneda. Aceleró la edificación del Palacio Real y de la Audiencia, levantó la Real Aduana, agilizó la entrega de terrenos e impulsó el inicio de los conventos. Logró en apenas dos años lo que no se había logrado en los seis anteriores.

Poco después de su llegada, en junio de 1779, Francia y España declararon la guerra al Reino de la Gran Bretaña, en apoyo a la independencia de las colonias norteamericanas. Desde su base en la Costa Mosquitia, los ingleses intentaron dividir en dos a las Indias del Imperio español. En octubre de ese mismo año capturaron la fortaleza de San Fernando de Omoa. Sin esperar refuerzos de España ni del virreinato, Matías de Gálvez organizó una fuerza de milicianos guatemaltecos. En una operación relámpago, sitió la fortaleza y logró la rendición de los ingleses el 28 de noviembre de 1779.

Al año siguiente, los ingleses intentaron tomar el fuerte de la Inmaculada Concepción, en el río San Juan. Gálvez organizó el sitio. El clima, las enfermedades y el prolongado asedio diezmaron a las fuerzas invasoras, entre las cuales se encontraba un joven Horatio Nelson, futuro almirante de Trafalgar. El fuerte fue recuperado en enero de 1781.

En mayo de ese mismo año, Bernardo de Gálvez, hijo de Matías, sitió la plaza de Pensacola, principal bastión británico en el Golfo de México. Ante la duda de entrar en la bahía, pronunció su célebre “Yo solo” y avanzó con su navío, forzando al resto de la flota a seguirlo. Los ingleses se rindieron el 8 de mayo. Con esta victoria se cerró la posibilidad de que los británicos rodearan a las tropas de George Washington.

El 19 de octubre, el general Lord Cornwallis se rindió en Yorktown ante las fuerzas combinadas del ejército continental de Washington y las tropas francesas de Rochambeau. La victoria española en Pensacola había hecho posible esa maniobra decisiva. La estrategia de tenaza entre Bernardo y Matías fue coordinada por su hermano José de Gálvez, ministro de Indias.

En marzo de 1782, Matías de Gálvez dirigió personalmente una expedición hacia las Islas de la Bahía y atacó Roatán. Tras un intenso bombardeo y un desembarco exitoso, logró la rendición de la guarnición británica y destruyó sus fortificaciones. Con ello el mariscal aseguró la expulsión definitiva de los ingleses del territorio del Reino de Guatemala.

La guerra concluyó con el Tratado de París del 3 de septiembre de 1783. Este reconoció la independencia de las trece colonias, devolvió las Floridas a España y selló el retiro británico de Centroamérica, con la única excepción del enclave maderero en Belice.

Ante estas proezas administrativas, constructivas y militares, el cabildo de Guatemala envió una misiva al rey elogiando a Matías de Gálvez por haber logrado construir una ciudad en medio de una guerra mundial. Como reconocimiento, el monarca le otorgó el virreinato de la Nueva España en 1783. Se le recuerda por su rectitud y valor y por haber sido el héroe que hizo posible la Guatemala que hoy habitamos.

En su tiempo, el cabildo solicitó al rey que se le concediera el título de “Primer Padre de la Patria”, y que se erigiera una estatua en su honor. No fue autorizada. Quizá por ello, en la conmemoración de los 250 años de la ciudad, resulte justo saldar una deuda histórica: recordar su nombre, levantar una estatua en su memoria y devolver a Guatemala uno de los héroes que hicieron posible lo que hoy somos.

Ramiro Bolaños, PhD. / Presidente del Centro de Pensamiento y Acción: Factoría Libertatis

Referencias

Amigos de los 25 de julio, ‘En el tricentenario de un héroe malagueño olvidado: Matías de Gálvez, de artillero a virrey’, Amigos de los 25 de julio https://amigos25julio.com/en-el-tricentenario-de-un-heroe-malagueno-olvidado-matias-de-galvez-de-artillero-a-virrey/ [consultado el 18 de enero de 2026].

AnónimoLibro viejo de la Fundación de Guatemala y papeles relativos a d. Pedro de Alvarado, ed. por J. Antonio Villacorta C. (Guatemala: Tipografía Nacional, 1934).

Archivo General de IndiasReal Cédula de traslación de la ciudad de Guatemala al Valle de la Ermita (Sevilla: 1775).

Arévalo, RafaelColección de documentos antiguos del archivo del ayuntamiento de Guatemala (Guatemala: Imprenta de Luna, 1857).

García Peláez, Francisco de PaulaMemorias para la historia del antiguo Reyno de Guatemala, 3 vols (Guatemala: Establecimiento Tipográfico de la Aurora, 1851).

Juarros, DomingoCompendio de la historia de la ciudad de Guatemala (Guatemala: Ignacio Beteta, 1808).

Montero de Bascom, Berta, ‘El Terremoto de Santa Marta y el traslado de la capital’, Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, 41 (1968)

Matías de Gálvez: el héroe que salvó a Guatemala en medio de una guerra mundial

Dr. Ramiro Bolaños |
19 de enero, 2026
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Este 2 de enero se cumplieron 250 años de la fundación de la ciudad de Guatemala. Pero su historia ha estado marcada por la destrucción. El 29 de julio de 1773, como en tantas ocasiones, los pobladores del Reino de Guatemala despertaron sobresaltados por la violencia del movimiento de la tierra. Al amanecer, los primeros rayos de sol revelaron las fachadas derruidas de casas, iglesias y palacios.

Ya en 1527, al debatir el asiento de la ciudad en el valle de Almolonga, el cabildo advertía sobre el peligro de los volcanes y del “fuego que echan”. No fue entonces un terremoto, sino la “espantable tempestad de agua y tierra” que descendió del volcán el 10 de septiembre de 1541, apenas una noche después de que doña Beatriz de la Cueva fuera nombrada gobernadora. El aluvión del volcán de Agua arrastraba piedras “como diez bueyes” y lodo que cubrió la ciudad a la altura de una lanza. Soterrada murió la Sinventura, viuda del conquistador que había fundado la primera capital en Iximché en 1524. No le valió pertenecer a la Casa de Albuquerque, una de las familias más poderosas de la nobleza española.

Cuarenta y dos días después, el cabildo decidió trasladar la ciudad de Santiago de los Caballeros al Valle de Panchoy, el 22 de octubre de 1541. Sin embargo, la traza urbana no se inició sino hasta 1543. No fue sino hasta 1566 cuando la ciudad recibió los títulos de “Muy Noble y muy Leal” por parte de Felipe II, soberano de los reinos de Castilla y León, Aragón, Portugal y demás reinos peninsulares; duque de Borgoña y de Milán, rey de las Indias y de las islas y Tierra Firme del Mar Océano.

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Desde el preclásico maya, la región ha sufrido grandes eventos telúricos. Después del aluvión de 1541, Santiago de los Caballeros padeció nuevos sismos destructivos en 1585, los de San José en 1651, Santa Rosa en 1689, San Miguel en 1717 y, finalmente, en 1773, los terremotos de Santa Marta, que redujeron la ciudad a cenizas y escombros y obligaron al traslado a un nuevo valle.

La ciudad se dividió entre “terronistas” y “trasladistas”. El capitán general Martín de Mayorga consideraba inhabitable el Valle de Panchoy. La decisión final llegó desde la corona: Carlos III ordenó el traslado mediante Real Cédula del 1 de diciembre de 1775, al Valle de la Ermita –o Valle de la Virgen de la Asunción– como lugar definitivo para el nuevo asentamiento, bajo el nombre de Nueva Guatemala de la Asunción.

Entre 1773 y 1779, la nueva ciudad quedó sumida en una inacción espantosa. Las viviendas eran ranchos provisionales de paja y bajareque, sin protección frente a la intemperie. Aunque la traza estaba marcada, el terreno seguía siendo un laberinto de zanjas y maleza que impedía el tránsito de carruajes. No se había colocado una sola piedra relevante en el Palacio Real ni en la Catedral. La ciudad había nacido sin alma. El desaliento fue tal que muchos vecinos regresaron clandestinamente a las ruinas o emigraron a otras provincias. No había suficientes recursos ni albañiles y el nuevo valle no estaba preparado para recibir a miles de personas sin mercados ni suministros básicos. Una parálisis prolongada que amenazaba la propia supervivencia del reino.

En 1778, el Reino de Guatemala recibió finalmente a un hombre de acción: el mariscal Matías de Gálvez. A su llegada, el 18 de junio de 1779, asumió como gobernador, capitán general del Reino y presidente de la Real Audiencia. Desde el inicio impulsó obras, gestionó fondos desde la Nueva España y acordó con los vecinos impuestos locales para construir la nueva ciudad. Su mayor mérito fue asegurar y administrar con honestidad y eficacia los recursos necesarios para que las obras no se detuvieran mientras resolvía la quiebra de la ciudad.

Bajo su mando, los edificios públicos empezaron a elevarse sobre el nivel del suelo. Estableció un sistema básico de policía y alumbrado público, dando a la “Ermita” el aspecto de una capital moderna y segura. Mejoró los acueductos y aseguró el suministro de agua potable. Colocó la primera piedra de la Catedral en la Plaza Mayor y puso en funcionamiento la Real Casa de Moneda. Aceleró la edificación del Palacio Real y de la Audiencia, levantó la Real Aduana, agilizó la entrega de terrenos e impulsó el inicio de los conventos. Logró en apenas dos años lo que no se había logrado en los seis anteriores.

Poco después de su llegada, en junio de 1779, Francia y España declararon la guerra al Reino de la Gran Bretaña, en apoyo a la independencia de las colonias norteamericanas. Desde su base en la Costa Mosquitia, los ingleses intentaron dividir en dos a las Indias del Imperio español. En octubre de ese mismo año capturaron la fortaleza de San Fernando de Omoa. Sin esperar refuerzos de España ni del virreinato, Matías de Gálvez organizó una fuerza de milicianos guatemaltecos. En una operación relámpago, sitió la fortaleza y logró la rendición de los ingleses el 28 de noviembre de 1779.

Al año siguiente, los ingleses intentaron tomar el fuerte de la Inmaculada Concepción, en el río San Juan. Gálvez organizó el sitio. El clima, las enfermedades y el prolongado asedio diezmaron a las fuerzas invasoras, entre las cuales se encontraba un joven Horatio Nelson, futuro almirante de Trafalgar. El fuerte fue recuperado en enero de 1781.

En mayo de ese mismo año, Bernardo de Gálvez, hijo de Matías, sitió la plaza de Pensacola, principal bastión británico en el Golfo de México. Ante la duda de entrar en la bahía, pronunció su célebre “Yo solo” y avanzó con su navío, forzando al resto de la flota a seguirlo. Los ingleses se rindieron el 8 de mayo. Con esta victoria se cerró la posibilidad de que los británicos rodearan a las tropas de George Washington.

El 19 de octubre, el general Lord Cornwallis se rindió en Yorktown ante las fuerzas combinadas del ejército continental de Washington y las tropas francesas de Rochambeau. La victoria española en Pensacola había hecho posible esa maniobra decisiva. La estrategia de tenaza entre Bernardo y Matías fue coordinada por su hermano José de Gálvez, ministro de Indias.

En marzo de 1782, Matías de Gálvez dirigió personalmente una expedición hacia las Islas de la Bahía y atacó Roatán. Tras un intenso bombardeo y un desembarco exitoso, logró la rendición de la guarnición británica y destruyó sus fortificaciones. Con ello el mariscal aseguró la expulsión definitiva de los ingleses del territorio del Reino de Guatemala.

La guerra concluyó con el Tratado de París del 3 de septiembre de 1783. Este reconoció la independencia de las trece colonias, devolvió las Floridas a España y selló el retiro británico de Centroamérica, con la única excepción del enclave maderero en Belice.

Ante estas proezas administrativas, constructivas y militares, el cabildo de Guatemala envió una misiva al rey elogiando a Matías de Gálvez por haber logrado construir una ciudad en medio de una guerra mundial. Como reconocimiento, el monarca le otorgó el virreinato de la Nueva España en 1783. Se le recuerda por su rectitud y valor y por haber sido el héroe que hizo posible la Guatemala que hoy habitamos.

En su tiempo, el cabildo solicitó al rey que se le concediera el título de “Primer Padre de la Patria”, y que se erigiera una estatua en su honor. No fue autorizada. Quizá por ello, en la conmemoración de los 250 años de la ciudad, resulte justo saldar una deuda histórica: recordar su nombre, levantar una estatua en su memoria y devolver a Guatemala uno de los héroes que hicieron posible lo que hoy somos.

Ramiro Bolaños, PhD. / Presidente del Centro de Pensamiento y Acción: Factoría Libertatis

Referencias

Amigos de los 25 de julio, ‘En el tricentenario de un héroe malagueño olvidado: Matías de Gálvez, de artillero a virrey’, Amigos de los 25 de julio https://amigos25julio.com/en-el-tricentenario-de-un-heroe-malagueno-olvidado-matias-de-galvez-de-artillero-a-virrey/ [consultado el 18 de enero de 2026].

AnónimoLibro viejo de la Fundación de Guatemala y papeles relativos a d. Pedro de Alvarado, ed. por J. Antonio Villacorta C. (Guatemala: Tipografía Nacional, 1934).

Archivo General de IndiasReal Cédula de traslación de la ciudad de Guatemala al Valle de la Ermita (Sevilla: 1775).

Arévalo, RafaelColección de documentos antiguos del archivo del ayuntamiento de Guatemala (Guatemala: Imprenta de Luna, 1857).

García Peláez, Francisco de PaulaMemorias para la historia del antiguo Reyno de Guatemala, 3 vols (Guatemala: Establecimiento Tipográfico de la Aurora, 1851).

Juarros, DomingoCompendio de la historia de la ciudad de Guatemala (Guatemala: Ignacio Beteta, 1808).

Montero de Bascom, Berta, ‘El Terremoto de Santa Marta y el traslado de la capital’, Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, 41 (1968)

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