Leyes populistas, fintechs e inclusión financiera: el delicado equilibrio en mercados emergentes
En los últimos años, las fintech han surgido como una alternativa real para ampliar el acceso al crédito en economías emergentes como es el caso de Guatemala. Su crecimiento responde a una realidad evidente: una parte importante de la población permanece fuera del sistema financiero tradicional, ya sea por falta de historial crediticio, informalidad laboral o ausencia de garantías formales. Frente a este contexto, estas empresas han construido modelos basados en tecnología, análisis de datos alternativos y procesos automatizados que les permiten atender segmentos históricamente excluidos. Sin embargo, este modelo también implica una característica esencial: asumir niveles de riesgo superiores a los del sistema financiero tradicional.
A diferencia de los bancos, que suelen operar bajo criterios conservadores y requisitos estrictos de evaluación, muchas fintech nacen precisamente para atender a quienes no califican bajo dichos estándares. Esto implica trabajar con clientes que: carecen de historial crediticio formal, tienen ingresos irregulares, participan en economías informales, o nunca han tenido acceso previo a financiamiento. En estos escenarios, la probabilidad de incumplimiento es naturalmente mayor. Por ello, el modelo económico de una parte importante del sector fintech combina volumen, tecnología y precios que reflejan un mayor riesgo asumido. No se trata únicamente de una búsqueda de rentabilidad elevada, sino de una compensación necesaria frente a niveles de mora superiores y la incertidumbre inherente a mercados poco bancarizados.
Desde una perspectiva política y social, limitar las tasas de interés suele presentarse como una medida de “protección al consumidor”. Los políticos populistas prometen así “evitar abusos y reducir el sobreendeudamiento”. Sin embargo, cuando la regulación fija un límite rígido, aparecen efectos secundarios que muchas veces no son evidentes para la población. El crédito no es solamente una decisión comercial; es una ecuación de riesgo. Cuando el precio máximo permitido no es suficiente para cubrir el costo del capital, las pérdidas esperadas por incumplimiento o los costos operativos, el resultado no suele ser un crédito más barato, sino la desaparición absoluta de la oferta de crédito para ciertos segmentos.
En un país como Guatemala, donde una parte significativa de la población vive en la informalidad y nunca ha tenido acceso a crédito formal, endurecer los modelos de evaluación simplemente no es una alternativa realista. Si la tasa máxima permitida impide cubrir el riesgo, las fintech tendrán dos opciones: retirarse del mercado o endurecer sus modelos de scoring hasta parecerse a la banca tradicional.
Ambos escenarios conducen al mismo resultado: menor inclusión financiera.
Exigir estándares de riesgo propios de mercados desarrollados en economías donde millones de personas jamás han accedido a un crédito formal implica volver al punto de partida. El sistema termina financiando únicamente a quienes ya eran sujetos de crédito, dejando nuevamente excluidos a quienes más necesitaban una alternativa. Establecer límites populistas a las tasas puede generar efectos contraproducentes como: reducción del crédito disponible para segmentos vulnerables, expulsión de actores innovadores del mercado, migración hacia crédito informal no regulado o concentración del mercado en jugadores tradicionales.
Por ello, la experiencia internacional muestra que las soluciones más efectivas suelen enfocarse en: transparencia del costo total del crédito, educación financiera y límites sobre prácticas abusivas.
Las fintech no son perfectas, pero han demostrado ser una herramienta poderosa para ampliar el acceso financiero en mercados emergentes. Una “ley de usura” que limite las tasas sin considerar las particularidades del riesgo crediticio puede terminar produciendo el efecto contrario al deseado: reducir la competencia, disminuir la innovación y cerrar la puerta al crédito para quienes nunca la habían tenido abierta. En contextos como el guatemalteco, donde la inclusión financiera sigue siendo una necesidad estructural, el desafío no es eliminar el riesgo mediante regulación rígida, sino diseñar un marco que permita gestionarlo de forma responsable.
Porque, al final, los diputados populistas son quienes tienen menos conocimiento sobre las verdaderas necesidades financieras de una población que lejos de proteger, están condenando a la exclusión financiera.
Leyes populistas, fintechs e inclusión financiera: el delicado equilibrio en mercados emergentes
En los últimos años, las fintech han surgido como una alternativa real para ampliar el acceso al crédito en economías emergentes como es el caso de Guatemala. Su crecimiento responde a una realidad evidente: una parte importante de la población permanece fuera del sistema financiero tradicional, ya sea por falta de historial crediticio, informalidad laboral o ausencia de garantías formales. Frente a este contexto, estas empresas han construido modelos basados en tecnología, análisis de datos alternativos y procesos automatizados que les permiten atender segmentos históricamente excluidos. Sin embargo, este modelo también implica una característica esencial: asumir niveles de riesgo superiores a los del sistema financiero tradicional.
A diferencia de los bancos, que suelen operar bajo criterios conservadores y requisitos estrictos de evaluación, muchas fintech nacen precisamente para atender a quienes no califican bajo dichos estándares. Esto implica trabajar con clientes que: carecen de historial crediticio formal, tienen ingresos irregulares, participan en economías informales, o nunca han tenido acceso previo a financiamiento. En estos escenarios, la probabilidad de incumplimiento es naturalmente mayor. Por ello, el modelo económico de una parte importante del sector fintech combina volumen, tecnología y precios que reflejan un mayor riesgo asumido. No se trata únicamente de una búsqueda de rentabilidad elevada, sino de una compensación necesaria frente a niveles de mora superiores y la incertidumbre inherente a mercados poco bancarizados.
Desde una perspectiva política y social, limitar las tasas de interés suele presentarse como una medida de “protección al consumidor”. Los políticos populistas prometen así “evitar abusos y reducir el sobreendeudamiento”. Sin embargo, cuando la regulación fija un límite rígido, aparecen efectos secundarios que muchas veces no son evidentes para la población. El crédito no es solamente una decisión comercial; es una ecuación de riesgo. Cuando el precio máximo permitido no es suficiente para cubrir el costo del capital, las pérdidas esperadas por incumplimiento o los costos operativos, el resultado no suele ser un crédito más barato, sino la desaparición absoluta de la oferta de crédito para ciertos segmentos.
En un país como Guatemala, donde una parte significativa de la población vive en la informalidad y nunca ha tenido acceso a crédito formal, endurecer los modelos de evaluación simplemente no es una alternativa realista. Si la tasa máxima permitida impide cubrir el riesgo, las fintech tendrán dos opciones: retirarse del mercado o endurecer sus modelos de scoring hasta parecerse a la banca tradicional.
Ambos escenarios conducen al mismo resultado: menor inclusión financiera.
Exigir estándares de riesgo propios de mercados desarrollados en economías donde millones de personas jamás han accedido a un crédito formal implica volver al punto de partida. El sistema termina financiando únicamente a quienes ya eran sujetos de crédito, dejando nuevamente excluidos a quienes más necesitaban una alternativa. Establecer límites populistas a las tasas puede generar efectos contraproducentes como: reducción del crédito disponible para segmentos vulnerables, expulsión de actores innovadores del mercado, migración hacia crédito informal no regulado o concentración del mercado en jugadores tradicionales.
Por ello, la experiencia internacional muestra que las soluciones más efectivas suelen enfocarse en: transparencia del costo total del crédito, educación financiera y límites sobre prácticas abusivas.
Las fintech no son perfectas, pero han demostrado ser una herramienta poderosa para ampliar el acceso financiero en mercados emergentes. Una “ley de usura” que limite las tasas sin considerar las particularidades del riesgo crediticio puede terminar produciendo el efecto contrario al deseado: reducir la competencia, disminuir la innovación y cerrar la puerta al crédito para quienes nunca la habían tenido abierta. En contextos como el guatemalteco, donde la inclusión financiera sigue siendo una necesidad estructural, el desafío no es eliminar el riesgo mediante regulación rígida, sino diseñar un marco que permita gestionarlo de forma responsable.
Porque, al final, los diputados populistas son quienes tienen menos conocimiento sobre las verdaderas necesidades financieras de una población que lejos de proteger, están condenando a la exclusión financiera.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: