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La risa de El Poeta

“Ser un buen hombre aquí, donde esté, donde ustedes estén y donde estén los ángeles.”                                                                 

Luis Figueroa |
28 de agosto, 2026

El miércoles llevé mi fedora a la oficina porque en el acto de homenaje al poeta Amable Sánchez Torres quería reverenciar mi sombrero frente a tan dilecto amigo que se nos va a la tierra que lo vio nacer, luego de 50 años de vivir en Guatemala. “Dichoso Morasverdes que lo recibirá pronto, y dichosos nosotros que nos cruzamos en su camino”, dije en la ocasión.

Hubo un tiempo en que don Amable era mi vecino de oficina y para pasar a la suya atravesaba la mía y al pasar decía: “Voy por la mesta”. Y resulta que la mesta era un paso medieval de ganado trashumante. Y en esos momentos yo no sabía si el maestro se estaba riendo de sí mismo, o de mí. El miércoles lo averigüé porque don Amable recitó: “Cuando me río de mí es cuando mejor me río… yo me río de todos cuando me río de mí”.

Por su nombre peculiar, a don Amable le han clavado otras formas de llamarlo y uno de ellos fue don Bueno. Como consecuencia de esa confusión, salió con unas meditaciones: “Un buen hombre es una maravilla, y ser un buen hombre es a lo único que aspiro, ser un buen hombre al que quieren y al que la gente quiere. Ser un buen hombre aquí, donde esté, donde ustedes estén y donde estén los ángeles.”

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Don Amable contó la historia de su nombre. Contó que cuando él nació, su padre le pidió a su tío Píano que fuera padrino del niño y que le diera un nombre. Amable fue el nombre elegido y el tío nunca explicó por qué. Cuando el padre del recién nacido fue a donde el cura Faustino para que bautizara al chiquillo don Faustino dijo que No, que con ese nombre No porque no estaba en el santoral. El padre del pequeño trató de resolver el problema con el argumento de que el niño encontraría su camino a aquella lista, pero el clérigo no se tragó el anzuelo a pesar de que el pequeño Amable ya había sido inscrito legalemente con ese nombre. Con ese lío encima el padre de la criatura fue a ver al tío Píano y le contó el problema. Como respuesta, el tío dijo: “José. José Amable”. Con esa propuesta el padre del bebé fue a ver al cura Faustino y este decretó que Sí, que con el nombre del patriarca, Sí.

Estoy seguro de que en mi mente, durante muchos, muchos, muchos años voy a escuchar esa historia contada en la viva voz de El Poeta.

Don Amable fue profesor de Lenguaje en la Universidad Francisco Marroquín donde, desde 2021, poco más, o menos, se dedicó a la corrección de textos. Ese trabajo lo ha hecho, siempre, con primor de artista y con amor a las palabras y al idioma español. También es abogado y notario, doctor en Filosofía y Letras, y licenciado en Teología. Es miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua

Española. En 1999, fue condecorado por el rey de España, Juan Carlos I, con la Orden de la Encomienda del Mérito Civil.

En octubre del 2014, la Facultad de Derecho de la UFM le otorgó el Reconocimiento al Autor Nacional, por su libro Como al pasto el rocío, obra que me autografió con un sencillo “Para Luisfi”. De cuando en cuando leo en voz alta algunos versos para mí y para disfrutar del dulce placer de la musicalidad de las palabras.

Ahora que vuelve a su pueblo, Don Amable nos deja sonetos, poemas y aforismos, nos deja su voz serena, carísimos recuerdos y su figura de andar apacible cruzando jardines.

Entre los motes que lo persiguieron —porque su nombre era inusual—, alguien se refirió a él como don Sabio, y ese también le va, por aforismos como estos:

“La poesía es algo que le ocurre al corazón, sin que él sepa qué, ni por qué”.

“Cuando se es viejo uno puede empeñarse en ser tan joven como le dé la gana”.

“El poeta no encuentra ni hace la palabra, la palabra lo encuentra y lo hace a él”.

“La mayor ventaja de los viejos consiste en haber tenido la oportunidad de equivocarse más veces”.

Durante el homenaje que le da origen a estas líneas don Amable recordó a su amada Blanqui y dijo: “Blanqui sigue dándome vida, sigue dándome muerte, y espero me dé resurrección”.

Dichoso Morasverdes que recibirá a su hijo pronto, y dichosos nosotros que nos lo cruzamos en su camino. Gracias por tanto, amigo y maestro.

Si te interesan estos temas visita luisfi61.com

La risa de El Poeta

“Ser un buen hombre aquí, donde esté, donde ustedes estén y donde estén los ángeles.”                                                                 

Luis Figueroa |
28 de agosto, 2026

El miércoles llevé mi fedora a la oficina porque en el acto de homenaje al poeta Amable Sánchez Torres quería reverenciar mi sombrero frente a tan dilecto amigo que se nos va a la tierra que lo vio nacer, luego de 50 años de vivir en Guatemala. “Dichoso Morasverdes que lo recibirá pronto, y dichosos nosotros que nos cruzamos en su camino”, dije en la ocasión.

Hubo un tiempo en que don Amable era mi vecino de oficina y para pasar a la suya atravesaba la mía y al pasar decía: “Voy por la mesta”. Y resulta que la mesta era un paso medieval de ganado trashumante. Y en esos momentos yo no sabía si el maestro se estaba riendo de sí mismo, o de mí. El miércoles lo averigüé porque don Amable recitó: “Cuando me río de mí es cuando mejor me río… yo me río de todos cuando me río de mí”.

Por su nombre peculiar, a don Amable le han clavado otras formas de llamarlo y uno de ellos fue don Bueno. Como consecuencia de esa confusión, salió con unas meditaciones: “Un buen hombre es una maravilla, y ser un buen hombre es a lo único que aspiro, ser un buen hombre al que quieren y al que la gente quiere. Ser un buen hombre aquí, donde esté, donde ustedes estén y donde estén los ángeles.”

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Don Amable contó la historia de su nombre. Contó que cuando él nació, su padre le pidió a su tío Píano que fuera padrino del niño y que le diera un nombre. Amable fue el nombre elegido y el tío nunca explicó por qué. Cuando el padre del recién nacido fue a donde el cura Faustino para que bautizara al chiquillo don Faustino dijo que No, que con ese nombre No porque no estaba en el santoral. El padre del pequeño trató de resolver el problema con el argumento de que el niño encontraría su camino a aquella lista, pero el clérigo no se tragó el anzuelo a pesar de que el pequeño Amable ya había sido inscrito legalemente con ese nombre. Con ese lío encima el padre de la criatura fue a ver al tío Píano y le contó el problema. Como respuesta, el tío dijo: “José. José Amable”. Con esa propuesta el padre del bebé fue a ver al cura Faustino y este decretó que Sí, que con el nombre del patriarca, Sí.

Estoy seguro de que en mi mente, durante muchos, muchos, muchos años voy a escuchar esa historia contada en la viva voz de El Poeta.

Don Amable fue profesor de Lenguaje en la Universidad Francisco Marroquín donde, desde 2021, poco más, o menos, se dedicó a la corrección de textos. Ese trabajo lo ha hecho, siempre, con primor de artista y con amor a las palabras y al idioma español. También es abogado y notario, doctor en Filosofía y Letras, y licenciado en Teología. Es miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua

Española. En 1999, fue condecorado por el rey de España, Juan Carlos I, con la Orden de la Encomienda del Mérito Civil.

En octubre del 2014, la Facultad de Derecho de la UFM le otorgó el Reconocimiento al Autor Nacional, por su libro Como al pasto el rocío, obra que me autografió con un sencillo “Para Luisfi”. De cuando en cuando leo en voz alta algunos versos para mí y para disfrutar del dulce placer de la musicalidad de las palabras.

Ahora que vuelve a su pueblo, Don Amable nos deja sonetos, poemas y aforismos, nos deja su voz serena, carísimos recuerdos y su figura de andar apacible cruzando jardines.

Entre los motes que lo persiguieron —porque su nombre era inusual—, alguien se refirió a él como don Sabio, y ese también le va, por aforismos como estos:

“La poesía es algo que le ocurre al corazón, sin que él sepa qué, ni por qué”.

“Cuando se es viejo uno puede empeñarse en ser tan joven como le dé la gana”.

“El poeta no encuentra ni hace la palabra, la palabra lo encuentra y lo hace a él”.

“La mayor ventaja de los viejos consiste en haber tenido la oportunidad de equivocarse más veces”.

Durante el homenaje que le da origen a estas líneas don Amable recordó a su amada Blanqui y dijo: “Blanqui sigue dándome vida, sigue dándome muerte, y espero me dé resurrección”.

Dichoso Morasverdes que recibirá a su hijo pronto, y dichosos nosotros que nos lo cruzamos en su camino. Gracias por tanto, amigo y maestro.

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