La república no es democrática
"La autoridad suprema debe estar atribuida, de manera excluyente, a las personas o a la ley.".
La república no es democrática. La afirmación de que existe tal cosa como ‘república democrática’ es una contradicción en términos. Es equivalente a sostener que existe tal cosa como ‘agua seca’, ‘fuego frío’, ‘brillante opaco’, ‘mentiroso veraz’, ‘amable grosero’, ‘tacaño generoso’, ‘claridad oscura’, ‘crudo frito’, y así por el estilo.
Tanto la república como la democracia son ordenes políticos donde el pueblo, o sea, todos, tienen y ejercen el poder (Kratos). Pero están muy lejos de ser la misma cosa. La democracia es un sistema político cuyo sistema de gobierno es despótico, no limitado por leyes ni control constitucional, por tanto, donde no impera la ley, sino que sólo mandatos que representan la voluntad de la mayoría de los individuos. De esta manera, usando el poder de la fuerza que da el número, la mayoría viola los derechos de la minoría. Es un sistema que ya conlleva en sí mismo una contradicción, pues al afectar a la voluntad de una minoría, evidencia que todos, en realidad, no son todos, generando así la contradicción con la idea de la voluntad general o común a todos que resulta que no es la voluntad de todos.
La república es un sistema político constitucional cuyo gobierno es aquel donde la autoridad suprema reside en normas generales, abstractas e impersonales, en lugar de en individuos. En este contexto, el ejercicio del poder se encuentra limitado y sujeto a reglas y a una constitución que se aplican de manera uniforme a toda la ciudadanía, incluyendo a quienes gobiernan. La voluntad común o general es una sola y sin contradicción alguna: el resguardo de los derechos individuales del ciudadano. Por eso también se denomina Estado de Derecho que se caracteriza por un modelo de orden político denominado "nomocracia" (el poder ‘Kratos’ está en las leyes ‘nomos’).
Las asociaciones políticas republicanas surgen del deseo de cooperar mediante la división del trabajo y el intercambio de bienes y servicios, y se forman por personas que buscan actuar según su propio criterio. Por ello, se basan en el principio ético de tratarse mutuamente como fines en sí mismos, no simplemente como medios para otros fines. Este principio moral es conocido como “derechos individuales”, los cuales legitiman la libertad de cada persona a actuar en base a sus decisiones sobre su vida y sus propiedades para prosperar y llevar una existencia plena. Los miembros de estas asociaciones políticas acuerdan respetar esta libertad entre sí. Para defenderse de quienes intenten transgredir estos derechos, establecen reglas generales y abstractas, aplicables a todos, además, crean un gobierno con instituciones como juzgados, fiscalías, cuerpos policiales y ejército para hacer cumplir dichas normas. Asimismo, redactan una constitución o contrato social que delimita el poder gubernamental, asegurando que no se vulneren los derechos ciudadanos.
Esto nos lleva a la contradicción del término ‘república democrática’, pues, si la autoridad última no reside plenamente en la ciudadanía, sino que se encuentra restringida por el marco legal, esto plantea un dilema lógico: la autoridad suprema debe estar atribuida, de manera excluyente, a las personas o a la ley. Si la titularidad corresponde a la ley, entonces la ciudadanía carece de dicha prerrogativa y es una república; mientras que si son las personas quienes detentan esa autoridad, pueden modificar la ley en función de la voluntad mayoritaria o de grupos minoritarios favorecidos por circunstancias particulares del proceso de decisión colectiva y es una democracia.
Y esto no es una cuestión baladí. Como la conducta del hombre es deliberada, voluntaria y racional, dirigida a alcanzar un fin futuro que considera mejor que su situación presente, la claridad de sus ideas es de importancia vital para identificar si ese fin imaginado en realidad es mejor. Para actuar bien debe razonar eficientemente y para esto necesita que sus ideas identifiquen verdaderamente la realidad. Esto lo han entendido bien los enemigos de la civilización, como Antonio Gramsci, Jean-Francois Lyotard, Michel Foucault, Jaques Derrida, y Gianni Vattimo, que para alcanzar su objetivo han introducido términos contradictorios con el fin de destruir la capacidad de los individuos para pensar lógica y eficientemente, para destruir su competencia de identificar el estado de cosas. Las ideas o conceptos se simbolizan con etiquetas (palabras) y se identifican con definiciones (relacionándolas por género y diferencia). Términos como ‘justicia social’ (que es robarles a unos para beneficio de otros) que pretende pasar por justicia, ‘mujer trans’ (que es hombre que se disfraza y actúa como mujer) que pretende pasar por mujer, o ‘república democrática’, que pretende pasar por república, procuran destruir la competencia del individuo de identificar lo que es justicia, mujer o república.
Al confundir el término ‘democracia’ con sufragio popular, los enemigos de la república esconden el hecho que en la república se puede votar por muchas cosas, excepto por aquellas que violen los derechos de los ciudadanos, pues esto destruye a la república misma.
Así, las atontolinadas víctimas, europeas y norteamericanas, de los enemigos de lo republicano, incapacitados para pensar con sensatez, sin poder identificar ni diferenciar entre lo que les es de provecho de lo que los perjudica, pensando en que viven en democracia, contemplan pasmados como los invasores musulmanes votan ‘democráticamente’ para imponerles sus valores y la sharía (que violan los derechos individuales) sustituyendo la cultura de libertad por una de sumisión.
La claridad de ideas es importante, pues un hombre con una mente confusa y llena de contradicciones no sabe cómo actuar y se condena a sucumbir.
La república no es democrática
"La autoridad suprema debe estar atribuida, de manera excluyente, a las personas o a la ley.".
La república no es democrática. La afirmación de que existe tal cosa como ‘república democrática’ es una contradicción en términos. Es equivalente a sostener que existe tal cosa como ‘agua seca’, ‘fuego frío’, ‘brillante opaco’, ‘mentiroso veraz’, ‘amable grosero’, ‘tacaño generoso’, ‘claridad oscura’, ‘crudo frito’, y así por el estilo.
Tanto la república como la democracia son ordenes políticos donde el pueblo, o sea, todos, tienen y ejercen el poder (Kratos). Pero están muy lejos de ser la misma cosa. La democracia es un sistema político cuyo sistema de gobierno es despótico, no limitado por leyes ni control constitucional, por tanto, donde no impera la ley, sino que sólo mandatos que representan la voluntad de la mayoría de los individuos. De esta manera, usando el poder de la fuerza que da el número, la mayoría viola los derechos de la minoría. Es un sistema que ya conlleva en sí mismo una contradicción, pues al afectar a la voluntad de una minoría, evidencia que todos, en realidad, no son todos, generando así la contradicción con la idea de la voluntad general o común a todos que resulta que no es la voluntad de todos.
La república es un sistema político constitucional cuyo gobierno es aquel donde la autoridad suprema reside en normas generales, abstractas e impersonales, en lugar de en individuos. En este contexto, el ejercicio del poder se encuentra limitado y sujeto a reglas y a una constitución que se aplican de manera uniforme a toda la ciudadanía, incluyendo a quienes gobiernan. La voluntad común o general es una sola y sin contradicción alguna: el resguardo de los derechos individuales del ciudadano. Por eso también se denomina Estado de Derecho que se caracteriza por un modelo de orden político denominado "nomocracia" (el poder ‘Kratos’ está en las leyes ‘nomos’).
Las asociaciones políticas republicanas surgen del deseo de cooperar mediante la división del trabajo y el intercambio de bienes y servicios, y se forman por personas que buscan actuar según su propio criterio. Por ello, se basan en el principio ético de tratarse mutuamente como fines en sí mismos, no simplemente como medios para otros fines. Este principio moral es conocido como “derechos individuales”, los cuales legitiman la libertad de cada persona a actuar en base a sus decisiones sobre su vida y sus propiedades para prosperar y llevar una existencia plena. Los miembros de estas asociaciones políticas acuerdan respetar esta libertad entre sí. Para defenderse de quienes intenten transgredir estos derechos, establecen reglas generales y abstractas, aplicables a todos, además, crean un gobierno con instituciones como juzgados, fiscalías, cuerpos policiales y ejército para hacer cumplir dichas normas. Asimismo, redactan una constitución o contrato social que delimita el poder gubernamental, asegurando que no se vulneren los derechos ciudadanos.
Esto nos lleva a la contradicción del término ‘república democrática’, pues, si la autoridad última no reside plenamente en la ciudadanía, sino que se encuentra restringida por el marco legal, esto plantea un dilema lógico: la autoridad suprema debe estar atribuida, de manera excluyente, a las personas o a la ley. Si la titularidad corresponde a la ley, entonces la ciudadanía carece de dicha prerrogativa y es una república; mientras que si son las personas quienes detentan esa autoridad, pueden modificar la ley en función de la voluntad mayoritaria o de grupos minoritarios favorecidos por circunstancias particulares del proceso de decisión colectiva y es una democracia.
Y esto no es una cuestión baladí. Como la conducta del hombre es deliberada, voluntaria y racional, dirigida a alcanzar un fin futuro que considera mejor que su situación presente, la claridad de sus ideas es de importancia vital para identificar si ese fin imaginado en realidad es mejor. Para actuar bien debe razonar eficientemente y para esto necesita que sus ideas identifiquen verdaderamente la realidad. Esto lo han entendido bien los enemigos de la civilización, como Antonio Gramsci, Jean-Francois Lyotard, Michel Foucault, Jaques Derrida, y Gianni Vattimo, que para alcanzar su objetivo han introducido términos contradictorios con el fin de destruir la capacidad de los individuos para pensar lógica y eficientemente, para destruir su competencia de identificar el estado de cosas. Las ideas o conceptos se simbolizan con etiquetas (palabras) y se identifican con definiciones (relacionándolas por género y diferencia). Términos como ‘justicia social’ (que es robarles a unos para beneficio de otros) que pretende pasar por justicia, ‘mujer trans’ (que es hombre que se disfraza y actúa como mujer) que pretende pasar por mujer, o ‘república democrática’, que pretende pasar por república, procuran destruir la competencia del individuo de identificar lo que es justicia, mujer o república.
Al confundir el término ‘democracia’ con sufragio popular, los enemigos de la república esconden el hecho que en la república se puede votar por muchas cosas, excepto por aquellas que violen los derechos de los ciudadanos, pues esto destruye a la república misma.
Así, las atontolinadas víctimas, europeas y norteamericanas, de los enemigos de lo republicano, incapacitados para pensar con sensatez, sin poder identificar ni diferenciar entre lo que les es de provecho de lo que los perjudica, pensando en que viven en democracia, contemplan pasmados como los invasores musulmanes votan ‘democráticamente’ para imponerles sus valores y la sharía (que violan los derechos individuales) sustituyendo la cultura de libertad por una de sumisión.
La claridad de ideas es importante, pues un hombre con una mente confusa y llena de contradicciones no sabe cómo actuar y se condena a sucumbir.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: