Después de cuatro años de enfrentamiento, negociaciones fallidas, formación y disolución de alianzas y muchos recursos perdidos, tanto humanos como materiales, parece que el frente ruso-ucraniano empieza a mostrar señales de avance. Esto se debe a que, tras una serie de negociaciones, Donald Trump y su equipo diplomático consiguieron que Zelensky y Putin estuvieran de acuerdo en torno a un plan de cese al fuego de 28 puntos. Ahora bien, esta no es la primera vez que ambos países se encuentran en esta situación, por lo que entre la firma y la puesta en práctica todavía queda mucho camino por recorrer.
Una paz personalista
Tras darse a conocer el acuerdo, este documento ha recibido muchas críticas desde diferentes esferas de la comunidad internacional, ya que algunos consideran que este instrumento parece que fue redactado por el Kremlin y no la Casa Blanca. La razón de estas críticas es que, pese a que a grandes rasgos se plantea como un acuerdo mutuamente beneficioso, la letra pequeña sugiere un mayor beneficio para el frente ruso. Asimismo, de acuerdo con uno de los representantes de política exterior ucraniano, este acuerdo refleja un gran desconocimiento de la historia de Ucrania, dado que no aborda las causas de raíz del conflicto, al igual que hace grandes concesiones a Rusia. Así pues, como consecuencia de esta asimetría, existe una gran división en la población rusa y ucraniana, particularmente porque algunos consideran que este acuerdo desvirtúa los grandes esfuerzos y sacrificios que han hecho a lo largo de estos años.
Ahora bien, desde la perspectiva de las relaciones internacionales, más allá de las palabras en el documento, el verdadero riesgo es que, hasta el momento, este cese al fuego parece ser una misión personalista y no enfocada en abordar los grandes problemas que generaron el enfrentamiento. Por un lado, como lo mencionó Trump durante sus primeros días de regreso en la Oficina Oval, una de sus grandes prioridades sería ponerle fin al conflicto. Sin embargo, con el paso de los meses esta motivación inicial ha estado acompañada por declaraciones que reflejan la ambición de Trump por obtener un premio Nobel de la paz. Consecuentemente, este ímpetu podría interpretarse más como un objetivo enfocado en el legado personal y no en la preocupación por resolver las causas centrales.
Por otro lado, de acuerdo con varios análisis, pese a que el acuerdo beneficie más a Rusia, Zelensky estaría dispuesto a aceptarlo debido a la situación en la que se encuentra la política nacional ucraniana. Esto se debe a que, actualmente, el presidente de Ucrania enfrenta uno de los señalamientos por corrupción más contundentes de su administración, dado que se le acusa de haber utilizado fondos destinados a la construcción de refugios para beneficio personal y de sus allegados. De ser ciertos, la firma del cese al fuego podría disminuir las consecuencias que el presidente enfrente en un futuro. No obstante, debido a que también se trataría de un acuerdo enfocado en el beneficio individual, esta situación únicamente agravaría las tensiones existentes y dejaría un frente abierto e inestable que en cualquier momento se podría reactivar.
Finalmente, aunque en el aspecto político el liderazgo de Putin no tambalea, lo económico sí lo podría poner en riesgo. No es un secreto que el sistema político ruso se encuadra como una autocracia, debido a la persecución a la oposición, la falta de transparencia en los procesos electorales y los métodos de depuración en los cuadros del gobierno. Sin embargo, pese a que, por el momento, parece que la estabilidad prevalece, una crisis económica podría generar tensiones que Putin sería incapaz de controlar. Por ende, no debería de extrañar que la aparente aprobación del presidente ruso surja después de que Trump sancionara a dos de las principales compañías de petróleo del país.
Así pues, esto demuestra cómo el cese al fuego, más que en la búsqueda de la paz, realmente se sostiene sobre los intereses personales. Un acuerdo de este tipo es muy frágil y podría conducir a los territorios y poblaciones a un interminable ciclo de inestabilidad, lo cual prevendría una verdadera recuperación del conflicto.
La personalidad que sostiene el acuerdo
Después de cuatro años de enfrentamiento, negociaciones fallidas, formación y disolución de alianzas y muchos recursos perdidos, tanto humanos como materiales, parece que el frente ruso-ucraniano empieza a mostrar señales de avance. Esto se debe a que, tras una serie de negociaciones, Donald Trump y su equipo diplomático consiguieron que Zelensky y Putin estuvieran de acuerdo en torno a un plan de cese al fuego de 28 puntos. Ahora bien, esta no es la primera vez que ambos países se encuentran en esta situación, por lo que entre la firma y la puesta en práctica todavía queda mucho camino por recorrer.
Una paz personalista
Tras darse a conocer el acuerdo, este documento ha recibido muchas críticas desde diferentes esferas de la comunidad internacional, ya que algunos consideran que este instrumento parece que fue redactado por el Kremlin y no la Casa Blanca. La razón de estas críticas es que, pese a que a grandes rasgos se plantea como un acuerdo mutuamente beneficioso, la letra pequeña sugiere un mayor beneficio para el frente ruso. Asimismo, de acuerdo con uno de los representantes de política exterior ucraniano, este acuerdo refleja un gran desconocimiento de la historia de Ucrania, dado que no aborda las causas de raíz del conflicto, al igual que hace grandes concesiones a Rusia. Así pues, como consecuencia de esta asimetría, existe una gran división en la población rusa y ucraniana, particularmente porque algunos consideran que este acuerdo desvirtúa los grandes esfuerzos y sacrificios que han hecho a lo largo de estos años.
Ahora bien, desde la perspectiva de las relaciones internacionales, más allá de las palabras en el documento, el verdadero riesgo es que, hasta el momento, este cese al fuego parece ser una misión personalista y no enfocada en abordar los grandes problemas que generaron el enfrentamiento. Por un lado, como lo mencionó Trump durante sus primeros días de regreso en la Oficina Oval, una de sus grandes prioridades sería ponerle fin al conflicto. Sin embargo, con el paso de los meses esta motivación inicial ha estado acompañada por declaraciones que reflejan la ambición de Trump por obtener un premio Nobel de la paz. Consecuentemente, este ímpetu podría interpretarse más como un objetivo enfocado en el legado personal y no en la preocupación por resolver las causas centrales.
Por otro lado, de acuerdo con varios análisis, pese a que el acuerdo beneficie más a Rusia, Zelensky estaría dispuesto a aceptarlo debido a la situación en la que se encuentra la política nacional ucraniana. Esto se debe a que, actualmente, el presidente de Ucrania enfrenta uno de los señalamientos por corrupción más contundentes de su administración, dado que se le acusa de haber utilizado fondos destinados a la construcción de refugios para beneficio personal y de sus allegados. De ser ciertos, la firma del cese al fuego podría disminuir las consecuencias que el presidente enfrente en un futuro. No obstante, debido a que también se trataría de un acuerdo enfocado en el beneficio individual, esta situación únicamente agravaría las tensiones existentes y dejaría un frente abierto e inestable que en cualquier momento se podría reactivar.
Finalmente, aunque en el aspecto político el liderazgo de Putin no tambalea, lo económico sí lo podría poner en riesgo. No es un secreto que el sistema político ruso se encuadra como una autocracia, debido a la persecución a la oposición, la falta de transparencia en los procesos electorales y los métodos de depuración en los cuadros del gobierno. Sin embargo, pese a que, por el momento, parece que la estabilidad prevalece, una crisis económica podría generar tensiones que Putin sería incapaz de controlar. Por ende, no debería de extrañar que la aparente aprobación del presidente ruso surja después de que Trump sancionara a dos de las principales compañías de petróleo del país.
Así pues, esto demuestra cómo el cese al fuego, más que en la búsqueda de la paz, realmente se sostiene sobre los intereses personales. Un acuerdo de este tipo es muy frágil y podría conducir a los territorios y poblaciones a un interminable ciclo de inestabilidad, lo cual prevendría una verdadera recuperación del conflicto.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: