La compasión selectiva del progresismo: caso Lindsay Clancy
El manual del progresismo: Cómo las redes absolvieron a Lindsay Clancy de tres muertes y el jurado no logró condenarla.
Hace poco terminó el juicio contra Lindsay Clancy. La enfermera de Massachusetts que, el 24 de enero de 2023, estranguló a sus tres hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses. Después intentó quitarse la vida saltando por una ventana, una caída que le provocó lesiones que ahora la mantienen en silla de ruedas.
Me llamó la atención cómo, desde el inicio del juicio, las redes sociales acuñaron el término "desvivir", una manera elegante de referirse al asesinato, debido al algospeak, es decir el lenguaje que los creadores digitales usan para sustituir palabras sensibles y evitar que el algoritmo les reduzca el alcance.
Como madre no he podido dejar de pensar en esas criaturas, tres inocentes que perdieron la vida en su propia casa y en manos de quien debía amarlos, cuidarlos y protegerlos. No niego que la psicosis posparto sea una enfermedad que requiera atención médica, pero reconocerla no debería impedirnos exigir la responsabilidad de Clancy por lo que hizo.
El asesinato de estos pequeños ofende tanto como la tesis de la defensa, que basó sus argumentos en que Clancy atravesaba esa psicosis posparto y que eso la llevó a cometer los hechos. Por cierto, sus abogados jamás argumentaron que ella no hubiera cometido tal atrocidad.
Lo peor es que el juicio se declaró nulo porque la opinión de uno de los doce miembros del jurado no coincidió con la de los demás, como dieron a conocer los medios.
¿Cómo un hecho de esta naturaleza terminó sin un veredicto? ¿Cómo se organizan grupos de mujeres para acudir al juzgado a exhibir carteles con mensajes como "Ella necesitaba ayuda", "Créanle" y "Paz para Lindsay", y otras donan dinero para los padres de Lindsay? ¿Por qué hay tan pocas personas exigiendo justicia para los niños?
Esto no es casualidad. Hay una teoría estudiada en el análisis de los movimientos sociales, que le pone nombre a lo que estamos viendo: "encuadre de injusticia" (Benford & Snow, 2000), en la que ningún movimiento cuenta los hechos "tal cual pasaron", los recorta, como quien edita una foto, para que el ojo se vaya a donde se quiere. Primero, deciden quién es la víctima, quién es el culpable, a quién le ponemos rostro y sufrimiento, y sobre quién cae toda la indignación. Luego, proponen una solución, la bandera que van a levantar. Y por último construyen la razón por la que deberíamos sumarnos a la causa.
El progresismo ha entendido a la perfección este manual, sabe exactamente a quién convertir en víctima (una madre en silla de ruedas) y a quién dejar fuera del cuadro: tres niños que ya no pueden hablar por sí mismos, ni aparecer en TikTok para contar su versión.
¿Ahora entendemos por qué esa doble moral de muchos que se escandalizan por la muerte de alguna activista, pero guardan silencio en favor de los inocentes?
Y por favor, no crean que este fenómeno social sucede lejos de nuestras fronteras, lamentablemente Guate no está fuera de este control de narrativa. Hay temas muy puntuales hacia donde quieren desviar nuestra mirada.Por eso es importante cuestionar las narrativas que recibimos. Observar qué nos muestran, hacia dónde dirigen nuestra indignación y, especialmente, qué dejan fuera.
Comprender las circunstancias de una persona no debería llevarnos a borrar su responsabilidad ni a olvidar a las víctimas, porque cuando dejamos de distinguir entre explicar y justificar, lo moral comienza a desdibujarse.
La compasión selectiva del progresismo: caso Lindsay Clancy
El manual del progresismo: Cómo las redes absolvieron a Lindsay Clancy de tres muertes y el jurado no logró condenarla.
Hace poco terminó el juicio contra Lindsay Clancy. La enfermera de Massachusetts que, el 24 de enero de 2023, estranguló a sus tres hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses. Después intentó quitarse la vida saltando por una ventana, una caída que le provocó lesiones que ahora la mantienen en silla de ruedas.
Me llamó la atención cómo, desde el inicio del juicio, las redes sociales acuñaron el término "desvivir", una manera elegante de referirse al asesinato, debido al algospeak, es decir el lenguaje que los creadores digitales usan para sustituir palabras sensibles y evitar que el algoritmo les reduzca el alcance.
Como madre no he podido dejar de pensar en esas criaturas, tres inocentes que perdieron la vida en su propia casa y en manos de quien debía amarlos, cuidarlos y protegerlos. No niego que la psicosis posparto sea una enfermedad que requiera atención médica, pero reconocerla no debería impedirnos exigir la responsabilidad de Clancy por lo que hizo.
El asesinato de estos pequeños ofende tanto como la tesis de la defensa, que basó sus argumentos en que Clancy atravesaba esa psicosis posparto y que eso la llevó a cometer los hechos. Por cierto, sus abogados jamás argumentaron que ella no hubiera cometido tal atrocidad.
Lo peor es que el juicio se declaró nulo porque la opinión de uno de los doce miembros del jurado no coincidió con la de los demás, como dieron a conocer los medios.
¿Cómo un hecho de esta naturaleza terminó sin un veredicto? ¿Cómo se organizan grupos de mujeres para acudir al juzgado a exhibir carteles con mensajes como "Ella necesitaba ayuda", "Créanle" y "Paz para Lindsay", y otras donan dinero para los padres de Lindsay? ¿Por qué hay tan pocas personas exigiendo justicia para los niños?
Esto no es casualidad. Hay una teoría estudiada en el análisis de los movimientos sociales, que le pone nombre a lo que estamos viendo: "encuadre de injusticia" (Benford & Snow, 2000), en la que ningún movimiento cuenta los hechos "tal cual pasaron", los recorta, como quien edita una foto, para que el ojo se vaya a donde se quiere. Primero, deciden quién es la víctima, quién es el culpable, a quién le ponemos rostro y sufrimiento, y sobre quién cae toda la indignación. Luego, proponen una solución, la bandera que van a levantar. Y por último construyen la razón por la que deberíamos sumarnos a la causa.
El progresismo ha entendido a la perfección este manual, sabe exactamente a quién convertir en víctima (una madre en silla de ruedas) y a quién dejar fuera del cuadro: tres niños que ya no pueden hablar por sí mismos, ni aparecer en TikTok para contar su versión.
¿Ahora entendemos por qué esa doble moral de muchos que se escandalizan por la muerte de alguna activista, pero guardan silencio en favor de los inocentes?
Y por favor, no crean que este fenómeno social sucede lejos de nuestras fronteras, lamentablemente Guate no está fuera de este control de narrativa. Hay temas muy puntuales hacia donde quieren desviar nuestra mirada.Por eso es importante cuestionar las narrativas que recibimos. Observar qué nos muestran, hacia dónde dirigen nuestra indignación y, especialmente, qué dejan fuera.
Comprender las circunstancias de una persona no debería llevarnos a borrar su responsabilidad ni a olvidar a las víctimas, porque cuando dejamos de distinguir entre explicar y justificar, lo moral comienza a desdibujarse.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: